septiembre 24, 2011

100% mexicano

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

De 1997 a la fecha, Zedillo, Fox y Calderón han enfrentado exactamente el mismo problema. La fragmentación en el Congreso les limitó la posibilidad de aplicar los programas de gobierno con que fueron elegidos

1.La Constitución de 1917 se inspiró en el presidencialismo estadounidense. Tres componentes fueron fundamentales: a) elección universal del presidente de la República, que asume la jefatura del Estado y la jefatura de gobierno; b) diputados de representación mayoritaria: un diputado electo por distrito; c) dos senadores de mayoría por cada estado.

2. La reforma de Reyes Heroles de 1977-78 introdujo los diputados de representación proporcional. De entonces a la fecha, se transformó la naturaleza del régimen de representación. Hoy tenemos 300 diputados de mayoría más 200 de representación proporcional. Además, la Constitución prohíbe que un partido tenga una sobrerrepresentación (porcentaje de diputados superior al porcentaje de votos) del 8 por ciento o más.

3. La reforma de 1996 introdujo la figura de senadores de representación proporcional. Se trastocó, así, la esencia del federalismo. Los senadores en Estados Unidos representan a sus estados. En México ocurría lo mismo hasta 1997. Hoy, los senadores representan fracciones del electorado en cada estado de la República.

4. Giovanni Sartori ha advertido que el régimen mexicano terminó siendo una pésima combinación: régimen presidencial + representación proporcional + pluralismo partidario. La sumatoria de esos elementos genera entrampamiento. El Presidente carece de mayoría en el Congreso y no hay incentivos para forjar gobiernos de coalición.

5. De 1997 a la fecha, Zedillo, Fox y Calderón han enfrentado exactamente el mismo problema. La fragmentación en el Congreso les limitó la posibilidad de aplicar los programas de gobierno con que fueron elegidos.

6. Para salir del atolladero descrito hay dos caminos extremos: el primero, volver al espíritu y la letra de la Constitución de 1917, eliminando la representación proporcional. El segundo, transitar hacia un régimen parlamentario, creando la figura de primer ministro electo por mayoría en la Cámara de Diputados. Tal como ocurre en España e Italia.

7. Existen otras dos posibilidades. La segunda vuelta, propuesta por Felipe Calderón, en la contienda presidencial que se empataría con la elección de senadores y diputados. El mecanismo es simple: los electores deben optar por uno de los dos candidatos finalistas y tienden a igualar la elección de diputado y senador con su voto por la Presidencia de la República, creando así la posibilidad de forjar mayorías.

8. Otra vía es la propuesta por Peña Nieto. Eliminar el tope de 8 por ciento a la sobrerrepresentación y reducir el número de diputados y senadores de representación proporcional, de manera tal que se instauraría un modelo más cercano al texto de 1917, favoreciendo la creación de una mayoría presidencial.

9. Una tercera vía ha sido recién propuesta por Manlio Fabio Beltrones. Se trataría de abrirle al presidente de la República la posibilidad, que no la obligación, de buscar gobierno de coalición. De hacerlo, sometería al Senado de la República la aprobación del gabinete, que ratificaría los nombramientos por mayoría simple, y de ese modo se transitaría hacia acuerdos con otras fuerzas políticas, creando alianzas mayoritarias.

10. La propuesta del senador Beltrones suscita varias interrogantes. La primera y más simple es por qué debe ser en el Senado y no en la Cámara de Diputados donde se ratifiquen los nombramientos. Sobre todo, porque en un régimen parlamentario las alianzas de gobierno se forjan en la Cámara de Diputados, donde la población está representada.

11. Pero además, cada año se aprueba en la Cámara de Diputados la ley de ingresos y egresos de la Federación. Las coaliciones que importan para gobernar se deben forjar, en consecuencia, en dicha Cámara.

12. La propuesta de Beltrones contempla, además, que el nombramiento del gabinete por acuerdo con otras fuerzas políticas tendría una duración de tres años, de manera tal que si en la elección intermedia el partido en el poder obtuviese la mayoría en la Cámara de Diputados, el Presidente estaría en libertad de integrar su gobierno a voluntad. Pero la pregunta se plantea por sí sola. Si la elección intermedia es un factor clave en el mecanismo y ésta sólo opera para diputados, y no para senadores (electos por seis años), por qué no se le otorga a la Cámara baja la facultad de ratificar los nombramientos del gabinete.

13. La respuesta a la preguntas anteriores no es teórica ni doctrinaria: Beltrones es senador, no diputado, y parece estar viendo por su futuro y no por una buena "ingeniería constitucional".

14. Hay otras objeciones. La propuesta contempla que el Presidente someta los nombramientos por separado, de manera tal que uno o varios de los secretarios podrían ser ratificados y otros no. Pero además, cabría la posibilidad de que en el caso del secretario X la coalición fuese partido gobernante más el partido opositor B y en el caso del secretario Z fuese el partido gobernante más el partido opositor C. Dicho de otro modo, la "coalición" que así se formara sería difusa y confusa y no habría garantía de que rindiera frutos en otros ámbitos.

15. La precariedad de la coalición por ratificación del Senado tiene otra dimensión elemental. El acuerdo puede ser roto en cualquier momento, ya sea por el presidente de la República o por la fuerza opositora. No hay ningún aliciente para preservarlo o costo por romperlo. En un sistema parlamentario el rompimiento de la coalición conduce a la caída del gobierno o a nuevas elecciones.

16. La propuesta de Beltrones presume ser original y diseñada 100% para el caso mexicano. Pero ya se sabe que en materia política el ingenio mexicano brilla por la creación de engendros inoperantes.