septiembre 25, 2011

'Ya de vuelta' por Paco Calderón





Todo por el micrófono

Gabriel Zaid
Reforma

La aparición del micrófono transformó la política. Aunque el primer uso fue simétrico (entre dos personas que hablan por teléfono), pronto aparecieron los usos asimétricos (los altavoces, las estaciones de radio y televisión) para dirigirse a una multitud que no puede responder. En estas circunstancias, tener el micrófono es tener el poder.

Los altavoces fueron decisivos para que Hitler arrastrara a las multitudes con discursos mesiánicos desde 1922. La radio sirvió para que el presidente Franklin D. Roosevelt, con sus famosas fireside chats, apelara a los ciudadanos para imponer su agenda a los legisladores, desde 1933. A su vez, el senador Joseph McCarthy acusó al poder ejecutivo en 1954 de ser blando con sus funcionarios posiblemente comunistas, en debates televisados que fueron vistos por millones de personas. Desde 1956, Gamal Abdel Násser rebasó las fronteras de Egipto y llegó a despertar la esperanza de un resurgimiento árabe entre millones de campesinos que no sabían leer, pero tenían radios de pilas. El ayatola Jomeini encendió la revolución que derrocó al sha de Irán en 1979 con casetes (que hoy serían podcasts) reproducidos por todo el país. Fidel Castro y Hugo Chávez, enfermos, han tenido que delegar parte de su poder, pero no sueltan el micrófono.

En México, en los tiempos del PRI, hubo un solo dueño del micrófono: el Señor Presidente. En 1923, Calles sometió a la prensa creando la Unión de Voceadores. En 1937, Cárdenas inició "La Hora Nacional" con todas las estaciones de radio del país encadenadas (literalmente) a un solo micrófono; y en 1939 auspició la formación del Sindicato Mexicano de Trabajadores de la Industria de la Radio. En 1941, Ávila Camacho intervino en la creación de la Cámara Nacional de la Industria de Radiodifusión, presidida por Emilio Azcárraga Vidaurreta. En 1968, Díaz Ordaz creó un impuesto del 25% a los ingresos de la radio y la televisión cuando temió que se alebrestaran. Quiso darles un susto para imponer silencio sobre el 2 de Octubre; y, una vez que entendieron, antes de que entrara en vigor, lo redujo al 12.5% pagadero en especie: transmitiendo programas y grabaciones oficiales. En 1970, Echeverría autorizó que la CIR (ahora CIRT) incluyera a las televisoras, que pronto dominaron la cámara. En 1993, Salinas organizó una cena de millonarios donde pidió 25 millones de dólares a cada uno, como cooperación para la campaña presidencial del PRI. Emilio Azcárraga Milmo (que se había declarado "soldado del PRI") ofreció el triple.

La democracia terminó con el monopolio presidencial de una manera paradójica. Antes, el Señor Presidente dominaba el micrófono, y era suicida tomarlo sin su permiso. De él dependían el presupuesto y las oportunidades de lucirse. Ahora que no existe ese control, todos los funcionarios buscan el micrófono. Prácticamente se dedican a eso, como si estuvieran ahí para salir en televisión, no para hacerse cargo de lo que está a su cargo. Buscan balcones hacia la multitud y presupuesto para ser vistos. Así logran subir a balcones más altos, con mayores presupuestos, que reinvierten en buscar posiciones todavía más altas, multitudes mayores, acceso más frecuente al micrófono.

Curiosamente, la multitud supone que el mero hecho de salir en televisión es indicativo de valor, y que valen más los que salen más. En las encuestas, los resultados bajos en "Opinión favorable" corresponden a porcentajes altos de "No lo conoce"; y los personajes más valorados son los más conocidos. La mera repetición de la presencia va acumulando un capital de imagen reconocida por la multitud. El reconocimiento genera más reconocimiento, el presupuesto más presupuesto, el poder más poder. El círculo vicioso: dinero: televisión: popularidad: votos: poder: dinero: televisión, etcétera, reduce la democracia a un negocio cínico.

El tiempo triple A disponible para ser visto por la multitud es limitado. Al crecer la demanda, y lo que está dispuesta a pagar, crece la transferencia de dineros y poderes públicos a los nuevos king makers: los vendedores de balcón. Como si fuera poco, el presidente Fox atenuó la aplicación del 12.5% en 2002 para buscar favores que antes eran prerrogativas presidenciales. De los medios sumisos al Señor Presidente pasamos a los políticos sumisos al poder de los medios.

Mientras el régimen fue monolítico, el tigre ronroneaba mansamente a los pies de la presidencia. Cuando el poder se fragmentó, el tigre empezó a rugir e intimidar, porque la relación de fuerzas cambió. No es lo mismo enfrentarse a un solo cliente (presidencial) que a cada uno de los aspirantes, divididos y en pugna unos con otros. Cada aspirante ronronea mansamente frente al nuevo poder de los medios, como si el poder político fuese una concesión del poder mediático.

Pero se trata de un tigre de papel, cuyo poder es inseguro porque está concesionado. Los mismos tres partidos que (separadamente) cerraron la boca ignominiosamente y aprobaron al vapor la llamada Ley Televisa, después (unidos) limitaron sus alcances. El consenso legislativo puede actuar como el verdadero dueño del micrófono. Pero el consenso también es inseguro. La competencia entre los aspirantes, el temor a la oscuridad (o peor aún, el desprestigio) que resultan de malquistarse a los medios, así como otras razones poderosas que ofrecen los cabilderos, rompen los consensos. El interés público queda subordinado a los intereses particulares de los aspirantes a lucirse.

A pesar de todo, la fragmentación del poder es preferible. Pero hay que terminar con el negocio que de ahí derivó. El cacarear se ha desconectado del producir efectivamente algo valioso para la sociedad. El cacareo de spots es aburrido, costosísimo y poco democrático. El spot es un poder que no permite la respuesta. En vez de que los aspirantes se confronten cara a cara sobre lo que dicen haber hecho y lo que proponen, cada uno cacarea a la multitud en una fastidiosa algarabía.

Para la democracia, lo mejor es suprimir los spots, las pseudonoticias y las bardas pintadas. Las campañas electorales serían más democráticas y aleccionadoras si consistieran en muchísimos debates donde toda afirmación de un aspirante esté sujeta a la refutación inmediata de los otros.

Veracruz: lo peor del PRI

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

- Javier Duarte, censura a medios y esconde cuerpos.

- Decreta que en esa entidad no habrá violencia.


Si los adversarios del PRI y de Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, quisieran iniciar una campaña para exhibir la peor cara de los gobiernos tricolores, seguramente elegirían como el más cuestionable de los ejemplos, al gobierno de Veracruz. ¿Por qué?

Porque les guste o no a los tricolores, el nuevo mandatario veracruzano, el señor Javier Duarte, ha resultado un verdadero peligro para la ciudadanía de esa entidad, para la democracia mexicana y, por si hiciera falta, es mucho más que “un chivo en cristalería”, para el PRI.

Sobran ejemplos de que el señor Javier Duarte es un mandatario locuaz, intolerante, nada democrático, represor, ignorante y, para mala suerte de los aspirantes presidenciales Peña Nieto y Beltrones, cree tener dotes para ser aspirar al gabinete presidencial del PRI.

Muertos que no mueren.

Pero la gota que derramó el vaso —en los pocos meses de gestión de Duarte, y los muchos desatinos de sus colaboradores—, es que apenas el pasado viernes se aventó la puntada de negar lo que a todas luces es una realidad incuestionable; que el estado de Veracruz se ha convertido en el nuevo teatro de la violencia y el crimen.

Pero el locuaz mandatario no se quedó en eso, sino decretó que en Veracruz no hay violencia, que no permitirá que ese estado sea visto como una entidad violenta y hasta negó que, por segundo día consecutivo,aparecieran cuerpos de personas muertas, cuando la autoridad federal corroboró el macabro hallazgo.

Lo que nunca dijo es que —según versiones federales oficiales—, en realidad ordenó esconder los cuerpos de la segunda tanda de muertos, y para ello sometió a toda la prensa local y pretendió sobornar a los medios nacionales. Incluso, el propio senador Beltrones hizo la denuncia.

Pero vamos por partes. El pasado miércoles, fueron tirados —en la zona turística de Boca del Río—, los cuerpos de 35 personas, supuestos integrantes de la banda criminal de Los Zetas, que habrían sido ejecutados por uno de los brazos armados del “Cártel del Chapo”; Los Matazetas. El escalofriante hallazgo alarmó no sólo a los mexicanos, sino al mundo entero, sobre todo porque los cuerpos fueron tirados a solo 50 metros de la sede de la Cumbre de Procuradores de Justicia, que se llevaría a cabo a partir del jueves.

Cuestionado durante meses por desafortunadas y locuaces declaraciones, el gobernador Duarte quiso reivindicar sus dichos, pero “le salió más caro el caldo que las albóndigas”.

Pocas horas después de que los 35 cuerpos fueron tirados en la vía pública, dijo que todos habían sido identificados; todos eran delincuentes y poco faltó para que justificara que fueron asesinados, por andar en el mal camino; por ser delincuentes.

Luego de la torpeza inicial, el mundo se le vino encima. Fue tal el tamaño de su desatino, que debió ser desmentido por el procurador estatal, Reynaldo Escobar Pérez, a quien habría reprendido y amenazado con que pronto lo echará del cargo.

Censura y represión.

Cuando Veracruz y los veracruzanos no se reponían del impacto —y en medio de una verdadera sicosis social que se vive por la inseguridad en la capital y en el puerto—, el mismo jueves aparecieron entre 11 y 14 cuerpos más de personas que, de igual manera, fueron tirados en la vía pública, en distintos puntos del Puerto y Boca del Río.

La información de los nuevos hallazgos la dieron autoridades federales que revelaron “santo y seña” de los lugares donde el Servicio Forense local recogió los cuerpos.

Sin embargo, cuando reporteros enviados de distintos medios nacionales acudieron por imágenes, llegaron policías de la Agencia Veracruzana de Investigación (AVI), golpearon a los periodistas, les quitaron sus equipos —cámaras fotográficas y de video, además de grabadoras de voz—, y los obligaron a borrar todo lo que habían grabado. ¿Por qué?

El escándalo pudo llegar a redacciones nacionales, sin embargo, a nivel local, policías de la AVI y enviados del gobierno de Duarte, habrían visitado los medios locales, para recuperar todo lo que pudiera haber existido de la segunda tanda de cuerpos tirados; imágenes y audios.

El mismo viernes, durante la clausura de la Cumbre de Procuradores, el gobernador Duarte retó a los periodistas a que dieran a conocer la fuente de la información sobre los 11 y/o 14 asesinados, luego de los 35 aparecidos el miércoles.

Resulta curioso que minutos antes, durante la clausura del encuentro con los procuradores de todo el país, el gobernador Duarte decretó que no permitiría que se encasille a Veracruz, como a otros estados, por la violencia.

Otra torpeza declarativa. ¿Por qué?

Porque por decreto, el genio de Duarte prohibió la violencia. ¿Y dónde queda la transparencia, la responsabilidad estatal con la verdad, con la libertad de expresión, con la libertad de los medios? ¿Por qué a punta de pistola borró las evidencias de la realidad?

¿Gobierno solapador?

El de Duarte queda retratado como un gobierno represor, nada democrático, autoritario y mentiroso.

Van dos perlas más.

La noche del pasado miércoles, una vez que los 35 cuerpos de personas tiradas en Boca del Río fueron llevados al Forense, la señora Rocío Velázquez denunció a periodistas de medios nacionales que su hijo, Alan Michel Jiménez, de sólo 15 años, estaba entre los 35 muertos.

Relató que el 14 de septiembre, en la colonia Playa Linda, a su hijo se lo llevó la patrulla 717; que ella subió a la patrulla para impedir la detención. Desde entonces buscó a su hijo, pero lo encontró junto con los 35 cadáveres.

¿Qué quiere decir eso? Que la propia policía de Veracruz y/o la de Boca del Río, levantó a algunas de las personas que luego fueron ejecutadas.

¿Y que ha dicho de eso el gobernador Javier Duarte? Nada, también se niega esa realidad.

Más aún. Autoridades federales se quejaron de que los videos de las cámaras que debieron captar las imágenes de los responsables de girar los cuerpos de 35 personas, desaparecieron durante horas, luego se dijo que eran imágenes parciales y, al final, se entregó material inservible. ¿Por qué la policía escondió ese material? ¿A quién solapa el gobernador Duarte?

Joven muerta.

No es todo. Ayer sábado, aparecieron los restos de Gabriela Arlene Benítez, de 17 años, desaparecida hace tres meses en Xalapa, y cuya búsqueda movilizó a todo Veracruz. ¿Y qué hicieron las autoridades estatales para esclarecer la desaparición y ahora el crimen? Nada. Si Peña Nieto y Beltrones se descuidan, el PRI como el de Duarte, podría ser el PRI que regrese en 2012.

Decapitan a tuitera en Nuevo Laredo por denunciar a criminales

Milenio
EFE

Elizabeth Macías, de 39 años de edad, fue asesinada por denunciar a criminales en las redes sociales, según un mensaje atribuido a un grupo delictivo, informó la Fiscalía general de Tamaulipas.

Ciudad de México • La policía mexicana encontró el cuerpo decapitado de María Elizabeth Macías, de 39 años, jefa de redacción del diario Primera Hora de Nuevo Laredo, quien fue asesinada por denunciar a criminales en las redes sociales, según un mensaje atribuido a un grupo delictivo, informó hoy una fuente oficial.

La Fiscalía general del estado de Tamaulipas, fronterizo con Estados Unidos, informó en un breve comunicado que el cuerpo sin vida de María Elizabeth Macías fue localizado ayer en un barrio de Nuevo Laredo.

El cuerpo desmembrado fue hallado en el monumento a Cristóbal Colón, ubicado en las principales avenidas de esa ciudad fronteriza, con las piernas y el tronco arrojadas en el césped, mientras que la cabeza fue colocada en un macetero y acompañada de un tablero de computadora, ratón, cables, audífonos y bocinas.

Según la fiscalía, en el mensaje se destacaba que Macías, que firmaba como "La nena de Laredo", utilizaba las redes sociales para hacer denuncias contra un grupo criminal.

El pasado 13 de septiembre, otros dos jóvenes fueron asesinados y colgados en un puente peatonal en esa ciudad del estado de Tamaulipas, presuntamente por utilizar las redes sociales en internet para comentar situaciones de riesgo tras la lucha que sostiene el gobierno de México con el crimen organizado.