septiembre 26, 2011

¿Qué está pasando?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

En lo que va del año, del 3 de enero al 23 de septiembre la Bolsa Mexicana de Valores ha perdido 15.5 por ciento y la devaluación del peso frente el dólar ha sido de 10.2 puntos porcentuales. ¿Por qué?

El comportamiento de estas dos variables ha sido el típico en épocas de incertidumbre, en tiempos en los cuales los agentes económicos no tienen claro, hasta dónde tal tarea resulta humanamente posible, qué va a suceder, tal y como ha pasado en los últimos meses, todo relacionado con la siguiente pregunta: ¿entrará la economía estadunidense en una segunda recesión (yo preguntaría, de entrada, si realmente salió de la del 2009)?

Durante el segundo trimestre del 2010 la economía estadunidense creció, medido dicho crecimiento por la producción de bienes y servicios, en términos anualizados, 3.2 por ciento; un año después, a lo largo del segundo trimestre de este 2011, el crecimiento fue solamente del 1.0 por ciento, dos terceras partes menor que aquel, lo cual da como resultado una clara desaceleración (menor crecimiento), que bien podría desembocar en una recesión (dos o más trimestres consecutivos de crecimiento negativo, según la definición “oficial”). Hasta aquí los datos.

Entre enero de 2009 y junio de 2011 la Reserva Federal (el banco central de los Estados Unidos) le “inyectó” a la economía estadunidense la friolera de 2.3 billones de dólares con el objetivo, inmediato, de reducir las tasas de interés, y con el fin mediato de, desincentivando el ahorro, incentivar primero el consumo, luego la inversión y, al final, la producción, algo, esto último, que simple y sencillamente no ha sucedido, tal y como lo muestran los datos del párrafo anterior.

Ante los pobres resultados de la estrategia practicada por la Reserva Federal, el pasado miércoles 21 se anunció en los Estados Unidos una nueva “inyección” de dólares, esta vez por 400 mil millones, entre septiembre de 2011 y junio de 2012, anuncio que ocasionó, el jueves 22, una debacle en los mercados bursátiles y cambiarios: en México la bolsa de valores perdió 4.8 por ciento y el peso se devaluó 2.8 por ciento frente al dólar, habiendo alcanzado, en 14.10 pesos, su máximo anual. ¿Por qué? Porque el anuncio de la nueva “inyección” de dólares fue un reconocimiento, franco y abierto, de que las “inyecciones” anteriores no dieron el resultado esperado, hecho ante el cual muchos nos preguntamos si ahora sí, con esta nueva “inyección”, esta vez por 400 mil millones, las cosas funcionarán. Para responder no hay que olvidar que las presiones recesivas se comenzaron a gestar, hace diez años, cuando la Reserva Federal, entonces a cargo de Greenspan, comenzó a “inyectar” dólares a la economía estadunidense con el objetivo de reducir las tasas de interés y desincentivar el ahorro y, consecuencia de ello, incentivar el consumo, la inversión y la producción, todo lo cual, al final de cuentas, desembocó, burbujas financieras de por medio, en la recesión de 2009. Con más de lo mismo, ¿habrá resultados distintos? No, claro que no.

Felipe Calderón y la legalización de las drogas

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Desde que el presidente Calderón se pronunció sobre la posibilidad de legalizar las drogas que ahora son ilegales en la reunión de los Diálogos por la Seguridad en agosto de 2010, la posición del primer mandatario parece ser la misma, pero en realidad no es así. El año pasado el Presidente dijo que estaba abierto a la discusión del tema, pero que él no apoyaba tal propuesta. Posteriormente, cada vez que el tema sale a relucir ha dicho más o menos lo mismo. Incluso su vocero de seguridad, Alejandro Poiré, ahora director del Cisen, también dijo en varias ocasiones que esa no era la solución, pues con ello no se eliminaban otras actividades del crimen organizado como la extorsión y el secuestro. Además, Calderón también ha dicho que tal medida no funcionaría si se adopta solamente en México y no en Estados Unidos, donde se da el mayor consumo de estupefacientes. No obstante lo anterior, el mes pasado, a raíz del incendio del Casino Royale en Monterrey que produjo la muerte de 52 personas, el Presidente lanzó un mensaje a Estados Unidos que refrendó en la Asamblea General de la ONU: si el país vecino no puede reducir el consumo de drogas, que es lo que alimenta el tráfico de estupefacientes y, por tanto, las exorbitantes ganancias del crimen organizado, entonces debe buscar “soluciones de mercado”. Esto es, debe hacer que a través de la intervención de la oferta y la demanda bajen las ganancias de dichas bandas.

¿Y eso cómo se logra? Pues es muy sencillo. La manera en que el tráfico de drogas deje de ser redituable es que deje de ser un oligopolio en manos de unas cuantas bandas y que, por eso, baje el precio del producto y en consecuencia las ganancias. Para ello, debe haber un libre mercado de drogas que permita a cualquier productor y distribuidor entrar en el negocio. Y eso sólo se logra eliminando las restricciones para acceder a la producción y venta de drogas. O sea, eliminando la prohibición. No hay de otra. Sobra decir que al quitar la prohibición de las drogas, el uso de la violencia y la corrupción por parte de las bandas dedicadas a este negocio disminuiría de manera sensible y tendría los niveles que tiene cualquier otra actividad económica legal. Probablemente subsista algún grado de corrupción, si es que el gobierno sigue propiciándola, como ocurre todavía en algunas áreas de la actividad económica legal en las cuales hay que tramitar permisos o que están sujetas a inspección, pero la violencia simplemente desaparecería. Ciertamente dicha medida no acabaría con otras formas de la delincuencia organizada. No. Para ello sólo queda fortalecer las instituciones aunque también se pueden aplicar algunas “soluciones de mercado” que reduzcan los oligopolios, los cuales favorecen el desarrollo de actividades de extorsión, como es el caso de los casinos. En otras palabras, la legalización de las drogas ilegales no es la varita mágica que resuelva todos los problemas de delincuencia, pero sí le quita combustible a la delincuencia organizada al reducir las ganancias de un negocio que hoy por hoy es el más redituable de las actividades del crimen organizado.

Evidentemente, un escenario de legalización de los estupefacientes no va a ser inmediato y total. Es muy probable que la legalización de la mariguana ocurra pronto, pero la de otras drogas no. Nadie es tan ingenuo como para pensar que el próximo mes va a ocurrir un cambio tan radical. No obstante, sí llama la atención que el Presidente mexicano, quien hasta ahora había declarado abiertamente su oposición a una medida de este tipo, la sugiera en público de manera velada, o no tan velada. ¿O será que después de cinco años de guerra contra el narcotráfico sin alcanzar aún resultados deseables el Presidente empiece a pensar en opciones “fuera de la caja”? ¿Será que a Calderón le esté pasando lo mismo que a Zedillo y Fox, quienes luego de intentar sin éxito combatir al narco han acabado por apoyar abiertamente quitar la prohibición de las drogas? Puede ser. Y puede ser también que cinco años de combate frontal al narco han evidenciado lo absurdo de una legislación que quiere combatir al mercado con la fuerza del Estado. Puede ser que el gobierno mexicano se ha dado cuenta, por fin, de que en el caso de las drogas no hay víctimas sino clientes y que las víctimas aparecen sólo cuando se intentan aplicar leyes inaplicables. Puede ser. Ojalá.

Elogio del lodo

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

Quienes están acostumbrados al aplauso, quienes creen que la sociedad debe mostrarles agradecimiento, quienes imaginan la política como un desfile triunfal creen que la desconfianza que se expresa públicamente es ya un insulto, una ingratitud, una patanería. Tan bonitas que suenan las porras y tú haciendo preguntas. ¡Cuánta insolencia! A la crítica la llaman lodo. A la exhibición de sus lacras la llaman "campaña negra", como si se tratara de una siniestra conjura fascista. Han llegado a hablar de una guerra sucia, como si la desaparición de personas, la tortura, el asesinato de la oposición orquestada por una siniestra dictadura fuera comparable al dedo que señala el abuso o la alarma que anticipa un peligro. Campaña de lodo, guerra sucia, campaña de odio. Los nombres son intercambiables pero conllevan los mismos elementos: muchos se ponen de acuerdo para golpear a un indefenso y ponen en riesgo la convivencia. Una acción tumultuaria y, sobre todo, ilegítima. Cuando una crítica encuentra eco en la prensa o en la opinión pública es vista de inmediato como una campaña de linchamiento. Detrás de cualquier crítica estará, por lo tanto, algún interés oscuro, un personaje encubierto que mueve sus hilos para desprestigiar a quien sólo merece ovaciones. Quienes no me rinden homenaje sirven a esa abyecta campaña de odio.

Quienes quieren resguardarse de la crítica denunciando la política "sucia" pretenden convencernos que la suya es una política aromática. Política perfumada con ideas, esterilizada de rencores y animadversiones; política resplandeciente y sustanciosa. Nuestro candidato leerá a continuación su discurso sin perder el tiempo respondiendo a las acusaciones. Los publicistas de esta higiénica política ignoran que el lodo es más sustancial que las pompas de su jabón. Un candidato podrá firmar los textos que sus colaboradores le preparan. Podrá recitar un hermoso proyecto de nación y enlistar el catálogo de sus prioridades sin brincarse de la 15 a la 18. Los promotores de esa política desinfectada creerán que sus anuncios en la televisión son aportes a la política deliberativa y que las denuncias son la inmundicia de los envidiosos. Les gusta soplar preciosos globos de detergente. A diferencia de ellos, yo creo que más importante que su ideario y sus frases es su confiabilidad, su trayectoria, sus relaciones, sus reflejos. Por ello el lodo ayuda. El lodo presenta un desafío al que sólo se puede responder de frente. Hay lodo que se resbala pero también hay lodo que descubre lo que se quiere esconder.

Cada vez que se señalan los abusos del PRI, cada vez que se destaca su mal manejo de los recursos públicos, cuando se advierte que encubre pillos, brincan ofendidos para gritar que se está jugando sucio, que se quiere lastimar su reputación. Cierran filas y gritan: ¡Guerra de lodo! El paleolítico dirigente del PRI llegó a la dirigencia de ese partido escudado en una innegable popularidad local. Quiso imponer su estilo pendenciero pero sus bravatas terminaron pronto, con la cola entre las patas. El peleonero terminó exhibido como símbolo de un partido dispendioso que cierra filas para cuidar a sus bandidos. A su hermano no solamente tuvo a bien heredarle la gubernatura sino también una inmensa deuda. La probidad de su colaborador más cercano y más fiel ha sido cuestionada con pruebas, al parecer, bastante sólidas. ¿Qué hace el tosco dirigente priista al escuchar reclamos y denuncias sobre estos casos? Lo natural: denunciar que es víctima de una guerra sucia y advertir que no dirá nada al respecto. Denunciar una campaña de lodo tiene sus ventajas: el político cuestionado tacha de ilegítima la denuncia y sigue su camino. Para los incuestionables, la crítica es un acto bélico; el limpísimo pacifista no caerá en provocaciones.

El exgobernador del Estado de México deberá reconocer que, con la solemnidad que caracteriza cada gesto suyo, le mintió al congreso de su estado. El Economist lo exhibió hace unos días: el gobernador declaró formalmente en su último informe de gobierno que los homicidios habían descendido a la mitad durante su sexenio. Falso. Peña Nieto no fue un gobernador milagroso. Fue, más bien, un gobernador mentiroso. Los homicidios en su estado no solamente no descendieron sino que aumentaron, según las cuentas de la revista inglesa. ¿Considera el pretendiente priista que el artículo forma parte de esa guerra de lodo? ¿Le merece respuesta la imputación?

Si el PRI cree que nos subyugará la vacuidad de su perfumado, habrá que responder con crítica y lanzarle lodo a sus globos de aire.

Calderón: “No soy Fox”

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

En realidad, el discurso del Presidente es una suerte de “mea culpa” del panista más encumbrado, y del nuevo siglo.

Nadie puede negar que el mensaje de Felipe Calderón ante consejeros del PAN —el pasado sábado—, es la mayor y más profunda autocrítica que ha formulado panista alguno, en décadas recientes, de la historia de ese partido.

Más aún, que ese tipo de mensaje lo haya dicho el presidente Felipe Calderón —acaso el político que mejor conoce las entrañas de Acción Nacional, y el segundo mandatario surgido de sus filas— tiene una carga histórica, sobre todo cuando el PAN cumple 72 años de vida, está cerca de terminar su segundo sexenio en el poder presidencial y, en especial, cuando el partido cumple 20 años de gestión en gobiernos estatales, como es el caso de Guanajuato.

En realidad el discurso de Calderón es una suerte de “mea culpa” del panista más encumbrado y del nuevo siglo. Pero también un poderoso proyectil expansivo que tiene muchos destinatarios —del pasado, del presente y futuros líderes y gobernantes—, además de que el panismo está plagado de ejemplos de malas gestiones, de oportunistas que se valieron del PAN para acceder al poder y de gobernantes que han resultado pillos consumados.

Pero, a pesar de la crudeza del discurso, no todos parecieron quedar convencidos de la necesaria “congruencia” entre el mensaje presidencial y los hechos políticos surgidos, precisamente del ejercicio del poder, desde la casa presidencial.

Y ese fue el caso del consejero Juan José Rodríguez Prats, quien, de manera abierta y “sin pelos en la lengua”, le dijo al Presidente —palabras más o menos— que la realidad tiene que corresponder al discurso. ¿Y eso qué significa? Que el mensaje autocrítico está perfecto, que la imagen que se vende a la gente con ese mensaje es impecable, pero que la realidad es diferente, si hablamos de la contienda presidencial. ¿Por qué? Porque la realidad es terca en mostrar que la casa presidencial pretende imponer a su preferido, con todo lo que eso significa para el resto de los adversarios. Pero vamos a las partes.

Felipe Calderón dijo a los consejeros panistas que es urgente recuperar la ética y la moral partidista de líderes, políticos y militantes, para sobrevivir y ganarle al autoritarismo. En pocas palabras, que hoy el PAN es todo aquello que criticó cuando era oposición. Pero, además, Calderón alertó sobre una peligrosa crisis de identidad que vive el panismo: tara que aquí y en muchos otros espacios se ha señalado, pero que los azules parecen no querer ver ni escuchar.

El Presidente también propuso recuperar la credibilidad y la confianza perdidas en un partido que, frente a muchos ciudadanos, es igual o peor que la confianza que se le tiene al PRI o al PRD. En pocas palabras, Calderón reconoció que el PRI puede regresar al poder, no por sus dotes, sino por el fracaso cultural del PAN. ¿Por qué? Porque el apostolado panista fue traicionado y porque la cultura del PRI se metió al PAN.

El PAN, dijo Calderón, “debe renovarse o morir”. Y precisamente luego de ese eslogan efectivista, el Presidente ofreció la parte medular de su discurso, al referirse a su papel en la selección del candidato presidencial por el PAN. Dijo que no interferirá en la contienda por la candidatura presidencial y afirmó que “ni remotamente haré a otros lo que quizá algunos pretendieron hacer conmigo”. ¿Qué quiso decir con eso?

Lo que muchos creyeron escuchar, ver y entender, es que Calderón les dijo a los consejeros del PAN que él, en tanto Presidente, no será igual que Vicente Fox; que no pretenderá imponer a su preferido. Y aquí es donde algunos respingaron la nariz, fruncieron el seño y hasta soltaron una sonrisa de reproche. ¿Por qué? Porque si Ernesto Cordero no es el delfín de Calderón, ¡cómo se le parece! Y si existen dudas, basta ver la cargada del pasado viernes, al más puro estilo del PRI.

Y es que si Cordero tiene cola de pato, pico de pato, plumas de pato y grazna como pato, los azules tienen derecho a suponer que se trata de un pato. Por eso Calderón deberá hacer mucho más que un discurso, para que el panismo y, los ciudadanos en general, le crean. Al tiempo.

EN EL CAMINO.

El destape que hizo el Partido Verde de Enrique Peña Nieto en realidad es un descontón del mexiquense a Manlio Fabio Beltrones. ¿Y ahora quién va a creer que es seria la elección interna del PRI, con los dados cargados?... Y, a propósito, débil el músculo mostrado por Peña Nieto en su primera incursión en la capital del país. En el DF, su preferida, Beatriz Paredes, tendrá que remar mucho y a contracorriente.

Aterrizaje

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Creía estar listo para morir sin vanidad, ni prisa ni protesta, pero no fue así durante la emergencia aérea del viernes pasado, cuando el avión de Interjet donde viajábamos Ángeles Mastretta y yo y Rafael Pérez Gay, no pudo aterrizar sino después de varios intentos en la ciudad de Chetumal.

Me dispuse a lo peor ese viernes cuando, por tercera vez, el avión hizo su acercamiento a la pista, dejó atrás las radiantes aguas de la laguna de Bacalar, envueltas en una niebla plateada y, ya con la nariz camino a tierra, fue alzado otra vez a las alturas por el piloto.

Una voz femenina dijo por el sonido que sabían cómo resolver el lío en que estábamos. A la exigente pregunta de un pasajero, que se dijo piloto y preguntó por el tren de aterrizaje, una azafata respondió, con eficaz vaguedad, que había un sonido en la compuerta izquierda.

El pánico estaba instalado desde hacía rato en el rostro de la pasajera que viajaba en el pasillo frente a mí, una hermosa gorda, morena, de bellas y delicadas facciones, cuyos ojos, abiertos como platos, miraban a todas partes.

La noche anterior Ángeles me había dicho, inusitadamente, pues no le da por ahí, que tenía un mal presentimiento. Nunca desoigo sus presentimientos porque, como mi tía Luisa, Ángeles tiene algo de adivina. Pero olvidé su prevención durante el vuelo, sumergido como estaba en la increíble, sangrienta y fundacional historia del emperador Constantino, hasta que el avión, luego de enfilarse a la pista por primera vez, aceleró de pronto, forzadamente, para volver a tomar altura. Pensé entonces que el presentimiento empezaba a cumplirse.

Imaginé el aterrizaje forzoso en el aeropuerto y un amarizaje alterno en la vecina laguna de Bacalar. Lo que me aterrorizó de ambas opciones fue la idea de quedar sepultado vivo, entre llamas o bajo las aguas, dentro del ataúd sellado de un avión.

Descubrí entonces que estaba listo para morir sin vanidad, ni prisa ni protesta, pero no de ese modo. Durante los 20 minutos que duraron mis funestas imaginerías, Ángeles reía a mi lado, divertida de la peripecia. Mentiría si digo que su risa me calmó.

Aterrizamos poco después; yo, con una poderosa y nueva certidumbre sobre la milagrosa, simple, gratuita disponibilidad de la vida.

Muy bien estuvo el piloto que tomó el control manual del avión, muy bien las azafatas que mantuvieron la sonrisa de palo y muy bien la gente que no produjo un solo desfiguro de exigencia o miedo.

Ay, Constantino, y pensar que lo último que iba a leer en la vida era tu terrible, triste, trascendente historia.