septiembre 27, 2011

'Sparring' por Paco Calderón

Sólo cabe uno: Cordero o Josefina

Pablo Hiriart (@phiriart)
phl@razon.com.mx
La Razón

El abucheo a Ernesto Cordero en Guanajuato debería hacer pensar a sus impulsores en la conveniencia de declinar en favor de Josefina, o convencerla a ella de que se baje.

Los dos están chocando y les va a ganar Creel.

Lo que ocurrió en el Auditorio del Estado no fue una emboscada de priistas, perredistas o del SME. Lo abuchearon los panistas que festejaban ahí 20 años de gobernar Guanajuato.

Cuando mencionaron a Josefina el recinto estalló en una ovación, y a Cordero lo cubrieron de chiflidos, a pesar de tener el respaldo público del gobernador del Estado, ahí presente.

Llamaron a las personalidades a pasar al escenario, subió Vázquez Mota, Medina Plascencia, Romero Hicks y el gobernador Oliva. Cordero se quedó sentado.

Si Ernesto Cordero no puede subir a un templete en un evento realizado por su partido, pues teme que aumente la rechifla, su precandidatura no tiene un horizonte halagador.

Es un error, una injusticia lo que han cometido con el ex secretario de Hacienda.

Una injusticia de los tres mil panistas asistentes, porque repudiaron a quien no les ha hecho pasar ningún trago amargo ni una vergüenza.

Y también fue un error de quienes lo impulsaron a ser precandidato.

Al funcionario competente y refinado le pusieron una piel de lobo para pelearse a dentelladas con la oposición y con Josefina, en lugar de cuidarlo como un técnico capaz al servicio del país.

Le recomendaron ponerse dientes más grandes para verse mejor en las fotos y videos.

Pero lo que importaba en Cordero no era su look, sino su seriedad y capacidad para generar confianza y reafirmar que en el gobierno hay cuadros preparados.

Ya lo echaron al palenque, ahora lo tienen que rescatar.

Si sube y crece, qué bien. Pero da la impresión de que ese no será el caso.

Santiago Creel, considerado el precandidato opuesto a Felipe Calderón, se mantiene con una buena parte de las preferencias. Tal vez se estancó, va segundo, pero no baja.

Los impulsores de Cordero se van a encontrar con la disyuntiva de que, así como están las cosas, la candidatura la ganará Josefina o Creel.

Si Cordero declina en favor de la ex líder de los diputados, con toda seguridad ella gana. Y si no declina, quién sabe.

¿Le van a apostar al quién sabe?

Esa es la decisión que muy pronto deberán tomar: bajarse para apoyarla a ella en una parejera contra Creel, o seguir en el desgaste y la polarización de la militancia entre Josefina y Cordero.

Una candidata mujer le daría altura al PAN. Sería un signo de madurez del partido gobernante. ¿Eso es suficiente para ganar la Presidencia? No. Pero esa es otra etapa.

Crítica presidencial

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Invitado especial en la sesión del Consejo Nacional del PAN, el presidente Felipe Calderón realizó un duro análisis crítico de la situación del partido, lanzó advertencias y propuestas que vale reflexionar. En la visión del partido democrático que somos, único con un proceso real de competencia interna por la candidatura presidencial, el ejercicio planteado por Calderón debe ser bien recibido, pero es obligado que el partido asuma una posición orientadora del último tramo del gobierno, y haga valer su voz, frente a decisiones y manejos del equipo gobernante que cuestan mucho no sólo a la estrategia, sino a la unidad, prestigio e imagen del PAN.

Al reconocer que Acción Nacional ha tenido un desgaste en su tránsito de la oposición al poder, Calderón apuntó seis tareas para enfocar el esfuerzo del partido: una renovación ética en su integración, comportamiento e imagen ante la sociedad; salir al encuentro de la ciudadanía, construir hacia ella puentes firmes y fortalecer los lazos de comunicación, confianza y cercanía, abrir las puertas a los jóvenes; franquear las opciones políticas y en particular las candidaturas a los ciudadanos, especialmente aquellas que aún no comienzan a definirse como candidaturas a gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales y a presidencias municipales a disputarse en 2012; dejar claro ante los electores qué es lo que está en juego en esta contienda; reivindicar simpatías en los sectores que hoy lo respaldan, o que lo han respaldado en el pasado: jóvenes, mujeres, emprendedores, clase media, grupos y sectores sociales que sustentan y defienden nuestras propias ideas y valores; y realizar un proceso de selección de candidato, atractivo para los ciudadanos y, sobre todo, que no genere divisiones, ni exacerbe los resentimientos.

Coincido con los seis planteamientos, aunque no en la manera en que el Presidente los fue desarrollando, pues en algunos contribuyen más al deterioro los funcionarios de su gobierno que los dirigentes del partido. Pero no hay asomo de autocrítica en el Presidente, la autocomplacencia es demasiada y la clase de ética bien podría repetírsele a su círculo más cercano. Las seis tareas que Calderón recomienda al PAN tienen un campo de aplicación en su esfera. Me parece que el Presidente debiera ser más franco y riguroso en sí mismo.

El PRI se ha recuperado ante la mirada atónita de muchos demócratas del mundo, no sólo porque a Acción Nacional se le aflojaron sus resortes éticos y morales, sino porque con Fox y luego con Calderón se abandonó la idea de cambio: desmantelamiento del régimen autoritario, y por ello terminó aceitándose esa maquinaria clientelar y corporativa con acuerdos que cambiaron migajas de reformas por concesiones e impunidades inadmisibles.

Los poderes fácticos, principalmente la televisión, han conseguido bajo gobiernos del PAN acrecentar sus privilegios y negocios. ¿De qué le ha servido, ya no digamos al partido o al pluralismo político, sino al gobierno tantos favores a Televisa? Si ésta se ha dedicado a ser la productora y promotora de Enrique Peña Nieto. ¿No le quedó claro al Presidente que por más descuentos, exenciones y digitalización gratuita, la televisora se ha convertido en el puntal del regreso del PRI? El teledestape de Peña es su más cínica demostración.

Otro de los temas esenciales es el combate al crimen organizado. Nadie plantea que esa lucha deba ser cancelada, pero el empeño por una estrategia de control territorial basado en la fuerza militar y en aumentar las medidas penales debe ser revisada y el partido hacer un balance de logros, errores y pendientes. Varios de los parámetros que podrían definir el éxito de esa lucha presentan resultados negativos. En la campaña del 2012 el partido debe procurar reformular ese planteamiento, sin declinar en la lucha por la seguridad pública.

La elección del candidato presidencial también abarca al gobierno y al Presidente; la capacidad de influencia, seducción o presión que se puede ejercer sobre funcionarios federales es determinante. Más allá de las palabras se requieren hechos para acreditar la neutralidad de esas estructuras burocráticas, lo contrario envenerará el ambiente y provocará tensión. Aunque el presidente Calderón ha dicho que con los tres aspirantes presidenciales del PAN lleva “una relación seria, respetuosa y de genuina y sincera amistad”, —lo que en el caso de Santiago Creel es absolutamente inverosímil—, en realidad no se necesita tanto, sólo enviar el mensaje de imparcialidad y respeto no sólo al funcionariado panista, sino al conjunto de medios, actores políticos y sociales a los que con mucha frecuencia se les transmite otra idea, no en pocos casos, a nombre del Presidente de la República.

Inicio de la vida

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"La vida es una enfermedad de transmisión sexual". Anónimo

¿Cuándo empieza la vida? No lo sé. Los argumentos de un lado u otro no convencen sino a los ya conversos. La discusión entra en un campo de emotividad y convicción religiosa en que la razón no resuelve nada.

Las reformas constitucionales que se han hecho en estados como Baja California y San Luis Potosí, y que ahora están siendo discutidas en el pleno de la Suprema Corte de Justicia, no tienen, sin embargo, más propósito que castigar a las mujeres orilladas a practicarse un aborto. Esto me parece inquietante. No creo que la sociedad deba castigar a una mujer a la que las circunstancias empujan a abortar.

Reconozco una inquietud moral sobre el aborto. No creo que esta práctica deba convertirse en una forma más de control de la natalidad. De hecho, las mujeres nunca, o casi nunca, recurren al aborto a la ligera. Cuando una toma esta decisión lo hace porque no tiene más opción. Castigarla penalmente por ello es perverso.

La Constitución federal no nos dice cuándo da inicio la vida. Y es correcto que no lo haga. La ciencia no ofrece respuestas claras a esta pregunta. Hay buenos argumentos científicos que sugieren que la vida empieza en el momento de la concepción, pero también los hay en contra. El cigoto tiene ya el contenido completo de ADN del nuevo ser, pero mientras no se forme un sistema nervioso es difícil hablar de un ser humano. No sorprende que santo Tomás de Aquino, uno de los padres de la Iglesia Católica, hablara en el Medievo de que Dios infunde el alma en el feto pero sólo después de tres meses de gestación.

Desde un punto de vista jurídico parece problemático que un congreso local pueda decidir cuándo comienza la vida. Esto "propiciaría -como señaló ayer el ministro de la Corte Luis María Aguilar- un sistema federal desarticulado y caótico, en donde cada entidad federativa estableciera el alcance y el concepto de un derecho fundamental".

Los estados pueden tener distintas leyes de salud... y, de hecho, las tienen. En los estados del país, por ejemplo, está prohibido el aborto, pero no en el Distrito Federal, cuya legislación en la materia fue avalada por la Suprema Corte de Justicia. Estas leyes diferentes no significan que haya distintas definiciones sobre garantías fundamentales o sobre el inicio de la vida. Simplemente quiere decir que en los estados se castiga el aborto pero no en la Ciudad de México, o por lo menos no en los tres primeros meses de embarazo. Tener distintas definiciones estatales sobre cuándo empieza la vida en un mismo país, en cambio, parece un absurdo.

Coincido con la Iglesia Católica -y con los grupos que han promovido la nueva definición del inicio de la vida en las constituciones estatales- en que es necesario disminuir los abortos en nuestro país. Esto no se logra, sin embargo, metiendo en la cárcel a mujeres que han tenido que abortar empujadas por las circunstancias. Si realmente estas buenas conciencias quisieran reducir el número de abortos, necesitarían difundir programas educativos y distribuir preservativos y anticonceptivos entre los jóvenes. En ningún caso, sin embargo, debería una mujer ser sancionada, y mucho menos encarcelada, por haberse visto obligada a recurrir a un aborto.

La decisión, al final, no debe ser de la Suprema Corte sino, en todo caso, de las legislaturas locales y nacionales. Las actuales leyes estatales deben modificarse para que termine esta persecución de mujeres en circunstancias terribles, pero el gobierno federal debe además adoptar una política de salud pública que lleve a una disminución en el número de abortos por la mejor de las razones posibles: una reducción en el número de embarazos no deseados.

INCERTIDUMBRE

La facilidad y rapidez con las que los mercados bursátiles han rebotado en los últimos meses después de cada caída revela que los inversionistas tienen dinero. El problema es que no saben en qué gastarlo ante la incertidumbre del futuro de la economía.

El PAN de abajo y el de arriba

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Lo ideal, para la precampaña, dicen en el PAN, es que quedaran dos aspirantes, el problema es que no se ve, por lo menos ahora, quién pudiera declinar

En el PAN, las estrategias de sus aspirantes para lograr la candidatura presidencial son cada día más transparentes, pero eso no hará, necesariamente, más transparente el resultado. La reunión del Consejo Nacional transcurrió sin sobresaltos, aunque se volvieron a tomar los temas de la cuenta partidaria de 2009, en la gestión de Germán Martínez, y el de los padrones con Jorge Manzanera. Pero se olvida, como han dicho algunos panistas, que después de 2009 ha habido otros años y otros dirigentes y que si se utilizan esos números para afectar candidaturas se terminará lastimando a todos los aspirantes. Fuera de eso, resultó interesante la posición presidencial respecto a la “renovación ética” del panismo y, de la mano con ello, el compromiso del “suelo parejo” que explicitó una vez más el Presidente.

Si bien no se definió en ese Consejo el método de selección, cada día resulta más notorio que difícilmente se irá a una elección abierta: se requiere mucho dinero, mucha infraestructura y la misma puede ser una campaña, consideran, internamente desgastante. Por lo tanto se terminará yendo a la elección entre militantes y adherentes, que resulta mucho más controlada, pero que le da a los aspirantes mucha menos exposición pública. Por lo pronto, de aquí a noviembre por lo menos, se quedarán en la búsqueda de la candidatura los tres aspirantes actuales, luego de la declinación, anunciada, de Emilio González Márquez. Lo ideal, para la precampaña, dicen todos en el PAN, es que quedaran dos aspirantes, el problema es que no se ve, por lo menos ahora, quién pudiera declinar: Josefina Vázquez Mota sigue arriba en las preferencias, Santiago Creel continúa trabajando en la estructura que ha creado en los últimos años y Ernesto Cordero sigue recibiendo apoyos de la superestructura del partido. De seguir así, dicen que irán a una elección de tercios, por eso el que termine declinando a favor de otro será el que decidirá el curso final de la elección. El problema es que eso se podría prolongar hasta febrero del año próximo y quién sabe si será conveniente cuando el PRI y el PRD tendrán, desde fin de año a más tardar, resueltas sus candidaturas.

Mientras tanto, en la celebración de los 20 años de gobiernos panistas en Guanajuato (una plaza clave no sólo en cuanto a la designación del candidato presidencial sino para los comicios federales) la nota se la llevaron los aplausos a Josefina combinados con algunos abucheos para Cordero, pese a que el gobernador Juan Manuel Oliva evidentemente apoya al ex secretario de Hacienda. Ernesto tuvo el buen tino, cuando lo invitaron a subir al escenario donde estaban las figuras locales del panismo de estas dos últimas décadas, de declinar la invitación argumentando que era una fiesta de los panistas guanajuatenses. Era verdad, pero también lo es que hubiera sido una muy mala publicidad que los abucheos, aunque localizados, se hubieran repetido en ese momento.

La causa de la división es clara: Ernesto está mostrando una línea de indiscutible continuidad, su discurso es directamente antipriista (su declaración más importante del fin de semana fue que el PRI y el Verde eran lo mismo, en relación al destape de Peña Nieto por el PVEM) y su trabajo pasa por consolidar los apoyos en la estructura de mandos del partido para, desde ahí, ir bajando a las bases que en muchos casos no lo conocen suficientemente porque no ha tenido trabajo de partido con anterioridad. El de Josefina es el camino contrario: está cosechando el trabajo de los dos últimos sexenios en la Sedesol, en Educación y en el Congreso. Hay que recordar que Vázquez Mota ha hecho tres campañas electorales en los dos últimos sexenios: la de 2000, donde resultó diputada federal; la de 2006 con Felipe Calderón, en la coordinación junto con Juan Camilo Mouriño, y la que la llevó al Congreso en 2009. Desde esas bases está creciendo hacia la estructura de mandos del partido. Su discurso es de continuidad, pero marcando siempre alguna diferencia: la declaración más importante del fin de semana es que seguirá la lucha contra el narcotráfico del presidente Calderón, pero que también irán a la cárcel los políticos corruptos y los lavadores de dinero que respaldan a los delincuentes.

Mientras tanto, Santiago Creel sigue construyendo la red que no tuvo hace seis años. Creo, sin embargo, que sus márgenes están mucho más acotados, aunque habrá que ver qué sucede con el desgaste que se pueda dar entre Josefina y Cordero, donde Creel aspira a aparecer como una alternativa. De todas formas no descarte usted la posibilidad de que Santiago pueda, más con Josefina que con Ernesto, aparecer finalmente en el Distrito Federal.

Los panistas tienen una gran oportunidad para posicionarse y reposicionar a su partido en este proceso interno que apunta para ser muy interesante. Deberán administrar los tiempos, las agendas y los egos, con el objetivo de no transformar la lucha interna en una batalla que los derrote a todos.

Pena de muerte: ¿castigo o simple limpieza?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

A muchos ciudadanos de este país —a una mayoría, tal vez— nos gustaría que a los secuestradores, y a otros sanguinarios delincuentes, les aplicaran la pena de muerte. Pero el Estado no nos hace caso. Y tiene razón. Debe estar por encima de nosotros, es decir, encarnar una condición moral superior que asegure, en toda su magnitud, la preservación de ciertos valores esenciales y, a estas alturas del proceso civilizatorio, absolutamente irrenunciables.

La soberanía del individuo es uno de los fundamentos de la sociedad abierta pero no todas las aspiraciones individuales son legítimas, así sea que las compartan millones de personas.

Las mayorías mandan, es cierto, pero no siempre tienen la razón. En un mundo soñado por algunos, no pagaríamos impuestos ni aceptaríamos tampoco la mayor parte de las restricciones que nos impone la autoridad. En la realidad más inmediata, si llegara un encuestador y nos preguntara, justamente, si deseamos pagarle menos tributos a Hacienda, una enorme mayoría responderíamos que sí. Pues ahí tenemos un ejemplo muy clarificador de que nuestros deseos no son órdenes, de que no siempre pueden, o deben, ser atendidos y de que ni siquiera significan iniciativas recomendables.

Naturalmente, las cuestiones morales son más elusivas porque no pueden ser representadas en cifras pero, aun así, un país como Noruega, donde las políticas públicas de combate al delito se encaminan mucho más a la rehabilitación de los criminales que a su castigo, tiene tasas —o sea, números— de criminalidad mucho más bajas que Estados Unidos, un lugar donde a los delincuentes los ejecutan legalmente en muchos de sus estados.

En todo caso, antes que un castigo deberíamos hablar de una estrategia de limpieza: la eliminación pura y simple, sin consideración moral alguna, de individuos antisociales que representan un serio peligro para la sociedad. Pero ese, con perdón, es otro asunto.