septiembre 29, 2011

Congruencia, virtud política

Juan José Rodríguez Prats
Excélsior

El sábado me permití expresar al Presidente mi desacuerdo con mucho de lo manifestado en su discurso dirigido al Consejo Nacional.

El PAN surgió a la vida siendo un severo crítico del sistema al que denunció como corrupto y corruptor. Al llegar al poder, como es de explicarse, la congruencia se hizo más difícil. ¿Debe Acción Nacional olvidar ese coraje en la denuncia y esa demanda por vincular política y ética? Desde mi punto de vista, si así fuere, dejaría de ser el PAN.

Esto viene a cuento porque el pasado sábado me permití expresar al Presidente de la República mi desacuerdo con mucho de lo manifestado en su discurso dirigido al Consejo panista. Desafortunadamente, los presidentes Fox y Calderón, en las sesiones de dicho Consejo, escuchan al jefe nacional, se escuchan ellos mismos y se retiran sin atender las voces del órgano calificado por Efraín González Luna como la conciencia reflexiva.

Destaco cinco desacuerdos con el presidente Felipe Calderón:

1. La ética no puede renovarse, reformarse o revolucionarse. Los principios panistas ahí están y son válidos en los momentos actuales; deben ser cumplidos, no cambiados. Deben cambiar las actitudes y conductas que no se corresponden con esos principios. En materia de corrupción y de honestidad, el saldo es negativo. Lo dicen estudios internacionales: en México se ha incrementado la corrupción. La Secretaría de la Función Pública está lejos de haber tenido un buen desempeño.

2. Felipe Calderón impuso a Germán Martínez y a César Nava en la dirigencia panista. Ambos le hicieron el mayor daño al partido en toda su historia. Desde hace meses se venían escuchando los cambios en la Secretaría de Hacienda y los que vendrían en cadena. No hubo sorpresa alguna. La maniobra fue burda y, como bien dice Carlos Marín, a veces el PAN parece un PRI chafa.

3. El Presidente convoca a su partido a seleccionar a los mejores candidatos e inclusive a abrirse a la ciudadanía, pero él conforma un gabinete que, con notables excepciones, es calificado como mediocre. Muchos de sus integrantes ni siquiera son panistas y el trato al panismo es de soberbia, no hay ni por asomo lo pregonado por el PAN desde su origen: el humanismo político.

4. Efectivamente, hemos de cuidar con esmero la macroeconomía y ser responsables en el manejo de las finanzas públicas. Por eso no estoy de acuerdo en que se le permita al secretario de Hacienda, en búsqueda de un anhelo, dejar la dependencia en momentos de tanta turbulencia económica.

5. Desde hace muchos años hay panistas de primera y de segunda. Se dejó atrás la bellísima tradición de la camaradería castrense, del trato solidario al correligionario y de la calidad humana que caracterizó a los fundadores. A estas alturas, no se olvidan los viejos agravios y se sigue actuando con encono y resentimiento, malas señales para enfrentar los retos de 2012.Hay que sumar adeptos, tender puentes, reconciliar, practicar la mejor política.

Celebro que el señor Presidente condene la mentira y la hipocresía, me gustaría que se complementaran con saber escuchar y respetar a quienes nos permitimos discrepar de sus opiniones.

Algunos panistas condenan que fuera de sus órganos colegiados se hagan críticas con todo y que en el panismo se hagan en voz baja y con sigilo.

Sostengo que lo público debe ser tratado públicamente. Las verdades que no se ventilan se tornan venenosas. Manifiesto mi desacuerdo, por la gratitud y la lealtad que le debo al partido.

Felipe Calderón llegó a la presidencia del PAN sosteniendo un lema: “Ganar el gobierno sin perder el partido”. Efectivamente, lo hemos ganado, pero no se ha gobernado conforme a sus principios. Nos queda defender al partido, cuidar que no se deteriore más y pueda ser la mejor opción, como Manuel Gómez Morín la idealizó desde 1939. El PAN ofreció ser distinto y distinguible, jamás permitió la sumisión y el servilismo que tanto han enfermado la política mexicana. La frase es bíblica: “Qué mal podría la verdad ajena quien no comenzase usando la verdad en su daño”.

Hablando de "Paras"

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Este espacio de Crónica fue el primero en esbozar la posibilidad de que en el caso de los cadáveres arrojados a la principal avenida de Boca del Río, en Veracruz, podría haber participación de grupos paramilitares. Había indicios, desde el principio. El primero fue el primer intento de explicación oficial, queriendo culpar de los acontecimientos al Cártel del Golfo, y después las acusaciones nebulosas en contra de la Gente Nueva. De mayor peso fue la, digamos, comodidad, con la que el grupo dejó los cadáveres en un par de camiones de redilas en una zona con varias cámaras de videovigilancia, la abstención policiaca y, sobre todo, la magnitud y complejidad del operativo, que no empezó ni terminó ese día fúnebre.

Hablo, reitero, de indicios. Estamos lejos de contar con datos duros. Después vinieron los videos del grupo vengador que han sido objeto de análisis y, sobre todo, la aceptación oficial por parte del secretario de Gobernación, quien señaló que se aplicará toda la fuerza del Estado contra quienes combaten al crimen al margen de la ley. Al intentar una explicación, Blake Mora advirtió que las debilidades institucionales de las corporaciones policiacas deben ser corregidas de frente y sin disimulo, lo que será una tarea ardua, difícil, un camino largo pero impostergable e ineludible.

La eventual aparición de un grupo paramilitar de matarifes que ejecutan por la libre para no tener que seguir el camino legal, es una noticia pésima para la democracia mexicana, comenzando por las propias instituciones de cuyo seno pudo haber brotado el grupo, ya sean federales, estatales o municipales. De nuevo se plantearon comparaciones con Colombia, donde surgieron grupos paramilitares para combatir al margen de la ley a narcos y guerrilleros, y que a los pocos años se convirtieron en un cáncer similar al de los narcos y guerrilleros. De hecho, hay estudiosos que aseguran que los paramilitares mataron allá a más gente de los propios narcos. Quienes se alegran por los ajusticiamientos extrajudiciales deberían dejar las sonrisas de lado y poner cara de preocupación porque los paramilitares, envalentonados, suelen tomar el lugar de los grupos que despedazan, quedarse con sus causas y sus negocios. Resulta pero el remedio bizarro que la enfermedad original.

El éxito de los Matazetas, guerreros sin rostro que mandan el mensaje de que sus riales no son invencibles, no debe asumirse como un éxito de las instituciones o de la gente, sino como un gran fracaso, como una vía corta al autoritarismo. Es el anuncio de tiempos oscuros, densos, impenetrables. Ahora el Estado y sus fuerzas formales tienen dos tareas: atrapar a Los Zetas y a sus verdugos. Es un acto de cinismo monstruoso pedirle a la sociedad que confíe en ellos. En cualquier momento puede sobrevenir una venganza. Preocupa y mucho que Los Zetas no apunten en contra de sus rivales desconocidos, sino contra la gente indefensa. Escalar la violencia no es ruta a la paz.

Desde luego todas las autoridades han pintado su raya, pero eso es insuficiente. Tienen la obligación de capturar cuanto antes a los Matazetas, comenzando por su aparente líder, el tipo fornido de los videos. Varios analistas han recordado el caso de uno de los municipios conurbados de Monterrey, donde se recurrió a un “grupo rudo”, es uno de los episodios de vergüenza para el Estado en general, para el municipio y para el PAN y los demás partidos. Hay, desde luego, el riesgo de que otras plazas también acosadas por la delincuencia recurran a la misma alternativa: formar un grupo de matones que elimine a los delincuentes sin llevarlos a un juez, o que acabe incluso con los que están purgando una condena.

Las estrategias de comunicación de los paramilitares constituyen otro golpe devastador para la imagen internacional del país, pues como los videos aparecieron en la red, tuvieron difusión global inmediata. En todos los portales del planeta pudo verse al gordo diciendo que ellos eran los responsables de la matanza. Un país que quiere limpiar su imagen internacional no puede contrarrestar los efectos de la aparición de un grupo de vengadores fuera de la ley que anuncia nuevas matanzas. La fragilidad de nuestras instituciones nos puede llevar al callejón sin salida de la violencia autoritaria.

Indispensable y justificado

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor del ITESM-CCM
El Universal

No hay grandes novedades (más bien, ninguna novedad) en el discurso de AMLO

El lunes pasado, Andrés Manuel López Obrador participó en el programa “Entre Tres”, de Televisión Azteca, que conducen Federico Reyes Heroles, Jesús Silva Herzog y Carlos Elizondo

No hay grandes novedades (más bien, ninguna novedad) en el discurso de AMLO. Sin embargo, como ahora ocurre con frecuencia, hubo discusión paralela en Twitter, y es de ella de la que quiero hablar con usted hoy.

La discusión inició cuando el colega Pepe Merino afirmó “El discurso de AMLO es vago, errado por momentos, monótono... Pero indispensable y plenamente justificado, ésa es la tragedia”. En opinión de este columnista, ese discurso no es ni indispensable ni plenamente justificado, y así lo dije. La respuesta fue “basta ver desempeño económico, sistema fiscal, ejercicio de gasto, distribución de riqueza, mercado laboral, calidad educativa”. El intercambio, acompañado de otros participantes, continuó por el resto de la emisión. Puesto que twitter no permite argumentos largos, y me parece que aquí hay necesidad de ello, pues hoy extiendo mi planteamiento.

En la elección de 2006, López Obrador mantuvo una ventaja considerable varios meses, pero fue incapaz de ganar la Presidencia. Su actitud demasiado beligerante, aprovechada por sus adversarios, le hizo perder simpatías y obtener poco más de un tercio de los votos. Apenas unos cuantos miles que el ganador, que también obtuvo poco más de un tercio. Son relevantes los porcentajes, porque ilustran la debilidad relativa de todas las opciones que tuvimos en esa elección.

Desde entonces, e incluso desde su gestión como jefe de gobierno del DF, para muchos López Obrador enarbolaba un discurso “indispensable y justificado”. Frente a la evidente pobreza de los mexicanos, frente a la flagrante injusticia, los planteamientos justicieros, dirigidos “primero a los pobres”, del líder político, parecieron siempre indispensables y justificados. Estos calificativos sólo tienen sentido si se considera que los otros líderes políticos no tienen el mismo énfasis en la pobreza y la injusticia. Es decir, la retórica justiciera de López Obrador sólo puede imaginarse indispensable y justificada si no hay, además de él, nadie que proponga atender a los pobres o acabar con las injusticias. Pero todos proponen eso. Esto significa que para algunos opinadores (muchos, en 2006), la versión lopezobradorista en estos temas sería mucho más creíble que cualquier otra.

Si es así, entonces la credibilidad de López Obrador en estos temas tendría que ser resultado de sus acciones pasadas y sus ofertas a futuro, y en ambas debería haber una diferencia significativa frente a los otros políticos. En sus acciones pasadas, como jefe de gobierno, la más destacada en este sentido, que es la que de hecho le otorga un aura justiciera, es el dinero para los viejitos. El otorgamiento de una cantidad de dinero mensual a todo capitalino mayor de 70 años hizo creíble que López Obrador efectivamente se preocupaba por los pobres. Le salió muy barato, porque en los mismos días en que decidía eso, el gobierno federal ampliaba de manera muy considerable un programa dirigido a reducir la transmisión de la pobreza, creado en el gobierno de Zedillo pero convertido en un éxito en el gobierno de Fox y sostenido hasta hoy: Progresa-Oportunidades. Ni en el monto de recursos, ni en la población beneficiada, ni en sus efectos a futuro, hay comparación alguna entre ambos programas. Oportunidades es mucho más importante, y es el programa que se ha reproducido en varios países, destacadamente Brasil. Así, el programa clientelar de López Obrador lo convirtió en adalid de los pobres, mientras que el programa verdaderamente efectivo contra la pobreza no produjo rendimientos políticos a los gobiernos que lo implementaron.

Si, en lugar de las acciones pasadas se confrontan las ofertas a futuro, desde 2006 discutimos en este espacio las serias fallas de las propuestas de López Obrador, que consistían en la recuperación y prolongación del clientelismo y/o corporativismo como instrumento para el bienestar social.

Es muy interesante cómo un discurso y una historia profundamente conservadores se convierten en algo “indispensable y justificado” a los ojos de los opinadores. Lo que esto indica es que nuestra opinión pública sigue interpretando al mundo a través de la vieja perspectiva del nacionalismo revolucionario: es indispensable promover programas clientelares para enfrentar a la pobreza, es justificado el dispendio público cuando se dirige a ciertos grupos, es indispensable y justificado proponer la reducción de la libertad a cambio de una ilusoria justicia social que, permítame recordar, nunca existió en el México de la Revolución.

Me dirán que los problemas de México obligan a este tipo de propuestas, y por eso son indispensables y justificadas, y por eso la lista no exhaustiva: desempeño económico, sistema fiscal, ejercicio de gasto, distribución de riqueza, mercado laboral, calidad educativa. Pero, ¿cuál de estos problemas requiere regresar al viejo sistema? ¿qué no fue precisamente en ese régimen que estos problemas se crearon? A lo mejor ya no se acuerdan que la economía mexicana dejó de crecer en 1965, y que tres gobiernos (Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo) endeudaron al país para evitar reconocerlo; o tal vez tampoco es claro que el sistema fiscal viene, intacto, desde entonces; o tal vez creen que efectivamente el gasto público puede modificarse desde una Presidencia que no lo controla; o piensan que la distribución de riqueza es independiente de los grupos que sostuvieron al viejo régimen, recibieron prebendas a cambio, y hoy son poderes fácticos. Y peor aún si lo laboral o lo educativo son el problema: La Ley Federal del Trabajo es de 1970 y la dirigencia del SNTE de 1990. Y el SNTE era igual o peor en la dirigencia anterior, promovida por Echeverría igual que la reforma educativa que inició la debacle.

En suma, sigo sin entender por qué pueden varios colegas creer en lo indispensable y justiciero de un liderazgo político como el de López Obrador. Los temas que a él le preocupan son los mismos que les preocupan a los demás líderes políticos, pero se le otorga más credibilidad a él por haber implantado programas clientelares, y ofrecer propuestas claramente anacrónicas. La única explicación de esto es que, en el fondo, la opinión publicada no puede salir del adoctrinamiento revolucionario.

Finalmente, me dicen que López Obrador representa a un sector de la población que efectivamente cree eso. No tengo duda al respecto, y me parece muy bien que así sea. Lo que rechazo no es su presencia en la política ni sus legítimas ambiciones, sino la creencia de que él encarna algo diferente de los demás políticos. No es así.

Twitter: arma mortal

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

Gracias a la poderosa comunicación que, en tiempo real, permiten las redes sociales, se movilizaron pueblos como Túnez y Egipto.

En años recientes, las llamadas redes sociales —Facebook, Twitter y YouTube, entre otras— se han convertido en uno de los instrumentos más poderosos de la sociedad civil del mundo, más allá de fronteras, razas, lenguas, credos y estrato social.

Gracias a la poderosa comunicación que, en tiempo real, permiten las redes sociales, se movilizaron y organizaron pueblos como Túnez y Egipto, cuyas protestas acabaron con gobiernos dictatoriales, en tanto que otros, como España, hicieron posibles movilizaciones sociales históricas.

En México, sin embargo, algunas redes sociales, por ejemplo Twitter, no sólo son un poderoso instrumento de comunicación entre particulares sino que, en algunos casos, parece verdadera arma mortal.

Se conocen casos extremos de usuarios acusados de terrorismo, en tanto que otros han sido asesinados por sicarios, al parecer debido a utilizar una red social para denunciar a las bandas del crimen organizado.

Todos conocen el escándalo de Veracruz, en donde el bárbaro gobierno de Javier Duarte envió a prisión —acusados de terrorismo, por difundirenviar un tuit alertando de presuntos hechos violentos— a María de Jesús Bravo y Gilberto Martínez; una abuela y ama de casa y un maestro de matemáticas que, en tres semanas, vivieron el infierno.

La detención y consignación de los tuiteros resultó tan absurda y monstruosa —además de ridícula— que las propias redes sociales iniciaron un movimiento que obligó al gobierno de Javier Duarte a retractarse.

Sin embargo, para ello debió agregar al Código Penal local un artículo que, si bien permitió la liberación de la abuela y el maestro de matemáticas, le da instrumentos ilimitados al gobierno veracruzano para llevar a prisión a todo aquel periodista que se le antoje.

Pero si el caso de María de Jesús Bravo y Gilberto Martínez le dio la vuelta al mundo, más como curiosidad de un gobierno bananero —como el de Veracruz—, el asesinato y la decapitación de María Elizabeth Macías Castro, quien se desempeñaba como jefa de redacción del diario Primera Hora, de Nuevo Laredo, Tamaulipas, también fue noticia en el mundo, por el terror que los criminales pretendieron sembrar entre la población en general y, en especial, entre los usuarios de redes sociales.

Y es que María Elizabeth era una experimentada reportera que por Twitter alentaba a denunciar al crimen. La eficacia de las denuncias enfureció a los barones del narcotráfico y el crimen organizado de Nuevo Laredo y Tamaulipas.

El cuerpo decapitado de la reportera fue abandonado, el pasado fin de semana, con un narcomensaje que amenazaba, a los usuarios de redes sociales, que no las utilizaran para señalar al crimen.

Pero la historia no termina ahí.

En la semana previa al homicidio de Elizabeth Macías, fueron asesinados dos jóvenes, hombre y mujer, también en Nuevo Laredo, a los que les cortaron las manos y los abandonaron con otro narcomensaje de advertencia por usar redes sociales para hacer denuncias contra el crimen organizado. En este caso, la autoridad local prácticamente ocultó la información del doble asesinato, ya que los familiares de las víctimas se negaron a que se revelaran datos. ¿La razón? Represalias del crimen.

Los casos citados detonaron un naciente debate sobre los peligros que, para la sociedad en general, y los usuarios en particular, puede acarrear el empleo de redes sociales.

Está claro que tanto el escándalo de Veracruz como los crímenes en Nuevo Laredo son hechos intolerables en una sociedad democrática y soportada en un Estado de derecho.

Sin embargo, en los dos extremos —un gobierno autoritario, como el de Veracruz, y un poder fáctico, como el criminal que domina Tamaulipas—, lo que aflora es la tentación autoritaria de callar la voz ciudadana, sea esgrimiendo el derecho, sea usando las balas. Y no tardaron en aparecer los comedidos que sugieren “reglamentar” las redes sociales.

Lo cierto es que, a riesgo de coartar libertades básicas, es imposible reglamentar la comunicación entre particulares —sea escrita hablada o gráfica, mediante redes sociales—, porque sería tanto como pretender reglamentar el pensamiento.

Y es que una red social no es un medio de comunicación profesional. Esa es la diferencia. Los llamados “medios”, y sus profesionales, se capacitan para comunicar e informar y se someten a reglas éticas y legales.

La red social es un medio de comunicación sólo entre particulares, no profesionales, en donde cada usuario pone sus propias reglas, a partir de sus valores, tolerancia e interés.

Pero el debate apenas empieza.

Moreira provocador

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

No me creo que Humberto Moreira, que debe tener un colmillote del tamaño de una casa, haya soltado así nada más lo de que el rival a vencer es López Obrador. Los individuos de su subespecie no suelen hablar sin pensar y no dan tampoco paso sin huarache.

Y, miren, bien que logró agitar el gallinero. Porque, señoras y señores, no hay peor cosa, en política, que no te tomen en cuenta o, por lo menos, que pretendan que no existes.

Curiosamente, Ebrard no se enganchó tanto como los aspirantes blanquiazules siendo que, si vas a hablar de los posibles candidatos de la izquierda, el puntero es él.

Rayito, desde luego, nunca va a aceptar los resultados de ninguna encuesta que no le guste y que no lo ponga por encima de todos los demás. Pero, no importa: el hombre va porque va, se presenta con o sin el PRD, compite contra todos los pronósticos y está, desde ya, en la pelea. Ya se agenció dos partidos a modo que le garantizan la candidatura y que, gracias a los numerosos votos que recibirá, precisamente, su candidato, seguirán teniendo asegurada la suculenta tajada de los fondos públicos que reciben. Plata, encima, que sale de nuestros bolsillos.

“Que no se haga güey”, respondió Gustavo Madero en cuanto le fueron a decir que Moreira ninguneaba a los pretendientes de su partido. Y es que no le cuadran las cifras. El PAN “es primera o segunda fuerza electoral en 26 de las 32 entidades del país”, remarcó. Y, por si fuera poco, la hermana de Calderón va que vuela para llevarse el triunfo en Michoacán. Pues sí, pero Moreira es un tipo peleón y su intención no era otra que alborotar a sus contrincantes. En lo que no tiene razón, sin embargo, es en dispensarle parecidos tamaños a Obrador: si Ebrard también decide competir, los votos de la izquierda, diluidos en dos candidatos, no significarán ningún desafío para Peña Nieto. Y entonces, quien cosechará los beneficios será Josefina. Elle terminará por ser, con perdón, la “verdadera competencia”.