octubre 12, 2011

En expansión acelerada: el Premio Nobel de Física 2011

Luis Felipe Rodríguez Jorge
consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx
La Crónica de Hoy

En 1929 el astrónomo estadunidense Edwin Hubble había acumulado observaciones de 24 galaxias que le permitieron cambiar nuestra concepción del Universo. Las galaxias son enormes conglomerados de estrellas que se hallan distribuidos por el espacio. Nosotros somos parte de una galaxia, la Vía Láctea. Pero a Hubble no le interesaba entender a nuestra galaxia sino a las galaxias externas.

Hubble echó mano de un fenómeno muy conocido por todos nosotros pero aplicado a la luz proveniente de las galaxias. La luz es una onda y así como el sonido de la sirena de una ambulancia cambia de tono con el movimiento del vehículo respecto a un observador estacionario, es posible decir si la galaxia en cuestión se aleja o se acerca respecto a la nuestra, y a qué velocidad lo hace. Hubble encontró el sorprendente resultado de que mientras más lejana era una galaxia, más rápido se alejaba de nosotros. En otras palabras, el Universo se halla en expansión.

Lo anterior trae consigo algo aún más interesante: si echamos imaginariamente a andar el tiempo en reversa, llegamos a la conclusión de que en el pasado todo el Universo estuvo en una región muy compacta, estado del cual comenzó a expandirse. Al modelo que describe esto se le conoce como el de la Gran Explosión (Big Bang, en inglés). El resultado de Hubble es tan importante que muchos creen que merecía ser reconocido con el Premio Nobel de Física, pero Hubble falleció en 1949 sin haberlo recibido.

A partir del descubrimiento de Hubble, un buen número de astrónomos dedicó sus esfuerzos a entender cómo había sido esta expansión con el paso del tiempo. La predicción obvia era que la fuerza de atracción que existe entre las galaxias iría desacelerando la expansión y que quizá el Universo llegaría a una época futura en que la expansión se detendría y comenzaría a contraerse. Cuando estudié mi doctorado en astronomía (en la década de los años 70) se hablaba mucho de determinar el “parámetro de desaceleración”, que nos diría qué tanto se estaba desacelerando la expansión del Universo. Nadie hablaba de un “parámetro de aceleración” porque la fuerza que se creía que dominaba la dinámica del Universo era la de gravedad, que es siempre atractiva y debería de ir frenando la expansión.

Sin embargo, para estudiar cómo había sido la expansión del Universo en el pasado (y compararla con la expansión de ahora) era necesario estudiar tanto galaxias cercanas (que nos darían información sobre la expansión actual) como lejanas (que nos darían información de la expansión en el pasado). Como la luz que nos llega de los cuerpos cósmicos viaja a una velocidad muy grande pero finita (300,000 kilómetros por segundo) al estudiar cuerpos cósmicos muy lejanos estamos en realidad viendo el pasado del Universo. Por ejemplo, si veo al Sol, veo las cosas que ocurrieron en él hace 8 minutos, si veo la galaxia de Andrómeda, veo lo que ocurrió en ella hace 2.5 millones de años, y si veo aún más lejos puedo ir reconstruyendo toda la historia del Universo. En otras palabras, para estudiar el pasado del Universo, tengo que observar objetos muy remotos. Pero conforme más remoto es un objeto, más débil es su brillo en el cielo. ¿Cómo lograr estudiar objetos extremadamente remotos y por lo tanto de débil brillo?

La solución la encontró un grupo internacional de astrónomos en el que jugaron un papel importante los chilenos Mario Hamuy y José Maza. Existe un tipo de explosiones estelares, llamadas supernovas de tipo “Ia”, que pueden verse a grandes distancias durante las semanas y meses posteriores a la explosión. Más aún, estas explosiones son todas muy similares en cuanto a la cantidad de luz que emiten (son intrínsecamente parecidas) y siguiendo un método de correcciones es posible determinar la distancia a la galaxia (hogar de la estrella) donde ocurrió la explosión. Con esta información y sabiendo además la velocidad de la galaxia respecto a nosotros, sería en principio posible reconstruir la historia de la expansión del Universo a través del tiempo.

Durante los años 90 este método fue adoptado de manera entusiasta por dos grandes colaboraciones internacionales, una encabezada por Saul Perlmutter y otra por Brian Schmidt y Adam Riess, los tres nacidos en Estados Unidos, pero con Schmidt realizando la mayor parte de su carrera profesional en Australia. Son estos tres científicos los que recibieron el Premio Nobel de Física este 2011. En los artículos en los que planteaban cómo realizarían sus respectivos proyectos, ambos grupos hablaban de determinar la desaceleración del Universo mediante el estudio de supernovas tipo “Ia” en otras galaxias. La naturaleza les guardaba una enorme sorpresa.

Lo que ambos grupos encontraron (de forma independiente) fue publicado en 1998 e implicaba que la expansión del Universo se ha ido acelerando con el tiempo, un resultado opuesto a lo que esperaban y que motivó un gran interés en las comunidades tanto de la astronomía como de la física. Ambos artículos se han convertido en dos de los más citados por otros trabajos estudiando este inesperado fenómeno.

En un principio, hubo mucha oposición al resultado. Quizá las supernovas eran diferentes en el pasado que ahora o quizá su luz era afectada por algo en el largo trayecto a nosotros. Pero estas posibilidades han sido exploradas en detalle y el resultado permanece: vivimos en un Universo que no sólo se está expandiendo, sino que lo hace cada vez más rápido.

La energía requerida para acelerar la expansión del Universo es enorme y su naturaleza no se entiende. Se le ha bautizado como la “Energía Oscura” para enfatizar no sólo que no vemos que es lo que la produce, sino que no entendemos cómo produce esta expansión acelerada. Desde un punto de vista sociológico es interesante comentar que los dos grupos, de características muy diferentes, llegaron al mismo resultado. El grupo de Perlmutter venía del estudio de la física de partículas y es muy jerárquico y disciplinado. Por otro lado, el grupo de Schmidt y Riess es de astrónomos, que somos más anárquicos en nuestra manera de trabajar. Finalmente, otra característica de la ciencia es que es coherente y resultados de otras áreas de la astronomía dan resultados consistentes con la expansión acelerada del Universo. Le toca a las nuevas generaciones de científicos explicar qué es la energía oscura.

El gobernador quiere esconder los cadáveres

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

El gobernador, mirada iracunda, cruzó a paso apresurado los 40 metros que separaban al podio de la zona reservada para los reporteros. Brincó los tres cercos de seguridad y “como si fuera un toro de lidia” —contó después un testigo— encaró y empujó a los periodistas que cubrían el cierre de la décima reunión de procuradores, con sede en Veracruz. La conferencia de prensa se tuvo que suspender por el altercado.

Al gobernador Javier Duarte le había salido todo mal y había perdido los estribos: quería demostrar que nada pasaba en su estado y esa cumbre era una inmejorable oportunidad, pero dos días antes de la inauguración aparecieron 35 cadáveres regados en uno de los cruces viales más importantes de Boca del Río, y en plena jornada de arranque surgieron 14 más.

El primer hallazgo los tomó por sorpresa. Nada pudieron hacer. Pero cuando recibieron información de los otros 14, el entonces procurador estatal, Reynaldo Escobar, dijo en secreto a sus invitados de más alto nivel que habían aparecido más cuerpos, pero que por favor no lo dijeran porque ya habían sido recogidos de las calles y estaban siendo distribuidos a las familias; que era una instrucción del “señor gobernador” no divulgar el hecho, a la que pedía se sumaran. Se topó con miradas de sorpresa, de mucha sorpresa. La “infidencia” le costó el cargo a Escobar. Mientras eso sucedía, cinco reporteros que investigaban el asunto fueron detenidos y golpeados por agentes del gobierno local.

La estrategia del priísta Javier Duarte de Ochoa en Veracruz ha sido consistente: esconder la realidad violenta que sufre su entidad. En privado —cuentan algunos de quienes lo han escuchado— dice que todos en su estado son narcos: policías, funcionarios, periodistas. Reparte culpas y pide complicidad para no divulgar lo que sucede.

El 6 de octubre esta estrategia tuvo su más diáfana exhibición: desde antes de la hora de la comida, el gobierno federal tuvo noticia de que otro grupo de cuerpos, más de 30, había aparecido en dos lugares de Veracruz-Boca del Río. El gobierno de Duarte lo negó todo el día. Hasta boletín sacó en la tarde para argumentar que no estaba confirmado, que era una versión que circulaba en internet. En la noche la Marina le derrumbó el cuento cuando confirmó que el hallazgo de cadáveres era verdad y que se había enterado ¡por la policía estatal que estaba en las escenas del crimen! Casi a medianoche, la administración veracruzana aceptó que había mentido para no entorpecer la investigación. Luego cayó el procurador y generó una reacción casi unánime entre funcionarios federales: él no es el verdadero problema.

SACIAMORBOS

Cuando comenzó la ola de extorsiones en el puerto, los narcos llegaban con empresarios restauranteros y, para dar credibilidad a sus amenazas, les comunicaban con Odeón (así aparecía el nombre en el directorio del aparato Nextel). Una alerta de dos beeps y contestaba una voz política que todos habían escuchado muchas veces y que no les costaba reconocer.

Steve Jobs y los Nobel

Juan W. Zinser
juanwzinser@infosel.net.mx
Oncólogo médico del Instituto Nacional de Cancerología
Reforma

Hace unos días se designó a los premios Nobel, considerados legítimamente el mayor reconocimiento que se puede otorgar en varias disciplinas. De acuerdo con el legado de Alfredo Nobel son merecedores de recibirlo quienes han establecido un cambio trascendente para la humanidad; son quienes han cambiado el curso de la historia, por lo que la lista de muchos de los laureados ya forma parte de la historia universal. Los galardonados reciben su premio en Estocolmo el 10 de diciembre y son homenajeados y reconocidos por la sociedad en diferentes momentos a lo largo de sus vidas; difícilmente vuelven a ser ciudadanos normales, a pesar de que para la mayoría de la gente sean personajes desconocidos.

Coincidiendo con la semana de los Nobel 2011, falleció Steve Jobs y con ello se ha destacado la vida y legado de un personaje histórico. El reconocimiento que ha recibido este hombre por parte de la sociedad a nivel mundial es extraordinario. Su grandeza no radicó en cargos, títulos o premios recibidos, su impacto deriva del efecto que su obra ha tenido en la vida diaria de grandes sectores de la población. La presencia de Jobs en la opinión pública no resta mérito a ninguno de los ganadores del premio Nobel ni a sus grandes contribuciones, pero sí los coloca en un ámbito de dimensiones distintas. El trabajo de muchas de estas figuras se fortalece y legitimiza a partir del reconocimiento que les otorga la fundación Nobel. A diferencia de ellos, la imagen de Steve Jobs no necesitó de un premio Nobel ni pudo haber crecido más con títulos u otras preseas, por el contrario, en un futuro el reconocimiento a ciertos logros de carácter individual o colectivo podría engrandecerse con un premio que llevara el nombre de Steve Jobs.

Es lógico entender que algunos se resistan a compararlo con figuras como Leonardo da Vinci. Hemos crecido con la imagen de que la mayoría de los grandes personajes de la historia vivieron en épocas muy distantes. Nos cuesta trabajo identificar a un contemporáneo como parte de esa elite de la humanidad y más difícil todavía aceptar que pudiera tener mayores méritos e impacto que muchos de los grandes talentos del arte y la cultura universal. La obra de Jobs va más allá de lo bello, genial o admirable; por encima de todo es la influencia que de manera constructiva ha tenido en la cotidianidad de cientos de millones de personas.

Los múltiples inventos de Steve Jobs se han traducido y representan la esencia de lo que es un verdadero avance y no simplemente un descubrimiento o una novedad. Lograr que un adelanto nuevo no se restrinja a unos cuantos sino que penetre en la sociedad y la mejore es lo que auténticamente se puede calificar como avance. Para destacar más este punto veamos este ejemplo. Muchos de los descubrimientos e innovaciones en medicina, que los medios de comunicación justamente dan a conocer con grandes encabezados, no deberían de calificarse como verdaderos avances hasta que realmente beneficiaran a todos o cuando menos a la gran mayoría de los que lo requieren. ¿Dónde está el avance de un medicamento con potencial curativo que no es accesible a la mayoría de los que lo necesitan? ¿Qué tan avanzados estamos como comunidad si a raíz de enormes esfuerzos en investigación y de grandes logros científicos, anualmente se registran varios medicamentos que no son accesibles ni al 0.01% de la población? ¿Qué acaso Jobs para enriquecerse le vendió sus productos a unos cuantos?

La obra de Jobs ejemplifica cómo una persona puede aplicar su inteligencia para crear grandes productos que satisfacen y benefician a los demás y a su vez beneficiarse a sí mismo, en una escala, que en lo económico es superada por muy pocos en el mundo y por muchos menos con esa riqueza de manera tan equilibrada.

Sin poner a competir ni quitarle valor a grandes figuras de la historia, si retomamos el mensaje de Alfredo Nobel de reconocer a aquellas personas cuya obra ha generado un verdadero cambio en la sociedad, la trascendencia de Steve Jobs lo coloca como uno de los grandes de la historia y como un modelo a seguir cuando se quiera calificar como avance un invento o descubrimiento. Estos últimos podrían ser geniales y espectaculares, pero si no tienen la penetración que les permita alcanzar a los nichos de población indicados, la sociedad no logrará el desarrollo y bienestar necesarios para continuar avanzando.

¿Un Nobel de tecnología?

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

La noticia, la semana pasada, de la entrega de los premios Nobel de ciencias se vio oscurecida por la muerte de uno de los más influyentes promotores de la tecnología en el mundo.

El premio de física se otorgó a Saul Perlmutter, Brian P. Schmidt y Adam G. Riess, quienes, estudiando supernovas, descubrieron que el universo no sólo se expande, sino que lo hace cada vez más rápido.

El de química lo recibió Dan Shechtman por descubrir la existencia de materia sólida que forma estructuras parecidas a los cristales, pero que nunca se repiten: los “cuasicristales”. Su existencia, inicialmente fue negada; hoy se exploran sus posibilidades tecnológicas.

Y el de medicina fue para Bruce A. Beutler y Jules A. Hoffmann, por descubrir las moléculas del sistema inmunitario que sirven como detonador de la cadena de reacciones de nos proporcionan inmunidad innata contra diversas enfermedades.

Pero la muerte de Steve Jobs, el genial fundador y líder de Apple, empresa que transformó el uso de computadoras y aparatos digitales y, sobre todo, la forma en que los usamos, opacó por completo esas noticias. Y uno se pregunta: ¿por qué no existirá un Nobel para la tecnología?

Respuesta: seguramente porque inmediatamente surgirían interminables disputas y demandas sobre patentes y regalías, y porque probablemente la tecnología exitosa tiene su propio premio, que como en el caso de Steve Jobs consiste no sólo en dinero —Apple es hoy la mayor empresa tecnológica del mundo—, sino en pasar a la historia como verdadero revolucionario.

¡Mira!

1) Es una lástima que Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del DF, inaugure una clínica de “medicina integrativa” donde la disciplina científica, basada en evidencia, se mezcle con terapias que no son más que elaborados placebos, como homeopatía y acupuntura. Grave error.

2) Da gusto, en cambio, que por fin una jueza de Veracruz, Karla Macías Lovera, reconozca que “no existe prueba alguna que permita… afirmar que el aparato conocido como detector molecular GT200 es una prueba científica válida… en el proceso penal”. Como consecuencia, Ernesto Cayetano Aguilar, injustamente acusado de narcotráfico, quedó libre. ¡Enhorabuena!.

Gobiernos de coalición

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Se ha publicado un importante desplegado, con firmas de intelectuales, académicos y políticos de la mayor importancia, en apoyo de la idea de un gobierno de coalición, como camino a la construcción de una democracia funcional.

La cabeza del desplegado dice “Por una democracia constitucional”, pero su sentido, me parece, es el de una “democracia funcional”, es decir una institucionalidad política que no sólo sea democrática, ya lo es, sino que permita tomar decisiones, y no cualquier decisión, sino las centrales que el país necesita en el orden fiscal, laboral, energético, educativo, de seguridad y de procuración de justicia.

Cada una de esas decisiones requiere poder, pues desafía inercias históricas e intereses vigorosos. Sólo puede proponerse vencerlas un gobierno con mayoría absoluta en el Congreso.

Desde 1997 no hemos tenido ese gobierno porque así lo diseñó la reforma política del año 96, cuyos criterios rectores fueron: que nadie tenga mayoría en el Congreso para que todos tengan que ponerse de acuerdo.

Desde entonces nadie tiene mayoría pero nadie se pone de acuerdo. Todo el mundo está de acuerdo ahora en que necesitamos cambiar eso, para tener gobiernos democráticos de mayoría, funcionales y eficaces.

Cómo lograrlo ha sido un eje de la discusión pública de los últimos años. Lo primero que hay que entender de la propuesta del gobierno de coalición, creo, es que no es un fin sino un medio. Lo que busca es precisamente lo que todos queremos: crear gobiernos con mayoría absoluta en el Congreso.

Lo segundo es que se trata, si entiendo bien, no de un camino obligatorio, sino opcional para quien triunfe en las elecciones del año 2012. No implica una alianza para las elecciones, sino un camino para formar un gobierno con mayoría absoluta en el Congreso después de las elecciones.

Después de las elecciones podrá haber tres escenarios:

1. Un partido que gane en las urnas la mayoría absoluta en el Congreso, y no necesite aliados para formarla. Es la expectativa, a mi parecer fantasiosa, de algunos estrategas del PRI.

2. Un ganador que se quede muy cerca de la mayoría absoluta necesaria y tenga necesidad de negociar pocas cosas con otro partido para obtenerla.

3. Finalmente, un ganador que alcance una mayoría relativa tan precaria que necesite coligarse seriamente para no andar mendigando todo el sexenio acuerdos a sus mayorías opositoras.

Para este último caso sería muy bueno tener un dispositivo bien pensado de cómo coligarse. Pero también podría construirse sobre la marcha, sin necesidad de reglas escritas al respecto.