octubre 20, 2011

Paco Calderón





La ubre seca

Adrián Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

“Lo único que consigues al ordeñar una ubre seca, es que la vaca te pateé”.

El anterior es un viejo dicho del campo que bien se puede aplicar a la propuesta de los diputados de modificar la llamada “carátula” de la Ley de Ingresos, que no es otra cosa que los criterios macroeconómicos para el próximo año.

La urgencia de mayores recursos generalmente provoca apuestas al futuro, al menos es la historia de nuestra Cámara de Diputados, sin tener en cuenta los pronósticos nada halagüeños de la economía mundial.

En principio, para sacarle más leche a la ubre seca, los diputados discutían, hasta el cierre de este espacio, aumentar el déficit –el nivel de endeudamiento del gobierno federal-, del 0.2% del Producto Interno Bruto al 0.4%, lo que supone varias decenas de miles de millones de pesos.

También proponen incrementar por decreto la producción de petróleo, programada para el 2012 en 2.5 millones de barriles diarios; los diputados dicen que le pueden sacar a Pemex 10,000 barriles de petróleo diario más, pero no dicen cómo.

Eso sí, respetaron el precio del barril programado por Hacienda, que fue de 84.90 dólares.

Los diputados también modificaron a la alza el tipo de cambio; Hacienda propuso un tipo de cambio de 12.20 pesos por dólar y los diputados consideraron que –gulp- la paridad debe ser de 12.80 pesos por dólar.

También el crecimiento de la economía se ajustó a la baja; del 3.5% programado para el 2012, los diputados consideraron que la meta debe ser de 3.3 por ciento.

Por ley, los diputados tienen que aprobar este día la Ley de Ingresos; al cierre de este espacio seguía la discusión en la Comisión de Hacienda y aunque parece que hay consenso entre los partidos de que los criterios enviados por el Ejecutivo son conservadores, todavía se escuchaban voces que pedían mesura sobre todo en el caso del déficit.

La discusión si bien no tuvo la rispidez de otros años, si ha tenido sus complicaciones.

En todo caso, los partidos han guardado sus mejores golpes para la discusión del presupuesto de Egresos, es decir, para el reparto del pastel que cada vez es más pequeño.

Los candidatos a la gubernatura de Michoacán, Fausto Vallejo, Luisa María Calderón y Silvano Aureoles, del PRI, PAN y PRD, respectivamente, sostendrán hoy un debate en el Centro de Convenciones de Morelia.

El debate ocurre a poco menos de un mes de la elección, en un ambiente absolutamente polarizado en el que la constante han sido las acusaciones de desvíos de recursos en los tres casos: en el de Vallejo, de la presidencia municipal de Morelia, en el la panista, de recursos federales y en el caso de Aureoles, del gobierno estatal.

Las encuestas establecen que la lucha será entre Calderón y Vallejo; Aureoles se encuentra en un lejano tercer lugar y, salvo que en el debate ocurra un milagro, este evento parece que no tendrá impacto la intención del voto.

A ver.

¿Negociar con narcos?, falso debate

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

El meollo del escándalo desatado por la entrevista de Calderón a The New York Times reside en la acusación al PRI de haber pactado con el narco. En torno a esta denuncia, basada en semiconfesiones de personajes como Miguel de la Madrid, se han dicho una gran cantidad de barbaridades en días recientes: desde las de Calderón hasta las de Fox, pasando por las de múltiples priistas e innumerables comentaristas. Todas ellas de algún modo se reducen a una afirmación absoluta y categórica: no se puede, ni se debe nunca negociar con el narco, a quienes sólo se equipara con "criminales", "enemigos", "malos". A pesar del ruido, este es un falso debate.

De entrada, todo el mundo negocia con criminales, enemigos y malos. El gobierno de México a través del programa de testigos protegidos negocia constantemente con criminales: información a cambio de penas conmutadas o absolución. El sistema judicial norteamericano, inglés y el mexicano de juicios orales en ciertos estados negocian con criminales a través de la conmutación de penas, los arreglos fuera de corte o el "plea bargaining". Todo el mundo negocia con sus enemigos: Kissinger con Le Duc Tho en París, Arafat con Rabin en Oslo, el FMLN con el Ejército salvadoreño. Y se negocia también con malos: el mundo entero llama a una negociación entre Israel (para unos la maldad encarnada en Estado) y palestinos, incluyendo Hamas (para otros el terrorismo puro). Y la oposición chilena negoció entre 1988 y mediados de los 90 con el mal personificado: Pinochet.

Pero hay de negociación a negociación, de criminales a criminales, de enemigos a enemigos y de malos a malos. Para explicar por qué se trata de un falso debate en el caso del narco, quisiera citar un artículo de Mark Kleiman publicado en la edición sep/oct de Foreign Affairs que se refiere al tema, aunque no comparto sus posiciones contrarias a la legalización. Kleiman dice lo que muchos hemos querido decir, pero lo dice mejor, para dar una alternativa a la guerra fracasada contra la demanda en EU y la oferta en México: no se trata de negociar sino de cambiar los incentivos, de tal manera que unos y otros (consumidores, productores, criminales, autoridades, etcétera) respondan a ellos de la manera en que se busca. Para Kleiman el propósito es "reducir los niveles de violencia causada por el tráfico y la venta de drogas ilícitas". Para México, dice, habría que "crear desincentivos para la violencia a escala entre las mayores organizaciones de traficantes... La violencia total disminuiría si los segmentos de mercado cambiaran a favor de los grupos de los menos violentos o si cualquier parte redujera su nivel de violencia... El gobierno de México podría diseñar y anunciar un conjunto de mediciones de la violencia que le asignarían a cada cártel... Al final del periodo de medición las autoridades designarían a la organización más violenta para ser destruida... El proceso seguiría hasta que ninguno de los cárteles existente fuera notoriamente más violento que los demás. De hecho, esta estrategia condicionaría la capacidad del narco para seguir en el mercado y a conducir sus asuntos de una manera no violenta. Esto no entraña ningún tipo de negociación explícita o tratado con los cárteles mexicanos... El narco más violento sería simplemente objetivo de una aplicación diferencial de la ley (enforcement)".

Kleiman da más detalles en el último libro que coeditó con varios colegas. Aguilar Camín y yo hemos propuesto desde hace tiempo una versión ligeramente distinta de lo mismo: concentrar los recursos y esfuerzos del Estado en el combate de la delincuencia que afecta más a la sociedad (secuestro, extorsión, robo) y no en la lucha antinarco. Esto corresponde, por cierto, a lo que me dijo el general Óscar Naranjo, jefe de la Policía Nacional de Colombia, la semana pasada: "Nosotros dedicamos aproximadamente 85% del tiempo, recursos y efectivos a combatir la delincuencia que afecta a la sociedad y 15% al narco".

¿Balazos en el pie?

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Lo resuelto el martes por la noche por la dirigencia blanquiazul es poco comprensible. No sólo por lo que hoy resultarán sus retahílas contra los priistas (¿pues no que mucha crítica a sus costumbres; el dedazo, una de ellas?), sino porque eligen el peor momento para rendir tributo a esa tradición que viene de los mejores tiempos del tricolor. Al menos, así será para quienes aspiren a un lugar en el Congreso.

Y con respecto a su candidatura presidencial, tantito peor. Esa quedará en manos exclusivas de los panistas, de sus miembros activos y adherentes que, juntos, suman poco más del millón 700 mil personas. Pareciera, entonces, que el PAN no entiende que está en último lugar de las encuestas, que desoye a quienes sí saben que acaso sólo con una elección abierta remontarían su desventaja.

Tanto Josefina Vázquez Mota como Santiago Creel le habían pedido a la dirigencia blanquiazul que la candidatura se resolviera en una encuesta abierta y no en una elección cerrada a la militancia. La razón es muy simple y, curiosamente, se comparte con la de Marcelo Ebrard en el PRD.

Y es que, según los pronósticos para 2012, si el PAN y el PRD deberán enfrentar a Enrique Peña Nieto, lógico sería que ambos partidos, yendo por separado en la contienda, eligieran al candidato con más probabilidades de crecer y no a quienes están mejor respaldados al interior de su partido que con la misma militancia.

Pongámoslo así: en el PAN, lo decidido parece más una estrategia para acabar con sus candidatos de perfil más completo, los más “liberales”, a quienes les pintaría mejor el panorama en caso de salir a buscar a los “desconvencidos”, a los que no son de ningún color. Y qué curioso, mala, muy mala coincidencia, que aquello se haya resuelto el mismo día en que Ernesto Cordero no había quedado tan bien parado en sus dotes como entrevistador. Si bien el ruido ayuda a posicionar, deberían, al menos, atraer el positivo.

Lo mismo podría pasar en el PRD si el miedo que a muchos les provoca el contradecir a Andrés Manuel los sigue invadiendo. El proceso, que aún está en “veremos”, y que decidirá al candidato perredista, sigue siendo un misterio. Sabemos que se realizará una consulta ciudadana; lo que no se ha dicho es si será bajo las mismas condiciones resueltas por su competencia blanquiazul o si aceptarán la propuesta del jefe de Gobierno capitalino de hacerla abierta, con el fin de ir tras los indecisos, ampliar el espectro, para que se vea que sí, que en lo que se está pensando es en la opinión de los ciudadanos.

Hace un par de días leía los números de una encuesta realizada por Ipsos Publics Affairs y que bien podría orientar, pese a lo que digan en la sede del gobierno legítimo, sobre lo riesgoso que sería para el PRD cerrar su consulta a la militancia, pues ese estudio tomó una muestra de personas mayores de 18 años sin ninguna filiación partidista y las dos preguntas que más llamaron mi atención:

En una consulta nacional, votaría por: Marcelo Ebrard 37%, AMLO 31%, el porcentaje restante se va en indecisos.

Nunca votaría por: AMLO 23%, Marcelo Ebrard 9%, el resto lo completan indecisos.

El primer dato nos arroja positivos, el segundo nos da los negativos. Usando la lógica, es fácil entender por qué Andrés Manuel llegó a su tope de rentabilidad electoral. Quien lo apoya, seguirá haciéndolo, y con algunas probabilidades de cambiar de opinión; pero sus odios están muy arraigados, difícilmente quienes se decepcionaron de él y su aferre a la Presidencia votarían por él de nuevo.

Al PRD le queda hoy la lección de lo que decidió el PAN, ese rarísimo camino que eligió y que los está limitando, desde ahora, a quedarse sólo con la fuerza política de sus militantes. Y es que, para serle competitivos a un PRI que va recuperando adeptos, y que tiene muy bien perfilado a uno de sus precandidatos, necesitarían, ambos partidos, abrir filas y no cerrarlas.

Calderón tampoco sabía que eran tantos los traidores

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

¿Cuántas veces tendrán que arriesgar sus vidas nuestros marinos y nuestros soldados para detener a los mismos delincuentes?

En cuanto a los agentes de los diferentes cuerpos policíacos, los hay que son honrados, aparte de valientes, y estos hombres de seguro aprietan también la mandíbula cuando comprueban que aquel asesino que lograron capturar se escapó misteriosamente (o, a decir verdad, no tan misteriosamente) de una prisión o, peor aún, cuando se enteran de que algún juez extrañamente consintiente (o, nuevamente, no tan extrañamente) lo dejó en libertad.

Volvemos a lo mismo de siempre, lectores: sin justicia no puede haber seguridad. Y no se refiere aquí el término justicia a la igualdad social —que también importa y también influye en la cuestión, y mucho—, sino al aparato legal del Estado, al Poder Judicial, encargado, a través de sus instituciones y sus organismos, de hacer respetar las leyes.

Qué desmoralizante debe ser para aquellos que combaten en primera línea, y que arriesgan el pellejo sin recibir siquiera una remuneración decorosa —por no hablar del poco prestigio del que gozan entre los ciudadanos (¿acaso no señaló Javier Sicilia que el Ejército y la Marina se “envilecían” al perseguir a los delincuentes en vez de abocarse a tareas, digamos, más elevadas como, por ejemplo, la defensa del territorio nacional en caso de que algún extraño enemigo profanara con su planta el suelo patrio?)—, constatar que la tarea hay que recomenzarla cada vez, que los desvelos no han servido de nada y que la batalla está perdida porque, como se dice en el habla cotidiana, enfrentan a “dos enemigos y un traidor”.

La confianza es un capital valiosísimo y en este país ya lo hemos perdido. Se ha creado así un pavoroso círculo vicioso de recelos, dudas, prevenciones y sospechas mientras que, del otro lado, unos canallas sin humanidad alguna amenazan a una población indefensa. Aquí, la guerra es por partida doble: contra el adversario de fuera y contra los desertores de casa. Mal negocio.