noviembre 25, 2011

¡Hay amores que matan! ¡Cuidado!

Francisco Martín Moreno
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Aquí va AMLO a toda velocidad después de haber aprendido prácticamente las mismas palabras del presidente venezolano Hugo Chávez.

La semana pasada asistí como invitado a la Feria Internacional del Libro, en Miami, Florida, oportunidad que me permitió leer los diarios locales, así como ver diversos noticieros de televisión que recogían las más sobresalientes notas caribeñas a las que, en México, tenemos muy poco acceso. Si algo llamó poderosamente mi atención fue el hecho de conocer de viva voz de Hugo Chávez sus conceptos espirituales en los que se apoyaba para encabezar la revolución bolivariana con la que está llevando a Venezuela, a ojos vistas, al más escandaloso de los desastres económicos y sociales, eso sí, con mucha bondad, ternura e insuperable amor al prójimo que, además, está matando de hambre.

Chávez, odiado y escupido por unos, adorado y defendido arrebatadoramente por otros, un incendiario que antes proclamaba el lema “Patria, socialismo o muerte, venceremos”, ahora eleva a diario sus plegarias para afirmar: ¡Cuánta falta nos hace hoy aquí en Venezuela y en el mundo, el respetar las diferencias, respetar los derechos del otro, para así garantizar la paz, la vida en comunidad, la solidaridad, la alegría! Con todo el amor que es capaz de sentir este otro horroroso Mico-mandante ha tomado la firme disposición de perpetuarse en el máximo poder de su país para asegurar la regeneración bolivariana, de la misma manera en que AMLO desea regenerar a México a través del Movimiento de Regeneración Nacional. Curioso, ¿no..?

Chávez agradecía las atenciones de sus seguidores en relación a su enfermedad afirmando que su presencia era “un baño de amor, es más medicina para mi espíritu, para mi alma, para mi cuerpo, medicina de la buena, puro amor, puro sentimiento”. Parafraseando a Nietzsche ¿?, como AMLO parafrasea a Alfonso Reyes, toda proporción guardada, Chávez solicita que “alimentemos el espíritu, alimentemos la espiritualidad porque esa es la raíz de todo. No nos podemos quedar sólo en el materialismo, no, eso ha sido la perdición de muchas revoluciones que se afincaron sólo en el materialismo y olvidaron la espiritualidad, olvidaron el sentido amoroso de lo que es ser humano, y que está plasmado en el cristianismo auténtico y verdadero, ama a tú prójimo como a ti mismo, el amor, el amor; el sentido amoroso de una revolución, el sentido amoroso de un pueblo, eso hay que alimentarlo, el amor es una fuerza indestructible”.

Chávez continúa: “Entonces, sigamos fortaleciendo con esta alegría, con estos cantos, con estas oraciones, esa profunda espiritualidad, de lo mejor del alma venezolana, de lo mejor de los siglos que pasaron, de lo mejor de lo que hoy somos y de lo mejor de lo que seremos, por esos niños, por esas niñas, a los que tenemos que darles una patria alegre, una patria feliz, una patria buena, una patria bonita.” Claro, en el contexto de una “República Amorosa” como la que pretende vendernos SS López Obrador.

El nivel de espiritualidad del líder de la revolución es impresionante, “el pueblo es la palabra de Dios en vida”, señaló, porque justamente una de las cosas que están sucediendo en el país es que esta revolución está llena del amor de Jesús caminando en la construcción del socialismo.

Por otro lado, López Obrador, quien perdió las elecciones en 2006, en las que un millón de mexicanos custodiaron las urnas para evitar un nuevo fraude electoral, el mismo que fue, es y será un peligro para México, el mismo que mandó al diablo a las instituciones de la República, ahora, este temerario tabasqueño reloaded cambia también su discurso, como si lo hubiera pronunciado el mismísimo Chávez, para incluir palabras como ‘el prójimo’, ‘la felicidad’, ‘la espiritualidad’ y ‘el amor’. “Hay que cambiar el estilo de vida, hay que cambiar la corriente de pensamiento por una nueva en donde el hombre y la mujer valgan por su trabajo, su generosidad, por sus buenas acciones…”

Aquí va AMLO a toda velocidad después de haber aprendido prácticamente las mismas palabras de Chávez: “Se debe entender que la felicidad es estar bien con uno mismo, con nuestras conciencias. Estar bien con el prójimo. O sea, ya no va a ser suficiente lo material. Hace falta recuperar la espiritualidad”. El provocador, fanfarrón, bravucón, pendenciero, el belicoso ex priista de mentalidad caciquil que acaba de salir por primera vez al extranjero para tratar de entender otros sistemas y acercarse a la fenomenología de la globalización, se nos presenta alegando “que la felicidad es estar bien con uno mismo, con nuestras conciencias, estar bien con el prójimo”, cuando todavía no explica el origen de sus ingresos ni exhibe el presupuesto del segundo piso en el DF ni su asombrosa capacidad de gasto e insiste en chicanear las leyes haciendo giras como líder “espiritual” de Morena y no como precandidato de la supuesta izquierda… Sweet Lord! Ahora resulta que López Obrador es un Mesías ya no de bulbos, sino de transistores. Ya no es un político amargado ni rencoroso ni resentido, sino un hombre conciliador, devoto, comprensivo, espiritual, tierno y amoroso, exactamente como Chávez, quien llora al expropiar, al perseguir, al aplastar a la oposición con todas las armas a su alcance, al clausurar la libertad de expresión y hundir amorosamente a su país en el atraso. Hay amores que matan… ¡Cuidado!

Obras son amores...

Paz Fernández Cueto
paz@fernandezcueto.com
Reforma

Obras son amores y no buenas razones. Una cosa es lo que se dice en el discurso, y otra muy distinta la que se demuestra con hechos fehacientes que respaldan nuestro quehacer cotidiano. Por lo anterior, no pude menos que sorprenderme ante los comentarios de Peña Nieto durante los cuestionamientos que le hicieron en Foro TV sobre su libro de reciente publicación: México la gran esperanza donde, con un cinismo inaudito, evoca los cambios que el país requiere urgentemente para reactivar la economía, impulsar la educación, incentivar la creación de empleos o fortalecer la seguridad nacional, planteando como base la necesidad de llevar a cabo una reforma fiscal profunda que dé viabilidad a estos proyectos.

Parecería la pura verdad. Inmejorable plan como para firmarlo de inmediato, si no fuera porque estas reformas que nos suenan tan familiares, quizá por haber sido reiteradamente planteadas por el actual gobierno, son las mismas que han sido una y otra vez rechazadas por el PRI, según instrucciones de sus líderes quienes, como Peña Nieto, han sido la mano que mece la cuna del partido estos últimos años.

Bastaría con señalar unos cuantos ejemplos. La reforma laboral propuesta por Acción Nacional busca avanzar en la construcción de un mercado laboral dinámico, eficiente y productivo que impulse la capacitación y la oferta de empleo, fortaleciendo la competitividad y productividad de los centros de trabajo, dinamizando los mecanismos de justicia laboral y generando la certidumbre jurídica necesaria para incentivar la inversión y creación de empleos. Esta reforma había sido modificada, negociada y consensada para ser votada a favor a partir de la propuesta del PRI, al concluirse en abril el cuarto periodo de esta legislatura, sin embargo, fue retirada inexplicablemente al último momento por indicaciones de este mismo partido. Las acciones que han venido realizando los legisladores del Partido Revolucionario Institucional para retrasar la inaplazable reforma laboral son una clara evidencia de que no desean que se concrete, y de que seguirán aplicando prácticas dilatorias para evitar a toda costa que el país cuente con un marco jurídico que nos permita superar los verdaderos obstáculos que restringen el desarrollo de las competencias laborales, el desempeño eficiente.

En cuanto a la reforma fiscal, el Partido Acción Nacional propuso una reforma integral que pretende modernizar las leyes tributarias, basándolas en la recaudación de los impuestos al consumo, erradicando los problemas de evasión, elusión fiscal e informalidad, para transitar a un marco tributario sencillo que no permita privilegios fiscales, fomentando la formalidad y el incremento en la base de los contribuyentes, facilitando la recaudación de impuestos de manera justa, proporcional y equitativa, y posibilitando mayor productividad de las empresas. Para esto, se creó una Comisión especial encabezada por el coordinador del PRI Francisco Rojas, con integrantes de las Comisiones de Hacienda y Presupuesto para estudiar la reforma en vista a su aprobación. Dicha Comisión tampoco prosperó. Simplemente no hubo ni habrá voluntad política para promoverla, había que esperar tiempos mejores que permitieran al PRI llevarse todo el mérito de esta reforma esencial para la modernización del país.

Efectivamente, la reforma fiscal resulta imposible sin "la moral de pago y la confianza de los contribuyentes", mencionadas por Peña Nieto en su libro, sin embargo, él mismo señala que ésta sólo puede lograrse con transparencia y rendición de cuentas. ¿Cómo hablar de transparencia y rendición de cuentas en medio de los escándalos en los que se han visto sumidos recientemente gobiernos priistas? En congruencia, los diputados Mario Alberto Becerra Pocoroba y Josefina Vázquez Mota del PAN habían presentado una iniciativa que reforma el artículo 117 de la Constitución, con el objeto de regular la deuda pública de las entidades federativas y municipios.

Una vez más, es el PRI el que ha bloqueado estas iniciativas evitando que haya control en el gasto y deuda pública de los estados, mismos que se manejan con opacidad y total discreción, como en el caso de Moreira. Sólo faltó a Peña Nieto decir que para lograr un estado eficaz para una democracia de resultados, como lo plantea su libro, hace falta colgarse una medalla. Una vez más son las conveniencias personales y partidistas las que se anteponen al bien de la nación, una burla a la democracia secuestrada por intereses egoístas.

Suicidio y libertad

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Ilya Zhitomirskiy apenas tenía 22 años de edad y parece que él fue quien decidió ponerle punto final a su existencia. Reconocido por su talento en la programación y las matemáticas, este joven de origen ruso había sido uno de los cofundadores del proyecto Diaspora (diasporafoundation.org), una ambiciosa red social alternativa a Facebook.

Varios comentarios han surgido en torno a su deceso, algunos hablan de su manifiesto deseo de querer cambiar el mundo, de su particular visión sobre el papel de las nuevas tecnologías que entraban en tensión con su misma situación emocional (http://bit.ly/uHP4Jz). Eso es algo que viven muchos desarrolladores de las nuevas tecnologías, algo destacable en el Valle de Silicio y que ha sido relatado por Po Bronson en El nudista del turno de noche.

Dichos desarrolladores se debaten entre el afán de notoriedad, de ser reconocidos públicamente y una enorme presión para cumplir con los tiempos y las demandas del capital de riesgo. Es cierto que tener ideales de grandes cambios sociales, como era el caso de Zhitomirskiy, era un objetivo personal que podía ser motivador y emocionante, pero tambien frustrante y doloroso cuando la presión y las demandas de quienes lo rodeaban se centraban sólo en los resultados y soslayaban las cuestiones emocionales o personales por las que atravesaba.

Emprendedores y talentos como Zhitomirskiy conviven en una constante tensión a diversas escalas, entre los experimentos, el impacto imaginado de sus creaciones y la escala de la agencia real (de la libertad efectiva para lograr lo que se proponen o valoran como importante). Es decir, los programadores como Zhitomirskiy son víctimas de los sistemas complejos y distribuidos que están mucho más allá de sus capacidades individuales para dominar o controlar.

En esencia, internet y las nuevas tecnologías permiten ver la vida de una manera que antes no era factible imaginar, se accede a nuevas escalas de experiencia y a formas de comunicación inéditas, ¿pero hasta dónde las mismas se tornan espacios para la agencia personal? Es decir, ¿cómo se puede, en estos tiempos, lograr que la individualidad persista “sanamente” y prospere en entornos cada vez más conectados y sociales? Y en tal sentido ¿hasta dónde llega la libertad digital?