diciembre 12, 2011

Josefina

Ezra Shabot
Línea directa
El Universal

Todo partido en el poder se desgasta por ejercicio del mismo. Renovarlo y demostrar ante el electorado que sigue siendo la mejor opción para continuar lo logrado es siempre un desafío difícil de lograr. Más aun en regímenes presidencialistas en donde la apuesta no es principalmente por un partido, sino por una figura que alcanzará la primera magistratura del país. Acción Nacional logró esto en dos ocasiones, la primera con la figura carismática de un Vicente Fox que cargaba consigo la imagen del cambio y la segunda con Felipe Calderón, como la única alternativa ante la debilidad del priísmo de Madrazo y el terror que representaba López Obrador para las clases medias y altas de la población.

Las dos administraciones panistas consiguieron mantener una sólida estabilidad económica en el marco de turbulencias internacionales que fueron manejadas acertadamente, pero sin conseguir el crecimiento económico que el país necesitaba. No contaron los gobiernos panistas con operadores políticos capacitados para conseguir las alianzas necesarias que les proporcionaran las mayorías indispensables en el Congreso con el objetivo de reformar la estructura política y económica del país y facilitar así el desarrollo y la toma de decisiones. Es cierto que no tuvieron una oposición dispuesta a ello, pero tampoco contaron con los políticos capaces de negociar esa difícil alianza.

En este contexto la apuesta renovadora panista tiene una única alternativa y se llama Josefina Vázquez Mota. Habiendo formado parte de ambas administraciones blanquiazules, el sello de Josefina fue siempre el de la negociación llevada hasta los límites que el propio gobierno que representaba le permitía. Operadora del candidato Felipe Calderón a partir del momento en que la campaña hace agua, es ella la encargada de sacarla adelante en unos cuantos meses. Es Vázquez Mota sinónimo de negociación y capacidad operativa, y, de hecho, la única opción de los panistas.

Las encuestas que le han dado un apoyo cada vez mayor entre los panistas son las mismas que la ubican como la única que podría competir con Peña Nieto y López Obrador en una contienda que se antoja reñida y resulta difícil pronosticar un triunfador en este momento. Comprometida con una política de alianzas, sabe Josefina que en caso de ganar la Presidencia tendría que incluir en su estructura de gobierno a priístas, perredistas e independientes convencidos de la urgente necesidad de modernizar el país. Los gobiernos de un solo partido con alianzas coyunturales, sólo sirven para mantener el crecimiento inercial que cada vez resulta menos efectivo para cumplir con las exigencias de la mayoría de la población.

La agenda de Josefina coincide con gran parte de lo planteado por Manlio Fabio Beltrones en el Senado e incluso con algunos sectores del perredismo no lopezobradorista. Frente a la disyuntiva de continuidad o cambio, Vázquez Mota plantea la posibilidad de presentar una opción no estrictamente panista en el sentido de un gobierno que sea la extensión de Fox-Calderón, sino la de un frente amplio que sirva de sostén político a un proyecto sexenal de transformación del país. Es esto lo que tiene que ofrecer Josefina a un electorado que hoy ve de nuevo en el PRI la alternativa de cambio que no ha recibido por parte de las administraciones panistas.

Mientras más se tarde el PAN en definir su candidatura, menos tiempo tendrá para remontar la diferencia en favor de Peña Nieto y el PRI. Intentar mantenerse en la opinión pública a través de campañas dirigidas a su electorado partidista sólo lo alejará de la verdadera disputa por el voto que, a partir de enero, comenzarán a disputarse Peña y AMLO. Las diferencias entre los tres precandidatos panistas se resumen a una pregunta concreta: ¿quién de ellos tiene la fuerza suficiente para enfrentar a la aplanadora priísta hoy casi sin fisuras importantes? La respuesta es clara: Josefina Vázquez Mota es la única carta con la que cuentan los blanquiazules, todo el resto es distraerse del tema.

La ignorancia

Germán Martínez Cázares
Reforma

Ni me preocupa, ni me sorprende la ignorancia literaria del candidato del PRI. Francamente me asombra otro tipo de ignorancia nutrida por la desmemoria, de algunos panistas frente a Josefina Vázquez Mota.

Cuando Josefina -entonces secretaria de Desarrollo Social del gobierno de Fox- llegó aquella noche del domingo 11 de septiembre del 2005, a la casa de campaña del precandidato Felipe Calderón, en la calle Sacramento de la Colonia Del Valle, la sorpresa fue mayúscula. Unos no le quitaron la mirada de asombro. Otros empezaron a murmurar. Ella segura de sí misma, saludaba y se abría paso entre la gente. Cruzó el jardín, subió al templete, y sin dudas ni regateos, levantó la mano del futuro presidente de México en señal de victoria. Todo mundo la ovacionó. No había reproches. Ella era, entonces, sinónimo de virtud, valentía e inteligencia.

Ese día el presidente Calderón ganó el primer round, de tres previstos para elegir al candidato presidencial panista. Mientras Vicente Fox y su equipo mantuvieron su apuesta con Santiago Creel, Josefina -junto a Rodolfo Elizondo, entonces secretario de Turismo- apoyó a Felipe Calderón. Mostró sin presumirlo mucho, valor, determinación y coraje. Recuerdo que grabó un mensaje para transmitirlo a los panistas, en todos los encuentros de la exitosa precampaña calderonista.

A Josefina en aquel tiempo nadie le escatimó cualidades o lealtad. Le confiaron, incluso, en un momento la coordinación de la campaña y algunas tareas especiales que siempre desempeñó con dedicación y generosidad. Después, todos los sabemos, el Presidente le nombra ¿sin méritos? secretaria de Educación.

Vázquez Mota tiene aciertos y errores en su carrera política. ¿Acaso en el PAN alguien busca un mesías perfecto como Presidente? Claro que muchos pueden y de hecho cambiaron de opinión. Es nota esencial de la democracia mudar libremente la preferencia política; sin embargo, me parece grave y enojoso sugerir o acusarla de deslealtad al PAN y al proyecto de gobierno del presidente Calderón. Eso es una infamia, eso sí es una mentira grosera.

Ningún panista es depositario pleno y total de la "verdad panista", nadie tiene a perpetuidad las llaves del partido, y tampoco nadie puede erigirse en pregonero único e infalible de los logros gubernamentales panistas.

Digámoslo claro: Josefina es, ahora, la hija desobediente del panismo y eso no gusta. Desconocer su contribución a los gobiernos de Fox y del presidente Calderón es prueba irrefutable de una rudeza alimentada por ingratitud, o por ignorancia lisa y llana.

¿Alguien puede reprocharle un manejo deshonesto del gasto social, en sus seis años al frente de Sedesol? En la SEP, con mil dificultades ajenas, limitó con dignidad y eficacia la voracidad y opacidad de la dirigencia del sindicato de maestros. ¿Como diputada dejó al gobierno sin presupuesto por falta de acuerdos? El presidente Calderón ha responsabilizado clara y públicamente al PRI de la falta de reformas. La dirigencia panista también. ¡Otros, desde la misma trinchera, prefieren linchar a Josefina!

El gran novelista checo Milan Kundera publicó, justamente el año del primer triunfo presidencial panista, una pequeña novela titulada La ignorancia.

Es la historia de amor de Irena y Josef, tejida alrededor de su destierro y del regreso a su patria. Tiene un eco del fantástico retorno de Ulises a Ítaca después de la guerra de Troya. La novela es un ataque a la memoria humana, pero también "a quienes deforman el pasado, lo reescriben, lo falsifican, exageran la importancia de un acontecimiento o callan otro...".

La ignorancia es un relato de nostalgia, de evocación al pasado. Es también remembranza de amigos. Añoranza. Kundera parece equiparar ignorancia con dolor. No saber, ni conocer, ni entender es sufrir; pero ignorar es renunciar a la memoria. Quizá yo no sepa, no conozca y no entienda nada, pero no quiero renunciar a la memoria. No quiero rendirme, como los personajes de la pluma formidable de Kundera, al imperio de la ignorancia.

Honestidad de catálogo

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Es como pensar que un político pro Estado laico haga de unos cardenales sus consejeros. En el discurso está la contradicción. O viceversa.

Hace unos días Andrés Manuel López Obrador publicaba en el portal de su "gobierno legítimo" lo que él considera los fundamentos para una República Amorosa, que va muy de la mano a lo que declaró cuando se registró finalmente como el candidato del PRD, aquello de "elevar la honestidad a un nivel supremo...". Vaya cosa:

"Una persona sin apego a una doctrina o a un código de valores, no necesariamente logra la felicidad. Inclusive, en algunos casos, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, conduce a una vida vacía y deshumanizada. De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar nuestros mejores sentimientos de bondad.

"Cuando hablamos de una República Amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor. Honestidad y justicia para mejorar las condiciones de vida y alcanzar la tranquilidad y la paz pública; y el amor para promover el bien y lograr la felicidad..."

No se puede negar el cambio en el discurso. Pero tampoco podemos pasar por alto que ese cambio lo llevó de un extremo a otro. De uno que invitaba a romper las leyes, a otro donde casi nos habla religiosamente. Menos aún, que éste nuevo discurso está lleno de ironías, que no intencionales, pero sí muy evidentes.

De nuevo AMLO hace de la "honestidad" su lema de campaña, aunque ésta vez de una forma menos propagandística y más de discurso. Para él, aquella es la cualidad principal, no sólo para gobernar, sino para ser, así, a secas. Es la virtud que más aprecia, la misma que quiere llevar a cada rincón del país. Hasta a la selva del sureste mexicano, al que ayer decíamos había ido a visitar al EZLN.

"Honestidad", caray. Pues qué irónico resulta que sus más allegados colaboradores no brillen precisamente por tan requerida virtud. René Bejarano y Dolores Padierna tienen un muy público expediente de corrupción y sí, de transas que incluso llevaron al primero a la cárcel. Y ni qué decir de su jefe de campaña, Ricardo Monreal, acusado del uso ilegal de más de 40 millones de pesos del ISSSTE zacatecano, cuando era gobernador de ese estado. Vaya honestidad valiente.

Y es que resulta ridículo que su nuevo discurso caiga incluso en lo cursi; pareciera un catálogo de moral y buenas costumbres. Más aún, que ése speech esté apoyado por gente de tan conocidas mañas. Tan ridículo como pensar que un político pro Estado laico haga de unos cardenales sus consejeros. En el discurso está la contradicción. O viceversa.

¿Pos queeé creen? ¡Bartlett ya es de izquierda!

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

No, no se doble de risa, no suelte la carcajada, mucho menos se le salga un chisguetito de meados: mientras de una nube radiante surgía la voz: “Este es mi hijo muy amado”, el Bautista Obrador bautizó a Manuel Bartlett en las aguas purificadoras de su Jordán-Morena, hoy celebrada en el Tepeyac y en los oficinas del Bautista AMLO. Y tan falsa la pintada por el indio Marcos Cipac de Aquino, como la sacada de la chistera del mago López. “Chistera” en ambos sentidos: sombrero de mago y cajón de chistes.

Con Peña Nieto no volverá, si ganara, lo peor del PRI, porque hace tiempo se fue al PRD: ese basurero del más viejo PRI, trampolín para saltar a partidos-negocio, como el PT, creado por Raúl y Carlos Salinas, o la Morena que suma cero más cero bajo un nombre guadalupano. El PRD exhibe su más reciente travestismo, su última mudanza de camaleón o recambio de su piel de víbora, y nos presenta al último espécimen de los dinosaurios que dábamos por extinguidos, Manuel Bartlett, como la novedosa adquisición de esa cloaca máxima de la “izquierda” mexicana. Se reventó otra pústula y el pus siguió su cauce natural: hacia el PRD.

El PRI que se gastaba sin límite nuestros impuestos en sus campañas electorales, que se asignaba las casillas, que contaba nuestros votos y, oh sorpresa, nos informaba que había ganado, ese PRI tiene a su mejor exponente en el ex secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid, uno de los fósiles del PRI que no había hecho maletas para embarcarse en la veleta del PRD, aquel Manuel Bartlett del “fraude patriótico” en Chihuahua, a quien el Frente Democrático Nacional acusó de fraude en las presidenciales de 1988, cuando se le “cayó el sistema” y al restablecerlo fue para declarar ganador a Salinas y perdedor a Cárdenas; el secretario de Gobernación de los tiempos en que el PRI rellenaba las urnas y contaba los votos, sigue a los de su calaña rumbo a las elecciones del 2012, con López Obrador, músico-poeta compositor del Himno al PRI y presidente del PRI-Tabasco, que, como todos, dejó el PRI sólo cuando pidió hueso y no le dio.

Será senador por esa “izquierda” que ya tuvo la desvergüenza de hacer senadora a la mujer de súbita riqueza como amante del presidente Díaz Ordaz, Irma La Tigresa Serrano. El PRI los hace y el PRD los junta. Y aún se atreven a llamar “izquierda” a esa bazofia: el Bartlett de siempre desinfectado en las aguas purificadoras del Jordán de los Obrador, las Padiernas-Bejarano acusados de ladrones de ahorros por las víctimas del sismo del 85, de Martí Batres el vendedor de “leche” Bety con alto contenido de excremento… ¿No hay nadie que jale la palanca a ese excusado? ¡Qué pestilencia!

Fariseos en la cultura

Yo jamás habría imaginado que Enrique Peña Nieto leyera, y literatura menos. Así que me sorprenden los sorprendidos por su papelón en la FIL y me irritan los fariseos que tampoco leen, pero claman al cielo.

Lo que me produce pánico es su falta de reflejos, su incapacidad para salir del paso en algo tan elemental que se puede resolver con títulos conocidos de todos y por nadie leídos: “El Quijote: sobre todo esa batalla contra molinos de viento donde me veo reflejado… La Odisea… porque eso es la Presidencia de México…” Me aterra imaginarlo en una reunión trilateral del TLC con el presidente de EU y el primer ministro de Canadá: pesos pesados.

Lo creía más ducho, colmilludo, pero se ahoga en un vaso de agua y quiere presidir un país muy complejo.

Las muestras de incultura en nuestros políticos son naturales. Lo que me irrita el hígado son los fariseos: los reporteros que tampoco leen, twiteros y facebookeros que hacen mofa de Peña Nieto con textos plagados de faltas de ortografía.

Y sigue la mata dando: el secretario de Cultura del DF, Mario Delgado, PRD, dice que Cien años de soledad es de Vargas Llosa. Más de algún reportero se habrá burlado: “El tonto no sabe que es de Borges”. En La Razón reflexionaron sobre el tema Pablo Hiriart y Fernando Escalante Gonzalbo, quien llama “beatería” a esa transformación del libro en objeto de culto. Pienso igual.

Me he hecho la misma pregunta: ¿Qué libros me han cambiado la vida? La Biblia me hizo ateo a carcajadas con su infantilismo. Y los leídos, que puedo recordar o no, me han hecho quien soy, para bien o para mal. Los peores presidentes de México en lo que llevo de vida son Echeverría y López Portillo... y éste leía mucho, hasta quería ser escritor.

El vino de los bravos (y unos tequilas). (Planeta, 2011)