diciembre 13, 2011

Políticos karaoke

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Vaya si es importante el escandaloso error de Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara. Como dice John Thompson: “Los escándalos son batallas por el poder simbólico en las que están en juego la reputación y la confianza”. Si algo ha construido en los últimos años Peña Nieto es poder simbólico. Su imagen se ha elaborado de forma cuidadosa a través de la televisión, en la comodidad de los estudios con el maquillaje y las palabras exactas, a través del discurso que puede leer en los teleprompters. Los minutos de Peña Nieto en la FIL hablando de un tema que no conoce lo mostraron tal como es en realidad fuera de las cámaras de la televisión: una persona que no lee y no tiene capacidad de respuesta ante una pregunta simple. Una imagen inflada. Peña Nieto destruyó en minutos una parte de su reputación, cometió un error simbólico y mostró que es un político karaoke. Los videos sobre este librogate están en YouTube y uno de ellos tiene ya más de un millón 340 mil visitas.

Hay que preguntarse sobre los ingredientes que han construido la candidatura de Peña Nieto en estos años. Una presencia prácticamente diaria en la televisión: para inaugurar una obra, para hacer una declaración, para cualquier cosa que pareciera noticia, cuando en realidad era propaganda. El objetivo es estar en la pantalla de tiempo completo. ¿Cuánto costó esa presencia y de dónde salió el dinero? El error de la FIL se ha querido minimizar, pero tiene raíces importantes que no se deben dejar de lado. Se puede estar o no de acuerdo en la importancia de la lectura. Se puede debatir si es necesario que un político que aspira a la Presidencia de la República tenga una cultura relativamente densa y amplia. Incluso, se puede hacer un balance del papel que juega la cultura en la política. Sin embargo, el error simbólico de Peña Nieto tiene diversas ramificaciones porque, sin duda, la lectura es importante y tener una cultura amplia es un instrumento fundamental para entender el mundo en el que vivimos.

Si la sociedad del conocimiento es cada vez más importante, tener una cultura precaria puede llevar a una visión política muy deficiente del país. Ser culto no garantiza un buen gobierno, pero ser ignorante es un déficit para cualquier gobernante.

Si un político se mueve sólo mediante discursos que hacen sus asesores y con una imagen televisiva, estamos muy lejos de un estadista. El ejemplo más reciente de un presidente inculto fue Vicente Fox. A estas alturas se puede considerar que una buena parte de la decepción por el estilo frívolo de ese gobernante está vinculada a su cultura precaria. Fox no tenía mucha idea de qué hacer con el país; era el político que venía del medio empresarial y su idea de qué hacer con una transición en marcha y un país plagado de necesidades se limitó a lo que vimos a lo largo de ese sexenio: pérdida de la capacidad del Estado, desregulación de los grandes intereses, incapacidad de concretar políticas de transformación institucional, uso de los instrumentos del Estado con fines partidistas, excesivo pragmatismo que lastimó principios de convivencia democrática.

Con Peña Nieto sucede algo similar. No se sabe qué piensa, qué quiere, a qué podemos atenernos, quiénes están detrás; dice una cosa y hace otra (por ejemplo, pide consejeros independientes para el IFE y su partido bloquea a cualquier candidato autónomo). Al final de cuentas se trata de imágenes mediáticas, de supuestos compromisos para la campaña, de un político karaoke. Si Peña Nieto gana entonces llegará su verdadera agenda y aparecerá el guión dictado por los múltiples compromisos, por los que quieren que todo siga igual. Los poderes fácticos apuestan a un candidato seguro que no ponga en riesgo ni la más mínima parte de sus intereses. La reputación y la confianza de Peña Nieto están mediadas por la construcción mediática que, hoy por hoy, es la construcción de las redes de poder.

En la campaña electoral veremos y escucharemos millones de spots de los candidatos, tendremos el impacto emocional de esos mensajes que a fuerza de repetirse intentarán influir en los votantes para decidir el voto. Sólo habrá un par de ocasiones en donde los candidatos participen en debates, pero tendrán tantas protecciones que resultará difícil apreciar realmente ante qué tipo de políticos estamos. Sin embargo, habrá ocasiones en la que los candidatos se tendrán que exponer sin guión y sin maquillaje. De ahora en adelante Peña Nieto estará más protegido para no volver a cometer un error simbólico como el de la FIL. Frente a las redes del poder fáctico están las redes sociales y los ciudadanos que seguirán atentos la campaña y emitirán alertas sobre los políticos karaoke.

El Purificador y la República Amorosa

Francisco Báez Rodríguez (@franciscobaezr)
fabaez@gmail.com
La Crónica de Hoy

Hay quienes han reaccionado con tremenda ingenuidad ante el nuevo rostro que está presentando en sociedad Andrés Manuel López Obrador. Se congratulan de que haya abandonado su lenguaje ríspido de confrontación y consideran que ello es signo de moderación, y que el tabasqueño ha aprendido al menos alguna de las muchas lecciones que le debió de haber dejado la experiencia de 2006.

Otros se muestran preocupados por el cariz aparentemente religioso de sus discursos y sus textos y se imaginan una suerte de neofundamentalismo en ciernes, a partir del paso del juarismo a la República Amorosa.

La verdad yo no veo ni lo uno, ni lo otro. Los cambios son cosméticos y menores. Intentaré explicarme.

Primero, Andrés Manuel responde a lo más obvio: el error más grande de su campaña anterior fue hacer gala de radicalismo (recordemos, por ejemplo, los spots en los que presentaba, burlones, a los ricachos que ganaban 15 mil pesos al mes) y el más medido por los encuestadores fue el que lo ubicaba como un personaje rijoso y peleonero. Se trata de una respuesta política de botepronto: “no echaré bronca, amor y paz”.

¿Pero se parece en algo AMLO II a Lula IV, que se moderó en serio, ganó por fin las elecciones y resultó ser un buen presidente de Brasil? ¿Se parece, de perdida, a Humala II, que le bajó al discurso incendiario, se puso traje y fue escogido en Perú, como mal menor ante Keiko Fujimori?

Creo que no. Que cuando mucho se parece a Daniel Ortega III. Y para muestra sus “Fundamentos para una República Amorosa”.

En ellos, AMLO, pasa —en el discurso— del padre severo que, admonitorio, amenazaba con castigar a los malos del país, al padre bonachón, que abraza a todos sus hijos y pide que se quieran. Lo que no deja de lado es el paternalismo.

Andrés Manuel sigue barajando, hoy como hace seis años, la idea de un cambio súbito, a partir de la actuación de un héroe capaz de establecer un nuevo orden. Tiene una suerte de fiebre refundacional. Ahora hace hincapié en lo moral, en vez de partir de lo económico y social. Pero eso tampoco es nuevo.

Hace seis años, AMLO hablaba de encabezar “la purificación de la vida nacional”, dijo que hacía falta “una renovación tajante” porque “ni modo que no vamos a necesitar una nueva política si estamos viendo que hay un doble discurso, que impera la hipocresía”.

El Purificador, ahora en veste amorosa, hace referencia a una realidad, la pérdida de valores en nuestra sociedad y, a partir de ella, teje —en clave pseudomística— el viejo concepto realista- socialista del “hombre nuevo”.

Frente a la descomposición social, AMLO II habla de “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria”. Y dice que, “sin ese ideal moral, no se podrá transformar a México”.

Un ideal de persona, un arquetipo que “haga frente a la mancha negra de individualismo, codicia y odio que se viene extendiendo cada vez más”, que genere ciudadanos despojados de los defectos propios de la sociedad capitalista. Una persona altruista, solidaria, fundida en el “nosotros” y opuesta al “yo, un cosmos” que cantara Walt Whitman.

“La Revolución” —escribía el Ché Guevara— “no es únicamente una transformación de las estructuras sociales, de las instituciones del régimen; es además una profunda y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres, valores y hábitos, de sus relaciones sociales”. El propio Ché hablaba de la importancia de que el trabajo ya no fuera visto como sacrificio, sino como un placer (y AMLO, por su parte, da el ejemplo del tequio oaxaqueño, para luego citar a José Martí sobre las bondades de autolimitarnos como parte de la forja de la personalidad).

En algún otro momento, Guevara fue más explícito. El Hombre Nuevo, que despreciara los bienes materiales, era una necesidad política para un sistema que, sabía el Ché, era incapaz de generar con la eficacia del capitalismo los satisfactores materiales.

Sabemos, por experiencia, que ni la URSS ni Cuba generaron hombre nuevo alguno. Que los discursos humanistas (basados en el deseo de justicia social que alimentó las revoluciones) eran sólo parte de la maquinaria de propaganda de sus respectivos regímenes totalitarios. Que para que una sociedad abandone una mentalidad de supervivencia, debe primero tener las condiciones económicas para ello.

Andrés Manuel puede, en la construcción mental de su República Amorosa, llenarse la boca de frases para la gayola como “la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo”, pero luego se contradice cuando atribuye, de manera casi lineal, la actual ola de violencia, la pobreza y la explotación. “La pobreza y la falta de oportunidades de empleo y bienestar originaron este estallido de odio y resentimiento”. Como si la disputa por enormes mercados ilegales no tuviera nada qué ver; como si pobreza y falta de oportunidades no hubieran sido, desde hace muchas décadas, desde mucho antes de las matazones y la sevicia, la característica social más notable y detestable del país.

Peor es la conclusión para hacer frente al problema que más lacera a nuestra sociedad: “es el bien lo que suprime al mal”. Uno se pregunta si querrá acabar con los Zetas con una sobredosis de ternura o si va a asfixiar a La Familia con besos y dulzuras.

Los Estados democráticos no se forjan con amor, sino con reglas acordadas de manera colectiva que se hacen respetar, y que superan las tensiones naturales de la convivencia social. Con normas comunes. La izquierda democrática en el mundo ha luchado para que esas reglas sean justas, para que las normas no exceptúen a los poderosos, para que las instituciones sirvan a la gente común, para que se avance en la igualdad.

Lo de AMLO II es otra cosa. Es un desplante lírico para edulcorar su ferviente deseo purificador de raíz de la vida nacional y de ser, él, Andrés Manuel López Obrador, el Amén. Como siempre.

Quienes, desde la izquierda moderada y ante la ausencia de otras opciones, decidan votar por AMLO, están en todo su derecho. Pero por favor, que no vengan a decirnos que cambió en lo fundamental. Hay un Comité de Salud Pública detrás de la República Amorosa. Los perredistas moderados ya conocerán su furia en carne propia.

Veneno

Federico Reyes Heroles
Reforma

"Ahora nuestro deber es la esperanza, la probable, la verosímil esperanza". J. L. Borges

Motivos para el desánimo siempre habrá. Europa se tambalea sin encontrar una salida que no sea un sacrificio prolongado. Las gigantescas deudas de los Estados miembros de la Unión son la regla. Los principales bancos están "contaminados" seriamente. El euro pasó de esperanza colectiva a explicación de los males europeos de hoy. La tradicional distancia de Gran Bretaña se agranda por la resistencia británica frente a los nuevos ordenamientos financieros propuestos. El liderazgo de Alemania y Francia por momentos pareciera insuficiente ante una renovada fuerza centrípeda que cuestiona la idea misma de un destino compartido.

Por si fuera poco la primera potencia del mundo no termina de salir de la peor crisis del último medio siglo. La confianza del consumidor sigue de capa caída. El golpe al sector inmobiliario y a las pensiones, ejes del patrimonio de la familia estadounidense, devastó no sólo los ahorros sino el entusiasmo. El consumidor se comporta racionalmente y esa racionalidad dificulta la salida que las autoridades buscan. Obama está atrapado entre el desajuste financiero de largo plazo y la inminente elección del 2012. Cómo ser popular cuando su principal misión es introducir orden en la economía doméstica. Abrir los ojos a los estadounidenses después de décadas de negación del desastre de fondo y ganar la reelección no parecieran actividades compatibles. Si a eso se le agrega el discurso de los nuevos radicales de derecha que dinamitan las posiciones de centro, tenemos un coctel explosivo. Imaginar la coincidencia de un colapso europeo y su impacto sobre la zozobrante economía estadounidense no es ocioso. El coletazo sobre México sería razón suficiente para el desánimo.

Pero también está el otro lado. En ese escenario mundial Latinoamérica -México dentro de ella- se mira con mejor salud. Nuestra economía crece, poco pero crece. La deuda mexicana es muy razonable frente a los excesos europeos. La banca en lo general está capitalizada. La inflación bajo control. A pesar de la violencia que, según J.P. Morgan, nos podría estar costando anualmente 1% del PIB, la inversión extranjera fluye, no se ha detenido. Las reservas se encuentran en niveles adecuados. El peso flota sin provocar traumas nacionales. Se generan empleos, no los suficientes, pero los hay. La turbulencia económica del mundo encuentra cierta calma en esas aguas. En esas estamos, necesitados de que el navío mexicano anuncie en voz alta algunas buenas nuevas, porque las malas -la incontrolable violencia- nos ahogan, cuando desde el puente de mando sale la señal inversa. Es el capital el que habla.

De entrada nos anuncia que hay motín a bordo. Cuidado porque el narco ha infiltrado las elecciones. Generaliza, no habla de un acto concreto, sino de una insubordinación que igual puede darse en el cuarto de máquinas que en el navegante. El capitán no señala a alguien y procede a su detención. Introduce, justo antes de la delicada maniobra de la elección del 12, un factor de duda e intriga. Si sabe algo de Michoacán que denuncie y proceda. Porque de lejos da la impresión de estar colérico por la derrota de su hermana. Un Presidente no debe insinuar ilícitos y menos de esa talla. Pero allí no terminó el asunto.

En un atípico acto luctuoso en homenaje a panistas recientemente muertos por distintas razones, después de aludir al terrible asesinato del alcalde de La Piedad, Calderón lanzó "...he tratado de ser sensato, pero no puedo quedarme callado..." y vino entonces una convocatoria a su partido y a todos los partidos a denunciar la intromisión del narco en las elecciones. Puso el asesinato y el desplegado como pruebas, poco dijo de la victoria panista en La Piedad. ¿Y la intimidación, habrá que explicarla? Hasta allí Calderón generalizaba sin sustento pero no llevaba agua a su molino. Pero vino el remate "¿A quién beneficia la acción de los criminales y a quién perjudica? -y se respondió a sí mismo "Perjudica al PAN". Volvió a preguntar: "¿...a quién beneficia?" No dio la respuesta. Pero advirtió que esa pregunta tiene que ser respondida.

En el razonamiento hay trampas y provocaciones. Primero, si la víctima es un partido, sólo un partido -no la sociedad- el beneficiario debe ser un partido. ¿Acaso no puede haber varias víctimas? Segundo, el PAN es siempre la víctima, nunca victimario. ¿Y qué de Monterrey, entre otros? Tercero, el Presidente olvidó aludir a las víctimas de otros partidos. ¿Acaso van solos? ¿Y Tamaulipas? Qué desmemoria. Cuarto, si en Michoacán gobernaba el PRD, si el PAN es víctima y si hoy gobierna el PRI, ¿quién es el beneficiario? Insinuar es provocar. Todos están metidos, todos son víctimas y victimarios, esa es la verdadera tragedia. Qué necesidad de inyectar veneno. Qué no vemos cómo está el mundo. Las cuitas personales y obsesiones partidarias son malas consejeras. La esperanza también es un deber. No se vale.

La estrategia fraticida

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Si los números no sufren una alteración radical, la candidatura será de Josefina: los ataques contra ella no cambiarán esa percepción, la reforzarán.

En medio de los recurrentes errores de Peña Nieto (ahora se equivocó con el monto del salario mínimo) y del discurso místico-religioso-amoroso de López Obrador (que quiere imponer una suerte de sharia por encima de las leyes), en el equipo de Ernesto Cordero están cometiendo errores que pueden marcar el futuro de sus aspiraciones y de su propio partido.

Desde la campaña de Felipe Calderón se generó en su equipo de campaña una suerte de mística, basada en la lealtad y también en la lucha contra el destino. Ganaron una elección interna que a muchos les parecía imposible y luego lo repitieron en la presidencial, contra todos los pronósticos. En su gobierno, el presidente Calderón ha hecho de la lealtad un principio insoslayable, sobre todo a la hora de armar su gabinete y ha respetado y ha hecho respetar esos principios. Se podrá estar o no de acuerdo con el estilo de gobernar del presidente Calderón, pero de lo que no hay dudas es que ese esquema no se puede repetir en el actual proceso de elección de candidato en el panismo.

Y no se puede repetir por varias razones. La primera y la principal es que no se trata de un acto de gobierno y por lo tanto la lealtad adopta diferentes formas, se puede y debe percibir de distinta manera y con otros objetivos. Segundo, que ni el hombre ni las circunstancias son las mismas. La candidatura de Felipe Calderón surgió y se consolidó como una suerte de rebelión ante el foxismo. Paradójicamente, ahora la candidatura de Ernesto Cordero se presenta como la de la continuidad con la actual administración. Y está bien, desde su perspectiva, que lo haga así. Lo que no se puede es calificar como traidores a los que piensan que esa vía no es la mejor dentro de su propio partido. Más aún cuando se está en una lucha interna y entre corrientes que se supone cercanas porque terminan deviniendo ambas, la de Cordero y la de Josefina Vázquez Mota, de los mismos orígenes.

No puedo entender las acusaciones que ha esgrimido el equipo de Ernesto en las últimas semanas, precisamente cuando las encuestas publicadas los primeros de días de diciembre demostraban que seguía, entre los simpatizantes panistas, excesivamente por debajo de Josefina. Esas encuestas tendrían que haber hecho reflexionar al panismo y convencerse de que la marcha interna del proceso de selección de candidato tenía ya un rumbo bastante definido en la figura de Vázquez Mota. Por supuesto que es legítimo tratar de cambiar ese rumbo, pero la línea de endurecer el discurso interno y comenzar a hacer acusaciones (que son un tiro en el propio pie) y que terminan recibiendo respuestas durísimas (no puede ser de otra manera), no resulta sensato.

El equipo de Cordero no puede decir que la mujer que fue elegida diputada en 2000, la que durante años fue secretaria de Desarrollo Social, la que fue, junto con Juan Camilo Mouriño, coordinadora de campaña en 2006, la que luego fue designada secretaria de Educación y más tarde coordinadora de los diputados, resulta que ahora, según ese equipo, no sabe de economía y se le reproche que como coordinadora de los diputados panistas no hayan salido las reformas a la seguridad, cuando es evidente que ello ha ocurrido, como con muchas otras reformas pendientes, porque no ha habido acuerdos entre los partidos. Es como si se responsabilizara a Cordero de no tener la reforma fiscal que el país necesita, a Javier Lozano de no sacar la reforma laboral que impulsó durante todo el sexenio o a Juan José Suárez Coppel de que Pemex no esté abierto a la inversión privada. Seamos serios: el país no ha tenido reformas sustanciales desde 1997.

El delegado panista en Cuajimalpa, Carlos Orvañanos, decidió en este contexto apoyar la candidatura de Vázquez Mota en lugar de la de Cordero. Desde allí no tardaron en surgir las acusaciones de traición. ¿De qué traición se habla?, ¿de analizar y sacar conclusiones sobre las opciones que se le presentan a un político que aspira a un puesto de elección popular dentro de un mismo partido? Tiene todo el derecho del mundo a hacerlo. ¿Todos los seguidores de Vázquez Mota o del propio Creel terminarán siendo considerados traidores? ¿También tendrían que haberlo sido los muchos que hace seis años decidieron no seguir el camino que les había marcado el presidente Fox y apoyaron al precandidato Calderón?

No sé si Ernesto Cordero terminará siendo candidato presidencial por el PAN; si los números no sufren una alteración radical, la candidatura será de Josefina: los ataques fraticidas no cambiarán esa percepción, la reforzarán. Lo que sí sé es que Cordero es un político de talento pero sobre todo un hombre de buena fe, generoso, amigo de sus amigos (me considero uno de ellos). No entiendo qué le pueden hacer ganar, sea o no candidato presidencial, presentando otra imagen.

Purifhígado y Novartis

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

Una de las líneas discursivas que tiene potencial de tomar tracción en el discurso por la carrera presidencial es la de Josefina Vázquez Mota, quien ha insistido en que México debe convertirse en un país donde se respete la ley. Josefina sabe que hay leyes vigentes, poderosas en su concepción y espíritu, pero que simplemente no se cumplen a cabalidad. No hay que cambiarlas; sencillamente es hora de respetarlas.

Un Legislativo sensible diseña leyes modernas, y un Ejecutivo fuerte las hace valer.

Uno de los actores públicos que está acelerando el proceso de regulación efectiva y Estado sólido es Mikel Arriola, el comisionado para la Protección contra Riesgos Sanitarios. Arriola dio velocidad a la liberación de permisos para la comercialización de medicamentos, y desatoró muchas licencias sanitarias para que se importen insumos de esa industria.

Ayer, Arriola dio una buena muestra de cómo cumplir la ley: la Cofepris anunció que había asegurado miles de piezas de supuestos medicamentos o productos milagro de variadas marcas, como Prostamax, Purifhígado, Alcachofa de Laon y Chang Moon Flower. La Comisión dijo que la Ley General de Salud en materia de publicidad fue violada por un par de empresas (Marcas de Renombre y Merkacommerce).

Esta fue la segunda acción de este tipo de Arriola en pocos días. Recientemente la empresa CV-Directo también fue sancionada.

Ayer, la empresa suiza Novartis confirmó que uno de sus pacientes que tomó el novedoso medicamento Gilenya —para tratar la esclerosis múltiple— murió, a sólo un día de haberlo ingerido por primera vez. Las firmas globales ejercen una comunicación siempre apegada a la ley y transparente; no obstante, a veces son sujetas de un escrutinio público mayor. En México deberíamos apreciar que firmas como Novartis desvelan información sensible como esta, al mismo tiempo en que deberíamos agradecer a la autoridad cuando mete en cintura a quienes mienten en su publicidad o violan la ley, tal como lo hizo la Cofepris ayer.

Adiós al Purifhígado, o al menos a su publicidad. La sociedad debe seguir el camino correcto, el de las leyes, el de las corporaciones que respetan la reglamentación vigente, y lo comunican con transparencia.