diciembre 14, 2011

AMLO: de caudillo a predicador

René Avilés Fabila
www.recordanzas.blogspot.com
La Crónica de Hoy

Son muchos los periodistas que han hecho notar la metamorfosis de López Obrador: de violento, agresivo y autoritario, a dulce predicador de aldea, a desgranar la palabra del Señor entre los atribulados mexicanos. Desde que tomó prestada de Hugo Chávez la idea de una república amorosa, en lugar de hacer suyas las ideas de Marx y Lenin, tenemos más que a un político aguerrido, a un hombre pacifista, más en la moda de los hippies que pedían paz y amor, que en la de los combatientes latinoamericanos que optaban por las armas: de Guevara a Marcos.

El portento se logró debido a que Obrador está obsesionado con una sola cosa: el poder, y se pondrá cuantas casacas halle a la mano con tal de convencernos de que fue elegido de los dioses para gobernar a este país tan necesitado de guías espirituales. Su discurso es ostensiblemente cursi, ha convertido a la Constitución en una Biblia personal, se ha reencontrado al fin con sus orígenes: el cristianismo. Menos mal que de niño no fue budista. Hay analistas que han tomado en serio su cambio, pero evidentemente nadie puede modificar su carácter de tal manera de una día a otro. Si se desea apoyarlo, no será diciéndonos que se trata de otro Andrés Manuel, distinto, que clama por el amor y la bondad entre sus semejantes. ¿Éste es el candidato de las izquierdas? Es una tomadura de pelo. Completa, y él es un actor consumado. Su nueva retórica es de derecha.

Habla insistentemente de moral (no de ética), pero lo hace en sentido figurado, no en el real. No puede señalar que acabará con la corrupción imperante, cuando a su alrededor cabalgan, “invisibles como el viento”, los mayores pillos de la política nacional: René Bejarano, Clara Brugada, Higinio Chávez, Guillermo Sánchez Torres, Dolores Padierna, Alberto Anaya y Dante Delgado, para sólo citar un bonito muestrario. ¿Ellos redactarán la nueva Constitución moral o el código amoroso que exige López Obrador? ¿O saldrán de las filas del que fuera su gobierno legítimo, hoy disuelto? ¿Elevar a rango constitucional la honestidad, como de una u otra forma lo intentó Miguel de la Madrid al hablar de la renovación moral de México? ¿Cómo puede demandar que la honestidad nos conduzca a través de él, una persona que jamás ha declarado de qué vive, cómo mantiene a su familia, mientras derrocha millones en fanáticos suyos que viajan por el país buscando no buenas conciencias, sino credenciales de electores?

Si he de dar una muestra de la enorme corrupción de “las izquierdas” que parece desconocer el nuevo santón político, citaré Tlalpan, donde sus buenos adeptos bejaranistas, estimulados por el apetito del delegado actual y del anterior, han hecho tal cantidad de marrullerías que pasma. Negocios con terrenos, gasolinerías, edificios, obra pública. Por otro lado hay un total descuido de la delegación, la que no cuenta ni siquiera con servicios adecuados. En Tlalpan auspician la entrada de documentación falsa para realizar cambios de uso de suelo, así como obras fraudulentas. El caso más escandaloso es el de la gasolinería de Insurgentes Sur, que incluso cuenta con dictamen del Tribunal de lo Contencioso Administrativo del DF para demoler la obra por las irregularidades que tienen sus “permisos de construcción”. Pero, ¡oh, sorpresa!, Higinio Chávez se amparó contra esa resolución a favor de los vecinos, en el colmo de la corrupción.

El paso de AMLO por el DF dejó el tejido social por completo dislocado. Nos dividió y sembró odios. Hubo un momento en que criticarlo era señal de linchamiento mediático o real. Aquí conté cómo el médico y escritor Federico Ortiz Quesada y yo, en la presentación de un libro suyo en Bellas Artes, fuimos insultados por sus partidarios. Para colmo, Obrador sigue diciendo que ganó en 2006. La violencia verbal era algo rutinario en el DF. Una herencia que subsiste entre sus mayores fanáticos, los que no acaban de salir del asombro de su transformación más reciente.

Que un político cambie de ideología no es novedad, pero debemos aclarar que entre nosotros no dejan un partido por otro a causa de razones ideológicas, es un simple acomodo para obtener un cargo más dentro del erario y aquí la lista en lo que llaman “las izquierdas” es infinita. Pocos son los honestos y los justos no existen. No es posible conmoverse ante este tipo de cambios. Pero no deja de ser muy grave que se hagan a nombre de la izquierda, algo que hasta la aparición del PRD era un término sensato y lógico, venía de largas y complejas luchas contra el poder, intentaba transformar positivamente a la humanidad. Hoy es un desfile de personas de escasa limpieza, de total desaseo ético. Con cientos de corruptos rodeándolo, AMLO no podrá establecer una república amorosa y menos diseñar códigos morales. No está ni políticamente capacitado ni sus valores éticos son los correctos en una persona que miente con asombrosa facilidad. AMLO no ama a los pobres, los utiliza en su búsqueda del poder.

Explicar qué es una república amorosa ha resultado más torpe que precisar cuáles tres libros son los memorables en la formación de un político.

Para ir pensando el voto

Mauricio Merino
Profesor investigador del CIDE
El Universal

La clase política que ha encabezado la primera mudanza democrática nos ha decepcionado, porque no ha sabido lidiar con la pluralidad política que le dio sentido a ese proceso, porque ha mantenido las pulsiones autoritarias, corporativas y excluyentes del pasado y porque no ha logrado mejorar las condiciones de vida de nuestra sociedad, en su conjunto. También nos han decepcionado sus excesos caudillistas y retóricos, sus alianzas imperdonables, su ineficacia y su corrupción. Para suplir esos defectos nos han llenado de palabras y nos han vaciado las expectativas.

Cuando he hablado con algunos de ellos me ha sorprendido su conciencia. Son conscientes de la impotencia que comparten y sus diagnósticos no difieren mucho de los que se hacen entre la sociedad civil, el periodismo o la academia. Saben que la pluralidad política se les atascó entre los pliegues de las ambiciones personales y que, en un plazo que sorprende por su brevedad, dieron al traste con la ruta de la construcción democrática en la que ellos mismos habían participado —aunque no todos lo hayan hecho como protagonistas principales, sino como herederos—. Pero aun así, al tomar las siguientes decisiones vuelven al guión ya conocido y repiten los errores anteriores, como si no tuvieran conectada la conciencia con la acción o como si, a pesar de todo, el camino andado les obligara a seguir cayendo inexorablemente.

El gobierno, por ejemplo, sigue actuando como si la gestión del último sexenio hubiera sido insuperable. Si algún defecto reconoce es, acaso, la existencia de sus oposiciones y la obstinación de quienes opinamos diferente. Para el Presidente y sus correligionarios el problema del país no está en las decisiones que ha tomado sino en el hecho de que no las haya podido llevar hasta sus últimas secuelas —como se dice ahora—, debido a que el Congreso no le aprueba las leyes apropiadas, los gobernadores no obedecen instrucciones o los alcaldes son ineficientes y corruptos. Pero si alguien cuenta el número de víctimas y victimarios del sexenio, o el número de pobres, o el número de injusticias cotidianas, nunca falta una versión distinta emanada de las filas del gobierno destinada a contradecir —con sus propias pruebas y lecturas, claro— cualquier interpretación que se atreva a sugerir algún error de cálculo, diseño u operación que no sea atribuible a los adversarios políticos del Presidente.

Pero lo mismo sucede —y aun acrecentado— por el lado del líder político de las izquierdas. La visión social de AMLO es, de lejos, más amplia y mucho más comprometida que la del Presidente. El programa de Morena es una lista de ofertas de igualdad social técnicamente discutibles pero plausibles y no hay duda de que la base social del virtual candidato del Movimiento Progresista está mucho más anclada en una posición igualitaria que la de cualquier otro de los contendientes. Tanto así, que el problema de López Obrador es, más bien, persuadir a los empresarios, a los medios y a las clases medias de que su programa político y social —para decirlo rápido— no es comunista. Pero su lectura del mundo que lo envuelve es tan antidemocrática como la de su adversario principal: todos son malos, corruptos y culpables, excepto el líder y sus partidarios. Es el mundo dividido en dos: los que están con ellos, frente a todos los demás.

Y siendo tan breves estas líneas, me cuesta dedicarle más de tres a la pulsión autoritaria de la que jamás se han despojado el PRI y sus aliados muy notables. La verdad es que los priístas nunca se fueron por completo, pero, si vuelven, quieren volver con todo y por todas. La posición de Peña Nieto y del programa de la coalición que lo postula es hacer equivaler la gobernabilidad con el gobierno de uno solo (o de uno solo y sus amigos, pues), ya que la pluralidad democrática es leída por ese amplio grupo de políticos como causa de buena parte de los males que lastiman a nuestra sociedad.

De modo que las ofertas que tenemos a la vista son de suyo una contradicción y el anuncio de un fracaso inevitable. Son ofertas derivadas del cambio democrático de nuestro fin del siglo 20 —incluyendo la del PRI, como partido—, pero no son ofertas democráticas sino excluyentes y retóricas, pues ninguna podría ganar todos los votos y todas tendrán que convivir con las demás, sin dar pie con bola para hacerlo, como ha venido sucediendo hasta la fecha. Y así nos piden que votemos de manera razonada, pensando con toda responsabilidad cuál de los programas imposibles que se nos presentan sería mejor, si no hubiera democracia.

FBI “detectó” narcogóber vinculado con el cártel del Golfo

The Wall Street Journal publicó que indagó ligas de Fidel Herrera con el narco permitiéndole usar rutas de trasiego de drogas a cambio de dinero

Redacción
Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de diciembre.- En el año 2009 el diario The Wall Street Journal publicó un artículo, en el cual vincula al entonces gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, con el cártel del Golfo.

El diario estadunidense, de la cadena de medios News Corp, mencionó un informe de inteligencia del FBI de 2007, cuyo título no dio a conocer, según el cual los gobernadores de Veracruz, Fidel Herrera, y de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, habrían hecho un acuerdo con el cártel del Golfo permitiéndole usar rutas de trasiego de drogas a través de sus respectivos estados a cambio de dinero.

Fidel Herrera y el perredista Cárdenas Batel calificaron la información de “falsa” .

El gobernador saliente de Michoacán, Leonel Godoy, el sucesor de Cárdenas Batel, calificó las acusaciones de “infamia”.

Según la versión, los narcotraficantes empezaron a involucrarse en la política local en busca de más aliados en ella, aprovechando que las campañas electorales requieren de mucho dinero. Sin embargo, aclaró que algunos documentos de inteligencia estadunidense no eran confiables.

“Ninguno de los tres hombres —Cárdenas Batel, Godoy y Herrera— han sido acusados de ningún crimen.”

En el mismo artículo también reportó una manta en la que el cártel de Los Zetas presuntamente dedicó al gobernador de Colima del PRI, Mario Anguiano, cuando éste todavía era candidato a la gubernatura.

Según el artículo firmado por Joel Millman y José de Córdoba bajo el título Drug-Cartel Links Haunt and Election South of Border (Nexos de los cárteles de la droga acechan la elección en la frontera sur) publicado el 3 de julio de 2009 y todavía disponible en la red, Anguiano calificó de “sucia trampa electoral” una manta colgada de un puente que a la letra decía “Los Zetas te apoyamos y estamos contigo hasta la muerte”.

Una treta que según el artículo salió contraproducente en semanas después de que la manta en cuestión ocupó los titulares de la prensa local, pues las encuestas de opinión lo mostraban como el posible ganador de la gubernatura, como efectivamente sucedió.

Acusan endeudamiento

Diputados locales de oposición aseguran que el ex gobernador Fidel Herrera dejó a Veracruz sumido en una crisis financiera que obligó a imponer una parálisis en el gasto público.

Además, denuncian que elevó la deuda 900 veces en comparación con la que le heredó Miguel Alemán Velasco para ubicarla en 60 mil millones de pesos.

Óscar Lara Hernández, diputado local del PAN, informó que durante la administración de Herrera, éste recurrió a la bursatilización de la tenencia vehicular por un monto de seis mil 800 millones de pesos y luego bursatilizó mil 200 millones más del porcentaje de la Tenencia que corresponde a los municipios.

A ello hay que sumar, dijo, el servicio de la deuda que suma dos mil 600 millones.

El panista explicó que la legislatura anterior autorizó al gobierno de Fidel Herrera, antes de que terminara su administración, contratar un crédito por diez mil millones de pesos para “hacerle frente al fondo de reconstrucción de los municipios afectados pro el huracán Karl”.

El ego virtual

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Algunos habitantes de las redes sociales, en las que soy ostensible neófito, han acudido en auxilio de mi ignorancia, recomendándome al menos una lectura extraordinaria: el ensayo The Public Life of the Virtual Self (La vida pública del ego virtual), de Ari Ezra Waldman, egresado de Harvard y profesor de la California Western School of Law.

Es una reflexión sobre el mito del anonimato en las redes sociales y sobre el daño moral que suponerse anónimo, y actuar como tal, ha traído a esa nueva ágora, volviéndola un refugio de marginales pero efectivas campañas de odio, estigmatización y hostilidad contra minorías políticas, sexuales, raciales o de menores de edad.

A Waldam le preocupa sobre todo la situación de estos últimos, para muchos de los cuales internet es una espada de doble filo: les da acceso a la riqueza del ciberespacio pero los hace vulnerables también a la hostilidad y a las conductas predatorias de otros.

La reflexión de Waldman tiene un amplio rango histórico, filosófico y legal. Compara la noción de “ego virtual”, generada en internet, con dos tradiciones filosóficas ilustres:

1. La noción de la autonomía radical del yo, presente en Kant y, contemporáneamente, en John Rawls, fuente de la mayor parte de la legislación sobre libertad de expresión de las sociedades modernas.

2. La noción aristotélica del individuo como parte de la polis: la pertenencia indisoluble del individuo a su comunidad, con la que lo unen lazos de solidaridad de valor igual o superior al de sus libertades individuales.

Queremos una comunidad virtual, concluye Waldman, de “ciudadanos digitales” no de individuos, irresponsabilizados digitalmente por el mito del anonimato, separados de cualquier noción de reglas solidarias, obligatorias para todos.

El “ego virtual” no es ni ha sido nunca anónimo, aclara Waldman. En su eslabón final, todos los egos virtuales son rastreables hasta su emisor corporal verdadero. Es posible entonces, desde las reglas de los intermediarios, saltarse el pretendido anonimato de los emisores y exigir a los emisores verdaderos conductas leales con la comunidad digital.

El anonimato en la red está en declive, dice Waldman. Cada vez más las interacciones anónimas en la red serán vistos como los “bastiones de la vergüenza”. Cita al efecto a Janna Anderson y Lee Raine, autores de Future on Internet, IV, del Pew Internet and American Life Project:

“El anonimato en línea gradualmente se volverá como el anonimato en el mundo real. Cuando nos topemos con él, pondremos una mano en la cartera y saldremos corriendo de la vecindad lo antes posible —a menos que estemos haciendo algo que nos avergüenza”.

(El ensayo de Waldman en http://ssm.com/abstract=1907886)