diciembre 18, 2011

'Tres libros' por Paco Calderón




Hace 20 años se acabó la URSS

Jean Meyer
Profesor e investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu
El Universal

El golpe de Estado de agosto de 1991 había fracasado. Ideado por unos altos dirigentes de la burocracia central, duró 73 horas, se estrelló frente a la movilización de la población civil en Moscú y sepultó la Unión Soviética. El ocho de diciembre, Yeltsin, presidente democráticamente electo de Rusia, se reunió con los presidentes de Ucrania y Bielorrusia en las profundidades de un bosque. Decidieron la disolución jurídica de la URSS con base en dos argumentos: la Unión no tenía sentido con la proclamación de la independencia de Ucrania, la segunda república más importante, y las tres repúblicas eslavas que la disolvían ahora eran las mismas que la habían fundado en 1922. Avisaron al presidente Bush antes que a Gorbachov, formal presidente de la URSS, pero sospechoso de doble juego con los golpistas de agosto.

El 25 de diciembre se arrió la bandera roja del Kremlin y Gorbachov se despidió con estas palabras: “La sociedad ha recibido la libertad, ésta es la principal conquista, pero no somos conscientes de ella, porque aún no hemos aprendido a utilizar la libertad”.

20 años pasaron y los rusos se encuentran entre nostalgia y desilusión. La disolución de la Unión no era inevitable; ciertamente muchas repúblicas habían proclamado su independencia, 90% de los ucranianos la votaron, pero en marzo un referéndum había sido favorable al mantenimiento de una URSS “renovada”. Según un sondeo realizado por un instituto independiente, 58% de las personas interrogadas lamentan el fin de la Unión y 49% piensan que Rusia “va en una mala dirección”. Uno de los civiles que salieron a la calle en agosto 1991 para apoyar a Boris Yeltsin contra los golpistas no se arrepiente: “Lo volvería a hacer, pero nuestros ideales de libertad y democracia no han sido realizados. La Rusia presente es un remedo de democracia dominado por un capitalismo salvaje, una corrupción de locura y el culto por el dinero”.

Sin embargo, 20 años después, los cambios son notables: los rusos viajan libremente, hacen lo que quieren con su dinero, leen, ven, escuchan lo que se les antoja y hablan sin preocuparse por los micrófonos que el KGB ponía en todas partes. “Es cierto, dice el mismo G.I., pero seguimos sin sentirnos dueños de este país, a diferencia de nuestros dirigentes”, el “zar Vladimir” (Putin) y sus “hombres con chaparreras”, los del FSB, el FBI ruso, en la continuidad del KGB.

Según otro sondeo fiable, 59% de los jóvenes entre 18 y 24 años desean pasar unos años al extranjero, pero 39% quieren irse para siempre; son los más diplomados, los que más usan internet. En los tres últimos años, un millón 200 mil rusos emigraron, la mayoría al salir de la universidad. ¿Su destino? Por orden de importancia, Alemania y la Unión Europea (60%), Ucrania, Estados Unidos, Bielorrusia… y China. Leo en Kommersant-Vlast que el 24 de septiembre, unos minutos después de la noticia de que Putin será el candidato presidencial en marzo 2012, apareció en la red la pregunta: “Entonces ¿nos largamos?” Minutos después el punto interrogativo había desaparecido y se leía: “Entonces ¡nos largamos!” Todo un símbolo que uno puede seguir en el sitio gazeta.ru, a partir del artículo “las nueve razones que hacen que deje a Rusia”. La tentación de emigrar es el tema más presente en las redes sociales rusas.

La perspectiva del regreso ineluctable de Putin a la presidencia, quizá para 12 años, no es la motivación principal. El pesimismo de los más dinámicos entre los jóvenes, y menos jóvenes como G.I., se debe a “estagnación, corrupción, criminalidad, mala calidad de los servicios públicos. Ya basta”. No creen en el porvenir de Rusia y quieren dar una vida mejor a sus hijos. Sus motivaciones, en orden de importancia, son “lograr mejores condiciones de vida”, “vivir en un Estado de derecho”, “gozar de un mejor sistema de salud y pensión”, “realizar mi potencial”.

Entre los jóvenes menos diplomados y menos ricos la reacción es muy diferente. Los valores democráticos los tienen sin cuidado y el canto de las sirenas del ultranacionalismo seduce a más de uno. En noviembre, miles de extremistas, casi todos jóvenes, se manifestaron en Moscú contra los inmigrantes de Asia Central y del Cáucaso, las ayudas federales a esas regiones y ¡sorpresa! el partido de Putin. “La marcha rusa” de Moscú se hizo bajo dos lemas: “Fuera Rusia Unida, el partido de los bandidos y ladrones”, “Basta de dar de comer al Cáucaso”. Coreaban eslóganes racistas y hubo saludos nazis, lo que llevó al diario Nezavissimaya Gazeta de Moscú a proponer: “No debemos temerle a un Le Pen ruso (el fundador del partido extrema-derechista francés, Frente Nacional), podría canalizar la creciente xenofobia… un nacionalismo difuso es potencialmente explosivo. Un Le Pen ruso podría impedir una revuelta nacionalista que sería devastadora”. Entre los que marcharon contra Putin, la semana pasada, figuraban aquéllos, pero también los jóvenes indignados y G.I.

Esperando al bosón de Higgs

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

¿Por qué han entrado los científicos en un arrebato místico que deja a la Santa Teresa del Bernini en simple suspiro? Porque al parecer han encontrado el bosón de Higgs. ¿Por qué suenan los teléfonos sin cesar en la Universidad de California, en el Caltech, en la Universidad de Chicago, en el Fermilab y en el CERN europeo? Porque al parecer han encontrado el bosón de Higgs. ¿Por qué es arrebatado de los escritorios el más reciente número de Science para su lectura frenética? Porque al parecer han encontrado el bosón de Higgs. ¿Por qué el Comité Nóbel se ha citado de prisa y sus miembros viajan a Estocolmo desde varios puntos del planeta? Porque al parecer han encontrado el bosón de Higgs.

¿Qué haremos si no se confirma el bosón de Higgs?

Se deberá revisar a fondo la creación humana de mayor certeza: el Modelo Estándar de la física cuántica: la teoría que describe cómo interactúa cada partícula. El bosón de Higgs es la última pieza que le falta. Aunque notablemente exitoso, el Modelo Estándar es incompleto, dice la nota del Caltech. Un modelo es incompleto cuando no consigue explicar todas las observaciones. Por ejemplo, no logra incluir la gravitación: su más notoria pata coja.

En Science, Adrian Cho comienza su nota del viernes 16 de diciembre así: “Como todos los buenos rumores, susurros de que el largamente buscado bosón de Higgs ha sido avistado, resulta una verdad a medias. Esta semana, dos equipos de físicos que trabajan en el mayor aplastador de átomos del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC por sus siglas en inglés), aquí en el Laboratorio Europeo para Física de Partículas, CERN, reportaron sus últimos resultados en la búsqueda del Higgs, la partícula fundamental que resulta clave para los físicos en la explicación de cómo todas las partículas obtienen sus masas.

Ambos equipos reportan señales de que el Higgs fue visto y tiene una inesperada masa de unas 133 veces la del protón. Pero uno de los equipos ve rarezas adicionales, así que los resultados no convencen a todos.”

Comencemos por el principio: todas las partículas elementales se dividen en fermiones (en honor a Enrico Fermi) y bosones (en honor al físico indio Satyendra Nath Bose). Son fermiones las partículas que conforman el preciso y elegante átomo: electrones y quarks que forman neutrones y protones. El mejor ejemplo de bosón es el quántum de luz, el paquete mínimo de energía, el fotón. También son bosones los gluones (de glue, pegamento en inglés) que pegan los quarks en protones y neutrones y las fuerzas que pegan éstos en núcleos de átomos.

El bosón de Higgs nació de la desesperación, comentó Hans Christian von Baeyer en 1998. Para conservar la elegancia del Modelo Estándar, los físicos deben postular que todas las partículas viajan a la velocidad de la luz (lo cual es notoriamente falso) o por un medio universal y ubicuo llamado “campo de Higgs” en honor a quien los propuso, Peter Higgs, de la Universidad de Edimburgo. Esto suena, estará usted de acuerdo, al recién matado éter. El campo de Higgs actúa como un mar de melaza que permea todo el universo. Una arruga en ese mar es un bosón de Higgs (Von Baeyer: “Desperately Seeking SUSY”). SuSy es el acrónimo en inglés para Super Symmetry, teoría que propone que cada fermión tiene un supercompañero bosón más pesado… Olvidémoslo.

En 1993, Leon Lederman, con la colaboración de Dick Teresi, publicó The God Particle, La partícula Dios. ¿Por qué el nombre? El bosón de Higgs “es tan central al estado de la física hoy día, tan crucial para nuestra final comprensión de la estructura de la materia, y tan elusivo, que le di un apodo: la Partícula Dios. ¿Por qué? Por dos razones: una que nuestro editor no habría aceptado The Goddamn Particle, y otra por su conexión a un libro mucho más antiguo…” Y cita Génesis 11:1-9 (La torre de Babel: no tengo espacio para la cita).

En el Gran Colisionador de Hadrones, túnel con 27 km de circunferencia bajo la frontera franco-suiza, cerca de Ginebra, se aceleran dos haces de protones en sentidos opuestos que giran y giran empujados por enormes magnetos y cuando alcanzan casi la velocidad de la luz se les hace chocar.

“Las buenas noticias”, sigue Cho, “son que los dos grupos obtuvieron señales de casi la misma masa”. Los datos se recogieron en dos gargantuélicos detectores llamados ATLAS y CMS. El colisionador aplastó protones en los dos detectores para traer a la existencia nuevas partículas masivas. Hubo signos de que algunos Higgs entraron a la existencia por menos de una millonésima de millonésima de segundo y decayeron en otras partículas. Para encontrar el Higgs, los físicos deben revisar los restos de cada colisión de protones y reconstruir lo que ocurrió… y son millones de millones. Los restos serán diversos según la masa del Higgs, aún por afinar, pero dentro de un rango bien establecido.

No hay todavía humo blanco, pero se está cerca.

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.