enero 02, 2012

Despropósitos de año nuevo

Gabriel Guerra Castellanos (@gabrielguerrac)
Internacionalista
gguerra@gcya.net
El Universal

Yo estaba de lo más tranquilo ante la llegada del 2012, queridos lectores, confiado en que las mentes más brillantes habían dado al traste con la teoría/profecía del fin del mundo según los mayas (o según los que dicen que le entienden a lo que los mayas quisieron decir hace siglos). Pero de repente, conforme el reloj avanzaba, caí en cuenta de que más allá de su capacidad para predecir el futuro o el fin del mundo —algo cuestionable dado que no predijeron su propio fin— los mayas contaban con información privilegiada.

Imaginemos por un momento que un oráculo maya en lo que hoy es Yucatán o Campeche o Quintana Roo haya tenido acceso, por un instante, a la edición de algún periódico de finales del 2011, o al de hoy en que ustedes leen esto, dos de enero del 2012. Una vez superada su sorpresa ante los avances y retrocesos que la tecnología ha ocasionado al mundo del siglo XXI, el sacerdote maya repararía en que este es un año de renovaciones políticas, en el que decenas de países cambiarán a sus gobiernos mediante un mecanismo confuso y contradictorio llamado “elecciones”. Uno de esos países es el que ocupa el territorio en que nuestro oráculo se encuentra en ese momento, otros dos son de los más grandes del mundo: lo que hoy conocemos como Rusia y los Estados Unidos, entre muchos otros que harán lo propio.

En Rusia vería una farsa en la que presidente y el primer ministro se turnan el cargo, que no el poder, que ése está siempre en las mismas manos; mientras el que era el segundo país más poderoso del mundo se entrampa en el autoritarismo y la corrupción, y da paulatinamente marcha atrás a las reformas que lo llevaron hace tiempo de la dictadura a la democracia. Su arsenal nuclear y sus riquezas próximamente de nuevo en manos de gobiernos que sólo respondan a sus propios intereses y no a los de la sociedad que dicen representar.

En EU, el oráculo maya se iría de espaldas al ver el estado actual de la contienda. Una vez superada la sorpresa de encontrarse con que el país de los esclavos ahora tiene a un presidente negro (los mayas no sabían decir afroamericano) que lo rescató de la quiebra y el colapso económico y lo sacó de una guerra imposible de ganar, vería que Barack Obama se encuentra ahora como recompensa con el rechazo de la mayoría de la población.

Ya digerido eso, nuestro viajero echaría un vistazo a los contendientes opositores: a la cabeza un empresario mormón, Mitt Romney, que fue un gobernador relativamente moderado y ahora se quiere presentar como un conservador hecho y derecho. Pisándole los talones una larga fila de personajes de colección: Newt Gingrich, el hombre que quiso correr a un presidente por sus infidelidades mientras él mismo sostenía un amorío, ahora ya en su tercer matrimonio y con un historial amoroso no apto para menores, parece el más solido y experimentado de los que van a la zaga de Romney, pero su vida personal y su trayectoria en Washington le pesan.

Ron Paul, un “libertario” que cree en los complots de dominación mundial de los banqueros y los judíos, propone suprimir al banco central, es decir la Reserva Federal, y acepta el apoyo de grupos e individuos de la derecha más radical, incluyendo a algunos que proponen ejecutar a homosexuales y a racistas, antisemitas y/o separatistas estadounidenses. Rick Perry, gobernador de uno de los estados más grandes y relevantes, que tiene lapsus que pondrían a sudar a cualquiera, y que en los momentos en que su memoria funciona habla de militarizar la frontera con su vecino, y muestra su devoción religiosa promoviendo la intolerancia: sugiere expulsar a los indocumentados mexicanos, cerrar las clínicas que ofrecen legalmente opciones de planeación familiar y reinstaurar practicas discriminatorias de homosexuales en las fuerzas armadas.

Asustado, el viajero maya se habría dirigido al sur, al país que “alberga” hoy en día a sus descendientes, tan sólo para horrorizarse ante el espectáculo de una precampaña electoral en la que uno de los candidatos apela a la desmemoria colectiva, otro la practica y otros tres se pelean el sello de aprobación de su partido a fuerza de patearse por debajo de la mesa sin ofrecer mucho más que lugares comunes.

El emisario maya seguramente regresó a su tiempo y le dijo a los suyos: “vi el arranque del 2012, y a ese paso y con esos personajes, seguro no terminan el año”.

Así se escriben las leyendas.

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