enero 14, 2012

El mismito

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Es un hecho que la transformación del ángel exterminador, que exigía la purificación flamígera de la República, en el apóstol de la reconciliación y la fraternidad no está funcionando

AMLOVE se fijó tres objetivos estratégicos: ganar la candidatura del PRD, PT, Convergencia; reducir la percepción negativa que la gente tiene de él; posicionarse como la segunda fuerza para poder polarizar la elección con Peña Nieto.

El primer objetivo lo alcanzó a mediados de noviembre. Ebrard declinó y no hubo conflicto alguno. Fue una contienda tersa y añadió un plus a su nominación.

Algunos anticipamos que su victoria se podía dar por descontada por dos razones: su alta popularidad entre militantes y simpatizantes del PRD y el cálculo de que Ebrard no se atrevería a llegar al rompimiento. No nos equivocamos.

La reducción de negativos iba, también, viento en popa. Según las encuestas de Mitofsky, de diciembre de 2010 a septiembre de 2011 la percepción negativa de López pasó de 37 a 29 puntos, esto es, en un lapso de 11 meses redujo los negativos en 8 puntos.

Pero para desgracia del "rayito de esperanza", esa tendencia no sólo no se mantuvo sino que se invirtió en los últimos meses: 30 puntos en octubre y noviembre y 31 puntos en diciembre.

Lo grave es que los negativos a un nivel de 29 o 31 puntos constituyen un obstáculo fundamental para cualquier candidato y más para uno con el historial de López, que va del bloqueo de Reforma a la presidencia legítima, pasando por el intento de impedir la toma de posesión de Felipe Calderón.

El otro dato negativo es que en la última encuesta de Mitofsky, en diciembre, la competencia entre Peña Nieto -ya candidato del PRI-, Josefina Vázquez Mota y AMLO -ya candidato del PRD- arroja los siguientes resultados: 42, 21 y 17, es decir, López se sitúa en el tercer sitio.

Pero además, si se promedian todas las encuestas (Excelsior, Reforma, ISA, OEM, El Universal, Mitofsky) que se han realizado entre octubre y diciembre de 2011, los resultados que arrojan son los siguientes: Peña Nieto 52.4 por ciento, Vázquez Mota 26.3 por ciento, AMLO 21.3 por ciento.

Dicho de otro modo, todas las encuestas -con la excepción de Reforma- sitúan a López en el tercer sitio. Y lo más importante: las encuestas realizadas en diciembre y publicadas en enero, siendo López ya candidato oficial, no modificaron la correlación de fuerzas.

Este dato es muy importante porque se esperaba que la nominación del candidato de la izquierda y el apoyo abierto de Ebrard, se tradujeran en un incremento de las intenciones de voto a favor de López, que lo impulsarían al segundo sitio.

Esto ocurre, además, en el contexto de la contienda interna de Acción Nacional por la candidatura presidencial, es decir, en el momento en que los panistas elijan candidato es muy probable que su abanderado -sobre todo si es Josefina- incremente sus intenciones de voto y se distancie aún más de AMLO.

Pero las malas noticias para el candidato del amor no terminan ahí. El tropiezo de Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro tuvo un efecto menor en su campaña. Tan es así que, según Mitofsky, la ventaja -contabilizando ya el resbalón- que le lleva a Vázquez Mota es de 21 puntos y de 25 puntos a López.

Esto pone al candidato de Morena en una situación muy complicada y suscita dudas de si la estrategia adoptada es correcta. El discurso de amor y paz no ha tenido el efecto esperado: reducir los negativos y posicionarlo como la segunda fuerza.

No me voy a ocupar de las inconsistencias y amenazas que conlleva la llamada República Amorosa, lo haré en un próximo artículo. Pero independientemente de eso, es un hecho que la transformación del ángel exterminador, que exigía la purificación flamígera de la República, en el apóstol de la reconciliación y la fraternidad no está funcionando.

Porque si estuviera funcionando, los negativos seguirían cayendo y la popularidad del candidato estaría aumentando. Es muy probable que la razón de esa falla esté en un hecho elemental: la gente tiene memoria corta, pero no tan corta. La súbita conversión resulta simple y llanamente increíble.

Y algo más grave. Los excesos y el lenguaje radical durante y después de la campaña en 2006 fueron los que hicieron que la gente se alejara de AMLO. Pero de alguna manera, y aunque no fuera cierto, se le seguía reconociendo por ser tenaz y consecuente con sus postulados -por demenciales que fueran.

Pero esa "aura" se está, literalmente, consumiendo en la prueba del ácido: no es posible ni creíble que el ángel exterminador, que denunció a Salinas de Gortari y Fernández de Cevallos como integrantes y líderes de la mafia en el poder que secuestró a México, nos diga ahora que los ama y los perdona.

Porque de dos cosas una: o López mintió una y otra vez cuando los pintó como el mismo demonio, con el que no se podía siquiera dialogar (¿no era, acaso, Salinas "el innombrable"), o miente ahora como una mera estrategia electoral.

Cualquier opción que se tome deja a AMLOVE como inconsistente moral y políticamente.

Hay un viejo dicho beisbolero que se aplica en política: esto no se acaba hasta que se acaba. Y es cierto, aún faltan dos meses y medio para el inicio oficial de la contienda por la Presidencia de la República.

Pero si las tendencias no cambian en las próximas semanas, es muy probable que se cumpla la profecía de los ebrardistas: AMLO puede arrasar en la interna, pero jamás ganará la constitucional porque tiene demasiados negativos. (Remember, Madrazo).

Por último, la reacción de López frente a las encuestas confirma dos cosas: ya está oyendo pasos en la azotea y sigue siendo el mismito. Cito: "Están diciendo mentiras en las encuestas... Yo les puedo decir que estamos bien y de buenas... No estoy en tercer lugar".

¡Vale!

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