enero 13, 2012

Encuestas

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Hace menos de 20 años que tenemos encuestas políticas en México. No es extraño, porque apenas tenemos 15 años de democracia. Antes de 1997 era inimaginable que el PRI perdiera el control del país. No de la Presidencia, del país entero. Recuerde que sólo a partir de 1988 hubo senadores que no fuesen de ese partido (Cruishank, senador por el PPS en los 70, no es una excepción, es una vergüenza), y el primer gobernador no priísta llegó en 1989, Ernesto Ruffo. Es posible que hayamos tenido alguna medición antes de los 90, pero no tenía mucha relevancia.

Hoy, afortunadamente, es incierto quién ganará una elección. Eso es una parte fundamental de la democracia, aunque ésta no se agota ahí. Y puesto que hay incertidumbre, hay espacio para adivinos o, como ahora los llamamos, para expertos. Los encuestadores insisten mucho en que sus mediciones no son predicciones, sino fotografías del momento. Lo hacen porque es cierto, pero también porque se curan en salud. La verdad, los que leen las encuestas no quieren ver fotografías del momento en que están, sino del momento en que se cruza la meta.

Y aunque estos instrumentos, como cualquiera de medición, tienen errores, hemos aprendido en México a usarlos razonablemente bien. Hay quien dice que hasta estamos exagerando, porque los partidos políticos los están usando para definir a sus candidatos. No coincido, me parece que son buenas herramientas, que pueden ayudar a decidir, en conjunto con otras, o a veces en sustitución. Es el caso, por ejemplo, en el PRD, que ha tenido dificultades para realizar elecciones internas, y ha optado por el camino de las encuestas. Ya decidieron así su candidato presidencial (aunque, si somos justos, no fueron las encuestas las herramientas decisivas) y así decidirán ahora su candidato al DF.

De hecho, ya han servido las encuestas para que algunos aspirantes dejen de serlo, porque la evidencia de que no tendrán éxito es contundente. Así ocurrió con Mario Delgado, quien tenía todo el apoyo de Marcelo Ebrard, pero no logró colocarse en buen nivel de preferencias y optó por no continuar con el proceso. Y hace un par de días, el mismo camino siguió Carlos Navarrete. A diferencia de ellos, otros aspirantes no hacen caso de la evidencia y caminan hacia una segura derrota. Es el caso de Martí Batres o Fernández Noroña, que en todas las encuestas aparecen en lugares muy lejanos, pero ahí siguen.

Algo similar ocurre en el PAN, donde varios aspirantes se fueron retirando de la contienda al ver que no lograban levantar en las encuestas, dejando sólo a tres en el proceso formal. Sin embargo, ahí también ocurre que alguien que no tiene las simpatías de los votantes se mantiene en el proceso. Es el caso de Ernesto Cordero, que en la más reciente ronda de mediciones apenas alcanza 10% de preferencias, frente a casi 30% de Santiago Creel y 50% de Josefina Vázquez Mota. Tal vez lo hace porque la decisión final en el PAN (a diferencia del PRD en el DF) no será mediante encuesta sino con elección. Pero no es imaginable que alguien que tiene 10% de preferencias gane. Y como no es imaginable, el resultado no sería creíble. Por eso cuando las encuestas indican una diferencia tal, los políticos deciden retirarse, porque aunque ganaran, nadie les creería. Así hizo Manlio Fabio Beltrones, por poner un ejemplo. Pero eso hacen los políticos.

Rumbo a la elección de julio, nos llenaremos de encuestas, y otra vez hay que recordar que no todo lo que se publica es correcto. Afortunadamente, después de casi dos décadas de mediciones, hay casas encuestadoras que tienen prestigio y lo cuidan, y son esas casas las que vale la pena seguir. Hace seis años, este grupo de casas de prestigio creó una página electrónica llamada opinamexico.org en donde se concentraron las encuestas realizadas por ellos. La página ha caído un poco en desuso (tienen algunas encuestas locales, pero no siempre), pero sería muy buena idea que la recuperaran. En beneficio de los votantes, pero también en el suyo propio.

Por las nuevas reglas de la elección, la campaña federal inicia formalmente el primero de abril, de forma que será hasta entonces cuando las mediciones empezarán a dar una señal clara de cómo va la competencia. En ocasiones anteriores, puesto que la campaña iniciaba antes, las fotos empezaban a ser claras hacia marzo.

Por el momento, la utilidad de las encuestas está adentro de los partidos políticos. En dos meses ya nos servirán para apostar por el nuevo gobierno. No se apresure.

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