enero 19, 2012

Isabel Miranda de Wallace

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

El jueves pasado, el mismo día en que EL UNIVERSAL publicó su más reciente encuesta sobre preferencias electorales en el DF que ubica al PAN con sólo 9% frente a 36% de las izquierdas y 23% del PRI, Acción Nacional presentó a doña Isabel Miranda de Wallace como precandidata al gobierno capitalino.

En una decisión que sorprende, pero que no es inédita, el PAN optó por una personalidad de la sociedad civil que no milita en su partido. Su postulación, como lo evidencia la encuesta de Demotecnia levantada esta misma semana, modifica radicalmente el escenario político del DF: “la competencia se pone a tercios”, sostiene María de las Heras.

La señora Miranda de Wallace es una de las figuras más respetadas de los liderazgos cívicos, del calibre de Alejandro Martí, Eduardo Gallo, Javier Sicilia, Julián Lebarón y algunos más que han tenido el temple para convertir dolor en acción.

Isabel, una mujer valiente, con una fortaleza y determinación admirables, promoverá una agenda ciudadana y lo hará con inteligencia. Interrogada sobre los riesgos de participar en un campo de batalla en el que todo se vale, ha dicho: “A lo que le tengo miedo es a la pobreza y a la impunidad”.

Su decisión ha sido recibida con simpatía y entusiasmo en muchos ámbitos, pero también ha sido objeto de censura y reprobación. Creo, sin embargo, que en un tiempo en el que ha crecido la exigencia de los movimientos civiles y las organizaciones sociales de abrir la política, la cosa pública, a las expresiones de la ciudadanía, la determinación de la señora Wallace es digna de encomio por lo que representa como señal de mejores tiempos. Frente al hartazgo y el desánimo que empieza a generalizarse, ella puede enarbolar con toda dignidad una idea clave: “ha llegado la hora de los ciudadanos”.

Doña Isabel no cuenta con la experiencia político-administrativa o legislativa exigible a quien aspire a gobernar el Distrito Federal. Es probable, asimismo, que no conozca a detalle los problemas de la ciudad de México. Nada de esto la descalifica. Sobre todo si se recuerda que muchos profesionales de la nómina, con una larga carrera en la administración pública y que conocen bien los entresijos de la ciudad, han dejado saldos lastimosos (al tiempo que se han enriquecido). Pero, además, por una razón muy simple: el gobierno en las sociedades contemporáneas no es tarea de una sola persona y la señora Wallace puede convocar a funcionarios honestos, servidores públicos sensibles, académicos y activistas sociales que conocen a fondo la problemática de la ciudad capital.

Como millones de mexicanos, se mantuvo durante mucho tiempo al margen de la política institucional. Sin embargo, un hecho dramático la impulsó a involucrarse activamente en la vida pública y, en ese ejercicio, ha demostrado una sorprendente capacidad de aprendizaje, compromiso e integridad.

La política, se ha dicho, es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Más aun en la difícil situación que vive el país y ante el pasmo que parece reinar en la esfera de los profesionales. Nunca, como hoy, nuestra vida pública reclamó con mayor urgencia la participación de ciudadanos dispuestos a enfrentar los desafíos y asumir responsabilidades de gobierno.

Naturalmente, la decisión de transitar del movimiento civil a la política electoral entraña un riesgo mayor. No el de perder en la contienda democrática, por la dificultad que implica competir contra los grandes intereses de quienes detentan el gobierno de la ciudad y el poder residual de quienes vienen dispuestos a recuperar lo que fue su dominio durante más de medio siglo. El verdadero riesgo reside en perder el enorme prestigio ganado a pulso, en ceder a la tentación del pragmatismo e incurrir en las contorsiones que acostumbran ciertos aspirantes que, sin mayor consistencia, parecen dispuestos a renunciar a la coherencia con tal de cultivar clientelas y “amarrar” sufragios.

Lo que ha dicho, hasta ahora, muestra que la señora Wallace no está dispuesta a disfrazarse de nada, que es ella misma y que defiende sus convicciones con honestidad. Ha mostrado que tiene el valor para enfrentarse a condiciones muy adversas…

No hay comentarios.: