enero 18, 2012

Para comprobar la evolución

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

Una de las principales objeciones de quienes rechazan la teoría evolutiva por selección natural es que hay estructuras biológicas que “no pudieron haber evolucionado” por pasos graduales. El ejemplo clásico era el ojo humano, pero hoy se conocen con detalle los pasos intermedios que llevaron de simples manchas sensibles a la luz a los complejos ojos de los mamíferos. Todos proporcionan alguna ventaja.

Por ello, los opositores de la evolución han recurrido al “diseño inteligente”: afirman que ciertas estructuras moleculares presentes en las células presentan “complejidad irreducible” y no pudieron ser producto de una evolución azarosa.

En 2006 el biólogo Joe Thornton, en Oregon, analizó la evolución de un sistema molecular complejo: cierto tipo de receptores para hormonas.

Descubrió que el gen de una proteína presente en organismos acuáticos hace 240 millones de años se duplicó, y luego una de las copias sufrió dos mutaciones, que por separado eran dañinas, pero que juntas proporcionaban una nueva función. Así surgieron dos receptores distintos, pero emparentados, que hoy se hallan en todos los vertebrados terrestres. Lo curioso fue que el receptor de la aldosterona apareció ¡50 millones de años antes de que existiera esa hormona!

¿Cómo pudo ocurrir esto? Respuesta: la evolución no funciona mediante diseño inteligente, sino por cambios azarosos que muchas veces, por casualidad, permiten que surjan funciones nuevas.

Los partidarios del diseño inteligente contraatacaron diciendo que el sistema estudiado no era realmente complejo, y los experimentos de Thornton no probaban nada.

Pero el investigador acaba de publicar en la revista Nature un estudio donde reconstruye la evolución de una máquina molecular indudablemente compleja: el anillo basal de la enzima ATPasa de hongos, formado por seis subunidades. Nuevamente, el resultado muestra cómo unas cuantas mutaciones pudieron dar origen a un aumento de complejidad.

Conforme las técnicas disponibles mejoran, la ciencia va llenando huecos y confirmando su avance… o corrigiendo el rumbo. Lo cierto es que la evolución, lejos de ser “una simple teoría”, es cada vez más un hecho confirmado.

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