enero 05, 2012

Sucesión, la moneda en el aire

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

Estamos ya en 2012, año de definiciones políticas. Las más importantes se darán el primer domingo de julio al elegir titular del Poder Ejecutivo y definir la correlación de fuerzas en el Congreso de la Unión.

Dos fuerzas políticas —el PRI y el polo de las izquierdas— ya definieron a sus (pre)candidatos a la presidencia, y en el PAN se perfila la ganadora.

Al empezar el año, Enrique Peña Nieto mantiene una ventaja sustantiva; los priístas hablan de “victoria contundente”. Lo mismo dice Andrés Manuel. Pero nada está escrito, la moneda está en el aire.

Lo que se anticipa es una contienda ruda y parejera. López Obrador viene por la revancha, para “volver a ganar” como, según dice, lo hizo hace seis años. Para eso ha logrado construir una amplia base social que se aglutina en el Movimiento de Regeneración Nacional y ha doblegado a la dirección del PRD que hoy se agrega, a regañadientes, al PT y el llamado Movimiento Ciudadano (antes Convergencia).

El político que desoía las propuestas de sus asesores y rechazaba argumentos que lo invitaban a moderar su estrategia rijosa —“Confíen en mí, en mi instinto político”—, finalmente rectifica y busca reinventarse: detiene, por ahora, adjetivos (des)calificativos hacia opositores y busca acercarse a sectores de las clases media alta y alta y garantizar un margen razonable de certidumbre a los empresarios.

Peña Nieto juega a beneficiarse del desgaste de casi 12 años de gobiernos panistas y apuesta a su construcción mediática, a los resultados de un gobierno que “cumplió” lo prometido, a sus alianzas con poderes fácticos, a la suma de pequeños partidos que podrían hacer la diferencia en una elección cerrada (PVEM y Nueva Alianza) y a “la fuerza mexiquense”, el aparato electoral creado por Arturo Montiel.

En el PAN tres aspirantes disputan la candidatura. Santiago Creel, quien tuvo su oportunidad hace seis años cuando fue el elegido de “la pareja presidencial”. Ernesto Cordero, servidor público capaz, pero anticlimático, cuya única fuerza descansa en el apoyo presidencial, y Josefina Vázquez Mota, “la hija desobediente” que no aceptó competir por la gubernatura del Edomex y ahora aventaja a sus compañeros en todos los estudios (serios) de opinión.

Se sabe que las encuestas (las profesionales, no las que son sobre pedido) sólo recogen el humor colectivo del momento y no son instrumentos de predicción. Pero no son desestimables. Al promediar los diversos resultados de marzo 2010 a noviembre 2011 sobre intención de voto por candidato (Consulta Mitofsky, EL UNIVERSAL/Buendía, Reforma, Ipsos, Excélsior/GCG y GEA-ISA) surge un dato digno de considerarse: la ventaja de Peña sobre Vázquez Mota se redujo de 31 a 22 puntos. De lo cual se desprende que, a dos meses del arranque formal de las campañas, nada puede darse por descontado.

En esa perspectiva, la incertidumbre sobre el desenlace permite desplegar un juego de escenarios simple para la elección presidencial donde todo puede ocurrir. Si bien, hoy por hoy, el escenario con mayores posibilidades de concretarse es el triunfo del candidato priísta, también es cierto que esto reclamaría mayor consistencia y disciplina de Peña Nieto: moverse con cautela, ajustarse al libreto para reducir los riesgos de tropezones y mantener el apoyo de los grandes intereses económicos y mediáticos que parecen confiar en la alternancia tricolor.

El segundo escenario, la victoria panista, es menos probable. La paradoja para el partido presuntamente gobernante es que, pese los enormes recursos que aún concentra el Ejecutivo y haber logrado un desempeño eficaz en distintos rubros (infraestructura, vivienda, seguro popular, entre otros), no puede eludir la responsabilidad en dos temas cruciales para decidir el voto: seguridad y empleo. Los pronósticos sobre el crecimiento de la economía son malos y el número de empleos formales en 2010 es decepcionante: menos de 600 mil, que no logran siquiera atender a casi un millón de jóvenes que se incorporan al año al mercado laboral; ni qué decir de los rezagos acumulados. Y la inseguridad sigue siendo el dato más inquietante para los mexicanos.

El tercer escenario, la muy improbable alternancia por la izquierda, requeriría para concretarse que la economía se deteriorara severamente y que una franja importante de electores, ante el hartazgo y la desesperanza, decidiera jugársela por “el cambio verdadero” con López Obrador como responsable del timón (no necesariamente de la tormenta).

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