enero 12, 2012

Sucesión, viejas y nuevas variables

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

Como en otras, en esta elección presidencial persistirán algunos de los ingredientes que han contribuido a definir los resultados en los últimos años. Una primera es el peso significativo de los candidatos. Cada vez más, el elector vota por el candidato, más que por el partido o el proyecto. Por eso los partidos buscan a candidatos telegénicos, que retraten bien, que generen empatía… y a veces los encuentran.

Pero no basta con el candidato, por eso una segunda variable la constituyen las maquinarias electorales: su voto “duro”, su implante en el territorio nacional y su capacidad para movilizar a sus clientelas a las urnas. Por su condición de ex partido de Estado, el PRI tiene la maquinaria con mayor presencia. Pero, además, irá a esta elección con el Partido Verde y Nueva Alianza, lo que le sumará votos que podrán devenir decisivos si la elección se cierra.

En contraste, las izquierdas vienen de años de derrotas: la pérdida de Zacatecas, Baja California Sur y Michoacán. Pero López Obrador ha trabajado duro los últimos años y tiene una extensa red de comités seccionales. El PAN desaprovechó la ola foxista y el triunfo de Calderón que le hubieran permitido impulsar un crecimiento sólido en todo el país.

Otro componente es la disposición de recursos legales o ilegales, monetarios o sistémicos. Hasta ahora, el desempeño de la autoridad electoral —su precaria credibilidad, su disimulo ante los excesos evidentes de partidos y candidatos— prevé que habrán más actos anticipados de campaña y el despliegue abusivo de recursos para comprar voluntades.

También jugarán las redes de aliados y de antagonistas, sobre todo, los poderes fácticos. Los gobernadores harán de las suyas. Contará, igualmente, la guerra sucia: la filtración de expedientes reales o ficticios que dañen la reputación de candidatos.

Otro ingrediente será la estrategia de campaña: la inteligencia y experiencia de los equipos para responder a las demandas de sectores sociales, total, “ofrecer no empobrece”. Ahí estarán los debates, lamentablemente los formatos que han operado hasta ahora impiden adentrarse en trayectorias, asomarse a capacidades de los candidatos. Salvo un nocaut, los debates no moverán mayormente las preferencias.

A ningún partido le basta con su “voto duro”, por eso el comportamiento de los indecisos, alrededor de 22%, será decisivo. Y, ante el eventual desfonde del candidato propio, podrá darse el “voto útil”: la opción de movilizar el voto hacia el “menos malo”.

A los anteriores, se agregan varios factores relativamente nuevos: la intromisión del crimen organizado, su capacidad para cercar territorios donde es prácticamente imposible hacer campaña, constituyen datos intimidantes, ahora podría intentar tener una narcobancada en el Congreso.

La ausencia de nuevos partidos para este proceso electoral, como consecuencia de la reforma constitucional de 2007, que clausuró esa posibilidad para estas elecciones. Otra novedad es la presencia de varios millones de jóvenes (entre ocho y 13, de una lista nominal de 77) que participarán por primera vez en una elección presidencial y que no tienen en la memoria los duros años del PRI, sino los años de Fox y Calderón. Pero, no obstante el enorme peso que podrían tener, no es descartable que su porcentaje de participación electoral sea bajo y que quienes acudan a las urnas distribuyan sus preferencias de manera similar al resto de los ciudadanos.

Otro dato inédito son las redes sociales. Twitter es la tercera red social más usada en México, tiene poco más de 4.3 millones de usuarios. Sin embargo, es una red que concentra en el DF a 60% de sus usuarios, 17% en Monterrey y 10% en Guadalajara, y muchos de sus usuarios tienen entre 12 y 17 años (27%), es decir, no alcanzan la mayoría de edad.

Habrá que seguir los movimientos de variables en próximas semanas y meses. Esto apenas inicia.

Estela de Luz… recibos de luz.

No sé qué me irrita más si la Estela de Luz —emblema de ineptitud, corrupción y despilfarro— o los recibos de luz. Y no es que extrañe a Luz y Fuerza, pero la CFE está lejos de ser “empresa de clase mundial”: los cobros excesivos y los trámites engorrosos lo prueban. Estela o recibos, más sombras que luz.

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