enero 13, 2012

Un dato vital ignorado

Francisco Martín Moreno (@fmartinmoreno)
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Porque si hubiera mil funcionarios como Felipe Leal tendríamos otro país.

Durante la semana en curso aparecieron en todos los medios masivos de difusión los resultados de las encuestas para medir los diversos niveles de popularidad de los precandidatos a la Presidencia de la República.

Fue de llamar la atención el hecho de que Peña Nieto escasamente hubiera resentido daño en su posicionamiento político electoral a raíz de la ignorancia que exhibió en materia de literatura al no poder contestar preguntas elementales y, al mismo tiempo, mostrar una escasa capacidad para escapar de los entuertos que ya se le empezaron a presentar durante la campaña.

A pesar de lo anterior, el candidato del tricolor demostró estar mucho más adelante que Josefina Vázquez Mota o que López Obrador en su aceptación ante el electorado con 42%, 20.8% y 17.2% respectivamente en las preferencias electorales. En estos momentos, según Consulta Mitofski, Parametría y Excélsior, Peña Nieto parece ser un candidato invencible.

Sin embargo, no se tomó en cuenta un elemento sustancial, ciertamente indispensable según mi punto de vista, para medir la ubicación política de los precandidatos en las convicciones electorales de la nación.

Me explico: de la misma manera que las encuestadoras, la mayoría de ellas de intachable solidez profesional, llevaron a cabo sus complejos trabajos en los términos antes expuestos, es de hacerse notar que el resultado es parcial si no se toma en cuenta el análisis que se practicó a la hora de evaluar la respuesta de las redes sociales.

En este caso Peña Nieto advirtió un desplome, entre los twiteros, de aproximadamente 35%, nada que ver con las encuestas que se practicaron en viviendas particulares a través de entrevistas cara a cara durante el levantamiento realizado del 26 al 29 de diciembre de 2011. De la misma manera que en este rubro la popularidad de Peña Nieto se desplomó 35%, la de Josefina Vázquez Mota se disparó 26%, en tanto que López Obrador permaneció en los mismos niveles de rechazo y aceptación que guardaba con anterioridad. No mostró cambios sustanciales en este sector.

En ningún caso debe perderse de vista que el olfato político del presidente Obama le ayudó a entender la importancia de las redes sociales durante la campaña electoral en su país, misma que fue coronada por el éxito porque prescindió de las herramientas tradicionales, por medio de las cuales históricamente se atraía a los simpatizantes de sus ideas políticas. En la actualidad no hay ninguna duda de que dichas redes sociales fueron determinantes para ubicar a Barack Obama como el primer inquilino de la Casa Blanca. Resulta entonces imposible ignorar este sector que bien podría resultar determinante este primero de julio.

El dato ignorado al que me refiero en el título de esta columna consiste en explicar que, si bien es cierto que Peña Nieto no sufrió descalabros mayores en razón de su ignorancia literaria o al haberse referido en términos despectivos a las amas de casa, no es menos cierto que en las redes sociales si se advirtió un escandaloso desplome que debe de ser analizado con detenimiento por sus asesores de campaña, al igual que debe acontecer en las filas de Josefina Vázquez Mota. En ningún caso debe omitirse que existen en la actualidad 14 millones de twiteros y que Calderón ganó las elecciones con una diferencia de 153 mil votos, una cifra insignificante si se le compara con los millones de personas que se comunican e intercambian información y puntos de vista a través de sus teléfonos celulares. Las personas que hayan nacido en 1994 ya podrán votar en julio, un mercado electoral nada despreciable si no se pierde de vista que del inicio del gobierno del presidente Zedillo hasta estos días ya se pueden sumar millones de jóvenes votantes más.

De acuerdo a lo anterior, el fiel de la balanza no sólo se encuentra entre las personas a las que se dirigen los precandidatos en las plazas públicas o en mítines multitudinarios en el interior del país, es más, me atrevería a decir que la influencia que antes ejercían la televisión y la radio para determinar el éxito de un candidato determinado, este poder les ha sido parcialmente arrebatado a dichos medios a través de los twiteros que unidos por una suerte de convicciones generalizadas pueden inclinar hacia un lado o al otro las preferencias del electorado y cambiar así para siempre el rostro de México. Que las campañas se pueden llevar a cabo a través de la televisión o la radio, sí, ni hablar; que las campañas también se pueden llevar recorriendo cada milímetro cuadrado del país, sí, también, sólo que quien ignore las evidentes potencialidades de los twiteros, la influencia que ejercen entre ellos mismos, se estará equivocando de punta a punta porque los jóvenes electores se comunican por millones a través de sus teléfonos.

Si las encuestas practicadas entre las redes sociales demuestran un claro desplome de Peña Nieto y un disparo de Josefina Vázquez Mota, se le debe conceder a este dato una importancia prioritaria porque fundamentalmente entre los twiteros descansa el futuro de México. A los hechos. Obama ya lo demostró.

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