febrero 29, 2012

Paco Calderón





De panzazo

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

No he visto, y probablemente no veré, De panzazo, documental que nos muestra el estado en el que se encuentra la educación en México, y no lo he hecho porque sobre el tema tengo información de primera mano. Después de treinta y un años de dar clases en la universidad soy testigo del nivel educativo con el que llegan, provenientes de escuelas gubernamentales o privadas, los muchachos, nivel que deja mucho qué desear, al menos desde mi punto de vista, que podrá implicar mayor exigencia de la normal, ¿pero qué otra postura asumir si hemos de salir de la mediocridad?

Es increíble, por ejemplo, que después de por lo menos doce años de asistir a las aulas (seis de primaria, tres de secundaria y otros tres de preparatoria), la mayoría de los alumnos no sepa escribir bien, problema que comienza no por la ortografía, tampoco por la redacción, sino por algo más elemental: la caligrafía. No saben escribir, de entrada, no porque no sepan ortografía o redacción, sino porque no saben caligrafía, primera muestra de una buena educación. Y de las matemáticas ya mejor no hablamos…

Retomo el hilo. No he visto, y probablemente no veré, De panzazo, razón por la cual no sé si, además de mostrar el estado de la educación, sobre todo la gubernamental, se presentan propuestas para solucionar el problema, y tampoco sé si, de presentarse tales propuestas, las mismas incluyan las cinco que considero necesarias, si bien es cierto que no suficientes, ¡pero sí necesarias!, que son:

1) la introducción del boucher educativo, por el cual el gobierno garantiza (subsidiándola o financiándola, según el caso) la educación, pero sin convertirse en el educador;

2) el acceso de los maestros a los puestos de enseñanza, a todo nivel, previo examen de oposición;

3) la introducción de la total y absoluta libertad sindical, y su corolario: la absoluta y total democracia sindical en el ramo de la educación;

4) la reorganización de todo el plan de estudios para poner énfasis en aquellas materias para las cuales, sin una calificación aprobatoria de excelencia, no se puede avanzar (ética; lectura y comprensión; redacción; matemáticas; solución de problemas; inglés y otro idioma; computación; educación financiera), distinguiendo estas materias del resto, que deben presentarse a los alumnos, pero sin que de su aprobación dependa el futuro académico del estudiante (por ejemplo: ¿para qué hacerle, con química, la vida de cuadritos a un muchacho a quien la química no se le da y que no va a ser ni químico ni ingeniero químico? ¿No basta con presentarle la materia? Véase: http://www.asuntoscapitales.com/articulo.asp?ida=5812); y

5) que todo alumno o alumna salga de la preparatoria, o equivalente, sabiendo un oficio de la “A” a la “Z” y con los conocimientos básicos (administración, contabilidad, etcétera) para que, si así lo desea, abra su propio negocio.

Si en De panzazo se pasa de la denuncia del mal a la propuesta del bien, y si entre las propuestas no están la cinco antes mencionadas, De panzazo sale reprobado

El encuestador del momento

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
carlosloret@yahoo.com.mx
Historias de un reportero
El Universal

En la silla de la esquina derecha de la segunda mesa, segunda hilera, estaba sentado, sonriente, el encuestador del momento. En la penumbra de quien atiende un foro, sentado como otros cientos de especialistas en medir la opinión pública, atendiendo al foro de la AMAI, Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado.

“¿En serio le salió con cuatro puntos de diferencia?”, le pregunté rompiendo el protocolo. El auditorio se rió. “Sí”, contestó con humor Lauro Mercado, director general de Mercaei, la empresa cuya encuesta fue citada por el presidente Calderón en su reunión en Banamex para divulgar que la panista Vázquez Mota estaba a sólo cuatro puntos porcentuales de distancia del priísta Peña Nieto.

Roy Campos, de Consulta Mitofsky, se había referido a Mercado como su amigo y respetado colega. Su encuesta causó un huracán, fue objeto de burla para algunos y esperanza para otros, mereció editoriales y caricaturas, se divulgó como ninguna otra —la dio a conocer, nomás, el presidente de México— y generó ante el IFE las dos denuncias que más arriba han apuntado la mira en lo que va del actual proceso electoral.

En la opinión pública priva la idea de que las encuestas están en crisis a raíz de que algunas empresas han divulgado números días antes de algunas elecciones cuyos resultados oficiales han sido diferentes. ¿Realmente están en crisis?

En internet cualquiera encuentra fácilmente muchas mentiras. Nadie en su sano juicio podría deducir que internet está en crisis. Basta abrir Twitter para descubrir una lluvia de inexactitudes y falsedades ¿Twitter está en crisis? Nada más falso. Lo que sucede es que internet en general, y Twitter en particular, están sujetos a la exitosa manipulación de poderosos y acaudalados grupos de interés: fanáticos gratuitos, robots a sueldo, capaces de crear una realidad ficticia que busque hacerse pasar como verdad. Eso no descalifica a Twitter ni a internet.

Lo mismo pasa con las encuestas: ¿qué culpa tienen los encuestadores de los mapaches electorales cuyas amenazas orillan al votante a mentir sobre sus preferencias o de los funcionarios abusivos que crean un ambiente de desconfianza? Las encuestas no están en crisis. Son referentes las serias y se decantan de las interesadas. Está en crisis la partidocracia: sus líderes, sus gobernantes, sus legisladores que crearon la retrógrada reforma electoral vigente, sus “operadores electorales” que defraudan la equidad, su Instituto Federal Electoral y Trife a modo, sus candidatos.

Ellos, buscando manipular al ciudadano, intentan contaminar las encuestas serias, empañan al gremio con empresas patito, estrechan la libre expresión, manipulan internet. Lo hacen todos los partidos. Es la regla tolerada del juego. Si no se les pone un alto, los medios de comunicación, los encuestadores, las instituciones democráticas, las redes sociales, terminarán maniatados, contaminados, sometidos, desacreditados. Eso es lo que quiere la partidocracia: no tener contrapesos.

Monopolios

Sergio Sarmiento (@sergiosarmient4)
Jaque Mate
Reforma

"Antes teníamos un monopolio en bancarrota. Hoy Petrobras es un orgullo de los brasileños". Luiz Inácio Lula da Silva

En 2011 Pemex perdió 91 mil millones de pesos. Se trata de una excepción en una industria petrolera mundial en que las empresas están cargadas de efectivo, pero no es la primera vez. De hecho, las pérdidas se han venido acumulando durante años. El cobro excesivo de impuestos a la paraestatal es la principal razón, pero la improductividad también pesa. El año pasado Pemex aumentó sus ventas en 21.6 por ciento, pero duplicó sus pérdidas. El monopolio mexicano tiene ya un patrimonio negativo de 192 mil millones de pesos. Si quisiéramos privatizarlo, tendríamos que pagar para que alguien se hiciera cargo de él.

No es Pemex el único monopolio mexicano que está en números rojos. La Comisión Federal de Electricidad perdió 17 mil millones de pesos en el 2011. La empresa había tenido una utilidad de 809 millones en 2010. En este caso la empresa reporta que la devaluación del peso y las nuevas contrataciones para cubrir las necesidades de personal en la zona del país, a la que antes daba servicio Luz y Fuerza del Centro, son las razones. La pérdida se registra a pesar de que a miles de usuarios se les está cobrando mucho más dinero que antes por la electricidad. La empresa dice que no ha habido un aumento de tarifas, pero los usuarios tienen que pagar más. La CFE aplica la política, que sólo es posible cuando se tiene un monopolio, de pague primero y después averiguamos.

Hay quien piensa que no importa que Pemex y la CFE pierdan dinero porque son empresas públicas. Sin embargo, el daño que se hace a las compañías y a la nación es enorme. Pemex tuvo beneficios brutos por 784 mil millones de pesos en el 2011, en parte como consecuencia de los altos precios internacionales del petróleo, que se transformaron en pérdidas por un abusivo impuesto aplicado por el gobierno federal. El gobierno despoja a Pemex de este capital, que podría invertirse para propósitos productivos, y lo utiliza en cambio para sostener una gran burocracia y financiar un gasto público regresivo.

En el caso de la CFE uno podría esperar que hubiera pérdidas por la absorción de Luz y Fuerza del Centro, pero las pérdidas acumuladas por ésta y las que surgieron de las indemnizaciones a los trabajadores fueron absorbidas por el gobierno federal. Hay quien piensa que las pérdidas cambiarias no se pueden evitar, pero las empresas competitivas las cubren con derivados y otros instrumentos. La contratación de nuevo personal no debería ser motivo de pérdidas, ya que va acompañada de nueva facturación a los clientes de la extinta Luz y Fuerza. Vemos en las contrataciones, por otra parte, un sesgo a la creación de una nueva clase burocrática. La contratación de funcionarios aumentó 17.2 por ciento en 2011 al pasar de 1,925 a 2,258; la de empleados, 10 por ciento para llegar a 16,340; y la de obreros 9 por ciento, hasta llegar a 49,909.

Las pérdidas son sólo un aspecto negativo de los monopolios públicos de nuestro país. Otro es el mal servicio a los usuarios. Pemex y la CFE no tienen ningún incentivo para mejorar su desempeño. Sus procedimientos son arcaicos e ineficientes.

Quizá el peor de los problemas es que las pérdidas están destruyendo el patrimonio de los más pobres. Los mexicanos que nada tienen cuentan con una participación en la riqueza petrolera de nuestro país. Cuando el gobierno saquea a Pemex para subsidiar el gasto burocrático, y deja a la empresa con patrimonio negativo, está robando la única riqueza de los más pobres para subsidiar a los burócratas. Es una muestra más de la injusticia de nuestro país.

PETROBRAS

Al contrario de Pemex, que se mantiene cerrado, la brasileña Petrobras ha recibido inversiones privadas desde hace años. En Brasil operan varias otras petroleras privadas. No sorprende que Petrobras haya aumentado su producción y sea una empresa próspera mientras Pemex pierde dinero y producción.

90 días

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Misión difícil la de López Obrador hacer que el trabajo radical realizado desde hace tantos años se revierta en tan sólo tres meses.

El 29 de marzo termina la veda electoral. Falta exactamente un mes para ello. A partir de esa fecha, se inicia oficialmente la campaña para la elección federal de 2012. Se irá en busca del o la sucesora de Felipe Calderón. Los candidatos tendrán 90 días para una campaña que deberá alcanzar para que repunten, aventajen y ubiquen su proyecto de nación como el más adecuado frente a unos electores que decidirán y, a su vez, les cobrarán el costo político de sus actos.

Josefina Vázquez Mota tiene esos tres meses para hacer, de su ya de por sí histórica candidatura, la más rentable, la que más puede estirarse para ir en busca del ciudadano apartidista, del indeciso, pero también para reconciliarse con el voto que el PAN ha perdido en estos últimos años.

Enrique Peña Nieto tendrá esas 12 semanas para aferrarse a la ventaja que desde hace tiempo marcan las encuestas, y que han registrado una baja, que bien se podría achacar a sus varios tropiezos mediáticos. Algo que ha permitido que el segundo lugar, Josefina, vaya estrechando la distancia entre ambos.

Andrés Manuel López Obrador, sin duda, es quien la tiene más difícil. La llegada de Vázquez Mota a la contienda lo mandó al tercer lugar. Aferrado a los 16 millones de votos seguros que dice tener (aunque los números hoy no sea eso lo que digan), AMLO tendrá aquel tiempo para luchar contra él mismo, y los negativos que sembró después de 2006. No deberá cometer los errores de su anterior campaña, aquellos derroches de soberbia de los que forzosamente debió aprender, y que tanto le costaron.

Tres meses es poco tiempo para cambiar una distancia que hoy se ve de más de veinte puntos entre el candidato puntero y el tercer lugar; la mayor parte del peso de esta campaña cae sobre la candidata panista. Josefina Vázquez Mota deberá trabajar para aminorar la distancia que la separa del primer lugar. Trabajar por todos los votos, incluso por los anulistas. Concentrar en su candidatura el famoso voto “útil”.

Andrés Manuel tiene una única posibilidad: trabajar para hacer un papel que le resulte menos vergonzoso y, entonces, irse por lo único que le resta: conservar al electorado que se ha mantenido fiel a su movimiento, para no tener una derrota apabullante o un número que lo manden en picada. Poco podrá hacer en 90 días para enamorar de nuevo y, dicho así, ahora que trae su discurso amoroso, al electorado perdido. Misión difícil hacer que el trabajo radical realizado desde hace tantos años se revierta en tan sólo tres meses. Asumirse como lo que sabe ser mejor que los demás: un líder social con voz y autoridad. No como eterno candidato.

Será una campaña oficial muy corta, el bombardeo de unos contra otros, que es lo que podría cambiar las tendencias, estará limitadísimo gracias a la ley con la que se regirá esta elección. Lo que veremos del 30 de marzo al 30 de junio serán sólo intentos por lograrlo, aunque de inicio la idea será no perder lo que hoy cada candidato tiene ya en su bolsa. Por lo pronto, nos queda un mes de “silencio” de ellos, antes de que empiece la recta final...

La inteligencia estúpida

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio


Hace 59 años, en 1953, se descifró la estructura en doble hélice del ADN, que revela el mecanismo básico de la reproducción. James Watson y Francis Crick lo consiguieron analizando abundante información y explorando posibilidades hasta hallar la solución. Un logro de la racionalidad científica, aunque no exenta de un necesario toque de creatividad.

En 1990, 37 años después, cuando el Proyecto del Genoma Humano se lanzó a descifrar la totalidad de la información genética de nuestra especie, quedó claro que no siempre el enfoque racional y ordenado es el mejor. El proyecto “oficial”, encabezado por el propio Watson, tomó cada uno de los cromosomas humanos, partiéndolos en fragmentos grandes, éstos en pequeños y leyendo la información de cada uno, para luego armar el genoma total. Pero surgió un proyecto paralelo y privado, encabezado por el rebelde Craig Venter, quien utilizó un abordaje insólito: partir todo el genoma en pedacitos, leer cada uno desordenadamente y luego, utilizando la fuerza bruta de las mejores computadoras disponibles, armar el rompecabezas.

Muchos pensaron que fracasaría: era absurdo trabajar de manera tan caótica. Pero funcionó. Venter alcanzó y adelantó al proyecto oficial, que tuvo que acelerar el paso. Al final, se decretó un “empate” en el año 2000.

Otro ejemplo de fuerza bruta fue el triunfo en 1997 de la computadora Deep Blue de IBM sobre el gran maestro de ajedrez Garry Kasparov. Se habló de que ganó sólo gracias a su mayor memoria y velocidad. Pero ganó. Habría que preguntarse si los procesos que ocurren en el cerebro biológico de Kasparov realmente son tan diferentes de lo que hizo Deep Blue.

Hoy el inmenso poder de cómputo actual permite que Google traduzca textos de un idioma a otro con resultados que, si bien distan de lo perfecto, son sorprendentes. Y lo hace no mediante una “inteligencia” racional, aplicando reglas gramaticales, sino mediante un método estadístico, comparando millones de textos disponibles en internet.

Al final, parece que será la “inteligencia estúpida”, de fuerza bruta, la que permita que las computadoras realicen funciones que antes nos parecían limitadas al cerebro humano.

febrero 28, 2012

Paco Calderón





Siete amenazas para México

Alberto Aziz Nassif (@AzizNassif)
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

En estos días está de visita en nuestro país el sociólogo y jurista portugués Boaventura de Sousa Santos. El año pasado ganó el premio México 2010, que da el gobierno mexicano a destacados científicos extranjeros. Desde su creación en 1990 por primera vez se otorgó a un científico social. El pasado jueves Boaventura impartió una conferencia en el CIESAS e hizo formulaciones interesantes, polémicas e inteligentes que nos ayudan a pensar las amenazas al desarrollo desde lo que el autor llama “una epistemología del sur”. Un material muy útil en estos tiempos electorales.

La crisis en Europa sirvió de inicio para establecer de qué forma se ha fracturado el tiempo lineal de la modernidad. En estos días resulta un laboratorio social ver los ajustes draconianos de los gobiernos de España y Grecia, ante los cuales la sociedad organizada ha salido a protestar. Estos programas los padecimos en México y América Latina hace 20 años y el costo social fue muy alto. Estas experiencias le permitieron a Boaventura plantear cómo se ha roto la linealidad de acontecimientos: nadie imaginó que Europa regresaría al subdesarrollo y a los severos ajustes contra el bienestar, —que hemos padecido históricamente países en vías de crecimiento— tras haber llegado al desarrollo y al Estado benefactor.

En la conferencia se plantearon siete amenazas al desarrollo vigentes en nuestro país:

1) La desorganización del Estado. Se trata de una construcción contradictoria, de un campo de luchas. En México los debates políticos por lo general, de por sí pocos, no suelen plantear con suficiente claridad y amplitud que parte importante de la lucha política por el poder apunta hacia proyectos de país diferentes, en donde, a pesar del escurrimiento ideológico, aún hay un balance diferente entre izquierdas y derechas. Hay diferencias entre un Estado que regula los intereses para tutelar los derechos de todos o un Estado que deja que el mercado asuma el control. En nuestro país los intereses han capturado al Estado y a una buena parte de sus organismos reguladores.

2) El vaciamiento de la democracia fue otra tesis de Boaventura. De este tema en México sabemos bastante. No sólo por la crisis de la democracia representativa, sino por las formas en que el mercado y los intereses de los poderes fácticos han hecho que todo se venda y compre: candidatos, partidos, sindicatos, jueces o policías.

3) La destrucción de la naturaleza, dice Boaventura, plantea la pregunta sobre los límites ecológicos a la acumulación de ganancias. Hay una larga lista de agravios que cruzan la destrucción ambiental, desde políticas extractivistas de minas, bosques y selvas que arrasan y contaminan los recursos de pueblos y comunidades campesinas e indígenas, hasta la debilidad para regular a empresas y contaminadores de los recursos naturales.

4) La grave desvalorización del trabajo, vía privilegiada para el acceso a la ciudadanía, se ha agravado desde los ajustes de los 80. Con el modelo exportador y la globalización la estrategia mexicana fue jugar a la carta de bajos salarios, con lo cual se han roto las posibilidades de tener trabajo suficiente y protección social; en su lugar ha crecido el subempleo y la informalidad.

5) Otra amenaza es la mercantilización del conocimiento. Es una lastimosa limitación a nuestro desarrollo que la inversión pública en ciencia y tecnología sea tan limitada, se invierte sólo 0.4% del PIB, mientras otros países con economías similares tienen 3 o 4 veces esa suma. En algunas naciones se invierte sobre todo en tecnología hasta llegar al absurdo, en voz de Boaventura, de que conocimiento que no conduce a una patente no es tal.

6) Una amenaza muy presente es la criminalización de la protesta. La producción de una cultura del miedo que se ha agudizado en estos años con la estrategia contra el crimen organizado.

7) la última tiene que ver con el regreso del racismo y la xenofobia. En México el racismo nunca se ha ido y es parte de una cultura en amplios sectores que desprecian profundamente a indígenas y excluidos. Sólo hay que ver el trato humillante a los centroamericanos.

Las salidas que plantea Boaventura se vuelven casi consignas: desmercantilizar la vida social, redemocratizar la política secuestrada en un sistema representativo que no representa a los ciudadanos. Sin duda, contenidos importantes para el debate político y para cambiar los viejos discursos de la izquierda.

Voto: la parálisis y el candor

Eduardo R. Huchim (@EduardoRHuchim)
omnia08@gmail.com
Reforma

Las elecciones para gobernador de Michoacán debieron ser anuladas porque en el proceso comicial hubo graves violaciones constitucionales y legales que, lamentablemente, fueron desestimadas por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En el expediente respectivo se acreditaron las más relevantes, cometidas conjunta o individualmente por los tres candidatos a gobernador, pero los magistrados no vieron -o no quisieron ver- que tales comicios incumplieron el mandato constitucional de ser libres y auténticos.

Encerrados en criterios endogámicos que los anclan en sus instalaciones de Carlota Armero, es decir en sí mismos y en sus equipos, los magistrados con frecuencia se apartan de la realidad y, cuando de nulidades se trata, se colocan un grillete que los paraliza: la determinancia. Si bien ésta se establece como requisito para que las violaciones cometidas puedan conducir a la nulidad, no debe ser interpretada como un blindaje impenetrable.

Tal impenetrabilidad pervierte la naturaleza del juicio de revisión constitucional electoral, cuyo fin principal (énfasis mío) es "garantizar la constitucionalidad de actos o resoluciones definitivos y firmes de las autoridades competentes de las entidades federativas para organizar y calificar los comicios" (LGSMIME, art. 3). Al margen de quién ganó y quién perdió, ¿de verdad puede sostenerse que los comicios michoacanos fueron constitucionales? En realidad, si la triunfadora hubiera sido la candidata panista, esa lección también habría sido violatoria de la Constitución y, por tanto, anulable.

Los magistrados consideran que, al no anular, defienden el voto ciudadano, pero importa preguntarse si es una defensa legítima convalidar el sufragio que se envilece al ser comprado o que se conquista mediante propaganda ilegal en un marco en que el dinero se convierte en eje de las campañas, además de que los programas sociales, financiados por el erario, se ponen al servicio de los partidos.

Una de las violaciones cometidas en el proceso electoral michoacano es el relativo a la difusión televisiva de los cierres de campaña de los tres contendientes, difusión que fue escandalosamente considerada por algunos consejeros del IFE y magistrados del TEPJF como "ejercicios periodísticos" cuya sanción representa ¡un ataque a la libertad de expresión! Tal distorsionada apreciación sólo puede tener origen en el candor, el desconocimiento del periodismo y/o el interés en servir a la tv comercial.

Sólo con una alta dosis de candor se puede suponer que la televisora michoacana hizo esas transmisiones a título gratuito (y aun así, serían ilegales). Sólo la ignorancia y el interés en servir a la tv pueden llevar a considerar "periodismo" la difusión completa de un torneo de retórica partidaria. Esas transmisiones fueron, sencilla y claramente, propaganda que actualizó uno de los supuestos del artículo 350 del Cofipe, cuyo inciso b) considera infracción de los concesionarios de tv (énfasis mío) "la difusión de propaganda política o electoral, pagada o gratuita, ordenada por personas distintas" al IFE.

Adicionalmente, como la propaganda en medios electrónicos sólo puede hacerse en los tiempos oficiales que administra el IFE, se vulneró el nuevo modelo de comunicación electrónica aprobado en 2007. Hay quienes sostienen que, como los tres contendientes cometieron la misma infracción, no se rompió la equidad y, por ende, no había lugar a sancionar, pero esto equivale a legitimar las violaciones si son cometidas por todos los candidatos.

La Sala Superior hizo bien en rechazar el proyecto presentado por María del Carmen Alanís, que contó con el apoyo de los magistrados Nava y Carrasco y que proponía exonerar a la televisora y a los otros involucrados. Se impuso la mayoría constituida por los magistrados Luna, Galván, Penagos y González y se ordenó sancionar a la televisora. Si acaso, habría que preguntarse si hizo bien el TEPJF al exonerar a los demás infractores.

Si el TEPJF hubiera valorado con igual rigor otras violaciones cometidas en Michoacán, en estos días se estaría preparando la elección extraordinaria.

·OMNIA

En el mar de corrupción que ahoga a México, posee relevancia el acuerdo de la Sala Superior del TEPJF que, tomado en diciembre de 2011, comenzará a materializarse próximamente, cuando se hagan públicas (incluso con videos en la página http://te.gob.mx/) las sesiones de su Comité de Adquisiciones y los procesos de adquisición y adjudicación.

Apodaca

Marcelino Perelló
Matemático
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

Al sultán Omar,
que se empeña, obstinado,
en vivir en el futuro.
En su futuro.


Desde hace siglo y medio, el sueño, el ideal, el «punto omega» de la Revolución y los revolucionarios ha sido, de una manera u otra, en un plazo u otro, la defenestración del Estado. Del Estado y de sus estamentos e instituciones: del dinero y por lo tanto la banca, La policía, los tribunales y, con ellos, cualquier tipo de castigo, corporal o pecuniario, las cárceles incluidas; de la Iglesia, sus rituales, ordenamientos y prohibiciones de cualquier naturaleza, abstinencias, penitencias, matrimonios de cualquier rito o credo. La desaparición del comercio y las mercancías, y por lo tanto de la publicidad. En otras palabras, la desaparición del Estado conlleva, sin solución de continuidad, a la de cualquier tipo, modelo o jerarquía de autoridad.

Y por ende la de todas las formas de gobierno, manipulación y control.

No voy a insistir. La teoría del movimiento revolucionario es ancha y ajena. Y, sobre todo, no se trata de una teoría sino de muchas, muchas, y mal amalgamadas. Ahí dentro se encuentran en rescoldo —se encontraban debí decir, pues en la primera mitad del XX ya se habían enfriado—.

Aquellos lectores poco informados acerca de la historia del pensamiento y el movimiento revolucionarios y, en particular, en torno a los objetivos últimos con los que se inició esta entrega, los encontrarán probablemente irrealizables e incluso descabellados, pero quiero que sepa, escéptico, pero no por ello menos juicioso lector, que durante muchos decenios, millones de hombres en el mundo entero estaban y están convencidos no sólo de su validez, sino de que cualquier otro propósito social constituye una abyección.

En el más benevolente de los casos, considerará tal proyecto como una utopía. Término extraído de la literatura fantástica y que se ha ido degradando; no tan lentamente, hasta convertirse en sinónimo de irrealizable, de lo “deseable inalcanzable”, un cuento de hadas para niños pequeños o la alucinación de un alienado. El propósito ya no se sabe si de un sicótico en plena crisis paroxística o, ya puestos, de plano un desvarío: una jalada, una mafufada.

Cómo diantres va a existir una comunidad de hombres cuerdos y gentiles con iglesias, pero sin curas, con tiendas, pero sin dinero, con orden, pero sin policía. He ahí sólo algunas de las cuestiones clave a las que debe enfrentarse todo proyecto revolucionario serio. Con el paso de los años, las tragedias, los muertos y el aprendizaje de la represión y la sumisión, sin embargo, se han vuelto “de obvia resolución”, donde lo obvio no es la resolución, sino su manifiesta imposibilidad.

Imagine, como diría el pobre hombre (pobre en todos los sentidos excepto en el monetario, que es el menos importante), que en la habitación de Heliodoro suena el despertador a las seis cuarenta. “¡Chin!, se exclama sobresaltado; ya llegué tarde”. La mujer, molesta, se voltea y se cubre la cabeza con el edredón: “¿No puedes mentar madres en voz baja, carajo?” “Como si te pagaran”.

“Eso de pagar es cosa del pasado, Aurora; no voy a chambear porque es mi obligación, porque si no acudo, alguien del turno de noche tendrá que suplirme y llegar a su casa, ocho horas tarde. No me baño: Buenos días.”

Aurora no respondió y acabó de acurrucarse bajo las cobijas. Esa tarde, cuando regresó cansado de la chamba, fueron juntos al súper. Precisaban de comida para los perros, los gatos y la foca que tenían en el chapoteadero: pasaron por las cajas y les registraron las adquisiciones; no con el fin de cobrarles; sino únicamente para efectos de inventario.

En fin, la ilustración puede ir mucho más lejos, pero aquí no estamos haciendo ni literatura ni socio-economía: es simple periodismo. Y viene al caso simplemente porque se acaba de producir un caso, dramático, en el que “el Estado”, el Estado mexicano queda en entredicho; en grave entredicho:

El Estado, desde hace siglos, tal como lo definimos líneas atrás, más que un espacio de convivencia, es uno de combate por la sobrevivencia. Llegamos inocentes, a este valle de lágrimas, en el que el pecado, “la culpa”, nos es impuesta al nacer: antes mismo de nacer.

El domingo se produce un enfrentamiento armado con base en “puntas”, es decir, armas blancas artesanales, obtenidas al afilar perfiles, varillas y otras piezas metálicas.

En fin, los verdugos y las víctimas que mataron y murieron el domingo, hace una semana, en el penal de Apodaca, tal vez sin saberlo, se la jugaron y tal vez murieron, por el derrumbe del Estado, por el final de un Estado mortífero; por sus hijos y por los nuestros. Por la demolición de un aparato estatal podrido.

Las palabras se gastan y se confunden. A base de usarlas van careciendo de sentido. Y de tanto hablar de corrupción hemos olvidado que equivale, matiz más, matiz menos, a podredumbre. El Estado mexicano, edificado a sangre y fuego por nuestros próceres —de los buenos y de los malos— está encontrando su derrumbe también a sangre y fuego.

Los revolucionarios de tantas generaciones habíamos soñado tantas veces, y de tantas maneras distintas, en la desaparición del Estado burgués, ahora vemos azorados cómo la demolición se lleva a cabo desde adentro, obra de sus presuntos defensores. Y que el vacío que deja será rellenado, cual triste muñeco de peluche, de la borra más despreciable.

Democracia embozada

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

La democracia mexicana ha extraviado muchas cosas desde 2006, ninguna tan lamentable como la libertad. Hace seis años, la elección presidencial fue todo menos recatada. Los candidatos dijeron lo que quisieron. Algunos, como Andrés Manuel López Obrador con su célebre chachalaca, pagaron el precio de la desmesura. Pero ninguno fue censurado, ni siquiera limitado. Lo mismo puede decirse de otros actores políticos. Vicente Fox creyó prudente declarar que había que cambiar de jinete, pero no de caballo. La oposición le reclamó el desplante, pero casi nadie buscó mandar al presidente a una suerte de exilio declarativo, al menos no como ahora. En la televisión imperaba, entonces, un clima de creatividad y libertad. Desde los encuentros entre los candidatos a la Presidencia con intelectuales, periodistas y académicos hasta los programas de comedia política de aquel entonces, a la pantalla chica no se le exigía silencio o mesura. Por supuesto, esa libertad dio pie a desmanes. La campaña publicitaria contra Andrés Manuel López Obrador es una muestra de ello. Pero incluso ese capítulo tan polémico de la historia de 2006 me parece preferible a la nueva moda que, como reacción a aquella vibrante y competida campaña, ocurre ahora en México. Hemos pasado de la democracia estridente a la democracia embozada. Prefiero, mil veces, la primera.

Las heridas de aquel apasionado 2006 dieron pie a una reacción a todas luces excesiva. Para evitar asperezas perfectamente normales en democracia, la clase política reescribió las reglas para reducir al mínimo la fricción y la confrontación. El resultado ha sido una vergüenza: de tanto querer reducir los riesgos del trajín democrático, las reglas electorales han reducido el proceso a una costosísima simulación. En México, los problemas de la democracia se han resuelto con menos democracia.

Los últimos meses han sido tan absurdos que uno ha comenzado a desear el regreso de Jorge Ibargüengoitia. El primer atisbo de esta nueva democracia con camisa de fuerza lo tuve hace algunos meses cuando, aún en W Radio, me atreví a llamarle “candidato” a un “precandidato” a la Presidencia. Recuerdo que no tardamos en recibir una amistosa aclaración del IFE sugiriéndonos que habláramos con propiedad: el aspirante no era aspirante, sino preaspirante porque las reglas indicaban que la aspiración requería el sufijo apropiado porque…vaya usted a saber. Obsesionado con hacer respetar un marco legal restrictivo y risible, el IFE comenzó a perder sueño en ridiculeces. Desde entonces, las cosas han ido de mal en peor. Que si los precandidatos únicos no pueden hablar porque son únicos y no son… bla, bla, bla. Que si esos mismos precandidatos podían debatir pero cuidado si una estación transmitía ese debate porque eso podía implicar no sé qué cosa. Que había que respetar una veda electoral justo cuando el país necesita conocer a fondo las propuestas de los candidatos. Que si este partido pide el video de aquella presentación de ese candidato o de ese otro funcionario porque se atrevió —¡Dios nos libre!— a mencionar una encuesta. Que si los comunicadores tienen que observar reglas estrictas de autenticidad periodística y equidad en tiempos para que nadie pueda decir que uno favorece a tal o cual. Que a nadie se le ocurra invitar a tal candidato a tal programa porque eso pude ser propaganda electoral o uno de esos “actos anticipados de campaña”, bello eufemismo mexicano. Y claro: que nadie más que los partidos se anuncie o diga lo que piensa y le preocupa.

En suma: la democracia embozada. Aclaro: entiendo perfectamente los riesgos en los que incurre una democracia que cede a la tentación de la estridencia. No se me escapan los excesos de lo ocurrido en 2006. Aun así, prefiero aquel ambiente casi pugilístico a esta democracia de quirófano en la que estamos ahora. Prefiero gritos, debates, acusaciones, juegos sucios, opiniones y gritos a campañas reguladas maniáticamente. Como con casi cualquier otra cosa en la vida, uno no aprende a vivir en democracia teniendo miedo a vivir en democracia. La camisa de fuerza de 2012 nos hará retroceder. Eso sí: muy limpiecitos y bien portados.

febrero 27, 2012

La batalla por las encuestas

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Un amigo politólogo me comentaba hace poco que las encuestas para los políticos eran como las parejas: no se podía vivir con ellas pero tampoco se podía vivir sin ellas. Y lo cierto es que desde hace por lo menos una década y media, cuando las encuestas se generalizaron para medir intenciones de voto en México, los políticos tienen una actitud ambivalente hacia estos instrumentos estadísticos: Obviamente, cuando éstas los favorecen, se encargan de publicitarlas y presentarlas como la verdad irrefutable de que el pueblo está con ellos, pero cuando no les favorecen son instrumentos de mil complots, están cuchareadas, manipuladas, infladas, hechas a modo. Quizás el político que más encarna esta relación esquizofrénica con las encuestas es López Obrador. Cuando se decidió su postulación como candidato único de las izquierdas en noviembre del año pasado, AMLO declaró que aceptaba y acataba los resultados de las encuestas. Claro, dirá más de alguno, las aceptó porque le favorecían. Pero ahora que la mayoría de las encuestas ubican a AMLO en tercer lugar, la respuesta del tabasqueño fue que en tiempos electorales la mayoría de las encuestas reflejan lo que “el cliente quiere”. Incluso revivió ayer su discurso complotista al declarar que se le quería hacer a un lado “con encuestas amañadas”.

Es desde luego entendible que AMLO, como todos los candidatos, busque ser competitivo. Y en las últimas elecciones presidenciales ha sido evidente que quien cae al tercer lugar simplemente queda fuera de la competencia real. Por ello, López Obrador busca a toda costa mantenerse en la percepción de sus seguidores como un candidato con posibilidades de ganar. De no lograrlo, es probable que un número potencial de sus votantes opte, en la lógica del voto útil, por sufragar a favor de uno de los dos primeros lugares. En este escenario es incluso posible que baje aún más en la intención de votos. Por ello niega y refuta con todas sus fuerzas las encuestas que lo ubican en tercer lugar, que son todas las de encuestadoras acreditadas, con la excepción de Covarrubias y Asociados.

En la misma lógica de presentarse como opción ganadora y jalar votos, el PAN ha manejado desde hace algunas semanas una encuesta de Mercaei que pone a Josefina Vázquez Mota cinco puntos abajo de Peña Nieto. Esa es la misma encuesta a la que se refirió Calderón en su reunión con los consejeros de Banamex y que provocó que el PRI y el PRD se lanzaran como chupacabras sobre el Presidente. Sin embargo, a diferencia de López Obrador, ni Vázquez Mota ni el PAN han dicho que todas las encuestas que ponen a la precandidata panista entre 12 y 14 puntos debajo de Peña Nieto están amañadas ni cuchareadas. Finalmente, tanto Mercaei, como Covarrubias y las otras encuestadoras que le dan ventaja a Peña Nieto son encuestadoras serias que llevan muchos años en el mercado. Evidentemente se pueden equivocar. Pero pensar que hay toda una maquinación detrás de una encuesta porque no dicen lo que se quiere es simplemente no entender lo que son las encuestas y calentar el ambiente político con propósitos partidistas. En realidad las encuestas sólo miden una intención de voto que puede cambiar —y seguramente va a cambiar— en el momento de la elección. Algunos votantes pueden modificar su voto, otros dejar de votar y además hay un alto porcentaje de votantes que no han decidido todavía por quién votar. No es más complicado que eso. Obviamente, todos tratan de presentarse como candidatos con posibilidad de ganar y ésa es su chamba. Ya los electores decidirán a cuál encuestadora creerle o no creerle y votarán en las urnas. En todo caso, las encuestas lo que muestran son tendencias y deben servir como indicadores para retroalimentar estrategias de campaña. Y lo que las encuestas nos dicen hasta ahora, independientemente del resultado final, es que Peña Nieto va bajando, Vázquez Mota va subiendo y López Obrador está estancado. Así de simple. ¿Eso significa que Peña Nieto ya ganó, que Vázquez Mota va a ganar o que AMLO ya está fuera de la pelea? No. Significa solamente lo que significa: que uno va bajando y otra va subiendo. Y que de continuar la tendencia es probable que, como lo sugirió el presidente Calderón, ésta puede ser una elección cerrada entre el PRI y el PAN. Pero, una vez más, eso sólo será así si continúan las tendencias. Y a quien no le gusten estas tendencias, pues que se ponga a trabajar para cambiarlas. Así de simple.

Regala Peña Nieto notarías a amigos

Refrenda Peña 20 notarías a un total de siete políticos cercanos a su administración

Enrique I. Gómez
Reforma

Estado de México (27 febrero 2012).- En las dos últimas semanas de su gestión al frente del Estado de México, el ahora aspirante presidencial del PRI, Enrique Peña, refrendó a titulares al frente de 20 notarías y creó 9 para beneficiar a un total de siete políticos cercanos a su Administración.

En el primer caso, destaca Eduardo Segovia, quien, como contralor estatal, exoneró en 2005 al ex Gobernador Arturo Montiel de denuncias por enriquecimiento ilícito.

Además, Peña avaló que, al menos en dos casos, las notarías pasaran de un familiar a otro, como si se tratara de una herencia.

En 3 de las nuevas oficinas quedaron al frente Armando Garduño Pérez, ex Magistrado del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, quien estrenó la notaría 170 de Metepec, y Alejandro Ismael Murat, ex director del Sistema de Radio y TV Mexiquense e hijo del ex Gobernador de Oaxaca José Murat, con la notaría 175 de Izcalli.

Es la misma situación de Martha María del Carmen Hernández Álvarez, quien fue subprocuradora general de Coordinación de la PGJEM y participó en la investigación de la muerte de la niña Paulette Gebara Farah y se quedó con la notaría 169.

Salvador Ximénez, hijo del ex senador del PRI Héctor Ximénez; Martha Terrón, hermana del diputado federal Miguel Ángel Terrón, y Marco Antonio Vilchis, ex diputado local del PRI, también quedaron como titulares de notarías.

Además, recibieron notarías en herencia Evelyn del Rocío Lechuga, hija del notario Víctor Lechuga, y Víctor Alfonso Varela, quien quedó en el lugar de su padre, del mismo nombre.

En total, en el sexenio del ex Gobernador Enrique Peña se crearon 15 notarías, 9 de ellas el 13 de septiembre, dos días antes de que concluyera su mandato.

En 2005, a unos días de dejar el cargo, el entonces Mandatario Arturo Montiel creó 25 notarías, de las cuales siete fueron entregadas a personas cercanas a él, como el ex Procurador Alfonso Navarrete; Emmanuel Villicaña, hermano del entonces Procurador, y Rodolfo Macedo, hijo del ex titular de la PGR, Rafael Macedo.

Descartan favoritismo

El secretario del Colegio de Notarios del Estado de México, Jesús Maldonado, descartó que en los nombramientos de notarios haya habido favoritismo hacia personajes ligados al PRI o al Gobierno de Enrique Peña Nieto, y sostuvo que están apegados a derecho.

El representante del notariado mexiquense reconoció que la designación de notarios es facultad del Gobierno estatal, instancia que lo determina con base en sus respectivos seguimientos y evaluaciones.

"Si usted me pregunta por qué se nombró a fulano o zutano, sólo le puedo responder que, primero, son abogados, la ley establece que sean profesionales del Derecho; segundo, no deben tener antecedentes penales, y, tercero, haber cursado el curso de aspirantes a notarios", indicó Maldonado.

En el caso de notarios titulares que han solicitado licencias para dejar como interinos a familiares suyos, Maldonado rechazó que existan herencias, aunque admitió que ese tipo de relevos pueden ocurrir, tal como REFORMA constató con los movimientos de septiembre pasado.

"No hay herencias en esto, el notario tiene una función que debe cumplir, que es la seguridad jurídica, y ésta se logra cumpliendo con la norma, y si se cumple con la norma no importa si sean familiares los que se puedan hacer.

"Si el hijo de equis notario llenó todos y cada uno de los requisitos que la ley establece para ser interino, el Ejecutivo no tiene por qué no nombrarlo", justificó.

Además, Maldonado señaló que la apertura de nuevas notarías está sustentada en un estudio socioeconómico y poblacional.

"El Estado tiene 13 millones de habitantes, somos 177 notarios, creo que damos un servicio apropiado a ese número, si se compara con el Distrito Federal, donde son 9 millones y tienen 224 notarios", dijo.

REFORMA buscó versiones de algunos de los notarios beneficiados, pero no se obtuvo respuesta.

Elecciones sin monarca

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

No tenemos rey. México es una República, no una monarquía. El presidente de México no es el garante de la imparcialidad política: es un actor parcial, representa intereses limitados, sigue un proyecto confinado a un círculo. El presidente de México no es la encarnación de la nacionalidad, no es el símbolo de unidad -más que en aquellos eventos en donde formalmente asume la representación de Estado. Cuando firma un tratado internacional -no cuando lo negocia- representa al Estado mexicano. Cuando recibe las cartas credenciales de los embajadores extranjeros representa al Estado mexicano. Cuando preside ceremonias cívicas es también emblema de unidad: el jefe de Estado mexicano. Se trata de funciones ceremoniales que transforman al agente político en emblema de unidad. La inevitable parcialidad del gobernante se interrumpe brevemente para dar paso a la figura de unidad. El Presidente actúa siempre como jefe de Gobierno, salvo en aquellas funciones en las que explícitamente ejerce de símbolo.

Por eso me parece absurda la exigencia de que se comporte como jefe de Estado en el proceso electoral. La expresión se dice y se repite por todos lados. Que el Presidente deje de actuar como jefe de partido y se comporte como jefe de Estado, dice el lugar común. ¿Cuántas veces habremos escuchado esa expresión? No logro embonar esa exigencia con el diálogo necesario en una democracia. El Presidente no es el garante de la imparcialidad. No podría serlo en una democracia, precisamente porque lo caracteriza una inclinación. La neutralidad corresponde a otros: a quienes organizan las elecciones, a quienes cuentan los votos, a los que procesan la inconformidad. Por fortuna, ninguna función de ese tipo le corresponde al presidente de la República o a su gobierno. Por supuesto, no tiene derecho de desviar los recursos públicos en beneficio de su partido ni puede emplear las pinzas del Estado para castigar a sus adversarios. Pero no tenemos por qué imaginarlo como una figura celestialmente imparcial y silenciosa ante el proceso electoral. En ninguna democracia presidencial madura se le pide al Presidente tal disparate.

El Presidente no puede ser el símbolo de unidad en el proceso electoral porque es factor de polarización. Se votará para castigarlo o para premiarlo. Felipe Calderón no aparecerá en la boleta de julio pero será el factor crucial del voto. Los partidos que compiten, los candidatos que sí estarán en la boleta fijan postura frente a su gobierno, ofreciendo la continuidad o el cambio. Sus opositores lo atacarán, mientras la candidata de su partido tratará de defenderlo... y, simultáneamente, distanciarse de él. Unos criticarán sus decisiones, su estilo, los resultados de su gestión. Otra se verá forzada a defenderlo, insinuando algunas diferencias en los matices y los acentos. Como sea, Felipe Calderón estará en la contienda del 2012 -tal vez como nunca llegó a estar en la elección del 2006. Entonces tuvo el talento de colocarse como la opción frente al "peligro", pero pocos, si es que alguno, podría creer que la elección que ganó por un milímetro fue respaldo a sus propuestas o confianza en su trayectoria. Ahora sí será factor de decisión.

Pedir que el Presidente se comporte como jefe de Estado en el proceso electoral es pedir que se comporte como monarca. Una diminuta contradicción se desliza en esta petición: ¿estarían los críticos dispuestos a dispensar a Felipe Calderón el trato de jefe de Estado durante el proceso electoral? ¿Estarían dispuestos a cancelar cualquier crítica a su gestión, porque, durante el proceso electoral es representación de nuestra unidad? ¿Estaría dispuesto el PRI a tratar a Felipe Calderón con la deferencia que merece un rey? ¿Aceptaría el PRD renunciar a cualquier crítica al Presidente en tiempos de elecciones porque se trata del emblema de esa preciosa unidad que hay que cuidar? El Presidente no representa la unidad en tiempos electorales. Representa exactamente lo contrario: parcialidad, división, polo de discordia.

Que no se tolere la entrega de un centavo de las arcas públicas para su partido no significa que no debe haber ni una palabra para su partido. ¿Beneficia o perjudica al PAN la promoción presidencial? La palabra del Presidente no es la única del país, no es la última. Mientras hay muchos que se indignan con las recientes expresiones de Felipe Calderón en las que advierte que la contienda se ha cerrado, a mí me parecen reveladoras de su manera de gobernar: si hay 25 datos que te son desfavorables, escoge el único que refuerza tu prejuicio. Si todas las encuestas respetables te colocan en desventaja, difunde la que te empareja, aunque no tenga ningún prestigio.

La gestión de Calderón será el eje del voto: no podemos imaginarlo en silencio. Una democracia madura no calla a nadie. Corresponde criticar a Calderón, no callarlo.

¿Intervencionismo o cinismo electoral?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Para el PRI no hay medias tintas: si el presidente Calderón dijo en una reunión con Consejeros de Banamex que Josefina Vázquez Mota está a sólo cuatro puntos de distancia de Enrique Peña Nieto, según una encuesta que ni identificó, hay que denunciarlo ante el IFE. Para el priismo, informar sobre una encuesta es un delito electoral, buena o mala, acertada o no, es una intromisión inaceptable en el proceso electoral que, por supuesto, puede alterarlo en forma irreversible. Para López Obrador, las cosas son siempre más sencillas: las encuestas, dijo, dicen lo que quieren que digan los que las pagan. Quizás por eso la de su casa encuestadora lo muestra, a diferencia de todas las demás, muy arriba, en una segunda posición que hoy nada percibe. O quizás por eso, hace seis años, hasta el último día de la campaña insistía en que él estaba diez puntos por arriba de Calderón.

El grado de ridículo al que está llegando nuestra clase política alcanza ya cotas inigualables. Yo no sé si Josefina está o no cuatro puntos debajo de Peña Nieto, pero no me cabe duda de que la elección del primero de julio será muy disputada; que probablemente sea una elección entre esos dos aspirantes que, con todo, López Obrador, aunque quede en tercer lugar, no tendrá una participación tan desafortunada como la que tuvo Roberto Madrazo hace seis años y sé también que si las encuestas están bien hechas, si fueron realizadas por empresas profesionales (y en México las hay), los resultados que muestran suelen ser verosímiles. El problema con las encuestas no está con quien las realiza, sino con quien las lee e interpreta. Pero hay que ser un muy mal político para encargar una encuesta simplemente para ratificar sus propias opiniones.

El tema, en todo caso, no son las encuestas, sino qué se entiende por la participación presidencial en una campaña. Al priismo le parece terrible que Felipe Calderón haya hablado de una encuesta electoral, pero le parece perfectamente aceptable que sus gobernadores participen en actos de campaña de Peña Nieto o que Eruviel Ávila diga que apoyará con todo a su antecesor. El PRD le exige mesura y control al Presidente pero le parece perfectamente aceptable que Marcelo Ebrard pueda participar en forma abierta en el proceso de selección de su candidato en el DF, en la integración de las listas de delegados, asambleístas, diputados y senadores. A mí me parece correcto que todos ellos opinen y participen, pero me parece cínico hacerlo y al mismo tiempo exigirle a los otros que no lo hagan.

Los límites de la intervención de los gobernantes en el proceso electoral deberían ser aparentemente muy claros: no se pueden utilizar recursos públicos para las campañas propias o de otros candidatos. Los recursos del Estado no pueden estar a disposición de ningún partido o aspirante. Nada más y nada menos. No me parece nada grave que un gobernante, sea el Presidente, un gobernador o el jefe del GDF opine sobre las elecciones: al contrario, es sano y es positivo que ello ocurra, así sabemos qué piensa cada uno de ellos. Y como los comicios no dejan de ser siempre un ejercicio plebiscitario, el premio o el castigo funcionan perfectamente bien en ese esquema.

Me parece grave que un Presidente, un gobernador o un jefe del GDF pongan los recursos públicos a favor de un aspirante o de una elección. Y cuando hablamos de recursos públicos nos referimos a dinero contante y sonante pero también a la propia estructura de operación del gobierno. Alguien dirá que encargar una encuesta desde la Presidencia para saber cómo están las preferencias electorales y darla a conocer implica exactamente eso. Por supuesto que no: mal haría cualquier gobernante de cualquier nivel en no indagar cuál es el nivel de preferencia electoral. Lo hacen Los Pinos y lo hacen desde el día uno de su mandato todos los gobernadores del país.

Hay un interés deliberado en tornar más complejo el proceso electoral; en plantear desde ahora las causas de un supuesto intervencionismo electoral que lo descalifique; en buscar culpables externos en cualquier modificación de las expectativas que se crearon en el pasado. Y me parece que en ese camino no se escatimarán esfuerzos, aunque para ello se tenga que hacer cotidianamente el ridículo.

Del Real a Nuevo León

La mejor noticia que podría tener Nuevo León en el terreno de la seguridad es la llegada como secretario de seguridad pública del general Javier del Real. Conoce Nuevo León, sabe cómo operar, es un militar serio, formado y capaz y tiene la capacidad y la entereza como para hacerlo. Sólo una cosa le impediría no tener éxito: que la propia estructura de gobierno local no lo deje actuar y operar como sabe y puede. No creo que el general Del Real haya aceptado esa encomienda, que en su momento había declinado, sin estar absolutamente seguro de que tendrá en sus manos los instrumentos necesarios para cumplir con sus objetivos.

La violencia con el PRI, peor…

Juan Pablo Becerra-Acosta (@jpbecerraacosta)
Doble Fondo
Milenio

El 26 de enero pasado, ese buen periódico fronterizo que es El Paso Times, publicación que sabe bien de la violencia en México porque sus periodistas viven frente a Ciudad Juárez y habitualmente abordan el tema con precisión, publicó un reportaje especial sobre las ejecuciones y los homicidios en nuestro país, desde que nacía el régimen de partido de Estado hasta el gobierno de Felipe Calderón. La investigación abarca de 1931 a 2011.

¿Qué descubrió la reportera Diana Washington Valdez, con base en estadísticas oficiales del INEGI y de los sectores de salud y justicia? Que, en cuanto a cifras duras, y a pesar de la percepción que hemos ayudado a construir los medios, el actual sexenio… no es el más violento: los sexenios del PRI fueron más violentos.

Revisemos lo que El Paso Times publica sobre los primeros cinco años de gobierno de los últimos cinco sexenios (http://www.elpasotimes.com/news/ci_19824147): 1. En el sexenio de Miguel De la Madrid hubo 69 mil 306 homicidios. Eso representó una tasa de 14.5 por cada 100 mil habitantes. 2. En el de Carlos Salinas de Gortari hubo 76 mil 871, para una tasa de 18.92. 3. En el de Ernesto Zedillo hubo 69 mil 968, para una tasa de 15.1. 4. En el de Vicente Fox, 49 mil 862 homicidios, para una tasa de 9.78. 5. Y en el de Calderón ha habido 79 mil 956, para una tasa de… 14.5 por cien mil habitantes.

Como usted leyó, las cifras duras marcan con claridad que los últimos tres sexenios del PRI fueron… más violentos que el actual. Así que, francamente, que no le vayan los del PRI con el rollo ese de que con ellos había paz y calma, que ellos sí sabían gobernar. Y hay más: ningún presidente del PRI escapa. Diana escogió algunos años violentísimos de cada sexenio priista. Por ejemplo: A) En 1931 (Pascual Ortiz Rubio) hubo una tasa de homicidios de 50.78. Eso es, 3.5 veces más que en este sexenio. B) En 1940 (Lázaro Cárdenas) hubo una tasa de 67.04, lo que representa 4.6 veces más que con Calderón. C) Con Manuel Ávila Camacho (1945), igual: 48.04, 3.3 veces más. D) De Miguel Alemán (1950) se puede decir lo mismo: 48.09, 3.3 veces más. E) Sobre Adolfo Ruiz Cortines (1955) es posible señalar algo similar: 35.93, 2.4 veces más. F) Adolfo López Mateos no se quedó atrás: 25.48 en 1962, 1.7 veces más. De Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría (represiones masivas y guerra sucia) no se hallaron cifras oficiales (of course), pero de José López Portillo sí: 18.32 en 1979.

Así que, sin minimizar las monstruosidades de hoy, como usted habrá visto, violencia violencia… había más con el PRI. Y de desapariciones y represiones de los gobernantes federales, estatales y municipales del PRI mejor ni hablemos. O si ellos quieren, sí…

febrero 26, 2012

El colapso Maya lo causó modesta sequía

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

El colapso de la civilización maya, hacia el siglo X de nuestra era, se ha atribuido a una sequía prolongada. El pueblo gustoso mantenía los altos estándares de vida de sus reyes-sacerdotes porque tenían comunicación directa con los dioses y, si éstos recibían suficientes corazones humanos, benevolentes retribuían con lluvia. Cuando la sequía se prolongó y los tributos a los dioses aumentaron más y más, los corazones palpitantes se les ofrecían en mayor número y no cumplían su parte, el pueblo se hartó y, no pudiendo hacer nada contra sus dioses por inalcanzables, excepto dejar de pagar tributo de sangre, se deshicieron de sus reyes-sacerdotes. Los tumultos crecientes acabaron llegando a los palacios y templos. Los sacerdotes fueron asesinados y desaparecieron los poderes.

En Collapse, Jared Diamond hace un magnífico recuento del desastre maya. Y proporciona datos confirmables: las grandes construcciones mayas estaban recubiertas de estuco pintado (a mano, diría un guía de gringuitos). El estuco se obtiene de la muy abundante piedra caliza que es el suelo de toda la península de Yucatán. Para convertir la piedra en estuco es necesario un lento proceso de cocimiento. No había otro material que árboles. Así que enormes caobos y pequeños chicozapotes eran derribados para alimentar los hornos.

El Imperio Maya es un invento del siglo XIX: “Las ciudades mayas permanecieron vacías, ocultas por árboles, y virtualmente desconocidas para el mundo exterior hasta que fueron redescubiertas en 1839 por un estadunidense rico llamado John Stephens y el inglés Frederick Catherwood” (p. 157). Hubo señoríos, feudos conectados por el idioma, el comercio, la religión y los usos y costumbres. Un conjunto de ciudades-estado más que un Estado como la Roma de mil años antes, alianzas que iban y venían, y, sobre todo, demostraciones de esplendor: la pirámide más alta, más bellamente decorada demostraba la superioridad del gobernante.

La competencia entre los reyes y nobles arrasó la selva. Hacia el siglo IX de nuestra era, el desastre ecológico se vio agravado por un ciclo solar, natural, que trae lluvias escasas. Así se explica “por qué lo último que oímos acerca de un rey de Copán es del año 822 [mil años pasaron para su redescubrimiento] y por qué el palacio real fue quemado”. La hambruna causada por la sequía se observa en los cientos de esqueletos recuperados y con signos de enfermedades y mala nutrición, señala Diamond (p. 170).

Nuevas revisiones de los sitios arqueológicos mayas encuentran que el colapso de la civilización maya no se debió a una sola mortal sequía, sino “a modesta reducción en las precipitaciones”, sostienen Martín Medina Elizalde y Eelco Rohling, autores del reporte en Science de este 24 de febrero. “La desintegración de la civilización maya clásica en la península de Yucatán y Centroamérica fue un proceso complejo que ocurrió a lo largo de unos 200 años…”, señalan y el dato está de acuerdo con otros estudios. “Concluimos que las sequías ocurridas durante la desintegración de la civilización maya, representaron una reducción máxima del 40 por ciento en la precipitación anual, probablemente debido a la menor frecuencia e intensidad de las tormentas tropicales de verano”.

Sequías hubo, pero repartidas en 200 años, y ninguna alcanzó el nivel catastrófico pensado antes de esta re-evaluación. “Sugerimos que las sequías asociadas con la desintegración de la civilización maya pudieron ser disparadas por una reducción en la frecuencia e intensidad de los ciclones sobre la península de Yucatán […] Nuestra interpretación de las sequías durante el período clásico terminal podría ser validada por futuras investigaciones enfocadas a datar los depósitos dejados por tormentas en todo Yucatán”. Las tormentas arrastran tierra y materia vegetal que luego se asienta, se deposita por capas en los fondos de lagos y así proporciona valiosa información del paleoclima.

El nuevo estudio muestra que es posible reconstruir los patrones geográficos de las precipitaciones en México y Centro América al analizar mayor cantidad de marcas en las estalagmitas de las cavernas y en los fondos de lagos.

Entonces, ¿cuáles fueron los mayas que encontraron los españoles? Pequeños poblados bajo el gobierno de un cacique y muchas variantes del maya clásico que aún se hablan.

Volviendo a Diamond, señala que los cautivos eran torturados con imaginación: se les descoyuntaban los dedos, les arrancaban los dientes y cortaban los labios y hasta la mandíbula inferior completa, según muestran murales y esculturas. Se les daba muerte (a veces años después) quebrándoles los huesos para tejer brazos y piernas en una pelota que se echaba a rodar escaleras abajo de alguna pirámide… El precio era muy alto para ni siquiera recuperar ese 40 por ciento en la disminución de las lluvias. La rebelión popular quemó todo. Ojo, diputados…

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.

Los mismos de siempre

Pascal Beltrán del Río (@beltrandelriomx)
Bitácora del director
Excélsior

Los partidos parecen estar de acuerdo en mantener el entramado de intereses sobre el que están fundados y desde el que ejercen el poder.

He escrito aquí varias veces que sin un cambio de fondo en las prioridades de la clase política, podría resultar irrelevante quién gane la elección presidencial del próximo 1 de julio.

Más allá de sus ocasionales desplantes retóricos, los partidos parecen estar de acuerdo en mantener el entramado de intereses sobre el que están fundados y desde el que ejercen el poder, repartido de manera convenenciera.

El statu quo permite el reciclaje continuo de un puñado de políticos que mandan en México. Pasan de posiciones de gabinete a escaños parlamentarios, brincan de una Cámara a otra, se benefician de enroques entre diputaciones y alcaldías o entre gubernaturas y senadurías…

Cuéntelos: no pasan de 200, en una nación de 112 millones de habitantes.

Un eurodiputado español que me visitó en la oficina la semana pasada me hizo notar que mientras en su país las carreras políticas duraban relativamente poco, en México —donde legalmente no existe la reelección directa— la influencia de estos personajes puede prolongarse por dos, tres y hasta cuatro décadas.

Como sucede con la marcha imparable del conejito de las pilas Energizer, las carreras de los integrantes de la casta divina de la política mexicana siguen y siguen y siguen...

Uno pensaría que después de ser gobernador, lo que viene es ser Presidente de la República o el retiro. Pero no: vea cuántos ex gobernadores son parte del actual Senado de la República: Fernando Elizondo, Alberto Cárdenas, Alejandro González Alcocer, Felipe González, Manlio Fabio Beltrones, Jesús Murillo Karam, Fernando Baeza, Francisco Labastida, Pedro Joaquín Coldwell, Melquiades Morales, Heladio Ramírez, Alfonso Sánchez Anaya, Ricardo Monreal, Dante Delgado… Y Leonel Godoy incluso hizo una pirueta doble este sexenio: del Senado a la gubernatura y de vuelta al Senado.

En Estados Unidos, que tiene un sistema de representación que fue calcado por México en el alba de su vida republicana, los políticos suelen elegir una de dos vías para intentar llegar a la Presidencia: la gubernatura o la senaduría. Es poco frecuente que un senador se lance en pos de una gubernatura —los que lo hacen suelen tener mala fortuna, incluso cuando ganan el cargo— y todavía más raro que un gobernador trate de ser senador. Por cierto, el Senado es la principal vía para alcanzar la Casa Blanca.

A juzgar por los candidatos que ya han surgido, por parte de las tres principales fuerzas políticas, para los distintos cargos en juego en las elecciones de 2012, seguramente el reciclaje de políticos va a continuar en el próximo sexenio.

Vea, por ejemplo, a cuántos ex gobernadores postuló el PRI en los estados para buscar un escaño de mayoría en el Senado: Patricio Martínez (Chihuahua), Ismael Hernández Deras (Durango), René Juárez Cisneros (Guerrero), Félix González Canto (Quintana Roo), Teófilo Torres Corzo (San Luis Potosí) y Manuel Cavazos Lerma (Tamaulipas). Y aún falta ver cuántos llegarían a la Cámara alta por la vía plurinominal.

El PAN no se ha quedado atrás y ha enviado como aspirantes a Ernesto Ruffo (Baja California), Juan Carlos Romero Hicks (Guanajuato), Héctor Ortiz Ortiz (Tlaxcala) y Diódoro Carrasco (Oaxaca).

Por el sistema rocambolesco que tiene la izquierda para nombrar candidatos, no habrá nada seguro antes de que se celebre el Consejo Nacional perredista del 3 de marzo, e incluso muchos aspirantes al Congreso estarán en veremos hasta que ocurra la “segunda vuelta” con los otros partidos del Movimiento Progresista y posiblemente hasta que el Tribunal Electoral procese las quejas que seguramente se generarán contra el sistema de nominación.

Sin embargo, sigue siendo posible que aparezcan como candidatos a algún cargo legislativo los ex mandatarios estatales Manuel Camacho Solís, Manuel Bartlett y Amalia García.

Hay de casos a casos, por supuesto, pero yo me pregunto qué tienen que ofrecer, en general, todos estos ex gobernadores para el trabajo legislativo. Muchos de ellos ya estuvieron en el Senado y/o la Cámara de Diputados y no dejaron tras de sí nada particularmente constructivo o, al menos, digno de recordar.

Quizá algunos digan que esos son los candidatos más populares, que eran los más mencionados en las encuestas, que se han vuelto el método preferido de los partidos para nominar candidatos. Sin embargo, fuera de mantenerse seis años más en el presupuesto (o tres, en el caso de quienes aspiren a una diputación), ¿qué expectativa puede tener el ciudadano sobre su vuelta al Congreso?

Yo no sé si en 2015 veremos —como ya reclaman muchas voces respetables— a candidatos independientes en las boletas. Hasta ahora, al menos, ha prevalecido el monopolio de las cúpulas de los partidos sobre la nominación de candidatos y eso ha hecho que los mismos de siempre aparezcan como aspirantes a legisladores o alcaldes o, en el peor de los casos, sean rescatados como funcionarios públicos.

De hecho, la inexistencia de la reelección directa ha fortalecido este sistema de perpetuación en la esfera del poder, porque ha impedido que los ciudadanos puedan mandar a su casa a los malos representantes populares.

Por eso puede ser poco importante quién resulte elegido Presidente de la República en 2012, ya que tendrá enfrente a un Congreso —seguramente dividido— que será dominado por personajes que ya han probado que no les interesa modificar el sistema de representación ni quieren decisiones necesarias para insertar a México en la competencia global, pues en el corto plazo éstas pudieran ser impopulares.

Estimo que la conformación numérica de las dos Cámaras del Congreso de la Unión no se alejará mucho de lo que hemos visto desde 1997: ningún partido tendrá por sí mismo mayoría en ellas, mucho menos el tope de dos tercios, requerido para pasar reformas constitucionales.

Para ganar la mayoría en la Cámara de Diputados, se requiere ganar con al menos 42.2% de la votación, y no veo en estos momentos al partido o coalición que pueda hacerlo. El PRI se quedó cerca en la pasada elección intermedia (2009), pero cuando la votación para diputados coincide con la elección presidencial, los sufragios para integrar el Legislativo suelen dispersarse más.

En estos momentos, ¿qué partido puede ganar 19 estados, quedar en segundo lugar en otros 13, y obtener 44% de la votación nacional, para hacerse de la mayoría en el Senado? (según una cuenta hecha por el ex presidente del IFE, José Woldenberg).

Me temo que el próximo sexenio está condenado a parecerse mucho al actual, independientemente de qué candidato presidencial gane el próximo 1 de julio.

Pese al esfuerzo de algunos destacados legisladores —que demostraron pensar más en el país que en sus propias carreras políticas—, el régimen político se mantuvo igual. Por tanto, tendremos un Presidente con grandes poderes pero también con grandes debilidades frente al Congreso.

Es un avance que México ya no sea gobernado por un cuasi monarca sexenal, pero es malo que no hayamos modificado la naturaleza de nuestro régimen para volverlo más dinámico en la toma de decisiones y que nuestra historia postautoritaria esté marcada por una tendencia al disenso inmovilizador.

Por si fuera poco, el próximo Presidente también tendrá que lidiar con un federalismo que estorba más la convivencia de lo que la procura. Y si no, vea el espectáculo absurdo de la descoordinación que entre estados y Federación se ha dado en torno del manejo de las cárceles y el agua, sólo por mencionar dos temas.

El próximo Presidente enviará cada año su propuesta de paquete económico al Congreso, pero éste saldrá desfigurado, como si alguien metiera un trozo de carne a un río infestado de pirañas. Pregunte a los diputados si no ha ido creciendo cada año la horda de pedigüeños que desfilan por la Cámara cuando se discute el Presupuesto de Egresos, mientras que nadie se atreve a impulsar una reforma fiscal de a de veras.

Por eso, con los mismos de siempre en el Congreso podemos esperar las prioridades que ya conocemos y la película de toda la vida, como si fuera una proyección de Hechizo del tiempo.

'Esperando a Kalimán' por Paco Calderón





febrero 25, 2012

Una guerra absurda

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Por donde quiera que se le mire, la guerra contra las drogas ha sido un gran fracaso. Pero además, la prohibición de las drogas está haciendo agua por todos lados

La guerra contra las drogas no se puede ganar, pero sí se puede perder. Si se pudiera ganar, ya se habría ganado. El 17 de junio de 1971, Richard Nixon declaró oficialmente la guerra contra las drogas.

El 1o. de julio de 1973 fue más allá y creó la Drug Enforcement Administration (actual DEA) y la dotó en 1974 de un presupuesto de 116 millones de dólares. El objetivo era castigar la producción, distribución y consumo drogas.

Han pasado ya 41 años de la declaratoria de Nixon y el mundo es otro: el bloque socialista desapareció, la globalización ha revolucionado la economía mundial, China e India emergen como nuevas potencias y la crisis económica que empezó en 2008 está transformando los equilibrios mundiales.

En resumen, el mundo de los años sesenta y setenta nada tiene que ver con lo que hoy estamos viviendo. Sin embargo la estrategia contra las drogas es la misma. La DEA sigue allí y el gobierno de Obama asignó a la guerra contra las drogas un presupuesto de 15 mil millones de dólares para el año fiscal 2011-2012.

Por donde quiera que se le mire, la guerra contra las drogas ha sido un gran fracaso. Pero además, la prohibición de las drogas está haciendo agua por todos lados. No existe siquiera consenso acerca de cuáles drogas son más peligrosas que otras y por qué deben prohibirse.

En un estudio publicado por la revista The Lancet (1/11/10), dos asesores del gobierno británico, David Nutt y Leslie King, hicieron señalamientos heterodoxos: el primero es que el alcohol tiene un efecto más destructivo en el individuo y su entorno familiar, social y comunitario que la heroína y el crack.

El segundo, en la misma línea, fue un comentario que le costó al profesor Nutt el despido de su trabajo: consumir éxtasis, afirmó, es menos peligroso que montar a caballo.

Y en efecto, más allá de la polémica investigación de Nutt y King, los criterios para clasificar la peligrosidad de una droga son confusos e irracionales.

El Régimen Internacional de Control de Drogas (RICD), como advierte en una carta el investigador Francisco Thoumi al presidente Santos de Colombia, está conformado por tres convenciones y por un conjunto de organismos: la Comisión de Estupefacientes, la Junta Internacional de Fiscalización de Drogas (JIFE) y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

Todas las drogas controladas por el RICD sólo se pueden usar con fines médicos y de investigación científica. Por consiguiente, cualquier consumo recreativo, social, experimental, o ceremonial está prohibido y es calificado como un abuso.

El RICD criminaliza cualquier producción que no sea para uso médico o científico, pero es más flexible con relación al consumo, el cual puede ser simplemente una contravención a la norma -concluye Thoumi-.

Pero es ahí donde empiezan las contradicciones. Porque los datos son concluyentes: se calcula que mientras el alcohol causa 2.5 millones de muertes al año y el tabaco 5.4 millones, las drogas ilegales no ocasionan más de 200 mil decesos en todo el mundo.

La proporción, en consecuencia, no puede ser más absurda ni descabellada. Las muertes por el uso y abuso de drogas ilegales representan apenas el 3 por ciento de las que ocurren por el consumo de alcohol y tabaco.

Así que de dos cosas una: o se deberían incluir el alcohol y el tabaco dentro de las drogas prohibidas o se debería eliminar la restricción sobre el resto de las drogas ilegales, porque no hay proporción en el daño que causan a la población.

Pero el asunto tiene otra arista: el sentido profundo de la prohibición. La Convención Única Sobre Estupefacientes de 1961, enmendada por el Protocolo de 1972, de la ONU establece:

"Las partes, preocupadas por la salud física y moral de la humanidad...Reconociendo que la toxicomanía constituye un mal grave para el individuo y entraña un peligro social y económico para la humanidad...".

De ese modo, la ONU se adjudicó el derecho de preservar la salud física y moral de la humanidad. De ahí la prohibición de drogas que en otras latitudes y culturas eran toleradas y consumidas: la hoja de coca, el peyote, la marihuana, el hashish, el opio...

Pero al hacerlo, pasó por encima de los derechos elementales del individuo en una sociedad democrática y moderna. Además, del respeto que deberían haber merecido los usos y costumbres de otras culturas.

La libertad de cada uno no puede tener otro límite que no dañar la propiedad o la integridad de otras personas.

Nadie, y mucho menos el Estado, tiene derecho de imponerle al individuo una noción de salud física y mucho menos moral.

De ahí la contradicción flagrante: lo que se hace con las drogas ilegales no se hace con el alcohol y el tabaco porque la protesta social sería incontenible.

Se trata, en consecuencia, de dos varas y dos medidas. La Convención de 1961 prohibió las drogas "exóticas" (de otras culturas), pero no tocó las consumidas y admitidas en Occidente: el alcohol y el tabaco.

No hay consistencia moral ni lógica en la prohibición. La persistencia a lo largo de estos 50 años se debe, por un lado, a los prejuicios. Y, por el otro, a los intereses creados.

Hace 21 años se le preguntó a Milton Friedman, premio Nobel de Economía, liberal, defensor de la legalización de las drogas, por qué había tanta oposición a eliminar la prohibición y respondió: "... la respuesta es que hay muchos intereses creados que han surgido a partir de la actual guerra contra las drogas".

Y en efecto, los intereses creados van hoy de la burocracia de la ONU a la de Estados Unidos, incluyendo a la DEA y otros organismos gubernamentales.

Vencer su resistencia no será fácil.

febrero 24, 2012

The Chase (2012) - 3D Animated Action Short Film




The Chase (2012) - 3D Animated Action Short Film from Tomas Vergara on Vimeo.




Las armas de Calderón

Francisco Martín Moreno (@fmartinmoreno)
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Los priistas alegan la “judicialización” de los comicios, la exhiben como una guerra sucia.

Cuando leo o escucho las súplicas dolorosas de los priistas o las encendidas condenas cargadas de amenazas con el objetivo de impedir que se “judicialicen” las campañas electorales, en particular la presidencial, es evidente que están rogando en el fondo de su alma, que el presidente Calderón no se atreva a filtrar a la prensa el comportamiento desaseado y corrupto de muchos militantes del tricolor que se saben amenazados por la afilada guadaña presidencial. Alegan la “judicialización” de los comicios, la denuncian, la exhiben como parte de una guerra sucia en contra del PRI, cuando en realidad se saben tocados de muerte porque no ignoran, como no lo ignoran, que durante sus gestiones aprovecharon su responsabilidad administrativa para enriquecerse impunemente haciéndose de un patrimonio mal habido, un claro enriquecimiento ilegítimo, que ahora les resulta imposible ocultar y que por el otro lado constituye un obstáculo, en algunos casos insalvable, de cara a su carrera política.

La insultante corrupción de una inmensa mayoría de quienes, en su momento, fueron o son funcionarios priistas, constituye el arma idónea, que de saberla utilizar eficientemente el presidente Calderón, puede garantizar el acceso de Josefina Vázquez Mota a la Presidencia de la República. Es evidente que en diferentes círculos del poder se subestima la capacidad operativa electoral de Calderón, se subestima su talento y sus obsesiones que le han arrebatado el sueño en los últimos dos años: se niega a pasar a la historia como el jefe de la nación que regresó el PRI a los Pinos, cuando Fox, un irresponsable advenedizo, con una escasa experiencia política incomparable con la suya, lo sacó de Los Pinos en el año 2000. La otra gran fijación que le impide conciliar el sueño es la de estar presente, como una pesadilla, el primero de diciembre entregándole la banda presidencial a López Obrador. Es claro, clarísimo, que Calderón ha jurado por los cuatro clavos de Cristo, por los cuernos de luz de Moisés, por el tridente de Neptuno y por la túnica de Buda, que él jamás le entregará el poder ni al PRI ni a López Obrador, porque en el primer caso sería etiquetado como un imbécil, calificativo que de ninguna manera encuadra dentro de su perfil político y, en el otro, porque de ganar el tabasqueño, éste ejecutaría una venganza tan inmediata como exquisita para recluir en una presión federal no sólo a Calderón, sino a cualquier otro familiar que ostente el mismo apellido.

Para tratar de demostrar la agudeza política de Calderón, misma que no se le ha reconocido, basta con traer a colación el caso de Moreira. Me explico: de buen tiempo atrás, Calderón sabía los hechos criminales que se habían llevado a cabo en el estado de Coahuila, tales como la falsificación de actas y de otros documentos para obtener créditos y proyectar la deuda pública del estado a niveles que los coahuilenses tardarán más de 30 años para poder amortizar. Calderón lo sabía, sin embargo, esperó el mejor momento para atacar, mismo que se dio cuando el entonces gobernador Moreira de golpe se convirtió en el presidente mismo del PRI, del Comité Ejecutivo Nacional. Si bien es cierto que al venado hay que dispararle cuando se le tiene en la mira, Moreira se puso a tiro cuando fue ungido como el máximo jerarca del tricolor. La debacle fue total. Cuando Calderón logró su renuncia me lo podría imaginar aplaudiendo, hasta con los zapatos, el severo descalabro de sus adversarios políticos. Se supo esperar y supo filtrar las noticias. Se apuntó un éxito apabullante.

¿Hacia dónde orienta en este momento su artillería? Evidentemente que la está dirigiendo hacia la cabeza misma de Enrique Peña Nieto. La distancia que lo separa de su oponente político más peligroso es de más de 20 puntos, por lo que para lograr que Josefina Vázquez Mota acceda a la Presidencia se requiere un golpe devastador en contra del candidato del tricolor mediante el cual quede expuesto su enriquecimiento ilegítimo durante su estancia en el gobierno del Estado de México, si es que aquél no se condujo con probidad y siguió equivocadamente el camino de su antecesor, el gobernador Arturo Montiel. En concreto, si Peña Nieto no observó una conducta escrupulosa y honorable en el manejo de las finanzas públicas y en las personales, evidentemente que habrá puesto en las manos de Calderón, su más feroz oponente electoral, las armas políticas necesarias para destruirlo.

¡Claro que los priistas están asustados y, por supuesto, que el miedo a la exhibición pública les devora las entrañas porque advierten el final, no sólo de sus carreras políticas, sino su destino como futuros inquilinos de cualquier prisión federal! Lo saben, de ahí que muchos rufianes del tricolor sean capaces de dejarse cortar una mano con tal de obtener una diputación o una senaduría plurinominal para poder, en el futuro, gozar de fuero constitucional que les permita no comparecer ante ninguna autoridad acusados de haber cometido delitos del orden común o federal. Por todo ello hablan de la “guerra sucia” o de la “judicialización” del proceso electoral, a sabiendas de que quieren resguardarse del uso eficiente de la guadaña con que Calderón piensa cortar todo tipo de cabezas para privar de enemigos políticos a Josefina Vázquez Mota y garantizarle así su acceso a Los Pinos.

Si estoy equivocado o no, como bien lo dicen en España: poco vivirá quien no lo vea…

Calderón: calentando la plaza

Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga1)
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

¡Paren las rotativas!
Que me quiero bajar.
Florestán


La primera semana de la llamada intercampaña había corrido entre el bostezo y la ausencia, sin novedad.

Los precandidatos se la llevaron flotando, ni siquiera nadando, de muertito, entre la grabación de sus spots, recuentos de daños, rediseños de campañas, encuentros con grupos y proyecciones a futuro.

Y sus partidos en el cochinero por las posiciones al Congreso con negociaciones, cesiones y nominaciones impresentables.

Y así iba todo hasta que ayer, en la reunión plenaria de los consejeros de Banamex, habló el presidente Felipe Calderón sobre el proceso electoral.

Ante 700 consejeros presentó una lámina con los resultados de una encuesta, de la Presidencia, en la que aparecía Enrique Peña Nieto con una ventaja de sólo cuatro puntos sobre Josefina Vázquez Mota, y muy atrás Andrés Manuel López Obrador, y dijo que sería un proceso muy cerrado.

No había terminado de decirlo y ya uno de los consejeros lo estaba contando a los reporteros que aguardaban afuera.

La revelación incendió el llano de la veda provocando durísimas reacciones de precandidatos y partidos contra la intervención del Presidente de la República en asuntos electorales-partidistas.

El tema explotó en la Cámara de Diputados donde la bancada panista rompió el quórum para evitar el debate por los cuatro puntos.

Al mediodía, en Radio Fórmula, Roy Campos daba a conocer el resultado de la segunda evaluación quincenal de los precandidatos, con estas cifras: Enrique Peña Nieto, 40.6; Josefina Vázquez Mota, 24.7; Andrés Manuel López Obrador, 17.4, en línea con el promedio de otras cuatro casas encuestadoras.

Y por la tarde, la Presidencia de la República distribuía un comunicado diciendo que Calderón no opinó ni mencionó a los aspirantes presidenciales, a sus partidos o sus propuestas programáticas, lo que es tan cierto como innecesario: los nombres, con las cifras, estaban en la gráfica con la que Calderón apoyaba su intervención.

Retales

1. PIEZAS. El presidente Calderón colocó tres de sus piezas más cercanas en la lista de senadores plurinominales del PAN, vía la cuota del CEN al que le tocan las posiciones 1, 4 y 7, que son directas e inatacables. A la cabeza va Ernesto Cordero; su hermana, Luisa María Calderón, en el 4, y Alonso Lujambio, que da una lucha heroica por su salud, en el 7. Mañana, sus listas completas;

2. DF. Miguel Ángel Mancera está teniendo un día de campo en el DF. Según Consulta Mitofsky, lleva 42 puntos contra 19 de Beatriz Paredes y 16 de Isabel Miranda, y

3. OPACIDAD. La basura electoral que tapiza la ciudad ha rebasado la capacidad del Gobierno del Distrito Federal para retirarla: partidos y candidatos cuelgan más de la que quitan. Sólo una pregunta: ¿de dónde sale todo ese dinero? Porque debe salir de algún lado.

Nos vemos el martes, pero en privado.

Vicente Calderón

Adrian Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

> Ya se esperaba una guerra de encuestas, lo que no estaba en el scrip es que la guerra ¡la desatara el mismo Presidente de la República!

Un empresario presente en la reunión que Felipe Calderón sostuvo con 700 consejeros de Banamex, declaró que el Presidente les informó que la ventaja de Enrique Peña Nieto sobre Josefina Vázquez Mota, se había reducido tan solo a cuatro puntos “de acuerdo con las encuestas de la Presidencia’’.

Dicho sea de paso, las encuestas que ordenaba la Presidencia –por no decir que el Presidente-, siempre fueron tomadas como la Biblia.

En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el encuestador Ulises Beltrán tenía rango casi de secretario de Estado.

El asunto es que Calderón desató una crisis que no terminará hasta el 1º. de diciembre, cuando el nuevo Presidente rinda protesta ante el Congreso.

Y es que el caso tiene como antecedente el accidentado proceso electoral del 2006, cuando el Presidente tuvo que rendir protesta en el Congreso luego de ingresar por la puerta de atrás.

Todo, porque el PRD, que acusó a Vicente Fox de haber inclinado la balanza a favor de Calderón, quiso cobrarse a lo chino.

Días antes, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), en la calificación de la elección, reconoció que el Ejecutivo si tuvo injerencia en el proceso al que “había puesto en riesgo’’.

Con ese antecedente, y como están polarizadas las causas y cosas, cualquier gesto, seña, guiño, palabra, acción y hasta omisión serán utilizados para denunciar “la injerencia del Ejecutivo’’ en la elección.

Calderón no tiene que ser vocero de Vázquez Mota; si la encuesta presidencial es real, es lo que más le sobrarán a la candidata.

Si, un resbalón, pero bastante costoso.

> El gobernador del Guerrero, Ángel Heladio Aguirre Rivero, decidió “escombrar’’ a la Procuraduría General de Justicia del Estado, presa de cualquier cantidad de intereses ajenos y opuestos totalmente a la impartición de justicia.

Ese ya ha traído costos para los funcionarios que han decidido jugársela con el gobernador, como es el caso de un subprocurador al que le fueron asesinados, hace dos días, dos escoltas como un “aviso’’.

Ojalá que Aguirre Rivero no se eche para atrás; los guerrerenses no lo merecen.

> Más rápido que el rayo el secretario de Gobernación Alejandro Poiré, respondió al reclamo que le hizo el presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, en demanda del apoyo federal a Nuevo León por la crisis carcelaria.

Poiré le recordó a Joaquín Coldwell que apenas en diciembre pasado se firmó la extensión del convenio de colaboración con el gobierno estatal mediante el cual se amplió la presencia de militares y de policías federales en el estado.

Lo cierto es que el reclamo de Joaquín Coldwell más bien pareció ser un distractor porque curiosamente el gobierno de Rodrigo Medina, no salió a defender la contratación del director de la cárcel de Apodaca, presunto socio de los zetas y que fue corrido del DF por sospechas de corrupción.

Odio y poder

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Si no han tenido oportunidad de ver un documental reciente sobre Adolf Hitler, con imágenes inéditas y coloreadas sobre su vida, y quieren entender algo más sobre cómo la maldad infinita de un hombre contagió al pueblo alemán y luego degeneró en la mayor guerra de la historia, con más de 50 millones de muertos, no se pierdan la extraordinaria serie de National Geographic “Apocalipsis, el ascenso de Hitler”, con imágenes grabadas por el reportero austriaco Franz Krieger.

Yo acabo de verlo y creo que encontré, por fin, sentido a ese grito que me taladra el cerebro cada vez que pasan esas perturbadoras imágenes de los nazis desfilando ante el “fuhrer” o de cadáveres apilados de judíos. A la pregunta ¿Por qué? una simple y demoledora respuesta: por odio.

El odio fue el motivo existencial que llevó a Hitler a hacer lo que hizo. Hitler odiaba a la vecina Francia porque humilló a Alemania arrebatándole territorios; odiaba a los comunistas porque ellos fueron los primeros que vieron el monstruo que era; odiaba a los gitanos porque ensuciaban el paisaje bucólico germano; odiaba a los homosexuales porque no servían para perpetuar la raza aria (aunque él mismo nunca se preocupó en tener hijos); pero, sobre todas las cosas, odiaba a los judíos, con un odio tan grande e irracional que soñaba con su exterminio total.

Fue el odio lo que impulsó a Hitler a invadir media Europa y a llevar a millones de judíos a cámaras de gas en campos de exterminio, diseñados con la más alta tecnología alemana de la época. Tanto odio, claro, sólo podía acabar en lo que acabó, en una espantosa guerra. Las potencias de la época —EU, la Unión Soviética y Gran Bretaña— tuvieron que unir sus fuerzas para acabar con la locura asesina nazi; no tanto por un repentino interés de las potencias en salvar a los pocos judíos que iban quedando sino porque, tal como avanzaba la apisonadora bélica alemana, los siguientes en ser exterminados podrían ser cualquiera de ellos.

La Segunda Guerra Mundial, que concluyó con el lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, ha sido lo más cerca que hemos estado del fin del mundo. Si Hitler hubiera logrado antes que Estados Unidos el arma más mortífera y hubiera ganado la guerra, el mundo que conocemos habría llegado a su fin. Pero esto no ocurrió y bajo las ruinas de Alemania murió el régimen nazi, aunque no su ideología del odio, que como una garrapata esperó mejores tiempos para salir de su letargo y brotar en cualquier otro siniestro personaje.

El último ejemplo vivo de hasta dónde puede llegar el odio es el noruego Anders Breivik, quien asesinó a 77 personas, la mayoría jóvenes de ideología socialdemócrata, por apoyar una Europa “contaminada” con otras “razas inferiores”, como la árabe. El último ejemplo muerto, ya se lo pueden imaginar, Osama bin Laden, cuyo odio extremo a los “infieles” cristianos inspiró a decenas de jóvenes musulmanes, que se convirtieron en terroristas suicidas capaces de matar en pocas horas a miles de personas, sólo porque trabajaban en el símbolo del capitalismo occidental, las Torres Gemelas de Nueva York.

Pero al menos ninguno de estos dos personajes alcanzó el poder. Otro, en cambio, sí lo alcanzó y mucho me temo que es el odio lo que mueve su gobierno. Me refiero al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y su odio al Estado de Israel, que sueña con su destrucción.

Sólo el líder iraní sabe lo que tienen en mente, pero su actuación al frente del gobierno y sus intenciones no apuntan a nada bueno. Primero no dudó en ganar la reelección mediante el fraude masivo en las presidenciales de 2009; y luego no dudó en reprimir violentamente y perseguir a los miles de iraníes que protestaron en la calle. No sólo a opositores y simpatizantes, Irán es el país con más periodistas y blogueros presos, y condena a la horca a los homosexuales y a los que declare “traidores”, como los que abandonan el islam o los que disienten del régimen de los ayatolás. La represión interna es asfixiante, pero lo más preocupante es su programa militar, mejorado con misiles balísticos capaces de alcanzar todo Oriente Medio, y su polémico programa nuclear. Quien a estas alturas todavía crea que el uranio que enriquece en centrales secretas, a las que no pueden entrar los inspectores de la ONU, estará destinado exclusivamente para uso médico, peca de ingenuo, como pecaron de ingenuas las potencias europeas cuando creyeron que los nazis no iban a pasar de Polonia.

La provocación permanente de Ahmadineyad a Occidente, su velada amenaza de atacar Israel y su más que probable intención de hacerse con la bomba atómica, podría desencadenar lo que todos tememos: un ataque preventivo israelí contra Irán, que desencadenaría una guerra de impredecibles consecuencias. El mundo tiene que evitar que caigamos de nuevo en la locura de la guerra. El mundo tiene que evitar que los predicadores del odio se hagan con el poder.