febrero 29, 2012

90 días

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Misión difícil la de López Obrador hacer que el trabajo radical realizado desde hace tantos años se revierta en tan sólo tres meses.

El 29 de marzo termina la veda electoral. Falta exactamente un mes para ello. A partir de esa fecha, se inicia oficialmente la campaña para la elección federal de 2012. Se irá en busca del o la sucesora de Felipe Calderón. Los candidatos tendrán 90 días para una campaña que deberá alcanzar para que repunten, aventajen y ubiquen su proyecto de nación como el más adecuado frente a unos electores que decidirán y, a su vez, les cobrarán el costo político de sus actos.

Josefina Vázquez Mota tiene esos tres meses para hacer, de su ya de por sí histórica candidatura, la más rentable, la que más puede estirarse para ir en busca del ciudadano apartidista, del indeciso, pero también para reconciliarse con el voto que el PAN ha perdido en estos últimos años.

Enrique Peña Nieto tendrá esas 12 semanas para aferrarse a la ventaja que desde hace tiempo marcan las encuestas, y que han registrado una baja, que bien se podría achacar a sus varios tropiezos mediáticos. Algo que ha permitido que el segundo lugar, Josefina, vaya estrechando la distancia entre ambos.

Andrés Manuel López Obrador, sin duda, es quien la tiene más difícil. La llegada de Vázquez Mota a la contienda lo mandó al tercer lugar. Aferrado a los 16 millones de votos seguros que dice tener (aunque los números hoy no sea eso lo que digan), AMLO tendrá aquel tiempo para luchar contra él mismo, y los negativos que sembró después de 2006. No deberá cometer los errores de su anterior campaña, aquellos derroches de soberbia de los que forzosamente debió aprender, y que tanto le costaron.

Tres meses es poco tiempo para cambiar una distancia que hoy se ve de más de veinte puntos entre el candidato puntero y el tercer lugar; la mayor parte del peso de esta campaña cae sobre la candidata panista. Josefina Vázquez Mota deberá trabajar para aminorar la distancia que la separa del primer lugar. Trabajar por todos los votos, incluso por los anulistas. Concentrar en su candidatura el famoso voto “útil”.

Andrés Manuel tiene una única posibilidad: trabajar para hacer un papel que le resulte menos vergonzoso y, entonces, irse por lo único que le resta: conservar al electorado que se ha mantenido fiel a su movimiento, para no tener una derrota apabullante o un número que lo manden en picada. Poco podrá hacer en 90 días para enamorar de nuevo y, dicho así, ahora que trae su discurso amoroso, al electorado perdido. Misión difícil hacer que el trabajo radical realizado desde hace tantos años se revierta en tan sólo tres meses. Asumirse como lo que sabe ser mejor que los demás: un líder social con voz y autoridad. No como eterno candidato.

Será una campaña oficial muy corta, el bombardeo de unos contra otros, que es lo que podría cambiar las tendencias, estará limitadísimo gracias a la ley con la que se regirá esta elección. Lo que veremos del 30 de marzo al 30 de junio serán sólo intentos por lograrlo, aunque de inicio la idea será no perder lo que hoy cada candidato tiene ya en su bolsa. Por lo pronto, nos queda un mes de “silencio” de ellos, antes de que empiece la recta final...

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