febrero 22, 2012

'¡De panzazo!'

Claudio X. González Guajardo
Presidente de Mexicanos Primero
Reforma

El viernes 24 se estrena a nivel nacional la película ¡De panzazo! En ella se da testimonio de la debacle educativa nacional y se invita a todos los sectores a exigir y actuar para lograr los cambios de fondo que le urgen a México en éste, el más importante de los temas.

Concluir la película llevó más de tres años de arduo trabajo. En ella participan autoridades, líderes sindicales, directores, maestros y padres de familia. Destacan también alumnos de escuelas públicas y privadas que, dotados de cámaras portátiles, nos ayudan a captar la realidad educativa nacional para presentarla, en toda su crudeza, a México.

La película estuvo a punto de llamarse ¡Ni de panzazo!

Muestra cómo herimos a generación tras generación de niños y jóvenes mexicanos quienes, agobiados por el ausentismo, la indisciplina, maestros poco o mal preparados, la falta de infraestructura y la irrelevancia del memorismo con el que les enseñan, dejan la escuela. Más de la mitad de cada generación, que consta de 2 millones de jóvenes, está fuera del sistema educativo para el momento en que cumple 15 años. Esa es una tragedia descomunal.

En ¡De panzazo! aprendemos que los niños de las escuelas públicas mexicanas asisten a la escuela 4.5 horas diarias. En muchos países de Asia, Europa y Norteamérica los niños van a la escuela más de 7 horas cada día. Eso, combinado con el ausentismo magisterial (en eso México ocupa el primer lugar de la OCDE), significa que nuestros niños van a la escuela la mitad de las horas que los niños de otras latitudes.

La posibilidad de que nuestra juventud desarrolle a plenitud su talento se ve condicionada por otro factor fundamental: la poca calidad de las horas que pasan en la escuela. Como es del conocimiento público, ocupamos el último lugar, el 34 del 34, en el examen internacional de PISA. Hasta ¾ partes de nuestros niños califican en los niveles 0 y 1 de 6 niveles. Es decir, no han aprendido lo mínimo básico. En esas condiciones, la injusticia es, para ellos, una certeza.

Las escuelas privadas obtienen resultados similares. Eso quiere decir que las élites de México (los presidentes, los diputados, los senadores, los líderes sindicales, los gobernadores, los empresarios...) no sólo se olvidaron de la educación pública, se olvidaron de la educación de sus hijos.

La película evidencia que no sólo estamos mal, sino que no estamos avanzando a suficiente velocidad. Al paso al que vamos, nos llevaríamos 50 años para alcanzar al puntero mundial en matemáticas y 170 años para alcanzar al puntero en lectura. Eso con una condición: que ellos dejen de aprender.

La película también resalta problemas de índole político que han hecho de la clase dirigente un pasajero más en materia educativa. La forma en que se pronuncian Elba Esther Gordillo y otros líderes sindicales (como Jorge Cázares de Michoacán) da coraje, da pena. ¿Cómo permitimos que las cosas llegaran a esto? También nosotros damos pena.

En estas condiciones México no puede competir y tampoco puede abatir la inequidad y la pobreza. La educación de calidad es condición necesaria para el desarrollo y la justicia. Esta es la revolución pendiente de México.

El mundo se mueve y se mueve aprisa. Nosotros vamos a la zaga. Tenemos que acelerar el paso e ir a fondo para permitir que el talento de nuestros jóvenes se desarrolle a plenitud y que cada mexicano pueda aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo del S.XXI. Con profesionalización magisterial, gasto más eficaz y transparente, mayor autonomía escolar y con más participación de los padres de familia y la sociedad, lo podemos lograr.

Tener claro el diagnóstico se convierte en un imperativo moral para actuar. Exijamos más a las autoridades, federales y estatales. Demandemos que el sindicalismo reaccionario deje de lastimar a nuestros niños. Involucrémonos más en las escuelas y la educación de nuestros hijos. Apuntar el dedo a ciertas personas no resuelve un problema sistémico. Sólo la acción decidida, bien dirigida y perseverante de muchos hará la diferencia. Esa es la invitación que hace ¡De panzazo!

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