febrero 23, 2012

#EjemplosDeRacismoMexicano

Agustín Basave (@abasave)
abasave@prodigy.net.mx
Director de Posgrado de la Universidad Iberoamericana
Excélsior

Aunque algunos no quieran aceptarlo, hay racismo en México. Es un vicio deleznable que debemos erradicar, y para hacerlo es imperativo reconocer que existe, denunciar sus manifestaciones y crear conciencia del daño que provoca. Con ese propósito doy ahora 20 ejemplos e invito a la comunidad twittera a proporcionar otros:

1.- Las advertencias de empresas que solicitan empleados de “buena presentación”, en velada referencia al hecho de que prefieren a los criollos (mexicanos blancos, que somos una minoría étnica en nuestro país) sobre los mestizos (mexicanos de piel morena que, pese a ser mayoría en México, padecen una discriminación que varía en proporción directa a su rasgos indígenas).

2.- Los antros muy “exclusivos” cuyos cadeneros suelen impedir la entrada a los jóvenes mestizos y dar el paso a los criollos, aunque ambos lleven ropa similar.

3.- Los hoteles costeros de lujo en los que el personal de seguridad permite o niega el acceso a quienes deambulan por la playa con base en su fisonomía (eso que en Estados Unidos se llama racial profiling y que tanto nos indigna cuando se aplica para detectar inmigrantes indocumentados).

4.- El casting de las telenovelas privilegia a actrices y a actores criollos, y el de la publicidad televisiva, que relega a los mestizos y opta por modelos de facciones preferentemente nórdicas, y si no al menos mediterráneas (los culebrones y los anuncios resultantes difunden paradigmas estético-eróticos que propician un equívoco aspiracional y refuerzan complejos de inferioridad).

5.- El malinchismo sexual (representado emblemáticamente por la vieja campaña publicitaria de “La rubia Superior / la rubia que todos quieren”) que se sigue divulgando por una mercadotecnia que identifica el objeto del deseo con rostros y cuerpos de tipo caucásico (difícil imaginar en las televisoras escandinavas comerciales que proclamen la superioridad de la belleza indígena y la tácita inferioridad de güeros y güeras).

6.- La vinculación, en la publicidad fotográfica, de imágenes de éxito, riqueza y poder con el prototipo del WASP norteamericano o del blanco europeo.

7.- El mensaje implícito en telenovelas, anuncios y hasta películas de que los triunfadores son los criollos, que los indios y los mestizos no son inteligentes y que están destinados a ocupar los peldaños más bajos de la sociedad.

8.- La entronización de prejuicios provocada por la segregación de barrios pobres de mestizos, que sólo llegan a convivir en las colonias ricas de criollos en condiciones de trabajadoras domésticas (lo cual agudiza los efectos de nuestra desigualdad socioétnica).

9.- Los restaurantes caros donde la abrumadora mayoría de los clientes son criollos y la inmensa mayoría de los meseros son mestizos y donde el trato varía en función del fenotipo.

10.- Las élites políticas, empresariales e incluso sindicales, cuyos miembros son casi sin excepción criollos (se salvan parcialmente las élites militares y clericales).

11.- El vocabulario del mexiñol (el español que hablamos en México), que da una connotación denigrante a palabras que aluden a los descendientes de las civilizaciones prehispánicas y que se asocian con la servidumbre (indio, naco, achichincle, gato).

12.- El uso del diminutivo “mexicanito” para referirse a un indígena o a un mestizo, y de expresiones como “aspecto distinguido” o “tipo de sirvienta”, que se usan para elogiar o menospreciar el porte de quienes tienen características físicas europeas o autóctonas.

13.- Familias mestizas que prefieren nueras o yernos “blanquitos” y de preferencia “güeritos” para “mejorar la raza”, y que celebran el nacimiento de bebés de tez blanca y ojos claros (y que truecan denigración en autodenigración).

14.- La demanda de cremas para “aclarar” la piel y de tintes para teñir el pelo de rubio, y en menor medida (son muy costosas) de cirugías para afilar la nariz.

15.- La enorme dificultad para encontrar muñecas morenas y en la abundancia de las blancas en las jugueterías e incluso en los tianguis de México.

16.- El proceso de aculturación que llevó a los niños del video de Conapred a señalar como buena y bonita a la muñeca blanca y mala y fea a la de piel oscura.

17.- El despotismo de las ladies (arpías) de Polanco y el gentleman (energúmeno) de Las Lomas que agredieron verbal y físicamente a quienes llamaron “asalariados” o “pinches indios”.

18.- El “no somos iguales”, injuria que tiene tanto de clasista como de racista (el clasismo en nuestro país, donde hay una estrecha correlación entre raza y clase, suele ir de la mano del racismo).

19.- Las bromas y burlas del estilo de “tiene sangre europea, porque uno de sus antepasados se comió a un español”.

20.- El hecho execrable de que los indígenas mexicanos que viven en zonas rurales sean los más marginados de los pobres y de que la población mestiza urbana padezca una marginación más sutil pero igualmente discriminatoria.

No hay comentarios.: