febrero 21, 2012

¿Hasta cuándo?

Federico Reyes Heroles
Reforma

Todos lo sabemos. Y sin embargo pareciera que ya nos resignamos. Es indigno aceptar que las cosas sigan igual sabiendo que buena parte del futuro de México depende de ahí. Por eso la sacudida es necesaria. No sólo se trata de las historias individuales, de condenar a los jóvenes mexicanos a tener malos empleos y por ende ingresos bajos. Se trata también del futuro colectivo, la suma de fracasos individuales, se traduce en una historia nacional de rezago, de incapacidad para afrontar al mundo global de manera exitosa, de injusticia. Por supuesto que hay excepciones pero, en lo general, nuestro sistema educativo es un desastre.

Desastre porque si bien en la norma se habla de la obligación del Estado de brindar el servicio y también de los padres de familia de cumplir con el mandato, en la vida cotidiana todos sabemos lo que ocurre. Algo de esquizofrenia reina. Hace unos días, la obligación formal se hizo extensiva a la educación media superior. Qué bien. Los mexicanos deberían estar cubiertos desde el preescolar hasta la preparatoria. Pero resulta que de cada 100 educandos que ingresan a primaria sólo 82% termina el ciclo. De la secundaria egresan sólo el 67%. Claro en una visión optimista podemos afirmar que según el censo se agregó un año en promedio de escolaridad a los mexicanos, pasamos de 7.5 a 8.6. El problema es que nuestros competidores tienen 13, es decir que si seguimos al mismo paso nos llevaría medio siglo alcanzarlos.

Mientras otros países, como Corea, han logrado aumentar un año de escolaridad promedio por año, nosotros nos ufanamos de nuestro paso de tortuga. ¿Cómo lograr los mejores niveles de competitividad y por lo tanto de generación de riqueza, cómo abatir la pobreza si buena parte de los niños y jóvenes mexicanos están atrapados por una cadena de educación deficiente y por ende estarán incapacitados para enfrentar los requisitos del siglo XXI? El drama se agrava en preparatoria. Del millón 700 mil estudiantes que ingresa a media superior más del 36% deserta el primer año; otro 15% se van en el segundo año y un 6% durante el tercero. Casi 60% no termina el ciclo. Cada día 897 alumnos desertan de la preparatoria (La Razón, 19, I, 2012). Para no variar, por lo general es en las entidades más pobres donde se acentúa el problema. Se establece así el círculo vicioso: los más pobres son y serán los que reciban la peor educación. Con lo cual se les condena a los peores trabajos y los peores ingresos. Así se perpetúa la injusticia.

Sabemos también que ya no es un asunto de dineros. México invierte como porcentaje de su PIB más en educación que varios de los países de la OCDE. Sabemos que en las mediciones de calidad educativa, cuando se compara internacionalmente el rendimiento en matemáticas o en comprensión de lectura México sale en el sótano. Sabemos del encadenamiento pernicioso: el fracaso en preparatoria se debe a los pésimos niveles de la secundaria que se explican por el horror de la primaria. Sabemos que hay poco más del 15% de las escuelas que carecen de agua y de servicios sanitarios. Y ni siquiera eso hemos podido resolver.

Sabemos también que los sindicatos magisteriales son, en muy buena medida, responsables del desastre. Que se trata quizá de la zona de mayor opacidad: no rinden cuentas. "Mexicanos Primero" ha mostrado cómo ni siquiera conocemos el número total de maestros. Las oscilaciones de mes a mes por entidad federativa son un misterio. Sí sabemos, en cambio, que los "comisionados" se cuentan por decenas de miles y que cobran su cheque para hacer funciones sindicales que nada tienen que ver con la docencia. Sabemos que las promociones se han basado en muchas consideraciones menos en el mérito académico. Sabemos que las cuotas sindicales de la mayor organización gremial de la América Latina conforman una cantidad monstruosa de dinero que entra a una caja negra.

Sabemos también que los maestros se niegan a ser evaluados. Cualquier profesionista se enfrenta a evaluaciones periódicas, pero los maestros mexicanos consideran que la evaluación es una afrenta. Sabemos que la dirigencia nacional vende su apoyo político al mejor postor. Pero que ese "apoyo" es difícil de traducir en votos porque al interior hay diversidad política. Sabemos que sin embargo el Sindicato fue capaz de extorsionar al gobierno federal y que durante este sexenio se dejó pisotear simbólicamente al entregar, entre otras posiciones, la Subsecretaría de Educación Básica. Sabemos que los padres de familia siguen fincando sus esperanzas vitales en la educación de sus hijos y que el fraude educativo es parte del gran desánimo nacional. Todo eso sabemos, ¿y qué estamos haciendo?

La sacudida se llama De Panzazo, el espléndido documental de denuncia producto de la afortunada alianza entre "Mexicanos Primero", Cinépolis, Carlos Loret de Mola y Juan Carlos Rulfo. Un oportuno llamado -las campañas- a que todos salgamos del letargo y nos tomemos en serio nuestro futuro. ¿Hasta cuándo?

No hay comentarios.: