febrero 27, 2012

La batalla por las encuestas

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

Un amigo politólogo me comentaba hace poco que las encuestas para los políticos eran como las parejas: no se podía vivir con ellas pero tampoco se podía vivir sin ellas. Y lo cierto es que desde hace por lo menos una década y media, cuando las encuestas se generalizaron para medir intenciones de voto en México, los políticos tienen una actitud ambivalente hacia estos instrumentos estadísticos: Obviamente, cuando éstas los favorecen, se encargan de publicitarlas y presentarlas como la verdad irrefutable de que el pueblo está con ellos, pero cuando no les favorecen son instrumentos de mil complots, están cuchareadas, manipuladas, infladas, hechas a modo. Quizás el político que más encarna esta relación esquizofrénica con las encuestas es López Obrador. Cuando se decidió su postulación como candidato único de las izquierdas en noviembre del año pasado, AMLO declaró que aceptaba y acataba los resultados de las encuestas. Claro, dirá más de alguno, las aceptó porque le favorecían. Pero ahora que la mayoría de las encuestas ubican a AMLO en tercer lugar, la respuesta del tabasqueño fue que en tiempos electorales la mayoría de las encuestas reflejan lo que “el cliente quiere”. Incluso revivió ayer su discurso complotista al declarar que se le quería hacer a un lado “con encuestas amañadas”.

Es desde luego entendible que AMLO, como todos los candidatos, busque ser competitivo. Y en las últimas elecciones presidenciales ha sido evidente que quien cae al tercer lugar simplemente queda fuera de la competencia real. Por ello, López Obrador busca a toda costa mantenerse en la percepción de sus seguidores como un candidato con posibilidades de ganar. De no lograrlo, es probable que un número potencial de sus votantes opte, en la lógica del voto útil, por sufragar a favor de uno de los dos primeros lugares. En este escenario es incluso posible que baje aún más en la intención de votos. Por ello niega y refuta con todas sus fuerzas las encuestas que lo ubican en tercer lugar, que son todas las de encuestadoras acreditadas, con la excepción de Covarrubias y Asociados.

En la misma lógica de presentarse como opción ganadora y jalar votos, el PAN ha manejado desde hace algunas semanas una encuesta de Mercaei que pone a Josefina Vázquez Mota cinco puntos abajo de Peña Nieto. Esa es la misma encuesta a la que se refirió Calderón en su reunión con los consejeros de Banamex y que provocó que el PRI y el PRD se lanzaran como chupacabras sobre el Presidente. Sin embargo, a diferencia de López Obrador, ni Vázquez Mota ni el PAN han dicho que todas las encuestas que ponen a la precandidata panista entre 12 y 14 puntos debajo de Peña Nieto están amañadas ni cuchareadas. Finalmente, tanto Mercaei, como Covarrubias y las otras encuestadoras que le dan ventaja a Peña Nieto son encuestadoras serias que llevan muchos años en el mercado. Evidentemente se pueden equivocar. Pero pensar que hay toda una maquinación detrás de una encuesta porque no dicen lo que se quiere es simplemente no entender lo que son las encuestas y calentar el ambiente político con propósitos partidistas. En realidad las encuestas sólo miden una intención de voto que puede cambiar —y seguramente va a cambiar— en el momento de la elección. Algunos votantes pueden modificar su voto, otros dejar de votar y además hay un alto porcentaje de votantes que no han decidido todavía por quién votar. No es más complicado que eso. Obviamente, todos tratan de presentarse como candidatos con posibilidad de ganar y ésa es su chamba. Ya los electores decidirán a cuál encuestadora creerle o no creerle y votarán en las urnas. En todo caso, las encuestas lo que muestran son tendencias y deben servir como indicadores para retroalimentar estrategias de campaña. Y lo que las encuestas nos dicen hasta ahora, independientemente del resultado final, es que Peña Nieto va bajando, Vázquez Mota va subiendo y López Obrador está estancado. Así de simple. ¿Eso significa que Peña Nieto ya ganó, que Vázquez Mota va a ganar o que AMLO ya está fuera de la pelea? No. Significa solamente lo que significa: que uno va bajando y otra va subiendo. Y que de continuar la tendencia es probable que, como lo sugirió el presidente Calderón, ésta puede ser una elección cerrada entre el PRI y el PAN. Pero, una vez más, eso sólo será así si continúan las tendencias. Y a quien no le gusten estas tendencias, pues que se ponga a trabajar para cambiarlas. Así de simple.

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