febrero 06, 2012

Josefina: libre de ataduras

Germán Martínez Cázares
El Universal

Voté ayer en la contienda interna del PAN, voté por Josefina Vázquez Mota.

¿Por qué por Josefina? Por una razón demostrada claramente en la precampaña: no entiende gobernar como sinónimo de "saber", sino como tarea de "convocar".

Vázquez Mota no dijo -desde esa Presidencia personalista mexicana que se niega a morir- "yo" arreglo los problemas del país; entiende al gobierno como responsabilidad de "todos", por eso insistió en llamar a los ciudadanos, no simplemente a los panistas.

No aspiró a ser capitana de ninguna embarcación, sino a animar y entusiasmar a la participación cívica y social, no sólo del panismo, sino a toda la sociedad, para resolver nuestro problemas. Ése fue su acierto.

Josefina tuvo el enorme tino de hablarle a todos los ciudadanos desde la precandidatura panista, mientras otros insistían en practicar la endogamia política o reclamarle tener pocos panistas en sus responsabilidades de gobierno. Vázquez Mota comprendió que la militancia panista no está aislada de la sociedad. Los panistas no son ermitaños ausentes de la realidad, eso es lo que decían las encuestas, y eso dijeron las urnas.

Frente al candidato izquierdista, ahora socio de Martín Esparza para resucitar al costoso sindicato de electricistas, y al candidato priista con cara nueva y manías viejas, existen muchos electores dispuestos a revalidar la esperanza en los gobiernos del PAN, pero justamente esas personas son las que no tienen credencial del PAN. No votaron ayer, pero pesaron en el resultado. Y a esas personas Josefina también les habló, y se convirtieron en sus aliados.

Por esa razón, porque las elecciones primarias panistas fueron un ejercicio interno y no íntimo, ni mucho menos secreto, el proceso debió ser intachable. ¿Tuvo el PAN un proceso electoral limpio? Creo que pudo haber sido mejor.

El proceso electoral panista quedó a deber compromisos más claros con propuestas liberales y concretas. Flexibilizar nuestros debates internos, agilizar la apertura a la sociedad en la participación interna, desburocratizar el desempeño partidista.

Sin embargo, el proceso tuvo dos graves pecados que no pueden pasarse por alto. Uno es el espionaje telefónico. ¿Con qué autoridad moral los panistas en la campaña venidera vamos denunciar el espionaje de afuera, cuando lo toleramos adentro? ¿No fueron los de adentro? Que lo aclare la Procuraduría de la República, delito sí hubo. Es muy importante deslindar la responsabilidad penal en el uso de ese instrumento que el Estado usa legítimamente, y con autorización judicial, para combatir a la delincuencia. El espionaje ilegal no puede manchar la lucha del presidente Calderón contra el crimen.

El otro tema no es menor, es la promoción del clientelismo electoral. Prometer o entregar víveres o empleos a cambio de un votos, como señalan las notas del periódico al informar de las denuncias de uno y otro precandidatos, es prostitución electoral. El PAN no debe claudicar ante el avance del reino de la "cultura de la despensa".

Voté en la casilla de la delegación Álvaro Obregón, testigo mudo de ese ejercicio democrático fue el monumento a Manuel Clouthier del Rincón. Josefina ganó ampliamente en esa casilla.

Al cruzar mi voto y depositarlo en la urna, no pude dejar de recordar la Convención Nacional panista de 1988, en la que los panistas hicimos nuestro abanderado presidencial, precisamente, al querido sinaloense Manuel Clouthier.

Quienes entonces apoyaron a Jesús González Schmall advertían a los que querían a Clouthier del riesgo en el que estaban metiendo al partido al llevar a un "empresario" (en tono peyorativo), gritaban que se acabaría todo con un hombre sin fondo, sin ideas, sin doctrina, "puro oropel y sólo entusiasmo". Lo mismo escuché ahora de la señora Josefina Vázquez Mota.

Ella, por decisión panista, toma la estafeta de Clouthier, Diego Fernández, Vicente Fox y Felipe Calderón. Ganó, arrasó como entonces Maquío Clouthier, por apostar por el ciudadano. Ese triunfo y esa manera de ganar la presenta a la contienda presidencial, libre de ataduras.

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