febrero 29, 2012

La inteligencia estúpida

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio


Hace 59 años, en 1953, se descifró la estructura en doble hélice del ADN, que revela el mecanismo básico de la reproducción. James Watson y Francis Crick lo consiguieron analizando abundante información y explorando posibilidades hasta hallar la solución. Un logro de la racionalidad científica, aunque no exenta de un necesario toque de creatividad.

En 1990, 37 años después, cuando el Proyecto del Genoma Humano se lanzó a descifrar la totalidad de la información genética de nuestra especie, quedó claro que no siempre el enfoque racional y ordenado es el mejor. El proyecto “oficial”, encabezado por el propio Watson, tomó cada uno de los cromosomas humanos, partiéndolos en fragmentos grandes, éstos en pequeños y leyendo la información de cada uno, para luego armar el genoma total. Pero surgió un proyecto paralelo y privado, encabezado por el rebelde Craig Venter, quien utilizó un abordaje insólito: partir todo el genoma en pedacitos, leer cada uno desordenadamente y luego, utilizando la fuerza bruta de las mejores computadoras disponibles, armar el rompecabezas.

Muchos pensaron que fracasaría: era absurdo trabajar de manera tan caótica. Pero funcionó. Venter alcanzó y adelantó al proyecto oficial, que tuvo que acelerar el paso. Al final, se decretó un “empate” en el año 2000.

Otro ejemplo de fuerza bruta fue el triunfo en 1997 de la computadora Deep Blue de IBM sobre el gran maestro de ajedrez Garry Kasparov. Se habló de que ganó sólo gracias a su mayor memoria y velocidad. Pero ganó. Habría que preguntarse si los procesos que ocurren en el cerebro biológico de Kasparov realmente son tan diferentes de lo que hizo Deep Blue.

Hoy el inmenso poder de cómputo actual permite que Google traduzca textos de un idioma a otro con resultados que, si bien distan de lo perfecto, son sorprendentes. Y lo hace no mediante una “inteligencia” racional, aplicando reglas gramaticales, sino mediante un método estadístico, comparando millones de textos disponibles en internet.

Al final, parece que será la “inteligencia estúpida”, de fuerza bruta, la que permita que las computadoras realicen funciones que antes nos parecían limitadas al cerebro humano.

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