febrero 04, 2012

¡Ojo!

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Sólo por el hecho de ser mujer, se percibe a Vázquez Mota como portadora de un cambio. Sería la primera vez que el PAN postulara a una mujer que tendría realmente oportunidades de ganar

La elección presidencial tendrá dos fases fundamentales. La primera va de ahora al 30 de marzo, cuando arranque oficialmente la campaña por la Presidencia de la República. La segunda, del 30 de marzo al 1o. de julio, día de la jornada electoral.

En la primera fase lo importante es quién se posicione como segunda fuerza y a qué distancia del tercer sitio. La experiencia histórica es concluyente. La carrera final siempre es entre dos. Quien se sitúa en la tercera fuerza queda al margen.

Eso les pasó a Clouthier (1988), Cárdenas (1994 y 2000) y Roberto Madrazo (2006). En cambio, la ventaja estratégica de quien ocupa el segundo sitio es que puede capitalizar la resistencia de los electores y jalar a su favor el "voto útil" o "anti".

Vicente Fox captó en 2000 el voto de muchos militantes y simpatizantes de izquierda que conside- raban que lo fundamental era sacar al PRI de Los Pinos. Sólo el candidato de la Alianza por el Cambio podía hacerlo. Por eso votaron por él.

Felipe Calderón hizo lo propio con todos aquellos electores priistas y no priistas que tenían pavor de que AMLO ganara la elección. La victoria de Calderón se explica por millones de electores que, más que votar por él, votaron contra "el rayito de esperanza".

De ahí la importancia estratégica que tiene para los partidos y candidatos que no son punteros (PAN y PRD) la fecha de arranque. El que se sitúe en tercer sitio estará en la olla y tendrá muy escasas, por no decir nulas, oportunidades de reposicionarse.

Menos aún en una contienda electoral que durará 90 días y en la que se puede dar por descontado que el candidato del PRI es el adversario a vencer. Porque, ya sea desde la derecha o la izquierda, la estrategia será volver la elección una suerte de plebiscito con la consigna de impedir el regreso del PRI a Los Pinos.

Ahora bien, dadas esas coordenadas, ¿cómo llega el PAN a la contienda por la Presidencia de la República? De entrada, con el desgaste propio de un partido que ha ejercido 12 años el poder e inauguró la era de la alternancia en la Presidencia de la República.

Se podría contrargumentar que dos sexenios no son nada si se les compara con los 71 años que duró la hegemonía priista. Pero dicha comparación no es mala, es perfectamente inadecuada. Porque el priato era un sistema de partido hegemónico y 12 años en el poder son muchos en cualquier régimen democrático.

Pero además, el gobierno de Felipe Calderón enfrentó la peor crisis económica internacional desde 1930, que se ha reflejado en los indicadores económicos y de empleo. Y eso, independientemente de las responsabilidades, tiene un costo político y social.

A lo que hay que agregar que la estrategia de combate al crimen organizado no ha dado resultados tangibles. La inseguridad y la violencia (50 mil muertos), lejos de contenerse, se han multiplicado. Las encuestas lo reflejan con claridad: la inseguridad es la preocupación número uno de los ciudadanos.

No debe extrañar, por lo tanto, que el 63 por ciento de los ciudadanos considere que los problemas rebasaron al presidente de la República (Buendía&Laredo, 10-15/noviembre, 2011).

Dado ese contexto, se puede afirmar que lo que hoy predomina es un ambiente favorable al cambio. Con dos agravantes para el PAN. El primero es que la alternancia despertó en 2000 una serie enorme de expectativas que no podían ser cumplidas o no fueron satisfechas por errores e incapacidad.

Esto significa que el ánimo de cambio estaba presente desde 2006. Y que de no haber habido un pésimo candidato del PRI y un candidato del PRD que cometió una serie de errores y causó -con razón- pánico en amplios sectores de la población, la victoria de Calderón hubiese sido imposible.

Hay que subrayar el hecho de que AMLO logró despertar la confianza en millones de mexicanos que votaron por él. Por eso, pese a los errores y excesos del propio López, Felipe Calderón alcanzó la victoria con apenas 0.56 por ciento, es decir, por poco más de 233 mil votos.

Todo esto viene a cuento porque hasta ahora, frente a Peña Nieto y AMLO, la mayoría de las encuestas posicionan a Vázquez Mota en el segundo sitio, a Creel en empate con López y a Cordero en el tercer sitio.

Reitero: sólo Vázquez Mota logra ubicarse en el segundo lugar, muy cerca de AMLO, pero en el segundo lugar. Creel no lo consigue y Cordero se ubica en el tercer sitio.

¿Por qué ocurre así? Se pueden avanzar dos hipótesis: una, por el solo hecho de ser mujer, se percibe a Vázquez Mota como portadora de un cambio. Sería la primera vez que el PAN postulara a una mujer que tendría realmente oportunidades de ganar.

Otra, Josefina tiene una buena imagen entre la ciudadanía y los propios panistas que hace que, con o sin razón, la sientan diferente al resto de los políticos.

Pero sea de ello lo que fuere, el hecho es que sólo ella se sitúa en el segundo sitio y por eso ofrece mejores posibilidades a los panistas de arrancar el 30 de marzo en el segundo lugar.

Quienes, invocando la experiencia de Felipe Calderón, consideran que este es un dato irrelevante se equivocan. En 2006, el candidato del PAN arrancó en el segundo sitio, no en el tercero, y desde ahí pudo disputar la Presidencia de la República.

Todo lo anterior quiere decir que Vázquez Mota iría en caballo de hacienda y alcanzaría irremediablemente la Presidencia. No, de ninguna manera. La popularidad de Peña Nieto es real y hasta ahora su ventaja es enorme.

Significa, simplemente, que ella garantiza mejor que Creel y Cordero que el PAN pueda disputar la Presidencia y no quedar en el tercer sitio. ¿Es poco? ¿Es mucho? Es lo que hay. Así que ¡Ojo!

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