febrero 22, 2012

Tres culturas necesarias

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

Para quienes defendemos el valor de la medicina científica, basada en evidencia, es muy preocupante la proliferación de productos milagro que se ofrecen insistentemente en anuncios televisivos desmesurados y diseñados para confundir.

Es preocupante porque se está engañando deliberadamente al público, ofreciéndole, como si tuvieran base científica, soluciones mágicas para remediar desde la calvicie o la gordura hasta enfermedades delicadas. Aparte de una estafa, se trata de una falta de respeto a los ciudadanos, que viola su derecho a recibir información fidedigna sobre la mercancía que consumen de buena fe.

Pero además, la promoción y venta de estos productos pone en riesgo la salud de quienes los usan, pues al no ser tratamientos médicos ni alimentos, caen fuera de la supervisión de las autoridades de salud. No sólo son inútiles: pueden causar daño por contener sustancias tóxicas y promueven que los pacientes abandonen los tratamientos médicos formales.

Por eso es de celebrarse la noticia de que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) contará ya con la capacidad de obligar a los anunciantes de este tipo de productos a retirar del aire sus comerciales, so pena de recibir multas de hasta casi un millón de pesos (el reglamento que permitirá sacarlos del mercado está prometido para marzo).

Tomando en cuenta que estos productos representan ganancias de 500 millones de pesos al año en publicidad, es previsible que habrá oposición tanto de los anunciantes como de los canales de televisión.

¿Qué podemos hacer gobierno y ciudadanos para contribuir a esta lucha contra los fraudes?

Propongo fortalecer tres aspectos de nuestra cultura: cultura científica, que nos da herramientas de pensamiento crítico para exigir evidencia confiable. Cultura del consumidor, que desde los años 60 ha ido frenando los abusos del comercio. Y cultura ciudadana, que requiere que, además de denunciar estos fraudes, nos responsabilicemos por educarnos para tomar decisiones cada vez mejores y más informadas.

Ojalá llegue el día en que los anuncios salgan del aire no porque se prohíban, sino porque ya nadie compra estos timos.

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