marzo 29, 2012

Acto de fe

Carlos Elizondo Mayer-Serra (@carloselizondom)
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

No me refiero a la visita del Papa Benedicto XVI. Sino a la celebración de la expropiación petrolera del 18 de marzo. Éste fue un evento crucial para el desarrollo de nuestro país. Pero hoy los retos de la industria son otros y seguimos atados a nuestra fe. Sólo Corea del Norte y México mantienen un régimen tan cerrado en el sector petrolero. No somos líderes en ningún indicador positivo en la industria. Los que se han abierto, como Brasil, hoy están mejor que nosotros.

Empecemos por la necedad de hacer una nueva refinería, o peor todavía, cinco, como propone López Obrador. Todas nuestras refinerías pierden dinero. No es por el subsidio enorme a la gasolina. Éste lo paga el fisco. Para subsidiar la gasolina es irrelevante si es importada. Nuestras refinerías pierden dinero porque son ineficientes. Gastan más tiempo en paros por mantenimiento y reparaciones que sus pares internacionales y consumen más energía. Las reconfiguraciones que hemos hecho en nuestras refinerías siempre han costado y tomado mucho más tiempo que lo planeado. Lo mejor y menos costoso para el país hoy sería tirar a fondo perdido lo que se ha gastado hasta ahora en la nueva refinería de Tula.

La confusión mayor es respecto a los impuestos que paga Pemex. Compararlos con lo que pagan de impuestos las empresas privadas es una tontería, porque en el caso de Pemex se mezclan regalías e impuestos. Se asume que Pemex es dueña de las reservas, pero no es así. Son de la nación. Se le debería cobrar regalías por poderlas explotar, a una tasa como la que se cobra en Estados Unidos, y luego tendría que pagar un impuesto sobre la renta, como cualquier empresa, sobre sus utilidades. En estos términos sí se podría hacer la comparación.

Para los creyentes, la fe mueve montañas. En nuestro culto de un Pemex monopólico y sin competencia, mejorar nuestra ineficaz empresa petrolera es cuestión de voluntad. Hoy la crítica de la oposición es que los panistas son incompetentes, basta sacarlos del poder. Los panistas pensaban lo mismo: bastaba echar a los barbajanes de Los Pinos y poner buenos administradores privados en Pemex para mejorar las cosas. No fue así, ni será así si pierde el PAN. Ni Dios podría administrar Pemex. Las rigideces sindicales, legales, hacendarias, contractuales y políticas, la corrupción que la corroe en tantos ámbitos, las desaforadas pensiones, el exceso de personal, por citar algunos de sus problemas, no se pueden enfrentar con pura voluntad. Se requieren incentivos distintos. La eficiencia sólo se puede lograr con una adecuada combinación de más competencia y mejor regulación.

No tiene sentido mantener el monopolio, o incluso la propiedad del Estado, en las actividades industriales de Pemex, como refinación y petroquímica. Son negocios de muy baja rentabilidad. Recientemente, Chevron ha decidido vender sus refinerías para concentrar sus recursos en lo que genera más valor. Hay que permitir que cualquier empresa invierta en la materia a la par de hacer del Pemex que refina y produce petroquímicos empresas independientes, con capital mayoritario público o incluso privado, pero administradas como empresas privadas. Pemex no debe invertir en gas y petróleo shale. Éstos son los mismos hidrocarburos, pero para extraerlos de las rocas sedimentarias donde se encuentran atrapados se requiere de técnicas especiales. Es otra vez un negocio de margen bajo o incluso negativo, como ha sucedido en Chicontepec, yacimiento muy parecido en estructura al shale y que ha sido un tiradero de dinero. Una empresa que tiene amplias reservas de hidrocarburos en aguas profundas, donde, si se sabe explorar y explotar, el margen es mucho mayor, debería concentrar sus recursos ahí, aunque compartiendo el riesgo con socios estratégicos. Es un acto de fe pensar que se puede hacer todo. Hasta la mejor organización empieza a hacer tonterías cuando hace de más.

Se requiere una Comisión Reguladora de Energía que obligue a Pemex a evitar prácticas monopólicas, que fije los precios de las gasolinas y otros productos como el gas LP con base en fórmulas automáticas como en el caso del gas natural. Así no habría subsidios y tampoco abusos. Una Comisión de Hidrocarburos cuya opinión tenga implicaciones en las decisiones de Pemex.

Hay un cierto discurso de reformismo en Peña Nieto y en Josefina Vázquez Mota. Ambos hablan de abrir el sector. Falta ver en qué y en dónde. Se acerca el momento de que puedan revelar sus creencias con detalle.

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