marzo 20, 2012

Bicentenario de la Pepa

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

Ayer se cumplieron 200 años de la promulgación de la Constitución de Cádiz. Por ocurrir en el día de San José, al documento se le conoció entonces como la “Pepa”. Se trata de la primera constitución liberal de España, que entonces también incluía a México, y por ello es de gran importancia recordarlo. Aunque usted no lo crea, sobre todo en cuestión económica
Martes 20 de marzo de 2012


Un poco de contexto: en 1808 España se derrumbó frente al poderío napoleónico. Carlos IV, un rey bastante inútil, abdicó a favor de su hijo, Fernando VII, que además de inútil era mala persona. Éste también abdicó, pero a favor de José Bonaparte, hermano de Napoleón, quien se convirtió en regente de España. Prácticamente todo el territorio de la península fue dominado muy rápidamente por los ejércitos de Napoleón, y lo único que quedó a salvo fue un pequeño puerto muy al sur, Cádiz, defendido por la Armada Británica (que después se iría de España, salvo de Gibraltar, que a la fecha siguen controlando).

Puesto que Fernando VII había abdicado, las Cortes de Cádiz (como entonces se llamaba al parlamento) fueron convocadas por la Junta Central Suprema, que se erigía como depositaria de la soberanía. Sin la sombra del rey, las cortes pudieron redactar un documento profundamente liberal, más cercano a lo que Francia representaba entonces que a la tradición española, aunque siempre se pueden encontrar raíces en los filósofos españoles de los siglos previos para sostener el liberalismo español. Aunque Fernando VII juró la Constitución poco después de promulgada, en 1814 la declaró inválida (una vez que Napoleón había sido derrotado en toda Europa). Sin embargo, en 1820 el motín de Riego (así se llamaba el general que lo promovió) la volvió a poner en funcionamiento. Fue nuevamente invalidada en 1823, y regresó de nuevo en 1833, ahora en medio de las guerras Carlistas en contra de María Cristina, que acabará promulgando una nueva Constitución en 1837.

Como usted acaba de ver, no fue fácil empezar a liberar España, ni mucho menos sus terrenos de ultramar, que solemos llamar colonias aunque no lo fueron. Precisamente en ese proceso de idas y venidas entre liberalismo incipiente y monarquía es cuando América se independiza. No por querer ser liberales, como nos enseñan en la escuela, sino por lo contrario.

La Constitución de Cádiz establecía derechos de las personas por encima de los privilegios del rey, pero también por encima de los privilegios de las corporaciones medievales que sostenían la economía hispana. La libertad de producir y comerciar para cualquiera iba en contra de los privilegios que tenían los consulados. En México, el de Veracruz y el de México. También se reducían las prebendas de la Iglesia y el Ejército (aunque eso ya había empezado desde las reformas Borbónicas). Pero la suma de todos estos cambios era profundamente preocupante para quienes controlaban América: burocracia, iglesia y comerciantes.

Por eso la independencia. No por ser liberales, sino porque estos grupos vieron amenazada su situación y decidieron mejor separarse de una España que no tenía rumbo. No es coincidencia que la Independencia de México haya ocurrido hasta 1821. El intento de retorno de la Constitución de Cádiz de 1820 a 1823 es precisamente lo que desata el movimiento conservador en México (la conspiración de La Profesa) que va a hacer realidad la separación de España.

Casi como si fuésemos lo mismo, el nuevo intento liberal en México va a ocurrir en 1833, con Gómez Farías, mientras en España ocurre el tercer intento de Cádiz que comentábamos arriba. Trescientos años de vida común no desaparecen tan fácil.

Un elemento interesante de esa Constitución, que seguimos arrastrando, fue la creación de municipios en todas aquellas comunidades que tuviesen más de mil habitantes, propuesta de Ramos Arizpe, diputado mexicano en Cádiz. Gracias a eso tenemos medio millar de municipios en Oaxaca, y apenas unas decenas en entidades varias veces más grandes, como Coahuila (el estado del diputado Ramos Arizpe) o Chihuahua, por poner ejemplos.

España llegaba un poco tarde al intento liberal en 1812, pero su fracaso pospuso todavía por un buen rato las medidas imprescindibles para sobrevivir en la edad moderna. América Latina, que decidió alejarse de ese intento, apenas para fines del siglo tendría los primeros intentos liberales (en México con Juárez, pero sobre todo con Porfirio), y muy rápidamente caeríamos de regreso en el antiliberalismo que marcó todo el siglo XX latinoamericano y que nos ha dejado muy atrás del mundo civilizado.

Por eso es de la mayor importancia recordar las Cortes de Cádiz, porque son un momento determinante para entender el fracaso de América Latina. No quisimos, en 1812, sumarnos a la modernidad. Optamos por separarnos de España para poder seguir siendo conservadores. Cien años después, los intentos liberales en casi todo el continente empezaron a venirse abajo, sobre todo a partir de la Revolución Mexicana. Otros cien años después, aquí seguimos, sin decidirnos a entrar en la modernidad y el liberalismo.

Doscientos años de negarnos el futuro aferrados a creencias absurdas e inútiles. Siempre colectivistas, ya sean católicas o comunistas; siempre tradicionalistas y nacionalistas. Siempre costosas para las mayorías, pero benéficas para los pequeños grupos que han sabido mantenerlas.

Como se gritó entonces: ¡Que viva el liberalismo! ¡Que viva la Pepa!

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