marzo 30, 2012

Calderón en Tercer Grado

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Se reconocieron las fallas de Presidencia en comunicación, pero por primera vez vimos a un mandatario que respondió con sustento.

El ejercicio de diálogo, o entrevista colectiva, transmitido la noche del miércoles por el Canal 2, como parte del programa Tercer Grado, de Televisa, donde vimos al presidente de México, Felipe Calderón, ser cuestionado por los periodistas Leopoldo Gómez, Joaquín López-Dóriga, Denise Maerker, Adela Micha, Víctor Trujillo, Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín, fue, sin lugar a dudas, el mejor ejercicio de comunicación que le hemos visto al primer mandatario. Previo, además, al inicio de campañas —cuando ya, por ley, deberá permanecer callado para “no poner en riesgo” la elección, como lo justifican las leyes electorales—.

Y sí, reconocemos, también, que tal encuentro es un poco tardío. Aunque no este encuentro en sí, sino la oportunidad de ver a un Felipe Calderón entero, relajado y vivaz, dispuesto al diálogo. Otra cosa hubiera sido este sexenio en materia de percepción de haber visto al Presidente como lo vimos antier, con temple (con garra, y hasta con sentido del humor) para responder a cada uno de los cuestionamientos que se le hicieron, y hasta capaz de corregir en datos, y en percepción, algunos de los temas que escuchó de mis compañeros del panel.

Se reconocieron las fallas de Presidencia en materia de comunicación pero, por primera vez en los más de cinco años que lleva al frente del despacho en Los Pinos, logramos ver a un mandatario que respondió con sustento en mano, con conocimiento de causa de cada una de sus decisiones, sus estrategias y sus planes de acción.

Pese a toda la polémica y la crítica que ha despertado su actuar frente a los problemas de seguridad, crimen, violencia y narcotráfico, Felipe Calderón defendió tales decisiones con el argumento de que tal problema iba a presentarse de todas formas. Y es que, finalmente, lo que recibió en 2006 no fue un país armado y con sus cuatro paredes levantadas y en forma, sino uno que arrastraba tantos males y que seis años de un primer gobierno de alternancia, entendido como el primero después de 70 años nacido en los cuarteles priistas, no había bastado para lograr los cambios en los que los discursos de campaña se basan y suelen ser siempre el motor para intentar generar un cambio en el rumbo político del país.

Ayer decía Ciro Gómez Leyva en su columna, en Milenio, que el mejor Calderón era “el polemista”, y de eso no hubo duda la noche del miércoles. Sin dejarse sorprender, notamos a un Presidente dispuesto al diálogo, sarcástico por momentos, uno que no le habíamos conocido y que mucho hizo falta en estos cinco años y meses previos, pues ese Presidente serio y poco expresivo fue uno de los flancos débiles a donde apuntaron sus detractores.

A partir de hoy, Felipe Calderón comienza a preparar su sucesión. Como Presidente deberá mantenerse al margen de la contienda. En Tercer Grado aseguró que no será Vicente Fox ni Ernesto Zedillo, será él, pues, observando a los cuatro candidatos por igual; aunque como ciudadano y militante, tenga ya casi su voto puesto en la casilla.

Pero, finalmente, ver a un Felipe Calderón con el temple necesario para responder y para asegurar que después de su mandato permanecerá en México, pese a lo que muchos piensan. Y, claro, para asegurar que las decisiones de su esposa Margarita serán plenamente respaldadas por él, las mismas que ella, cuando tuve oportunidad de charlar con ella hace unas semanas, me dijo, nos serán notificadas en su oportunidad.

La del miércoles por la noche fue una oportunidad muy bien aprovechada por Felipe Calderón para dejar un precedente que, cuando su mandado culmine, le servirá de sustento para defender lo que durante sus seis años en Los Pinos se ejecutó. Un Presidente que, para bien o mal, es capaz de aceptar las consecuencias de cada uno de sus actos. Y, eso, sí se debe reconocer.

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