marzo 11, 2012

Cassez; el otro montaje

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

¿Terminaremos pidiendo perdón a una secuestradora? El ministro Zaldívar se metió a la lucha presidencial

Pudiera tener toda la razón el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, cuando dice que “en sólo 35 horas devastaron el caso” de la banda de secuestradores en la que participó, como implicada, la ciudadana francesa, Florence Cassez.

Es posible que, en efecto —como lo dice el proyecto de resolución—, el montaje mediático de la captura de Florence Cassez se realizó “para exhibirla como culpable”, pero terminó por viciar el principio de presunción de inocencia, ya que la AFI no sólo violó los derechos de asistencia consular de la acusada, sino que impidió la intervención inmediata del Ministerio Público.

Y es muy probable que debido a la reiterada violación de las garantías individuales de la secuestradora Cassez, la Corte no sólo ordene dejar en libertad inmediata a la criminal —a partir del próximo 21 de marzo, lo que sería la primavera de Cassez—, sino que los mexicanos todos debamos pedir perdón —postrados de rodillas— a una delincuente que lastimó a un puñado de familias mexicanas, mediante uno de los más crueles tormentos a que puede someterse a un ser humano; el secuestro.

De montaje a montaje

Pero también resulta incuestionable —y están obligados a reconocerlo, el propio ministro Zaldívar y el pleno de la Corte— que asistimos al mismo manoseo mediático del caso Florence Cassez —del que acusa el ministro Zaldívar—, sólo que ahora promovido precisamente por el más alto tribunal de la nación. En otras palabras, que el montaje mediático y la violación de las garantías individuales de una procesada no se combate con la estricta aplicación de la ley, sino con otro circo mediático. O si se quiere, “para que la cuña del montaje apriete, debe ser del mismo circo”.

Es decir, que si la AFI de Genaro García Luna “devastó el caso en sólo 35 horas”, el proyecto del ministro Arturo Zaldívar ratificará, en 14 días, que la mismísima Corte no sólo gusta del circo mediático, sino que le apuesta a meterse al proceso electoral presidencial. Y es que, por lo menos uno de sus ministros, el ponente Zaldívar, parece haber tomado partido en la elección presidencial de julio próximo y hasta envía un mensaje de por quién no deben votar “los ciudadanos justos”. Claro, según su personalísimo interés.

Pero también es muy probable que —si el primer montaje estimuló la violación de las garantías individuales de Cassez— el “otro montaje”, el que enderezó la Corte a partir del proyecto del ministro Zaldívar, podría terminar por promover la impunidad de una delincuente ya juzgada y que cumple su condena, en tanto que los agraviados son doblemente victimizados, ya que el máximo tribunal habrá anulado su garantía de justicia.

El dilema es que si bien la Corte —según el ministro ponente— vela por el debido proceso de la secuestradora, también es cierto que nadie parece estar dispuesto a garantizar el derecho de justicia de las víctimas.

Todo esto en medio de un nuevo circo mediático preparado cuidadosamente.

Y es que, nos guste o no, son contundentes las evidencias de que el ministro Zaldívar diseñó y ejecutó el nuevo montaje —en el caso de Florence Cassez— no para favorecer el debate y la discusión saludables en torno a un suceso de interés público, sino con fines que parecen personales, de imagen y de alcance político-electoral. ¿Y cuáles son las evidencias a las que nos referimos?

La ley y la trampa

1.- Está claro que el tema del secuestro es altamente sensible para la sociedad mexicana en general. Pero también es cierto que el caso de la francesa Cassez lastima a no pocos ciudadanos, al grado de que —según Milenio— seis de cada diez encuestados creen que Cassez es responsable de secuestro.

2.- Sin embargo, el tema Cassez no es, por ejemplo, igual al tema de la despenalización del aborto o los matrimonios de personas del mismo sexo, en donde el debate ciudadano, estimulado por la Corte, aportaba elementos de juicio y análisis a los ministros.

3.- No, lo cierto es que en el tema Cassez, los ministros de la Primera Sala no tenían por qué convertir en espectáculo el proyecto de Zaldívar. ¿Por qué? Porque la deliberación pública del mismo no debe influir en el voto de los ministros.

4.- ¿Para qué hacer público el proyecto, si como lo ha dicho la propia Corte, el voto de los integrantes de la Primera Sala se dará al margen de la opinión pública?

5.- Si lo que piensan, creen, imaginan o suponen los ciudadanos no será tomado en cuenta por la Corte, ¿entonces para qué adelantar una parte del proyecto?, sobre todo si el ministro Zaldívar sí protege a testigos y participantes del juicio.

Justicia mediática y elecciones

Lo cierto es que al adelantar durante 14 días partes interesadas del proyecto de Zaldívar —que será discutido y probablemente votado el 21 del presente—, el ministro ponente y la Corte toda están jugando el juego del juicio mediático. Y no es la primera ocasión que Zaldívar echa mano de ese recurso. Lo hizo cuando propuso juicio contra las autoridades federales por el caso de la guardería ABC.

Pero no es todo. No es casual que el ponente haya decidido que el tema se llevara a los medios precisamente horas antes del Día Internacional de la Mujer. Si lo que se buscaba era sensibilizar a la sociedad sobre una mujer presuntamente victimizada por los horrores de la bárbara justicia mexicana, el ministro lo consiguió con creces.

Sin embargo, acaso resulte aun más sintomático que el tema salga a la luz justo en los previos al inicio formal de la elección presidencial mexicana. ¿Por qué? Porque difundir partes interesadas del proyecto, de suyo, tiene un fuerte impacto político-electoral, ya que el proyecto es —en sí mismo— un juicio político y electoral que ratifica el fracaso de los gobiernos del PAN en materia de impartición de justicia.

En otras palabras, parece claro que el ministro Zaldívar juega a la política y hasta envía un mensaje subliminal respecto a dónde están los buenos y los malos, en esa materia. Por eso, no es casual que los candidatos del PRI y del PRD se hayan pronunciado a favor del sentido de la ponencia del ministro Zaldívar. Es decir, contra la deficiente actuación, en materia de justicia, de los gobiernos de Fox y Calderón.

Y es que sería ingenuo suponer que los ministros de la Corte no hacen política desde sus cargos. Está claro que buena parte de sus resoluciones tiene una indiscutible carga política. ¿Y por qué no en esta ocasión, en la cual el ministro Zaldívar hasta podría ser el héroe del presidente francés, Nicolas Sarkozy? Al tiempo.

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