marzo 07, 2012

De Colosio a Coldwell, algo más que 18 años

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

El discurso de Pedro Joaquín Coldwell, el domingo pasado, al celebrarse el 83 aniversario del PRI, fue muy distinto al que hace exactamente 18 años pronunció, en otro aniversario de ese partido, Luis Donaldo Colosio. Aquel discurso de Luis Donaldo dejaba un amplio espacio para la esperanza y lo otorgaba para la autocrítica. Luis Donaldo veía un México de potencialidades y carencias, de posibilidades y estrecheces, en un proyecto que él mismo había contribuido a construir. Me tocó vivir y reportar aquellos días, donde precisamente por esas cualidades, a muchos priistas, sobre todo los que no simpatizaban con su candidatura o quienes pensaban que ésta se podía caer ante los embates de Manuel Camacho, no les gustó, no apreciaron ese discurso que, con el paso de los años, terminó siendo mitificado.

Para ofrecer aquel discurso, Luis Donaldo le pidió asesoría a mucha gente, desde periodistas hasta intelectuales y políticos de diferentes grupos, de dentro y de fuera de su partido. El discurso fue armado casi como un puzzle, incorporando las ideas, las propuestas, los temas, que había recogido a lo largo de una gira de dos meses por el país, que había estado poblada de conflictos, problemas, desazón. Colosio tuvo, además, un gesto que luego algunos también magnificaron, que fue no enviar a Los Pinos el texto del discurso hasta unas horas de aquel acto en el Monumento a la Revolución. Hay quienes consideran que eso implicó una ruptura con Carlos Salinas. En realidad no fue así ni esa era la intención: sí era un gesto, imprescindible en aquellas jornadas, para demostrar un margen de autonomía respecto a la Presidencia de la República, que le permitiera asumir corresponsabilidades y autocrítica, algo que Colosio necesitaba en términos personales y políticos. Pero también me consta que eso no significó una ruptura de Luis Donaldo con Salinas de Gortari, al contrario, tres semanas después, Camacho abandonaba sus pretensiones, un día antes del asesinato de Luis Donaldo.

No recuerdo en mi vida de reportero un discurso en una campaña presidencial que me haya impactado, en su momento, a la hora de pronunciarlo, tanto como aquel de Colosio, quizá sólo el de los cierres de campaña de Cárdenas y Clouthier en 88. Las imágenes de Luis Donaldo enmarcaban el abarrotado edificio del PRI el domingo pasado, pero creo que el discurso de Coldwell quedó muy lejos de aquel de Colosio. Fue una buena pieza de campaña, pero no hubo una línea, el menor espacio para la autocrítica. La frase más recordada del discurso del presidente del partido fue esa en la que aseguró que la “pesadilla del panismo, que ha recetado al país dolor, violencia, corrupción y pobreza”, sería erradicada por el regreso del PRI al poder.

Por supuesto que el tricolor tiene argumentos para ofrecer su regreso al poder luego de 12 años de gobiernos panistas, pero no puede desligarse de sus responsabilidades con tanta facilidad. Enrique Peña Nieto fue, un día después de aplaudir el discurso de Coldwell, a decirle al vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, que continuaría con la actual lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Saliendo de ahí mencionó que eso había dicho, pero que lo haría con una estrategia diferente, aunque resulta que la estrategia que ha planteado en los pocos espacios en los que ha hablado de ella es exactamente la misma que lleva el actual gobierno federal.

Es más, tienen razón los panistas al demandar la corresponsabilidad del PRI en la actual situación, ante la postura adoptada por muchos gobernadores de ese partido que simplemente no hicieron nada para combatir a la delincuencia o por gobernantes que la dejaron crecer, en el ámbito local y el federal. También en la ausencia de una agenda legislativa que sacara adelante todo lo que los dirigentes partidarios y los gobernadores habían aprobado. Apenas la semana pasada eso mismo le reclamó a los legisladores Alejandro Martí, respecto a las leyes para interceptar o impedir llamadas telefónicas desde los reclusorios o en casos de extorsiones o chantajes.

Un día después, la Cámara de Diputados, que tiene mayoría priista, aprobó casi por unanimidad esa ley que llevaba congelada en la Cámara baja diez meses y que, unos tres años y medio atrás, había sido aprobada en el Consejo Nacional de Seguridad Pública. ¿Sabe usted cuántas llamadas de extorsión se realizaron desde los reclusorios por la ausencia de esa ley? Según la Cámara de Diputados, se realizan unas seis mil llamadas diarias de extorsión desde los reclusorios, eso implica que los tres años y medio de rezago legislativo permitieron que se efectuaran siete millones y medio de extorsiones telefónicas desde los reclusorios que, además, los administran estados y municipios.

Quizá lo que estamos viviendo es, sí, una “pesadilla, que ha recetado al país dolor, violencia, corrupción y pobreza”. Pero esa receta y su administración tienen muchos responsables y resulta tan desafortunado no reconocerlo como querer atribuir al PRI una línea histórica de negociación con el narcotráfico.

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