marzo 20, 2012

Disensos y rupturas

Ricardo Pascoe Pierce (@rpascoep)
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Las elecciones internas en el PAN del DF, el pasado fin de semana, dejan un saldo repleto de claroscuros. Desde hace tiempo ha habido reportajes y comentarios en la prensa que empañaban los procesos internos más notables en las delegaciones de Benito Juárez, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo. Todos giraban en torno a prácticas cuestionables en lo relativo a la obtención de votos, por un lado y, por el otro, las alianzas ilegales entre algunos empresarios y las áreas delegacionales de licencias, construcciones y permisos de operación. Quienes conocen el funcionamiento de las delegaciones saben que la segunda es la razón de peso, mientras que la primera es de operación y soporte para lograr el verdadero objetivo.

La atención pública y mediática se ha centrado en la compra de votos, la oferta de despensas, el reparto de láminas y botes de pintura, además del acarreo de votantes. Un tema también muy comentado ha sido la integración del padrón del PAN. Esto último es de enorme importancia, pues debiera ser la piedra angular de cualquier elección. Un padrón confiable permite realizar una elección. Al carecer de este elemento, es imposible pensar en elecciones internas legítimas. Al no tener padrones confiables, tanto el PRI como el PRD han optado por otros métodos de selección —que no elección— de sus candidatos, donde combinan el dedazo, la negociación, los acuerdos internos, las movilizaciones, pleitos y enfrentamientos.

Pero todo lo anterior puede provocar graves disensos internos, a tal grado que genera, incluso, rupturas. Primero se da la ruptura de confianza. Después la del diálogo. Y, finalmente, la ruptura institucional. Muchos de estos procesos corren ese riesgo, especialmente cuando los instrumentos (métodos usados para la obtención de votos) están al servicio de los acuerdos ilegales.

Lía Limón, por ejemplo, renunció al PAN, como protesta por los métodos utilizados en la obtención del voto, cuando ella misma promovió el uso de esos métodos en su campaña. Su incongruencia está a la vista. Empero, renuncia por razones esquivas. Si hubiera sido por compra de votos sería una cosa. Pero no puede renunciar por eso, pues ella incurrió en esa falta, al igual que el reparto de materiales de construcción. Entonces renuncia por algo no imputable a ella ni a ningún precandidato: las fallas del padrón. En realidad, quería renunciar al PAN con cualquier pretexto por sus negociaciones privadas (ojo: no digo secretas, digo privadas) con el PRI.

En realidad, la pregunta esencial sobre los resultados tiene que ver con los compromisos que hay en el fondo de la operación político-electoral. Es importante poder discernir entre operación y acuerdos ahí sí secretos.

Al partido le diría: bienvenido a la realidad. Pero, también, qué decepcionante que, ante esa situación, nuestros métodos internos para elegir a nuestros candidatos resultan insuficientes para dar fuerza y coherencia a la presencia social y policlasista que sí se tiene. El PAN ya es un partido internamente diverso, en múltiples sentidos. El proceso lectivo en el DF demuestra la necesidad de encontrar nuevos espacios para las expresiones dentro del partido. Ya no es uno de voces uniformes. Es ya uno de voces discordantes que exigen ser escuchadas y atendidas.

El reto está en el crecimiento de la afiliación, que debiera ser aplaudido, no rechazado o cuestionado. El problema no es tener más y más afiliados, sino atenderlos adecuadamente. Son los dolores naturales del crecimiento y, por tanto, el cambio en la naturaleza de los procesos lectivos internos. La realidad exige ese reconocimiento. La legalidad interna deberá ajustarse a ella. Y es la mejor forma de afrontar los disensos internos y las rupturas en toda organización política.

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