marzo 08, 2012

Hablemos de drogas en serio

Rafael Álvarez Cordero
raalvare2009@hotmail.com
Médico y escritor
Excélsior

Las adicciones, todas, deberían ser asunto de salud pública.

VAIL, Colorado.— Eso de la legalización y despenalización de las drogas es un verdadero galimatías porque hay muchos intereses en juego. Se han realizado decenas, tal vez centenares de reuniones, a nivel local, universitario, legislativo, nacional, internacional, multinacional, qué se yo, y siempre hay las dos posiciones opuestas e irreductibles, los que invocan la prohibición como única opción frente a las drogas y los que pugnan por su despenalización.

Quienes hablan de la prohibición olvidan que las drogas, como el alcohol, son inherentes a la cultura humana desde hace siglos y que su prohibición —según se vivió en Estados Unidos con el alcohol en el siglo XX— sólo causa un aumento de su precio, corrupción, dolor y muerte.

Desde ese entonces hubo voces que llamaban a la descriminalización de las drogas y a que las adicciones, todas, sean asunto de salud pública, pero las monumentales sumas de dinero que produce su cultivo, transporte y venta, dado que están prohibidas, hace que nadie de quienes reciben beneficios de ese comercio quiera que se cambien las reglas. Obtienen dinero: el campesino que cultiva la droga y gana cinco o diez veces más que si cultivara trigo; el transportador que arriesga su vida al llevarla; los comerciantes, desde el mísero vendedor de carrujos en un callejón hasta el magnate que tiene casas, yates y un ejército de guaruras; el policía que cierra los ojos cuando pasa la yerba, el vista de la aduana, el funcionario de aquí y de allá que recibe mensualmente su cuota por proteger a los traficantes, y aun los altos funcionarios del país y extranjeros que cierran el infame círculo de complicidades, por lo tanto, ¿para qué despenalizar la droga si así estamos tan bien?

Si vamos a hablar en serio de la droga, deberemos omitir declaraciones como las de la primera dama de México y del secretario de Educación, que afirman que “eso solo no resuelve el problema”. ¡Claro que no lo resuelve!, el asunto no es tan simple como eso, pero se puede empezar ya. Tampoco servirán los discursos alarmistas sobre los daños y las muertes que origina la droga. ¡Por favor, señores!, el alcohol mata, por enfermedad o por violencia, a decenas de miles de seres humanos, y la mariguana no.

Afortunadamente son cada vez más fuertes las voces de quienes, con argumentos sanitarios, económicos y de derechos humanos, hablan de la despenalización progresiva de las drogas, iniciando con la mariguana. Ya dos presidentes en funciones, Otto Pérez, de Guatemala, y Mauricio Fuentes, de El Salvador, hicieron un llamado para analizar en serio el asunto de los estupefacientes, y esto lo han respaldado Laura Chinchilla, de Costa Rica, y Juan Manuel Santos, de Colombia. ¿Y México? Está en silencio, cuando debería ser el líder de ese movimiento continental.

Aunque el peso de las políticas represivas de EU es muy grande, no debe olvidarse que en muchos estados de aquí la droga se cultiva y se comercia sin problema (lo he visto aquí en estos días), por ello creo injusto y criminal que los jóvenes de aquí cultiven y fumen su mariguana sin problema y los de allá caigan presos o mueran en un callejón por tener un carrujo en la bolsa.

En la hermosa Cartagena de Indias, Colombia, se llevará a cabo en abril la Cumbre de las Américas, y ése podrá ser el foro para que se hable en serio sobre las drogas y que, junto con otros países, México tome, ya, una decisión al respecto: “Despenalización, ¡ya!”

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