marzo 13, 2012

Josefina en el estadio

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

En alguna parte oí, quizá de José María Pérez Gay, que según Hegel los partidos políticos no empiezan a existir mientras no se dividen. Alternativamente podría decirse que las candidaturas a la Presidencia no empiezan a existir hasta que no sufren su primer revés mayúsculo.

Lo sufrió Enrique Peña Nieto en sus respuestas de la Feria Internacional del Libro, y Andrés Manuel López Obrador en la claridad con que las encuestas lo han ubicado en el tercer lugar de la contienda.

Un revés mayor es lo que recibió el domingo pasado Josefina Vázquez Mota en el estadio Azul, cuando una reunión prevista de 35 mil personas terminó en una candidata hablando a unas gradas semivacías.

El error visible de campaña es poner a hacer al PAN lo que aquí solo sabe hacer el PRI: llenar estadios con simpatizantes entusiastas, acarreados o no.

Un error invisible más costoso, porque es menos corregible, sería el que sugiere ayer Ciro Gómez Leyva: que Josefina Vázquez Mota “se muere de ganas por parecerse a Echeverría o López Portillo” (En aquello de hablarle a multitudes, supongo).

Los grandes tropiezos son grandes oportunidades, y la mayor de todas para Josefina Vázquez Mota es que, en estos momentos, tan notorio traspié le permitiría tomar la campaña en sus manos, pues no parece estar en el mando del PAN o de la parte del PAN que necesita.

Le urge reunificar a la dirigencia panista bajo su candidatura y debiera dedicarse a ello. Coser las heridas en la cúpula y unificar sus intenciones, para que pueda haber cierta cohesión en la base.

Los gobernadores ausentes en su protesta como candidata son un síntoma tan grave como las gradas vacías. Quizá las explican.

La administración de los intereses del partido como un asunto distinto a la candidatura presidencial, no puede sino conducir al desencuentro práctico del domingo, en el cual, ya con la gente harta de esperar, todavía se le propinaron discursos de la candidata al Gobierno del DF y del presidente del PAN. Cuando la candidata presidencial llegó al micrófono ya estaba en desbandada la clientela.

Yo no sé lo que pasa en el PAN, pero sé con precisión lo que me transmitió este domingo: división, imprudencia, impericia y más adrenalina puesta en las riñas internas del partido que en la imagen de su candidata presidencial.

Como si la derrota de ésta no fuera a arrastrarlos a todos.

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