marzo 16, 2012

Kafka opina

Juan Villoro (@juanvilloro56)
Reforma

El intempestivo Karl Kraus seleccionó noticias de la prensa para incorporarlas como parlamentos en su obra de teatro Los últimos días de la humanidad. De manera inversa, ciertas ficciones puede ser leídas como artículos periodísticos.

Franz Kafka concibió precisas parábolas sobre la burocracia, los errores judiciales y el poder autoritario. Es difícil superar su condición de oráculo político. El último de sus relatos fue escrito en la primavera de 1924, poco antes de ingresar en el sanatorio de Kierling, donde murió el 3 de junio. Se trata de "Josefina la cantora o El pueblo de los ratones".

En el momento kafkiano de la intercampaña, paréntesis en que la política se repliega y la realidad es sustituida por las encuestas, conviene revisar ese cuento final, que parece haber sido escrito para diagnosticar nuestro presente.

Condenso el texto a partir de la traducción de J. R. Wilcok. Kafka describe a la guía de los ratones:

"Nuestra cantora se llama Josefina... Al oír ese canto deberíamos experimentar ante todo y en todos los casos, la sensación de lo extraordinario, la sensación de que en esa garganta resuena algo que no hemos oído nunca, y que tampoco somos capaces de oír, y que tal vez Josefina y sólo ella nos capacita para oír. En realidad, no es ésta mi opinión, no siento eso y no he notado que los demás lo sintieran. En círculos íntimos, no titubeamos en confesarnos que, como canto, el de Josefina no es nada extraordinario...

"¿No será un mero chillido? Todos sabemos que el chillido es la aptitud artística de nuestro pueblo... Si uno se coloca bien lejos y la escucha o todavía mejor, si para poner a prueba su discernimiento trata de reconocer la voz de Josefina cuando ésta canta en medio de otras voces, sólo distingue, sin lugar a dudas, un vulgar chillido... Y, sin embargo, si uno está ante ella, ya no oye un simple chillido; para comprender su arte es necesario no sólo oírla sino verla...

"Admiramos en ella lo que no admiramos en nosotros; por otra parte, ella está en este sentido totalmente de acuerdo con nosotros....

"Como chillar es uno de nuestros hábitos inconscientes, podría suponerse que también en el auditorio de Josefina se oyen chillidos; nos encanta su arte, y cuando estamos encantados, chillamos; pero su auditorio no chilla, guarda un silencio de lucha.... ¿Nos extasía su canto o no sería más bien el solemne silencio que envuelve su débil vocecita?...

"Hace tiempo que se resignó a la incomprensión. Por eso le agradan tanto las interrupciones. Cualquier circunstancia exterior que se oponga a la pureza de su canto, que pueda ser vencida con poco esfuerzo... puede contribuir a despertar a la multitud...

"El pueblo es adicto a Josefina pero no lo es incondicionalmente. Por ejemplo, no serían capaces de reírse de ella. Se llega a admitir que muchos aspectos de Josefina son risibles, y la risa es de por sí una de nuestras características constantes; a pesar de todas las miserias de nuestra existencia, la risa moderada es en cierto modo nuestra habitual compañera; pero de Josefina no nos reímos. A menudo tengo la impresión de que el pueblo concibe su relación con Josefina como si este ser frágil, indefenso y en cierto modo notable (según ella notable por su poder lírico), le estuviera confiado, y él debiera cuidar de ella; el motivo no es claro para nadie, pero el hecho parece indiscutible. Pero nadie se ríe de lo que le han confiado; reírse sería faltar al deber; la máxima malicia de la que a veces son capaces los maliciosos al hablar de Josefina es ésta: 'La risa se nos acaba cuando vemos a Josefina'...

"Pero hay algo en las relaciones entre el pueblo y Josefina que es más difícil de explicar todavía. Y es esto: Josefina no sólo no cree que el pueblo la protege, cree que es ella quien protege al pueblo. Piensa que su canto nos salva en las crisis políticas o económicas, nada menos... Ella no lo dice... pero lo dicen los destellos de sus ojos y lo proclama su boca cerrada (en nuestro pueblo pocos pueden tener la boca cerrada; ella puede)...

"Una especie de inagotable... infancia caracteriza a nuestro pueblo. En oposición directa a lo mejor que tenemos, nuestro sentido común, nos conducimos muchas veces de la manera más insensata... Josefina ha sabido aprovechar desde el primer momento esta puerilidad de nuestro pueblo...

"Ella es apenas un pequeño episodio en la eterna historia de nuestro pueblo, y este pueblo superará su pérdida...

"¿Cómo haremos para reunirnos en completo silencio? En realidad, ¿no eran nuestras reuniones también silenciosas cuando estaba Josefina? ¿Era, después de todo, su chillido notoriamente más fuerte y más vivo de lo que será en el recuerdo?...

"Quizá nosotros no perdamos demasiado, después de todo; mientras tanto, Josefina, libre ya de los afanes terrenos que sin embargo según ella están destinados a los elegidos, se aleja jubilosamente, en medio de la multitud innumerable de los héroes de nuestro pueblo y, puesto que desdeñamos la historia, entrará muy pronto, como todos sus hermanos, en la exaltada redención del olvido".

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