marzo 02, 2012

La gratuidad de Facebook

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Chris Anderson en su libro Free (Gratis), escrito a fines de la década pasada, describe la forma en que se desarrollan la economía y los negocios en la era digital. Para entenderlos, según el autor, se debe partir de que hemos entrado a la era de lo gratuito, aunque advierte que si algo es gratis para el usuario es porque otros lo subsidian y sufragan, y la forma en que eso se da es a través de una especie de trueque en donde el usuario está dispuesto a “consumir” determinada propaganda a cambio del uso de un servicio o de una tecnología.

No obstante, con el tiempo se ha ido aclarando que una parte fundamental del valor de las empresas de la nueva economía está en su demografía, pero también en la eficacia en la recopilación de datos de sus usuarios. Es decir, no sólo se trata de que los usuarios vean determinada publicidad, sino que se puedan registrar con precisión sus hábitos, lo que al final termina siendo un “pago” que no es poca cosa.

Un caso destacado es Facebook, que se ha tornado fundamental para un sector importante de personas del planeta para comunicarse con sus amigos y otras personas, para establecer vínculos sociales y organizar sus vidas e incluso para maximizar sus talentos. Facebook es una vía para ampliar la riqueza existencial y un inmenso laboratorio social para desarrollar las identidades y para explorar nuevas formas de ampliación familiar ofrecidas por las nuevas tecnologías.

Es decir, Facebook es una de las mejores maneras y plataformas para medir los comportamientos en línea (y fuera de la red) ya que con sus más de 850 millones de usuarios a escala planetaria, permite establecer mediciones diferenciadas (por país, grupos de edad, escolaridad, etcétera).

Sin embargo, muchos usuarios de esa red social no saben que cualquier contenido que suben (fotos o videos) se ceden a esa empresa tácitamente y por tanto ella puede hacer lo que guste con esos materiales. Asimismo, no existe forma de recuperarlos, amén de que cada palabra o comentario escrito o compartido en Facebook también es propiedad de la compañía.

Al final, el modelo de Facebook se basa en el “despojo” de la propiedad de los usuarios y es el reflejo perfecto de que esa gratuidad no es tal, que cuando uno no sufraga por un servicio al final no termina por ser un consumidor sino un producto para ser “vendido”.

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