marzo 08, 2012

La política en Suiza: un asunto de ciudadanos

Blanca Heredia (@BlancaHerediaR)
La Razón

El médico de mi prima, un connotado oncólogo suizo, decidió postularse al cargo de diputado del Cantón de Vaud en las elecciones de este mes. Si resulta electo, dedicará algunas horas de su apretadísima agenda a representar a los habitantes de su Cantón en el parlamento cantonal. En Suiza, el caso del Doctor Kirchner es bastante común y corriente. Muchos profesionales independientes, así como un número importante de pequeños comerciantes y trabajadores de diversas ramas, dedican alguna parte de su tiempo, durante algún período de su vida, al desempeño de funciones de representación y gestión política.

Lo que mueve a los ciudadanos como el médico mencionado a involucrarse en política no es la remuneración o los privilegios asociados al cargo. En la Confederación Helvética, los representantes populares a nivel comunal —ciudades y pueblos—, cantonal y federal realizan sus funciones de representación de manera prácticamente honorífica. Los únicos políticos electos que reciben sueldo son los miembros del Consejo Federal —el Ejecutivo— y los funcionarios de la administración pública. Por otra parte, dados los estrictos y extensos sistemas de control horizontal y vertical para los representantes populares, lucrar con el puesto no es realmente una opción. Como me comentó recientemente un profesor suizo: “para nosotros, asumir cargos políticos es parte de un ethos general en el que la política se vive como servicio comunitario”.

A las tareas de representación política que realizan a tiempo parcial algunos suizos, habría que añadir las muchas otras actividades de carácter público que llevan a cabo el conjunto de los ciudadanos de ese país cotidianamente. Por ejemplo, analizar y emitir su voto sobre las iniciativas de ley y/o de reforma constitucional que son sometidas, periódicamente, a su consideración para ser votadas sea en persona o por correo. Dicha tarea implica leer y analizar unos cuadernillos muy bien hechos y también muy austeros que describen cada una de las iniciativas y que exponen la posición del gobierno federal o cantonal, según sea el caso, en relación a ellas y emitir su voto al respecto entre 3 y 5 veces por año.

Los varones suizos entre los 18 y los 32 años aproximadamente, tienen, además, que dedicar tres semanas por año en promedio a realizar su servicio militar obligatorio o, si así lo prefieren, su servicio comunitario. Esta actividad ha tenido históricamente dos funciones centrales: integración y cohesión social, por un lado, y defensa, por otro.

A diferencia de lo ocurre en muchos otros países, la política en Suiza no está monopolizada por los políticos profesionales. En ese país, la política es un asunto efectivamente de todos, en el que participan regularmente de muchas maneras los ciudadanos.

No sé qué tanto explique el sistema de democracia semi-directa del extraordinario nivel de desarrollo económico y social de Suiza. Con un ingreso per cápita de 85,000.00 dólares anuales y un crecimiento de 1.9% en 2011 a pesar de la crisis europea, sin embargo, queda claro que la ausencia de un monopolio sobre la política por parte de los políticos profesionales no parece ser, ni haber sido, un impedimento para el impresionante éxito de ese país en tantos y tantos frentes.

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