marzo 11, 2012

Matándonos suavemente

Fernanda de la Torre (@FernandaT)
fernanda@milenio.com
Neteando
Milenio

Dicen que no hay casualidades sino causalidades. No lo sé. Unas horas después de una interesante plática en San Ildefonso con el pintor sueco Johan Falkman acerca del significado de la belleza, mi amiga Pilar me mandó un video titulado: Matándonos suavemente justo en esta semana en que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer.

El correo de Pilar tenía un mensaje que decía: No dejen de verlo, nos compete a todos. Confieso que ante la duración del video y con tantas cosas que hacer empecé a dudar, pero decidí verlo. No me arrepiento. Killing us softly: Advertising’s Image of Woman (Matándonos suavemente: La imagen de la mujer en la publicidad) (http://www.youtube.com/watch?v=1ujySz-_NFQ&feature=email) es parte de una serie de documentales realizados por Jean Kilbourne quien ha dedicado buena parte de su vida a estudiar la imagen de la mujer en la publicidad y su relación con algunos problemas de salud pública. En su documental, Kilbourne da una mirada fresca e inteligente sobre cómo la publicidad difunde los ideales destructivos y distorsionados de feminidad. Nos reta a tomar la publicidad seriamente, a pensar de un modo crítico sobre la cultura popular y su relación con el sexismo, trastornos de alimentación y violencia de género. Supongo que todos hemos oído acerca de la manipulación de la publicidad, en ese sentido no es nada nuevo. Sin embargo, Kilborne explica y ejemplifica de una manera clara y objetiva el problema. Las situaciones que menciona Kilborne en su documental no son exclusivos de los Estados Unidos. Los trastornos alimenticios, la obsesión con la delgadez, la violencia contra las mujeres y la depresión son un problema global.

Recuerdo que cuando escribí acerca de una camiseta que decía: “Demasiado bonita para hacer la tarea” recibí varias críticas aduciendo que simplemente era un mensaje simpático. Tristemente, no es un mensaje aislado. Los mensajes están por todas partes y sí nos afectan a pesar de que creamos que somos inmunes. Los mensajes publicitarios, como subraya Kilborne en su documental, tiene un impacto subconsciente muy fuerte.

El otro día me comentaba una amiga que le deprimía ver ciertas revistas. Me pasa lo mismo. En la sociedad efebólatra que vivimos, el mensaje que nos manda la publicidad es claro: las mujeres necesitamos, además de ser muy jóvenes, tener un físico perfecto: sin grasa, poros, arrugas ni cicatrices (de celulitis o estrías mejor no hablamos). Es fácil deprimirse al compararte con estos seres perfectos, pero inexistentes, ya que su belleza es producto del un maquillaje profesional, iluminación adecuada y horas de Photoshop. Por eso resulta tan refrescante ver en anuncios y películas a hombres y mujeres reales con canas, pancita y arrugas que pasan de 35 años.

La belleza no tiene que ver con la perfección inalcanzable. Johan Falkman me comentaba que él se ha alejado de la belleza tradicional en sus retratos ya que considera que la belleza es algo interior que refleja fuerza, poder personal y es eso lo que nos hace atractivos. Si para muchos el retrato es un género caduco, Falkman lo encuentra profundamente vigente ya que puede ver en cada persona la fuerza de la creación.

Jean Kilborne sugiere que para lograr un cambio tenemos que estar conscientes y reconocer que la manipulación de la publicidad nos afecta. Considera que la violencia en contra de las mujeres, la obsesión con la delgadez, los ideales de belleza distorsionados y la depresión que ocasionan, son problemas de salud pública que no podrán resolverse si no cambiamos nuestro entorno. Para ello necesitamos activismo ciudadano, educación, discusión y trabajar juntos para lograr que hayan cambios en las actitudes y la legislación.

Durante la semana, en el marco del Día Internacional de la Mujer, hemos reflexionado acerca los beneficios de una sociedad equitativa. No vamos a poder lograrlo si seguimos con anuncios que distorsionan la realidad y que convierte a los seres humanos en meros objetos. Si queremos un cambio, como bien dice Kilborne, empecemos por darnos cuenta y no minimicemos el problema.







No hay comentarios.: