marzo 01, 2012

¿Nos fiamos o no?

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

No se ha enfriado aún el cadáver del líder norcoreano Kim Jong-il, enterrado en medio de una teatral histeria colectiva en diciembre del año pasado, cuando su hijo menor y heredero, el novato Kim Jong-un, sorprende al mundo con lo más parecido a una excelente noticia: Estados Unidos enviará comida para los hambrientos norcoreanos, a cambio de que Corea del Norte suspenda su programa nuclear y permita que haya inspectores de la ONU presentes, para garantizar que no mienten.

De cumplirse lo acordado se reabrirían las puertas a las interrumpidas pláticas a seis bandas —las dos Coreas, EU, China, Rusia y Japón— para hablar del desarme y la desnuclearización de la península coreana; y quién sabe, si nos ponemos a soñar, hasta podrían ponerse a hablar de la reunificación.

Pero no adelantemos acontecimientos; no estamos en el cuento de la lechera. Washington no se fía de Pyongyang y con razón. El anterior “querido líder”, Kim Jong-il, prometió demasiadas veces que iba a ser bueno y luego, tras recibir medicinas, dinero y alimentos de los occidentales, se burló varias veces de ellos lanzando misiles de largo alcance o ensayando con cargas nucleares subterráneas, poniendo así al borde del infarto a surcoreanos y japoneses.

Tendremos que esperar, pues, a los hechos y comprobar si Kim Jong-un es el Gorbachov norcoreano que todos esperamos o una marioneta más en manos de los viejos generales comunistas, esos que lo vigilan de cerca con sus uniformes cargados hasta lo absurdo de medallas.

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