abril 30, 2012

El PRI: lo bueno, lo malo, lo feo

Carlos Bravo Regidor
La Razón
http://conversacionpublica.blogspot.com


La narrativa de la transición mexicana siempre fue una narrativa fundamentalmente antipriista. En la historia que nos contamos sobre el cambio político de los últimos veinte o treinta años el PRI, más que un actor o un espacio dentro del sistema, era el sistema mismo: la corrupción, el clientelismo, la negligencia, el corporativismo, la ilegalidad, el abuso, la opacidad, en fin, el PRI encarnaba todo aquello que aprendimos a identificar con ese “antiguo régimen” que el proceso de democratización prometía dejar atrás.

La experiencia democrática ha sido, sin embargo, poco congruente con dicha narrativa. Primero, porque muchas de esas prácticas que quisimos creer propias del autoritarismo han subsistido, hasta hoy, con un régimen bien que mal democrático. Segundo, porque la democracia nos ha obsequiado numerosos ejemplos de que, lejos de ser exclusivas del PRI, dichas prácticas pueden ser las de cualquier partido en el poder. Y tercero, porque si en la narrativa de la transición “la sociedad” solía ser caracterizada como una víctima más o menos inerme, ahora sabemos que “la sociedad” también es cómplice activa de esas prácticas cuya responsabilidad no podemos achacar sólo a los políticos, priistas o de cualquier otro partido.

Con todo, la alta probabilidad de que el PRI gane las próximas elecciones presidenciales (y, además, con mayoría absoluta en el Congreso) representa algo más que una incongruencia: constituye un auténtico corto circuito entre la narrativa de la transición y la experiencia democrática. La narrativa decía que la democratización mexicana pasaba por echar al PRI del poder; la experiencia apunta a que el PRI está por volver al poder por la vía democrática.

Lo bueno de este corto circuito es que, ciertamente, confirma que las fuerzas autoritarias del pasado están apostando por el juego democrático, que el otrora “brazo electoral” del Estado posrevolucionario supo convertirse en un partido político como los demás: que participa, que compite, que a veces gana y a veces pierde elecciones.

Lo malo es que esa conversión en lo relativo a la forma de acceder al poder no parece incluir una conversión en lo relativo a la forma de ejercer el poder. Véanse, si no, casos recientes en Coahuila, Veracruz o el Estado de México. Que el PRI esté dispuesto a competir democráticamente no significa que esté dispuesto a gobernar democráticamente: a rendir cuentas, a respetar la libertad de expresión, a promover la transparencia y el acceso a la información, etcétera. Y menos si tiene mayorías absolutas.

Lo feo es que a sabiendas de lo anterior, de que el PRI no ha renovado su manera de gobernar, hoy son mayoría los mexicanos decididos a llevarlo de regreso al poder.

Legalizar o no las drogas

Leonardo Curzio (@leonardocurzio)
Analista político y conductor de la primera emisión de "Enfoque"
El Universal

Celebro que la UNAM haya convocado a discutir de una forma amplia, rigurosa, incluyente y oportuna la evolución y el impacto de las políticas publicas para atender el tema de las drogas. Celebro también que este esfuerzo sea una continuación del fructífero e inolvidable (por la infatigable energía intelectual que desplegó Jorge Carpizo) seminario que concluyó con el documento Para una política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia. El foro reunió a especialistas de distintas universidades y dependencias de México y otros países que con sus ponencias (sintetizadas en una muy solvente relatoría) constituyen una aportación fundamental para la deliberación pública. Espero que tengan la difusión que se merecen y no caigamos en ese escapismo político mediático (del hablaba Jorge Montaño en su artículo del viernes sobre la Cumbre de Cartagena) que abandona los temas de fondo para centrarse en lo anecdótico y superficial.

De lo planteado en el foro ha quedado claro que el tema de las drogas puede leerse desde distintas ópticas: seguridad, salud pública, usos tradicionales, económico o jurídico, pero hay tres cosas que personalmente he reforzado después de escuchar a tanta gente brillante disertar sobre el particular.

La primera es que el paradigma prohibicionista es un obstáculo político-ideológico de primer orden para analizar el fenómeno en el nuevo contexto. No me extenderé en los argumentos que demuestran su fracaso y el enorme costo que los países productores pagan en términos de desgaste institucional y vidas humanas, y no porque no los considere inválidos, sino por haber sido comentados por plumas más avezadas que la mía. Subrayaré, eso sí, el terror paralizante que los políticos en activo sienten para enfrentar el tema con nuevos instrumentos. ¿Hay que ser ex presidente para hablar con libertad del tema? Vicente Fox, por ejemplo, ahora habla con amplitud y propone la legalización, pero en su mandato llegó hasta a vetar una ley que abría una pequeña rendija para mitigar la criminalización del consumo. La excepción confirma la regla y el presidente de Guatemala (que tiene el agua al cuello) es el único (lo volvió a plantear en Puerto Vallarta en el WEF) que osa apartarse del canon. Políticamente es tóxico decir en público lo que la mayor parte de académicos y estudiosos del tema plantean: revisar el paradigma actual.

La segunda es que urge desecuritizar el tema del consumo de drogas. La seguridad nacional de un país no pasa por que algunos (o muchos) de sus ciudadanos consuman ciertas sustancias y por tanto el problema debe llevarse (como sucede en Occidente) a otra esfera. Ahora bien, la despenalización del consumo de ciertas drogas no es una panacea para resolver las debilidades estructurales del Estado. La corrupción de policías y políticos, la contención de delitos patrimoniales que van desde el asalto en transporte público hasta el robo en casa habitación o la debilidad congénita para regular hasta el transporte de carga o controlar sus fronteras no desaparecerán si se legaliza, por ejemplo, la mariguana. Si así fuera yo propondría no únicamente su despenalización, sino directamente su promoción. El problema de inseguridad y violencia es una combinación de fortaleza de las organizaciones criminales y debilidad del Estado. En todos los países de Occidente hay venta de drogas y en muy pocos se atreven los criminales a aventar cadáveres fuera del recinto donde se reúnen los procuradores, como ocurrió en Veracruz en las primeras semanas de este año. El Estado mexicano es anémico y no infunde respeto a los bien organizados para resistir su acción, desde camioneros hasta los profesores que se niegan a evaluarse, pero no me desvío.

La tercera es constatar que desde los 80 a la fecha el tema está presente en las relaciones con los Estados Unidos y (salvo algunos progresos como quitar la certificación) hemos avanzado poco en la institucionalización bilateral del tema. Seguimos expuestos a desplantes unilaterales (desde Álvarez Machain hasta Rápido y furioso) y a una gran desconfianza sobre la honorabilidad de la parte mexicana. Por cierto, sería bueno preguntar si alguno de los candidatos tiene alguna idea para relacionarnos sobre nuevas bases con los vecinos o se limitarán a seguir la inercia.

Periodismo ausente

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

El candidato del PRI ha hecho de la eficacia su bandera. Prometió y cumplió. Eso nos dice constantemente: es un tipo confiable y tiene el testimonio de los notarios para convencer a los escépticos. En campaña enlistó sus promesas y hoy presume que las cumplió puntualmente como gobernador. Los panistas lo llaman mentiroso. Han tomado precisamente la lista de los orgullos como prueba de un engaño. Los compromisos de los que hacen alarde los priistas son, en realidad, un catálogo de falsedades. Hace unos días los adversarios se enfrascaron en un debate sobre los compromisos de Peña Nieto. En un absurdo duelo al que bautizaron como "la mesa de la verdad" se enfrentaron sin aportar prueba alguna a su alegato. Ratificación de subjetividades en donde el periodismo actuó como el morboso testigo de un ridículo. Fulano dijo, mengano contestó.

El episodio es un enfrentamiento natural: un partido presume éxitos, el otro los llama fracasos. Lo notable en la polémica es el sitio donde se instala el periodismo. Los reporteros acuden puntualmente a la cita del duelo y registran con detalle los dichos y las réplicas. Los noticieros de radio y televisión dan aviso del encuentro y reseñan el altercado. Los opinadores se entretienen con la exhibición. Cada cual encuentra motivo para ratificar sus prejuicios. Pero la pregunta capital sigue en el aire: ¿cumplió Peña Nieto con sus compromisos? ¿Es un político cumplidor o un mentiroso? Por supuesto, hay tantas razones para dudar de la propaganda de un lado como para dudar de la propaganda del otro. Unos presentan el compromiso con colores brillantes y tonadas de optimismo; los otros proyectan imágenes borrosas y música tétrica. La versión del PRI será tan parcial como la versión del PAN. Ambos tienen un interés en presentar la realidad de acuerdo con su conveniencia. Por eso sería indispensable contar con una verificación profesional de los dichos. No es una tarea descomunal. Sería un trabajo elemental, indispensable, obvio. Si el candidato puntero presume haber cumplido 608 compromisos, correspondería al periodismo verificar si, en efecto, los cumplió. No he leído ese reportaje, no lo he visto en ningún lado. ¿Sería muy difícil ubicar cada uno de los compromisos y registrar el estado en el que se encuentran?

Lo que veo todos los días son noticias sobre lo que los candidatos dicen: periodismo de declaraciones. En julio del 2000, el entonces corresponsal de The Economist, Gideon Lichfield, publicó en Letras libres un artículo donde sostenía que la profesión del periodismo en México consistía en la búsqueda de sinónimos de la palabra dijo. "Abundó. Aceptó. Aclaró. Acusó. Adujo. Advirtió. Afirmó. Agregó. Añadió. Anotó. Apuntó. Argumentó. Aseguró. Aseveró. Comentó. Concluyó. Consideró. Declaró. Destacó. Detalló. Enfatizó. Explicó. Expresó. Expuso. Externó. Informó. Indicó. Insistió. Lamentó. Manifestó. Mencionó. Observó. Planteó. Precisó. Profundizó. Pronosticó. Pronunció. Prosiguió. Puntualizó. Recalcó. Reconoció. Recordó. Redondeó. Reiteró. Señaló. Sostuvo. Subrayó". El periodista proponía entonces una palabra para describir los vocablos que enmarcan el oficio periodístico en México: dijónimos.

El periodismo como dijonomía: registro de lo que los políticos dicen, olvido de lo que los políticos hacen. Cobertura de lo insustancial, periodismo de trivialidades dedicado a ignorar lo relevante. Hoy la prensa, por supuesto, suele condimentar la colección de declaraciones con la burla. Un largo discurso merecerá mención si el candidato confunde un nombre con otro, si pronuncia mal una palabra, si tropieza con las sílabas. Una entrevista alcanzará los titulares en el momento en que se deslice una agresión. Dijonomía del traspié.

La prensa mexicana habrá ganado espacios frente al poder en el ámbito nacional. Pero no ha podido asentarse como una referencia profesional y relativamente autónoma en el debate mexicano. En esta campaña hay un ausente: el periodismo. Por eso estamos condenados a votar a oscuras. Bombardeo de propaganda que no encuentra el piso de la (relativa) objetividad del periodismo profesional. A través de la prensa podemos enterarnos de lo que los candidatos declaran pero apenas podremos conocer lo que han hecho. La calidad de la democracia no depende solamente de los políticos, de los partidos, de las instituciones. Depende también de la información y de la crítica del periodismo. Una democracia se alimenta, es cierto, del enfrentamiento de las parcialidades; se vacuna con el profesionalismo de una prensa crítica y curiosa que no se colma con palabras.

Niño burbuja

Denise Dresser (@DeniseDresserG)
Reforma

En los setenta se volvió popular una película llamada The Boy in the Plastic Bubble -El niño en la burbuja de plástico- y el protagonista vivía aislado del mundo por un problema inmunológico. En México hoy tenemos nuestra propia versión encarnada por el candidato Enrique Peña Nieto. Así como John Travolta temía a los microbios, el puntero priista le teme a los debates. Le teme a la confrontación de ideas y cómo defenderlas. Le teme a las preguntas incómodas y cómo contestarlas. Prefiere vivir en un mundo controlado, artificial, encapsulado, lejos de cualquier paso en el mundo real que podría mostrar su debilidad discursiva. Su fragilidad propositiva. La acusación de vaciedad que lo perseguiría en los auditorios ante los cuales no se quiere presentar. La percepción de incapacidad que lo acompañaría frente a los foros que rehúye. Peña Nieto prefiere ser catalogado de cobarde que de estúpido.

"Dame la palabra correcta y moveré al mundo", escribió Joseph Conrad. Porque las palabras son poder. Poder para persuadir, para convencer, para disentir, para construir democracias y habitarlas. Poder que el priista demuestra que no tiene. La libertad se forja a martillazos sobre el yunque del debate y eso es precisamente lo que Peña Nieto evade. Prefiere -por lo visto- el autoritarismo silencioso a la democracia gritona. No quiere construir espacios cívicos y participativos, plurales y educativos. Y con ello revela su problema principal: no ha aprendido a debatir ideas sino a memorizarlas; no ha aprendido a pensar en las políticas públicas sino a repetir lo que le colocan en el teleprompter.

Y la reticencia de Peña Nieto tiene efectos y muy graves. México tiene un problema de desinformación ciudadana. De personas que se oponen a las reformas estructurales pero no entienden por qué otros subrayan su necesidad. De personas que le apuestan a líderes providenciales y no asumen responsabilidades individuales. Los mexicanos cuentan con pocos mecanismos para expresar sus preferencias más allá del voto sexenal. No tienen acceso al aprendizaje sobre la cosa pública más allá del periódico que leen de manera superficial y del programa de televisión que contemplan de manera pasiva. México hoy padece un democracia delgada, una democracia de urnas presentes y ciudadanos ausentes. Y Peña Nieto contribuye -al rechazar el debate- a esa democracia de baja calidad.

Como lo argumenta el filósofo político Benjamin Barber en Strong Democracy, la democracia necesita ciudadanos eficaces: hombres y mujeres ordinarios haciendo cosas extraordinarias de manera regular. Por ello, la tarea más urgente para el país es la construcción cotidiana de ciudadanos. El cultivo de lo que Tocqueville llamó "los hábitos del corazón". La promoción de actitudes necesarias para que la democracia funcione. La construcción de foros públicos donde se discuta, se aprenda, se presenten datos, se comparen cifras, se conozca al otro y qué opina. La transformación de cada estudiante y cada trabajador y cada ama de casa y cada periodista en un aprendiz de la libertad. Al negarse a debatir -más allá de los dos debates acortados y acartonados del IFE- Peña Nieto coarta la posibilidad de esa transformación.

Hoy, con todo lo que hay en juego en la elección presidencial, hay que concebir el debate para educar no sólo para influenciar; el debate para construir ciudadanos no sólo para presionar a políticos; el debate para proveer conocimiento a la población y no sólo para atarse a preguntas prestablecidas; el debate para informar a la opinión pública y no sólo para usarla como público de telenovela.

Por ello hay que obligar a Peña Nieto a salir de su burbuja y darle un buen pinchazo para romperla. Obligarlo a salir a la democracia contestataria y sin acordeones. Obligarlo a contestar por qué el Estado de México ocupa el primer lugar en robo de automóviles de toda la República. Obligarlo a responder por qué en los últimos años han muerto más mujeres en la entidad que gobernó que en Ciudad Juárez. Obligarlo a explicar por qué el territorio mexiquense ocupa un lugar tan malo en el índice de transparencia gubernamental elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad. Obligarlo a decir por qué, ahora sí, el PRI apoyaría reformas estructurales que ha pasado los últimos dos sexenios rechazando o saboteando.

En países con una cultura del debate se enseña a los ciudadanos a pelear con las palabras, y en México llegó la hora de que el puntero presidencial aprenda a hacerlo también. En países con democracias funcionales, las personas entienden que la información no es prerrequisito del debate sino su producto, y Peña Nieto debe enseñarnos que sabe cómo dominarla. Que sabe cómo convertir copetes acicalados en argumentos duros. Que sabe confrontar ideas para esclarecerlas. Que está dispuesto a participar en un argumento con el objetivo de arribar a la verdad. Para llegar a ella México necesita, como lo diría Hamlet, "palabras, palabras, palabras". Pero palabras pronunciadas en debate tras debate y no sólo leídas en un teleprompter.

Acabemos con la chiquillada

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Hoy, día del niño, propongámonos una Operación Herodes para nuestro voto en julio: acabemos con la chiquillada, como llama Fernández de Cevallos a los partiditos garrapata que no representan a ningún sector de la población y fueron ideados por expertos en el saqueo del erario como simples negocios que venden caro su amor, tan caro como algún partido esté dispuesto a pagar.

Son organizaciones de interés público, simpaticemos o no con ellos, el PRI, el PAN y el PRD. Pero el Niño Verde y sus amigochos que van de parranda en Cancún a parranda en Niza, en yates propios y de papi ¿representan algo? Sí, a ellos mismos y su afán de seguir chupando, en todos sentidos. El PT inventado por los hermanos Raúl y Carlos Salinas de Gortari ¿tiene militantes más allá de quienes entran a la rebatiña por los puestos? El Panal ya sabemos que es la palanca con que La Maestra fuerza hasta las mejores chapas. Y el otro… ¿cómo se llama? Convergencia: ¿qué es eso?

En México tenemos el sistema de elecciones más caro del mundo porque gastamos en dar certeza a todos los partidos de que su voto será contado: papel de seguridad para las boletas, numeración de éstas y su talonario, credenciales con fotografía, urnas transparentes. Esta bien, aunque los perdedores griten siempre que los robaron, sin informar cómo ni cuándo ni cuánto. Pero buena parte de la población que sale a votar constata el entrenamiento de los funcionarios de casilla, la presencia de representantes por partido con sus gafetes y sus caras largas, las monerías que tiene la boleta similares a billetes. Son gastos que, supongo, los electores justificamos, o al menos no he leído quejas al respecto.

Las he leído y muchas, por los miles de millones que se reparten los partidos antes de la elección. Algunos decimos que los deberían mantener las cuotas de sus militantes. La ley y muchas personas de gran sensatez y respeto dice otra cosa: es un gasto público necesario… Quizás, pero ¿tanto? La chiquillada había encontrado la forma de asaltar el erario: se unía a un posible ganador, como hizo por decenios el PPS de Lombardo “lanzando” días después al candidato del PRI. El candidato Díaz Ordaz respondió a la comitiva del PPS: “Me basta con el nombramiento que me ha dado mi partido, el PRI…”. Y aceptó con desprecio. Lo mismo vemos hoy: cargadas sobre partidos reales que, si no ganan la Presidencia, ofrecen legisladores.

Un avance en la nueva legislación electoral, que ni se rebajó los costos de radio y televisión ahora gratuitos, ni permite denuncias “denigratorias”, así sean ciertas, es que en la boleta no veremos esos rompecabezas con diversas siglas y colorines. Usted podrá votar por la misma persona marcando PRD o PT o eso otro. Será la misma cara. Pero a la hora de las cuentas, cada partido tendrá resultados independientes. Así es como podemos evitar que el Niño Verde cargue su yate con cajas de Dom Perignon que usted le paga.

Un aspecto positivo, para mí el único, de la nueva legislación, es que evitará las garrapatas adheridas a un candidato con intenciones de voto que estos chupasangre jamás alcanzarían solos.

No lo olvidemos: un voto por Peña Nieto no va al Verde si no se cruza el Verde. Uno por López puede ir al PRD o ser para vividores. Podremos hacer limpieza de la casa.

¡Urnas electrónicas no, no, no! Si con boletas contables y recontables se grita fraude, imaginen cuando la misteriosa urna contenga no sabemos que tecnología y, allí sí es posible hasta un algoritmo, palabra que perdió popularidad a los pocos días de usada en las elecciones de 2006. Si la urna transparente produce sospechosismo, imaginen una máquina electrónica que, sería perfectamente posible, cuente un voto de mi candidato favorito por cada diez que le lleguen porque así está programada, sí tiene un algoritmo. Por lo pronto es cosa de gran misterio y avanzada tecnología que puede estar conectada al Pentágono, digo, o a la White House, donde suben y bajan los números a su gusto y placer. ¿Eso quieren?

Pablo Hiriart sostiene que, de perder, veremos a AMLO en la boleta de 2018. Se queda corto: de ganar también lo veremos en 2018. Salvo que, como dice Chávez, ya EU esté enfermando de cáncer a sus indeseables.

DE. Como jarro DE atole, botella DE vino, copa DE tequila, taza DE café, cartón DE cerveza, así vaso DE agua: porque hablamos de uno lleno y no simplemente mojado. Glass of water, verre d’eau, bicchiere di aqua… etc.

Novedad: Agápi mu (Amor mío) en eBook: http://www.amazon.com/dp/B007LX0TPU

abril 29, 2012

Ikram Antaki y “las canastas de langostas”

Luis Manuel Guerra (@quimicoguerra)
quimicoguerra@gmail.com
La Crónica de Hoy

"Los mexicanos resienten el éxito. Lo castigan. Premian el fracaso. En el futbol apoyan al que va a perder. Le apuestan al débil, el ganador es culpable, el perdedor es víctima inocente"

El pasado viernes, anteayer, leyendo los principales diarios de México respecto al escándalo de Walmart, me asaltó la imagen de esa gran analista de nuestra realidad y portentosa filósofa Ikram Antaki. Guapísima, originaria de Damasco, Siria (antes Persia. Ikram insistía en decir “yo vengo de Persia”) llegó a México hace 40 años sin hablar palabra de español. Heredera de una reconocida y pudiente familia siria, desde temprana edad fue rebelde y contestataria frente a una sociedad machista y ultra-conservadora.

Brillante alumna de la Universidad de Jami’atu Dimashq, consiguió su doctorado Magna Cum Laude de filosofía en la Sorbona en París a los 27 años. Intrépida y liberada, no regresó al hogar paterno, y sin ningún respaldo escogió México (sin conocernos) para desarrollar su intelecto.

Escribió más de veinte libros de historia y filosofía en un castellano impecable y produjo la inmejorable serie radiofónica “El Banquete de Platón”, y nos estudió como pueblo y como sociedad durante más de dos décadas. Se me quedaron grabadas varias de sus aseveraciones en los quince años que tuve el privilegio de compartir parte de su vida y de amarla entrañablemente.

Anteayer, leyendo los principales diarios de mi país me asaltó su voz: “Los mexicanos resienten el éxito. Lo castigan. Premian el fracaso. En el futbol apoyan al que va a perder. Le apuestan al débil, el ganador es culpable, el perdedor es víctima inocente”. Quiero analizar contigo el encabezado de primera plana a cuatro columnas con letras gruesas que publicó el periódico El Universal el jueves pasado: “PRIVILEGIA EL GOBIERNO FEDERAL A WALMART”.

El texto que sigue dice que Walmart obtuvo los permisos para construir un número importante de tiendas en el país en los años recientes. Nada más. El encabezado sugiere que es malo el solicitar y obtener permisos para construir tiendas. En ningún momento ofrece datos precisos de quién dio los permisos, qué montos ilegales se manejaron, si se violaron específica y concretamente normas o procedimientos.

Es simplemente malo el invertir importante y exitosamente en nuestro país. Te comento esto porque percibo que atrás de esta campaña perfectamente orquestada se esconden intereses políticos y económicos que tienen como objetivo el debilitar a una empresa exitosa a la cual no pueden enfrentar en el terreno de la competencia transparente y limpia, y emplean los probados métodos de la descalificación y la acusación no sustentada: “El que pega primero, pega dos veces”.

Es por ejemplo totalmente falsa y falta de verdad la acusación de que la tienda en Playa del Carmen destruyó hectáreas de selva baja caducifolia. Conozco el sitio, totalmente urbano, en donde se ubica la tienda. Te preguntarás, querida, querido lector: “¿Y por qué el químico Guerra defiende tanto a Walmart?” Porque estoy convencido que Walmart representa uno de los mejores y más exitosos ejemplos de sustentabilidad en México.

A lo largo de más de veinte años, desde que Walmart era Aurrerá, aprendí a valorar el compromiso ético de esta empresa con el medio ambiente, con los valores de la honestidad y del trabajo serio, con el compromiso con el ser humano que colabora con la empresa. Para mí, y te lo digo con pleno convencimiento, Walmart es buenas noticias para México.

Son los siguientes hechos concretos, medibles y verificables, no descalificaciones y acusaciones vagas, los que me llevan a esta aseveración, y te invito a reflexionar, a la luz de la razón, acerca de lo que te digo:

Siendo Walmart la empresa más grande del mundo, tiene oficinas austeras y eficientes en México, que no tienen lujos ni diferencias marcadas entre sus ejecutivos de alto nivel y los colaboradores del frente de batalla del día con día.

Ninguna otra oficina corporativa en México tiene su techo cubierto con celdas fotovoltaicas y aerogeneradores. Está certificado el hecho de que Walmart alimenta con energía del viento proveniente de Juchitán, Oaxaca, más de trescientos cincuenta tiendas y restaurantes en el centro de la República. Ninguna otra empresa lo hace. Los refrigeradores, la iluminación, las cajas registradores de estas tiendas usan energía limpia. Las primeras tiendas con techos totalmente fotovoltaicos en Aguascalientes y La Paz los instaló Walmart.

La reducción de la huella de carbono e hídrica de la operación de Walmart en México y Centroamérica está documentada y se puede consultar por todos nosotros abiertamente en internet.

Las plantas de tratamiento de aguas residuales más avanzadas para instalaciones comerciales las tiene Walmart. Esta tecnología es mexicana, de Querétaro, y Walmart ayudó financieramente a los tecnólogos mexicanos a desarrollarla. Pero la acción que mayor efecto está teniendo en nuestro país mientras escribo estas líneas, es la directriz de Walmart de exigirle a sus más de doce mil proveedores (son doce mil empresas con trabajadores, ejecutivos, que pagan sus impuestos) que sean sustentables. Cada proveedor debe demostrar que está reduciendo su huella ecológica, si quiere seguir siendo proveedor de la empresa más grande el mundo. Esto tiene un efecto multiplicador en sustentabilidad mucho mayor que muchas acciones de gobierno, leyes o normas.

Si existen comprobadamente delitos que perseguir en las autorizaciones para construir las tiendas de Walmart, que se castigue ejemplarmente a los funcionarios corruptos que lo propiciaron y a los ejecutivos de Walmart que lo consintieron y ejecutaron. Pero mientras no exista la prueba jurídica irrefutable, estamos actuando como decía Ikram Antaki: Castigando el éxito porque los mexicanos no lo toleramos.

Libertad amenazada

Enrique Krauze
Reforma

La libertad de expresión arraigó tardíamente en el orbe hispano. Nuestra tradición era otra, no una plaza pública sino una fortaleza cerrada a la disidencia y a la crítica. A fines del siglo XVIII, la libertad de expresión comenzó a tocar las puertas de esa fortaleza. Y las tocó hasta derribarlas justo aquí, en Cádiz, hace doscientos años. Aquella Constitución animó el nacimiento de nuestros primeros diarios independientes, vertebró legalmente a nuestras primeras repúblicas y fincó la tradición liberal, que sigue siendo el fundamento mejor de nuestra civilización.

Las dictaduras militares del siglo XIX en Hispanoamérica abominaron de la libertad de expresión, y no les faltaban razones. Ante ellas se alzó siempre la prensa liberal, con sus feroces caricaturas, sus sonetos satíricos, sus incendiarios artículos y sus grandes prosistas. Periodistas y escritores públicos fueron todos: Alberdi, Montalvo, Sarmiento, Mora, González Prada, Martí. Muchos sufrieron cárcel y ostracismo, otros la muerte misma. Pero persistieron en su vocación de libertad.

Con el arribo del siglo XX, la libertad de expresión se consolidó en los países de más honda vocación democrática como Chile, Costa Rica, Uruguay, la propia Colombia, entre otros. Ahora mismo, circulan periódicos que han cumplido hasta un siglo y medio de existencia ininterrumpida. Esos diarios históricos son monumentos vivos a la libertad.

El siglo XX trajo también la radio y la rebelión de las masas, y del contacto entre ambas surgió un nuevo género de dominación que partía del carisma trasmitido mediante un micrófono para propagar la verdad oficial. Quizá el primer caso latinoamericano fue el de Juan y Eva Perón, líderes populistas que se sentían llamados por la Providencia para redimir al pueblo. Una sola fuerza se les oponía, la libertad de prensa. Por eso la combatieron.

Aquel experimento argentino fue un juego de niños comparado con el inverosímil Fidel Castro. Antes del triunfo de la Revolución, los grandes periódicos de Cuba cubrían un espectro amplio, desde la visión católica hasta la liberal y socialista. Más tarde, la opinión pública en Cuba languideció hasta casi morir, porque al privar a los ciudadanos de la libertad de prensa se les privaba también de los medios elementales para comparar realidades y formar juicios propios. El líder se convertía él mismo en la agencia de noticias, la nota editorial, el intérprete del mundo, el periódico del día. El daño provocado a varias generaciones ha sido profundo, pero no irreversible. Repararlo será tarea de los escritores y periodistas libres de América Latina.

Tampoco las dictaduras militares que han plagado al continente fueron, en absoluto, tolerantes con la prensa libre. Todo lo contrario. En Chile y Argentina, los generales genocidas reprimieron a los disidentes, cerraron diarios, torturaron y mataron periodistas. Ahora Chile goza de una libertad de expresión irrestricta, pero Argentina parece haber vuelto a los tiempos en los que las opiniones distintas o adversas a la Casa Rosada debían acallarse o suprimirse. Se trata de una involución absurda -la censura en tiempos del Tuiter- pero también trágica, porque el populismo parece haber inoculado en muchos argentinos una servidumbre voluntaria.

La situación argentina lleva a un fenómeno más amplio, presente en Ecuador, Bolivia, Nicaragua y sobre todo en Venezuela. Estos regímenes no son dictaduras abiertas ni totalitarias. Son regímenes populistas. Pero no nos engañemos: el populismo es una antesala de la dictadura, una adulteración de la democracia cuyo designio final es ahogar por asfixia a la democracia. Chávez no cerró diarios históricos pero sí expropió a la empresa independiente RCTV y ha gastado recursos inimaginables en la promoción de su imagen bolivariana y mesiánica. Con todo, en ese ambiente hostilidad, la libertad de expresión sobrevive en diarios como El Nacional, en revistas como Tal Cual.

En Ecuador, el presidente Correa ha demandado por difamación al periódico El Universo y ha aparecido en fotos destrozando un ejemplar con sus poderosas manos. Frente al conflicto específico de un diario que critica con severidad y hasta con saña a un gobernante, la Suprema Corte de Justicia en México ha venido legislando de manera ejemplar. El argumento principal para sostener el derecho a la libertad de expresión es la relevancia pública del protagonista, en este caso del gobernante. A más relevancia, mayor la necesidad pública de conocimiento, información y crítica, así sea ésta severa o injusta.

En México ha aparecido un poder que actúa en la impunidad y la sombra, que no tiene ideas ni ideales, sólo intereses e instintos, y que por su naturaleza no tolera estar sujeto a ningún escrutinio. Es el poder del narcotráfico y el crimen organizado. El problema es de México, de América Latina, de Estados Unidos y del mundo. Nos enfrenta de nueva cuenta al Mal absoluto de que hablaba Hannah Arendt. En algunas regiones de mi país, el periodismo se ha vuelto una actividad no sólo riesgosa sino imposible. En los viejos tiempos del PRI, por conveniencia o miedo, un sector de la prensa se autocensuraba, pero ahora, en un México democrático, hay periodistas que deben optar por el silencio o la muerte. Y sin embargo, muchos de ellos siguen cubriendo la realidad, como reporteros enviados al infierno.

A doscientos años de la Constitución de Cádiz, nuestros diarios tienen varias tareas pendientes: restituir el ejercicio de la libertad ahí donde ha sido conculcado, defenderlo donde está amenazado (por el poder político o el crimen organizado), pero también enriquecerlo con un sentido profesional y ético, para que nunca supedite la búsqueda de la verdad a los intereses materiales.

España y América han recorrido un largo camino en defensa de la libertad. Y la prensa -que nos convoca ahora- ha sido una protagonista central en esa hazaña. Por eso comprenderán ustedes la emoción que siento -como escritor liberal- en estar aquí, en este marco histórico, en este aniversario. Creo que la buena prensa es una misión. Creo en el periódico nuestro de cada día, esa flor de tinta y papel que muere y renace la mañana siguiente.

Y recibo con agradecimiento este Premio Chapultepec 2012 que otorga la Sociedad Interamericana de Prensa. Me compromete a honrarlo, sirviendo al único dogma que admite la crítica de sí mismo: el dogma de la libertad.

* Versión del discurso de agradecimiento por el Gran Premio Chapultepec 2012 que otorga la Sociedad Interamericana de Prensa.

Leído en Cádiz, el 22 de abril de 2012.

El discurso apocalíptico de López Obrador

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
La Semana de Román Revueltas Retes
Milenio

Circulan en la Internet muchas conjeturas sobre el futuro desempeño de los candidatos en caso de que lleguen a la presidencia de la República. Son predicciones que determinan, desde ya, las catastróficas consecuencias de que vuelva el PRI al poder o de que las “cosas sigan como están” si triunfa el PAN o de que se instaure el nefasto populismo del aspirante perredista.

Cada uno de los trasmisores de los mensajes, desde su trinchera, viene siendo la representación misma de un México irremediablemente dividido en facciones irreconciliables, en bandos de adversarios que no se pondrán nunca de acuerdo y que, por ello mismo, se sospecharía que no van a participar jamás en la construcción de un proyecto común. Es grave, en este sentido, que el triunfo fatal e inevitable de una de las facciones (y, sí, en efecto, alguien —es decir, uno de los tres y nadie más— terminará por ganar las elecciones el 1º de julio, con perdón de la perogrullada) vaya a infundir, en los perdedores, un sentimiento de no pertenencia al mismo espacio público como si creyeran, por el mero hecho de ya no sentirse representados políticamente, que el país —su país, ni más ni menos— les ha sido secuestrado, quitado de las manos y puesto bajo el mando de un grupo con el que no se identifican en lo absoluto.

Pero, más allá de las futuras inconformidades y frustraciones ciudadanas, eso ya ocurre. Estamos hablando de un fenómeno que se agudizó con la derrota de López Obrador en 2006 y que había comenzado anteriormente, en el escenario de una contienda electoral, desde el instante en que Fox proclamó que había que “sacar a patadas al PRI de Los Pinos”. Lo que en su momento fue una refrescante gracejada de un candidato peleón se volvió, con el tiempo, una inquietante manifestación colectiva de intolerancia y ferocidad. El episodio de “cállate chachalaca” hubiera sido una simple anécdota en el camino de un candidato que, contrapuesto a la realidad de la derrota e incapaz de reconocer sus propios yerros, se dedicó entonces a promover un clima de rabioso enfrentamiento sembrando, entre sus seguidores, la especie de que la presidencia de México les había sido robada. Y ocurrió, ahí, la eclosión final. ¿Quién no se indigna, con toda justicia, al sentirse despojado?

Hoy, vivimos todos los días ese clima de encono y malquerencia a pesar de que uno de los candidatos, Enrique Peña Nieto, ha dicho expresamente que “no desea que la política divida a los mexicanos” y de que otro, el antiguo provocador, se ha reciclado en el artífice de una república tan “amorosa” como poco probable. Sin embargo, seguimos encontrando, en el discurso pretendidamente renovado de este último, elementos del tremendismo de siempre. Nos envía, justamente, una carta por Internet para instigarnos a que votemos por él. No es un asunto menor porque solamente así, eligiéndolo para que se aúpe a la silla presidencial, “podremos salvar a México y a nuestro desdichado pueblo”. Un país que necesita ser “salvado”, si entiendo bien, no se encuentra en una situación de mediana normalidad (de la misma manera, las almas que requieren “salvación” afrontan, por ese mero hecho, una disyuntiva colosal, trascendente y determinante, algo de dimensiones en verdad apocalípticas). Y, bueno, la circunstancia exige, a su vez, la intervención de un “salvador”. Pero, no hace falta recorrer mucho trecho para saber que ya lo tenemos a la mano, a nuestro hombre, aunque requiera, para la faena, de los votos de muchos ciudadanos que no se encuentran, con su permiso, en situaciones de emergencia extrema. Ah, y como en toda promesa de redención debe existir un castigo divino, pues ahí está también la gran amenaza del infierno que nos aguarda: “Como comprenderás, en esta contienda está en juego el destino de México y de todo el pueblo. Te aseguro que si se imponen por dinero, engaño o manipulación quienes no quieren un cambio de fondo, continuará la degradación económica, política, social, cultural, moral y espiritual, y heredaremos a las nuevas generaciones un país envilecido, decadente y destruido por completo”.

La destrucción completa de México, señoras y señoras, si votan por Peña o por Josefina. Digo, ¿vivimos todos en el mismo país? Creo, desafortunadamente, que no.

La Maestra

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Elba Esther Gordillo encabeza un sistema muy complejo de poder e intereses. Su liderazgo lleva ya 23 años. Y durante los sexenios de Felipe Calderón y Fox aumentó enormemente su poder

Elba Esther Gordillo enseñó los dientes. En Baja California fue tajante: el SNTE se opone a la evaluación universal. Y añadió que esa evaluación debe servir para estímulo salarial, pero no para despedir a los maestros.

Durante un buen tiempo se jugó con la idea que La Maestra no sólo podía ser una aliada, sino una impulsora de las reformas. En 2003, siendo secretaria del PRI y coordinadora de la fracción priista en la Cámara de Diputados, se enfrentó a Roberto Madrazo y Manlio Fabio Beltrones.

Su bandera era impulsar las reformas de segunda generación. La batalla terminó con su destitución como coordinadora de la fracción priista. Y en 2005 publicó un libro, El paseo de las reformas: batalla por México, en que explicaba y defendía sus tesis.

En 2007 su participación fue decisiva en la reforma del sistema de pensiones que impulsó Felipe Calderón. Por eso, y porque se rumoraba que estaba muy enferma y aspiraba pasar a la historia, se creyó que era favorable a una reforma del sistema educativo.

La sola idea de que estuviera dispues- ta a enfrentarse a otros liderazgos y a las bases del SNTE para impulsar una agenda reformista era de una ingenuidad supina. Pero aun así la versión gozaba de cierta credibilidad.

Ahora ya no hay lugar para la duda. Elba Esther Gordillo forma parte y encabeza un sistema muy complejo de poder e intereses. Su liderazgo lleva ya 23 años. Y durante los sexenios de Felipe Calderón y Fox aumentó enormemente su poder.

Su influencia fue notoria en el nombramiento del secretario de Educación Pública de Vicente Fox, Reyes Tamez, y bajo el gobierno de Calderón se le entregó -literalmente- la subsecretaria de Educación Básica.

El poder y la audacia de La Maestra hacen palidecer al cacicazgo de Joaquín Hernández Galicia en el sindicato petrolero. La Quina tenía un imperio que rebasaba el ámbito de Pemex y se extendía a estados, gobernadores y presidentes municipales.

Pero La Maestra controla un sindicato de un millón 300 mil trabajadores, tiene su propio partido (Panal) y maneja la subsecretaría de Educación Básica. Ha sido determinante en elecciones locales y fue, sin duda, uno de los factores clave en la victoria de Felipe Calderón.

A todo eso hay que agregar un dato fundamental. Elba Esther Gordillo llegó a la secretaría general del SNTE en 1989. Tres meses antes, el 10 de enero, La Quina había sido detenido y procesado. Su cacicazgo de 26 años quedó hecho trizas en 72 horas.

Por eso, cuando el presidente Salinas citó a Carlos Jonguitud Barrios, cacique de los maestros, en Los Pinos y le solicitó su licencia no hubo oposición ni resistencia y Elba Esther Gordillo asumió la secretaria general del SNTE.

Ese fue el último zarpazo de la Presidencia de la República sobre los líderes vitalicios de los sindicatos nacionales. De entonces a la fecha, las cosas han cambiado radicalmente.

Mientras la alternancia y el pluralismo han acotado el poder de la Presiden- cia de la República, los grandes sindicatos nacionales han in- crementado su poder y sus recursos. Sólo entre 2000 y 2009 el SNTE recibió de la SEP más de mil 138 millones de pesos por concepto de cuotas sindicales.

Sobra decir que estos recursos no son auditados ni se conoce su destino final. Pero la cuestión fundamental está en otra parte: no hay condiciones ni posibilidades de que el poder de Elba Esther Gordillo o Carlos Romero de Champs, líder del sindicato de Pemex, sean acotados.

Para que eso ocurriera tendrían que darse dos condiciones: primero, que el titular del Poder Ejecutivo estuviera dispuesto a enfrentar a un sindicato de un millón 300 mil afiliados, con todas las consecuencias que ello implicaría.

Segundo, que el resto de las fuerzas políticas en la oposición respaldaran su decisión y la asumieran como una política de Estado, más allá de los intereses y de la coyuntura inmediata.

No hay que ser vidente para señalar que ambas condiciones no se han dado ni se darán nunca. La maestría de La Maestra está en jugar con todos. Por eso militó en el PRI, tiene su propio partido, se alió con Felipe Calderón y el día de mañana tenderá puentes con quien sea necesario.

Frente a esta realidad, se ha afirmado que la reforma del sistema educativo no puede ni podrá hacerse al margen o en contra de Elba Esther Gordillo.

Y es cierto. La propia Maestra afirma en su libro, Paseo de las reformas, que el peor escenario para una reforma es un contexto de fuerte fragmentación política y el veto de un actor estratégico.

Pero de esa realidad no hay que concluir que hay que ganar su venia, sino que la reforma es simple y llanamente imposible. Me explico. La renuencia del SNTE a someterse a una evaluación universal no es un capricho ni algo que se pueda negociar.

Se trata, en realidad, de un cálculo racional y objetivo. Los maestros se oponen a la evaluación universal porque ellos mismos son el producto de un sistema ineficaz que produce analfabetas funcionales.

Y ya se sabe que es mucho más complicado reeducar que educar. Quien aprendió mal a sumar y multiplicar tendrá mucho más dificultades que alguien que no sabe hacerlo. Y lo mismo sucede con la comprensión o redacción de un texto.

De ahí la insistencia de Gordillo en que la evaluación universal puede funcionar como un incentivo para el maestro, pero no como una evaluación de su funcionalidad. Aceptar lo segundo equivaldría a abrir las puertas a una cirugía mayor.

De ahí que el panorama sea negro. No se puede hacer una reforma al margen de La Maestra: cierto. Pero igualmente cierto es que ni La Maestra ni el SNTE entrarán en una lógica reformadora. Sería tanto como suicidarse.

abril 27, 2012

El cuento de los toros, otra vez

Salvador Camarena (@SalCamarena)
salvador.camarena@razon.mx
La Razón

En un comportamiento que raya en lo esquizoide, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal tenía ayer entre manos dos iniciativas que, aunque en apariencia similares, son excluyentes. Por un lado el dictamen que prohíbe las corridas de toros y, por el otro, un pliego de modificaciones al Código Penal para tipificar el maltrato a los animales.

¿Que dónde está la contradicción? En que el primer documento nació muerto, inviable merced a vayan a saber ustedes qué presiones, mientras que la reforma a la ley para la protección a los animales (menos los toros) tenía más posibilidades de avanzar, según enterados, precisamente como moneda de cambio para tratar de que defensores de los derechos de los animales quedaran con la idea de que algo habían ganado al perder la posibilidad de discutir la cancelación de los festejos taurinos.

La legítima demanda de un sector de la población para que se discuta la vigencia de un espectáculo centenario, pero de crueldad innegable, se ha frustrado una vez más, pero la primera pregunta es si había realmente interés en que avanzara. Hay que recordar que el dictamen aprobado en la Comisión de Administración Pública Local corresponde a una iniciativa presentada por el singular diputado Christian Vargas, mejor conocido por sus lances a golpes, quien sin embargo abandonó el proyecto en octubre pasado luego de entrevistarse con el empresario de la plaza de toros, Rafael Herrerías. A pesar de ello la iniciativa siguió su curso parlamentario hasta que murió cuando lo que tocaba era llegar al pleno (el asunto fue festejado ayer como una victoria por portales taurinos de España: “La Asamblea del DF vota a favor de los toros”, titulaba mundotoro.com, portal que remataba con la frase: “la primera batalla se ha ganado”).

Más que una posibilidad, en el DF el asunto de la prohibición de las corridas de toros es un cuento que resulta útil a diversos intereses. Veamos por ejemplo al llamado Partido Verde Ecologista de México, que acompañó algunas de las protestas antitaurinas. No voy a cuestionar la congruencia de esta organización “verde” que promueve la pena de muerte y hace candidatos a cazadores, sino que dado que son buenos para encontrar temas que les den votos, es imposible no pensar que apoyarían protestas a sabiendas de que no tendrían costos —la iniciativa difícilmente avanzaría, pues ni de lejos es la primera que se presenta— y sí obtendrían eventuales rendimientos en época electoral. Habrían quedado bien con Dios y con el Diablo, como se dice popularmente.

Pero este tema de las corridas de toros ha dejado sobre todo un saldo negativo. Los asambleístas dieron la espalda a un requisito indispensable en una vida democrática plena: que se garantice el debate, en el foro diseñado para ello, de un tema que enfrenta a sectores de la sociedad. No llevar al pleno el dictamen parece más bien una chicanada, pues estos diputados ya se van y el tema se perderá en el cambio de legislatura.

Los taurinos podríamos decir que “ganamos”, qué bueno que siga habiendo fiesta en la ciudad de México. Sin embargo, si algo echaron de menos los “prohibicionistas” fue el escuchar los argumentos de quienes se oponen a la abolición. Ganar sin debatir sabe a poco y no augura nada bueno para una fiesta de gente que se juega la vida ante un toro.

Información y poder

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El mundo vive una transformación muy profunda, y no lo estamos viendo. La revista inglesa The Economist, en su número de la semana pasada, habla de una tercera revolución industrial, similar a las vividas a inicios del siglo XIX y del XX. Cuando una transformación tecnológica afecta a toda la economía, como ocurre ahora y ocurrió en esas dos ocasiones anteriores, todo se transforma, y no de manera sencilla.

El efecto inmediato de una transformación tecnológica general es una caída de la productividad de la economía, acompañada de una ampliación de la brecha en la distribución de la riqueza, así como de varios efectos en la valuación de las empresas que no detallo ahora. Eso es lo que ocurrió a inicios del siglo XIX y que dio materia a las novelas de Dickens y los ensayos de Marx, pero que tan pronto se habían escrito eran reliquias del pasado: en la segunda mitad del siglo XIX ocurrió el mayor crecimiento económico hasta entonces visto. Lo mismo en el siglo XX, aunque las dos guerras mundiales lo enmascaran. Sin embargo, la posguerra sigue siendo la época de mayor crecimiento mundial hasta el momento.

La actual transformación provocará lo mismo. Lo que hemos visto hasta ahora es el costo del ajuste: una caída en la productividad acompañada de un deterioro en la distribución del ingreso. En poco tiempo veremos el mayor crecimiento económico de la historia. Esa nueva época de crecimiento depende de las tecnologías de información y comunicaciones, y por lo mismo exige ciertas habilidades diferentes a las de épocas anteriores. Por eso se habla tanto de una economía del conocimiento.

En ese contexto mundial, las fallas del sistema educativo mexicano son más graves. Reitero que nuestra educación no sirve por diseño: 25% del tiempo los niños estudian ciencias sociales, algo que no hace ningún país civilizado. Ese abuso provoca que no haya tiempo para español, matemáticas y ciencias, de forma que para la secundaria los niños ya no entienden nada. Al menos dos de cada tres. Por eso, cuando van a la universidad, seis de cada 10 optan por estudiar ciencias sociales, humanidades, administración o educación. Eso los condena, a la mayoría, a ingresos bajos, y aun más en la transformación que estamos viviendo. Condena al país a ser un fracaso en el siglo XXI, como lo fue en el siglo XX.

La razón de dedicar tanto tiempo a ciencias sociales es la necesidad de utilizar al sistema educativo como el instrumento de adoctrinamiento indispensable para convertir a todos los mexicanos en súbditos del régimen de la Revolución. Así se construyó el sistema educativo, y no se ha transformado. Y así se educan y reproducen los profesores. La inmensa mayoría son absolutos convencidos de las bondades de la Revolución, porque eso aprendieron y eso enseñan. En consecuencia, aborrecen a los extranjeros, a los empresarios y a cualquiera que ponga en duda sus creencias, que son lo único que tienen.

Me corrijo, también tienen una plaza, que no están dispuestos a poner en riesgo en una evaluación. Su plaza es una conquista, no un trabajo. Es un derecho de ellos, no un compromiso con sus alumnos ni, mucho menos, con el país. Son producto de ese régimen construido con base en privilegios corporativos, y no están dispuestos a perderlos. Más aun, están interesados en fortalecerlos y ampliarlos. Por eso, a pesar de las apariencias, el compromiso del sindicato y de su líder vitalicia es con Peña Nieto, porque, como todos los sindicatos creados desde el Estado, saben que con él pueden reconstruir ese viejo régimen en que nadie los ponía en evidencia. Esos tiempos en que no se evaluaba ni a maestros ni a alumnos, tiempos en que las reservas de petróleo las anunciaba Pemex sin tener que usar metodologías venidas del extranjero, esos tiempos en que nadie se metía en los asuntos internos del sindicalismo.

Porque eso es lo que ha cambiado. Abundantes ingenuos creen que las corporaciones adquirieron poder desde que el PRI perdió la presidencia. No es así, lo que adquirimos fue información. Hoy sabemos de qué tamaño es el fracaso educativo, algo que nunca supimos en los gobiernos del PRI, como hoy no sabemos de qué tamaño es la deuda en los estados gobernados por ese partido.

De eso se trata, de volver a cerrarnos la puerta. Usted sabe si los ayuda.

El futuro de la guerra contra las drogas

Andrés Oppenheimer (@oppenheimera)
El Informe Oppenheimer
Reforma

Cuando la reciente Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia, decidió encomendar un estudio sobre la posible despenalización de las drogas a la Organización de Estados Americanos (OEA), muchos pensaron que ese sería el final de la historia, y que todo el tema pasara al olvido. Sin embargo, puede que estén equivocados.

Es la primera vez que una cumbre de tal magnitud aborda de frente lo que antes era un tema tabú, y hay varios factores no relacionados que posiblemente coloquen el debate sobre la despenalización en el centro de la agenda diplomática regional a finales de este año, o principios del 2013.

En una reunión a puertas cerradas durante la Cumbre de las Américas que se realizó en Carta-gena el 14 y el 15 de abril, los Presidentes acordaron pedirle a la OEA que haga un estudio sobrela guerra contra las drogas y ofrezca soluciones alternativas. Los Presidentes no dieron detalles acerca de cómo se hará el estudio, ni cuándo debería estar listo.

En días pasados, intrigado sobre si deberíamos tomar esta iniciativa en serio, llamé al Secretario General de la OEA José Miguel Insulza y le pedí que nos diera los detalles.

Los escépticos dicen que la cumbre del Presidente Obama y los Jefes de Estados latinoamericanos en Cartagena hizo lo que los Presidentes hacen cuando no saben cómo resolver un problema: encargaron un estudio y patearon el problema para adelante. Este proceso puede durar años, dicen los críticos.

Pero los que quieren buscar alternativas para reemplazar la guerra contra las drogas señalan que el movimiento pro-legalización está ganando impulso, y que el estudio de la OEA le dará mayor legitimidad a quienes abogan por cambios.

Hace apenas una década, el debate sobre la legalización estaba limitado a los círculos académicos. Después, en 2009, tres ex Presidentes -Fernando Henrique Cardoso de Brasil, Ernesto Zedillo, de México y César Gaviria, de Colombia- emitieron una declaración conjunta en apoyo de la descriminalización de la mariguana. Más tarde, otro ex Presidente mexicano, Vicente Fox, hizo una propuesta aún más osada: la legalización de todas las drogas.

A principios de este año, por primera vez, un Presidente latinoamericano en funciones -Otto Pérez Molina, de Guatemala- pidió que se estudie la posibilidad de una legalización de las drogas. Poco después, el Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, dijo que propondría un "debate serio" sobre el tema en la Cumbre de Cartagena, que terminó con el pedido del estudio a la OEA.

Cuando le pregunté a Insulza sobre el estudio, respondió que "queremos terminarlo para fin de año, y hacerlo público para marzo del año próximo". Será exhaustivo e investigará el negocio del tráfico de drogas, el éxito o el fracaso de varios países europeos que han experimentado la descriminalización, así como los medios para mejorar la educación, la prevención y la rehabilitación, dijo.

"Ofreceremos varias alternativas a lo que se está haciendo ahora", me dijo Insulza. "La idea no es decirles a los Presidentes lo que hay que hacer, sino ofrecerles un menú de opciones", añadió.


Mi opinión: A finales de este año, o principios del 2013, los partidarios de la legalización o descriminalización de las drogas -o su regulación- verán su posición fortalecida por varios factores no relacionados entre sí.

En primer lugar, México tendrá un nuevo Presidente en diciembre, y lo más probable es que quien gane las elecciones de julio querrá distanciarse de la actual guerra contra las drogas, que ha dejado más de 50 mil muertes en los últimos cinco años.

En segundo lugar, los estados de California, Oregón y Washington incluirán propuestas para la legalización de la mariguana en las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Si ganara alguna de estas propuestas, se fortalecería el bando pro-descriminalización, y se debilitaría el apoyo en América Latina a las políticas actuales. ¿Para qué luchar contra algo que es legal en Estados Unidos?, se preguntarían muchos.

En tercer lugar, el estudio de la OEA podría incluir la despenalización de la mariguana en su "menú de opciones", dándole mayor legitimidad a esa alternativa. Sería deseable que la OEA, que últimamente no ha lucido por defender la democracia y los derechos humanos en el continente, se tome en serio este nuevo mandato.

No creo que la despenalización generalizada de las drogas duras sería una buena idea, pero si el nuevo estudio concluye que la despenalización de la mariguana le daría a los países más recursos para combatir la cocaína o la heroína, sería una alternativa mejor que la actual guerra contra las drogas que está costando tanta sangre, con tan pocos resultados.

El milagro, y la racionalidad, de Fox

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Como decían ayer todos los periódicos, de alguna forma se hizo el “milagro” y Vicente Fox se reunió, le besó la mano y le dijo “señora presidente” a Josefina Vázquez Mota. Fue una acción lógica y sensata del ex presidente, que se había confrontado inútilmente con distintos sectores del panismo luego de sus declaraciones y predicciones sobre el triunfo de Enrique Peña Nieto.

Para la campaña de Josefina era imprescindible que Fox tuviera algo más que un gesto hacia la candidata presidencial de su partido. Independientemente de cómo se evalúen las cosas, lo cierto es que Josefina, como candidata del PAN, tiene que mostrar una alternativa, como ella misma dice, “diferente”, pero al mismo tiempo reivindicar, por lo menos en los grandes rasgos, una labor de su partido de 12 años, los sexenios de Vicente Fox y de Felipe Calderón.

El presidente Calderón está acatando en forma muy estricta la norma de no involucrarse en los comicios, porque el hecho es que, declaraciones aparte, el Presidente no está utilizando foros nacionales ni internacionales, como la última gira a Estados Unidos, para participar de alguna forma en el proceso electoral, una medida inteligente y que contribuirá a una transición mucho más tranquila, entre otras razones, porque algo ha sucedido en las últimas semanas, después de aquella reunión entre Pedro Joaquín Coldwell y el presidente Calderón, que le dio otro cauce a las cosas.

Vicente Fox no tiene esas limitaciones políticas y legales, pero sus intervenciones habían contribuido poco a la causa de Josefina. Y sin duda, a la candidata, el respaldo público y un real involucramiento en campaña de Fox le conviene y le atraerá votos. Con diferencias o no con sus formas de hacer y entender la política, Fox sigue siendo un activo en el PAN, un hombre que mantiene índices relativamente elevados de popularidad, aunque se involucre en temas tan controvertidos como el de la legalización de las drogas (temas que, por otra parte, tienen un auditorio y le permiten una exposición pública amplia).

Pero a Fox también le conviene aparecer y estar en la campaña. Sigo pensando que Fox está pensando y trabajando para el futuro. No creo que quiera, simplemente, refugiarse en su Centro, o conformarse con representar la figura de un ex presidente tradicional, porque no lo es: me imagino a Fox, al foxismo y a quienes lo siguen, gane Peña Nieto o gane Josefina, buscando recuperar la dirección del PAN, haciendo sus apuestas hacia 2018 y convirtiéndose en interlocutor válido del poder en turno, sobre todo si quien llega a Los Pinos el primero de diciembre es Peña Nieto.

No es una jugada sencilla ni fácil, pero políticamente legítima: si dejamos de lado el tema de la legalización de las drogas, los puntos en los que ha hecho hincapié Fox en sus intervenciones se dirigen hacia allí: acuerdos, consensos, convergencias entre distintos grupos políticos, reconciliación, que son las constantes de su discurso reciente.

Muchos subestiman a Fox y, como ocurre con muchos políticos, se equivocan. Fox sabe lo que está haciendo y cuáles son sus apuestas.

De perredistas

López Obrador vive en una contradicción constante en los últimos días. Luego de estar en misa con el papa Benedicto y de participar en la Conferencia del Episcopado Mexicano, las bendiciones que se llevó de distintos grupos evangélicos no dejaron de ser sorprendentes, más que por las bendiciones en sí mismas (López Obrador, en todo su derecho, profesa esa fe), por las imágenes que no dejan de ser un poco perturbadoras para un candidato de la izquierda. Pero, más allá de eso, no dejó de llamar la atención la virulencia con que Andrés Manuel exigió que se realice la Evaluación Universal de los maestros, al mismo tiempo que las secciones magisteriales de Michoacán, Guerrero y Oaxaca, que se cuentan entre sus más fervientes respaldos, son los grupos que más se oponen, en forma abierta, a la misma. Y López Obrador los reivindica como la auténtica oposición magisterial a Elba Esther. Y ellos a él como la alternativa al PRI y al PAN.

Pero, dejando al candidato presidencial, aunque regresando a su tierra, al que las cosas se le están encaminando es al aspirante perredista a gobernador en Tabasco, Arturo Núñez. El ex subsecretario de Gobernación está creciendo en encuestas y apoyos, en medio de una administración, la del gobernador Granier, que se ha cansado de cometer errores. El ahora ex secretario de Salud del estado, Jaime Mier y Terán, a quien muchos consideraron que tendría que haber sido el candidato del PRI, acaba de abandonar su partido para apoyar a Núñez. Tabasco ya se le ha complicado, y mucho, al PRI.

Anonimato en línea

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

La política de usar nombres reales en las redes sociales la inició Friendster y luego fue imitada por Amazon en 2004, al lanzar su política de “nombres reales” en los comentarios. Actualmente, Google, Facebook y Apple han optado por políticas de privacidad que tienen el objetivo de ubicar con precisión a los usuarios.

Desde que la web surgió se empezó a popularizar la frase “En internet nadie sabe que eres un perro”. En ese entonces se partía de que el intercambio en línea se basaba en los intereses comunes, pero ahora se quiere una web donde se hagan conexiones entre individuos “reales”.

El que nadie supiera que uno podía ser un perro, en realidad, aludía a que el anonimato era un valor en el ciberespacio para los marginados y las minorías. De esa manera, el seudónimo era un recurso usado como mecanismo de protección por parte de latinos, negros, árabes, homosexuales... y así poder deambular sin problema alguno por los corredores digitales y trabar contacto con otras personas.

Tanto para Facebook como para Google el buen éxito en el uso de una plataforma radica en que las personas sepan que un individuo es quien dice ser. Sin embargo, el éxito de una red social no depende necesariamente de la relación directa entre identidades fuera de la red y en línea. En Japón, por ejemplo, en las redes sociales el uso del seudónimo es algo común e incluso tiene una valoración positiva.

La seguridad de una red social no se socava por el uso de alias. El desarrollar políticas que garanticen que las personas usen sus nombres reales o el alinear todos los servicios de Google a un sólo perfil, por ejemplo, es un abuso de poder. No se puede promover que se está a favor de la libertad de expresión y poner taxativas para ejercerla.

Hoy lo cierto es que en muchas naciones en donde la libertad de expresión no está garantizada, el anonimato es un mecanismo de protección e incluso en algunos casos permite garantizar la vida misma de quienes acuden a esa vía. Pero, incluso, en los países en donde también se garantiza la libertad de expresión, el anonimato se ha vuelto un recurso de protección importante para navegar debido a la avalancha de leyes que en nombre de la protección de los derechos de autor o la seguridad persiguen a usuarios o los quieren someter a un perpetuo escrutinio.

abril 26, 2012

The Hunger Games

Blanca Heredia (@BlancaHerediaR)
La Razón

Un país en el futuro llamado Panam, ubicado en Norte américa, surgido quizá tras una guerra nuclear, compuesto por una Capital y doce distritos. Régimen totalitario en el que se mezclan y conviven la explotación y el terror, por una parte, y el poder y el lujo extremo, por otra.

Doce distritos empobrecidos y sometidos a una Capital que los explota económicamente, los domina políticamente y los obliga a ofrecer cada año a dos jovencitos —un hombre y una mujer— para participar en una competencia-espectáculo aterrorizante en el que hay un solo ganador o ganadora: el o la que logra matar y sobrevivir al resto. La ofrenda anual de vidas de cada distrito sirve como entrenamiento para los habitantes de la Capital y para que no se les olvide a los habitantes esclavizados de los distritos el precio de la rebelión contra el centro de sus antepasados.

Un mundo en el que la miseria, la falta de libertad y el miedo cotidiano de los muchos sirve para que unos cuantos —los habitantes de la Capital— vivan inmersos en la frivolidad y el exceso, y tengan como problema más apremiante encontrar los estímulos necesarios para no morirse de aburrimiento.

La trilogía de Suzanne Collins publicada en 2008 en Estados Unidos ha tenido, entre los adolescentes y los niños de 8 a 12 años del mundo entero, un éxito verdaderamente fenomenal. Los libros han sido traducidos a 26 idiomas y se han vendido 17.5 millones de copias en los Estados Unidos, tan sólo del primer libro. La película, del mismo nombre, se estrenó recientemente y ha sido también un éxito de taquilla impresionante.

El éxito impactante de The Hunger Games entre los jovencitos puede atribuirse a la edad de los personajes centrales, al universo imaginario que construye, a la violencia, a su aire de familia con los concursos de la reality tv y a una trama de la que resulta casi imposible despegarse. Además de su éxito en ese grupo de edad, lo que me parece más llamativo de la trilogía es su parecido con el mundo en el que vivimos.

Sí, los rasgos están exagerados, mucho, pero las asimetrías que describe recuerdan las desigualdades de carne y hueso de la sociedad norteamericana y de muchas otras a principios del siglo XXI. La explotación es más descarnada, la dominación más asfixiante, pero nada de ello puede resultarnos demasiado desconocido.

Piénsese, por tan sólo citar un ejemplo, en una encuesta de Gallup del año pasado, citada en esta misma columna hace unos meses, en la que frente a la pregunta sobre sus perspectivas futuras sobre la economía, los norteamericanos mostraban un enorme pesimismo en todos los estados, excepto en Washington D.C., único lugar de ese país en el que prevalecía un optimismo burbujeante.

Como de costumbre, la mejor crítica social en los Estados Unidos, la más contundente, la más aguda, está en la ficción, especialmente en la ciencia ficción

El cártel de los encuestadores

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Ver para creer. Los encuestadores son las verdaderas estrellas de la campaña presidencial 2012. A pesar de que en la contienda participan políticos que tienen empaque nacional, conocidos en todo el país, como Enrique Peña y Andrés Manuel López Obrador, los actores políticos más prominentes de la última década, las irrupciones de los encuestadores tienen más impacto que las apariciones de los candidatos. Las encuestas son herramientas, más que eso, son armas de la lucha política. Si somos exigentes, la fama de los encuestadores es bastante injusta, pues suelen equivocarse más de lo que aciertan. Algunos se equivocan de manera flagrante y nunca pagan el precio. Los encuestadores que pronosticaron un triunfo cómodo del PAN en las elecciones de Michoacán, que como sabemos ganó el PRI, deberían tener prohibido participar en la actual elección presidencial, pero no. En el mundo de los encuestadores impera, como en el de la delincuencia organizada, la impunidad.

¿Pueden considerarse las casas encuestadoras una forma de crimen organizado? Reconozco que suena a disparate, pero la respuesta podría ser positiva. Se trata, después de todo, de un grupo de individuos que se confabulan para obtener pingues beneficios económicos por difundir información falsa, maquillada, manipulada, al gusto del cliente y la hacen pasar a la sociedad, a través de los medios, como verdadera. Se asemejan a esas calificadoras de los mercados bursátiles que manejan datos que significan fortunas. En el caso de esta campaña presidencial hemos llegado a extremos nauseabuendos. Una casa de encuestas, contratada por Los Pinos, sostuvo que la distancia entre el primer y segundo lugar de la competencia era de 4 puntos, casi un empate técnico. Días después otras sostuvieron que la diferencia era de 30 puntos. ¿Puede pasar algo así siguiendo procedimientos científicos? Eso de los “procedimientos científicos” lo dicen, claro, los mismos encuestadores. Un margen de error superior a 20 puntos es para pedir que la policía tome cartas en el asunto.

Pongamos otro ejemplo. Un grupo de individuos aprovecha vendiendo un producto que hace que la gente adelgace de manera milagrosa. Saben que están mintiendo, pero de cualquier manera lo anuncian y lo venden y si la gente sigue gorda es problema de la gente, no de ellos. Los encuestadores difunden información que saben que es falsa, si sus pronósticos no se cumplen es lo de menos porque ellos ya cobraron; además, después de todo, no los contrataron para acertar en el resultado, sino como arma política de coyuntura.

Las casas encuestadoras que contratan periódicos nacionales no pueden desligarse de los intereses políticos y económicos de los dueños de esos diarios. Si los resultados del ejercicio no son útiles para los dueños de los diarios se guardan en un cajón, o pasan al archivo muerto y nunca son publicadas. Pueden sostener una barbaridad que la realidad corrige, como lo han hecho muchas veces, pero a la siguiente elección ya están de nuevo ahí, vendiendo sus numeritos. ¿Es culpa de ellos o del periódico que los contrata?

Los encuestadores están en vías de convertirse en un grupo de presión. En un poder fáctico que vive en buena medida del dinero público. Los recursos que les dan los partidos los ponemos los ciudadanos. De manera que la gente común y corriente paga sus impuestos y ese dinero termina en los bolsillos de los dueños de las casas encuestadoras que al menos durante las campañas ganan más dinero que las casas de bolsa y las de apuestas. De hecho las casas de juego y las de encuestas deberían pertenecer a la misma cámara comercial.

Se dirá que el impacto de las encuestas es proporcional a nuestra falta de cultura democrática. Se dirá también que una democracia incipiente, que apenas gatea, que está aprendiendo sus primeras palabras, se deslumbra con facilidad ante los actuarios que dieron con un nicho de mercado plagado de bobos ansiosos, me refiero a los candidatos, con muchas ganas de gastarse dinero ajeno. Los piensan exprimir. Lo están haciendo. Ojalá sea eso de la inmadurez y se nos quite con el paso de los años, cuando seamos grandes.

¿The best and the brightest?

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

En la tradición política mexicana, la integración del gabinete solía anunciarse la víspera de la toma de posesión, de esa manera el presidente electo evitaba exponer a los elegidos a un golpeteo insano: sus adversarios “les sacaban sus trapitos al sol”, mientras los ignorados en la lista original buscaban empujar cambios para ser tomados en cuenta.

Vicente Fox lo hizo diferente: entre el 22 y el 27 de noviembre de 2000 fue anunciando los nombres de quienes ocuparían posiciones en los distintos gabinetes (de desarrollo y crecimiento sustentable, del área social y de gobierno y seguridad). Parte del enfoque empresarial foxiano incluía el supuesto uso de reclutadores profesionales (head hunters) para someter al Presidente las propuestas de “los súper gerentes”. Hoy, sin saber si llegará, Andrés Manuel López Obrador es el único que ha adelantado los nombres de sus eventuales colaboradores.

Junto al discurso de toma de posesión, la definición del equipo de gobierno permitirá medir la estatura del futuro presidente. ¿Con quién compartirá el ejercicio del poder? ¿A quiénes y por qué ubicará en posiciones cruciales? ¿Es un hombre de Estado o un hombre de establo?

La selección de su equipo nos servirá para saber si estamos ante un líder con la capacidad para convocar a the best and the brightest, como se definió al equipo del presidente John F. Kennedy, o si la lógica para gobernar es la de pandilla, la de reparto de cuotas, el pago de facturas o la del gabinete de cuates.

La integración del gabinete es una de las definiciones centrales de un gobernante. La calidad y la pertinencia de su equipo es crucial —al frente de la SCT deberá quedar alguien que sepa nadar entre tiburones, por ejemplo—. Para ello es preciso partir de la identificación de los desafíos mayores que enfrenta el Estado y valorar si el diseño institucional vigente sigue siendo útil o se requiere una reforma a fondo a la ingeniería gubernamental, para crear o suprimir algunas dependencias, restarles atribuciones o dotarlas de nuevas. ¿Qué cualidades debe reunir el secretario de Gobernación?, ¿será el jefe real del gabinete, el responsable de la política interior y, de ser así, cuenta con la estatura política para eso? ¿Tiene con qué conducir las relaciones del Poder Ejecutivo con los otros poderes y con los gobernadores, que hoy constituyen un contrapeso formidable a la federación?

Una de las claves de la “paz del PRI” fue el entreveramiento generacional, lo que Peter H. Smith llamó: “la circulación de las élites”: una renovación permanente de la clase gobernante que evite la esclerosis pero también el reemplazo de funcionarios experimentados por una camada de novatos que llegan al gabinete a aprender... echando a perder. El escalafón sirve: promover a quienes han hecho méritos en el cargo inmediato inferior.

La gobernabilidad exige también la inclusión; es cierto, nadie gobierna con sus enemigos, por eso es sana una buena dosis de pragmatismo que se traduzca en la asignación de posiciones de poder a los aliados políticos y a aquellos que le ayudaron a ganar —lo que, no obstante, entraña el riesgo de prolongar el statu quo—, por eso el próximo presidente deberá establecer criterios y límites a los recomendados. El riesgo es que “se le pase la mano”: que pretenda gobernar sólo con los suyos y convierta la lealtad o la confianza en el único cemento que aglutine al equipo: en vez del gobierno de los aptos, el de los adeptos.

La conducción de las finanzas públicas ha sido siempre una cuestión toral, más ahora en un mundo globalizado. Sólo con una enorme irresponsabilidad se nombraría como secretario de Hacienda y Crédito Público a un funcionario que no resultara confiable por los grandes intereses económico-financieros de México y el exterior; equivocarse puede tener costos altísimos para el país.

Falta poco, poco más de nueve semanas, para que se defina en las urnas al próximo titular del Poder Ejecutivo de la Unión. La complejidad y adversidad del escenario reclaman cualidades de excepción, una crucial: la inteligencia y la humildad para reunir a los mejores, aunque no militen en su mismo partido, aunque no sean sus amigos, aunque en lo profesional sean mejores. Un equipo a la altura de los enormes retos del país.

Una mala y una buena

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

En materia de candidaturas independientes, los últimos 10 días han generado buenas y malas. Las malas primero. El Tribunal Electoral rechazó el recurso de Manuel Clouthier para registrar su candidatura. Como se sabe, Clouthier fue al IFE a solicitar su registro, le fue negado invocándose el artículo 218 del Cofipe que estipula que sólo pueden ser candidatos quienes son postulados por partidos políticos con registro. Clouthier recurrió al TEPJF invocando el derecho constitucional a "ser votado", así como las reformas a la Constitución del año pasado que dicen que todo tribunal debe fallar en materia de derechos humanos de la manera más "garantista" posible, es decir, a favor de los derechos de los individuos.

Por 4 votos contra 2 el TEPJF rechazó el recurso de Clouthier, sosteniendo que mientras las candidaturas independientes no estén explícitamente permitidas en la Constitución y en la legislación electoral, no pueden permitirse, y que "el derecho a ser votado" no significa a ser votado como candidato independiente. Mala noticia para Clouthier y para todos los partidarios de las candidaturas independientes, pero por desgracia era previsible. La reforma de 2007 dispuso que el TEPJF pueda conocer de la constitucionalidad o falta de ésta de la legislación electoral, y puede desaplicar un determinado artículo. Pero no eliminó los artículos restrictivos en el Cofipe ni en la Ley de Medios de Impugnación, y sobre todo, no cambió el espíritu del Tribunal.

Mientras que en México haya instancias jurídicas separadas para resolver litigios electorales, éstas considerarán que su encomienda principal consiste en eso: vigilar y defender la estricta aplicación de la Ley electoral. La constitucionalidad de la misma, aunque puede ser considerada por las instancias jurídicas electorales, no es lo suyo. Mis abogados y amigos, Gonzalo Aguilar Zinser y Fabián Aguinaco, tuvieron razón en el 2004 en buscar abrir camino a las candidaturas independientes por medio del amparo y llevar el tema a la Suprema Corte. Santiago Corcuera tuvo razón en llevar a la Comisión y a la Corte Interamericanas el carácter violatorio del Cofipe al Pacto de San José. El TEPJF jamás fallará a favor en litigios como estos. Mientras no sea la Suprema Corte la que resuelva sobre la inconstitucionalidad de la prohibición de las candidaturas, y de la incompatibilidad de la prohibición con los tratados internacionales de los que México es parte, jurídicamente no habrá posibilidad de presentar candidaturas independientes. Lo de la SCJN, es la constitucionalidad.

La buena noticia es que la otra vía, que parecía imposible hasta el 2009, a saber la legislativa, dio un paso importante esta semana. Como se recordará desde ese año Calderón mandó una iniciativa de reforma política que incluía candidaturas independientes. El Senado aprobó parte de esa reforma en 2011, pero los diputados se habían negado a hacerlo. Finalmente hace unos días, habiendo ya pasado el peligro de una candidatura independiente a la Presidencia en el 2012, fue aprobada por el pleno el 19 de abril; será devuelta al Senado para su votación, y sólo faltarán las legislaturas estatales y la publicación oficial para entrar en vigor.

Ya se verá cómo queda la legislación secundaria. Pero por lo pronto "el peligro para México" que supuestamente representaban se desvaneció; las cosas terribles que iban a suceder al sistema de partidos, al financiamiento, a la pureza y el compromiso ideológico de los candidatos partidistas, a la incipiente democracia mexicana, simplemente habrán desaparecido. Los principales beneficiarios de la falta de competencia electoral, los partidos políticos, decidieron introducir una pequeña pero significativa dosis de competencia electoral. Lo hicieron gracias al voto nulo del 2009, a la insistencia de algunos funcionarios del Ejecutivo, y sobre todo de varios senadores clave. Y en una muy pequeña medida, al empeño de los que hemos impulsado esta lucha desde hace años. Lástima que no le tocó a Clouthier, o a cualquiera, haber sido candidatos independientes esta vez.

¿Está muerto el PAN?

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

Aquí creemos que el gobierno de Calderón, el PAN y su candidata, la señora Josefina Vázquez Mota, no han dado la batalla final.

Desde hace unos días, circula en los comederos políticos la versión de que el PAN y su candidata presidencial, la señora Josefina Vázquez Mota, “están muertos”.

Incluso hay quienes se han encargado de “echar a andar” la versión interesada —y en buena medida descabellada—, de que en Los Pinos ya se negocia la entrega de la plaza. Es decir, que el PAN, su candidata y el huésped de la casa presidencial van en retirada.

Y si existen dudas de que los azules se habrían dado por vencidos, y están en retirada —claro, siempre según las voces interesadas que hacen circular tales dichos —, bastaría con echarle una mirada al desmantelamiento del equipo de la candidata, ordenado desde Los Pinos.

Resulta que a uno de los “hombres de Josefina”, el diputado Francisco Ramírez Acuña —que en su momento fue clave para empujar la candidatura de Felipe Calderón—, lo sacaron de San Lázaro, de la campaña presidencial y lo enviaron como embajador de México en España.

Salta la pregunta. ¿Servirá más en España que en la campaña?

Al mismo tiempo, el dirigente del PAN, Gustavo Madero, prácticamente fue relevado de la jefatura del partido azul —y regresado al Senado—, y en la colonia Del Valle despacha el equipo de la señora Josefina. Pero también es cierto que la candidata casi se ha quedado sola. Ya se fueron los equipos de Ernesto Cordero y Santiago Creel y, si había dudas, el ex gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva —que dizque dejó el cargo para salvar la campaña—, en realidad busca urgentemente un salvavidas, sobre todo luego del cochinero que dejó en la entidad del bajío.

A eso se debe agregar que también el guanajuatense y ex presidente Vicente Fox prácticamente desahució la campaña presidencial del azul, al señalar que ganaría “sólo con un milagro”. Y si no fuera suficiente, apenas el pasado lunes, volvió a la carga para advertir que la campaña del PAN “está dormida”, en alusión a que no mueve, y menos conmueve.

Pero no es todo. A pesar del “golpe de timón” y de los muchos cambios que se han hecho en el partido y en el equipo de campaña de la señora Vázquez Mota, lo cierto es que continúan los errores y horrores en la campaña. Entrevistas que se caen, equívocos por parte de la candidata, cancelación de eventos y una deficiente logística.

Tampoco ahí termina el calvario azul. Está por cumplirse el primer tercio de los 90 días efectivos de campaña, y las encuestas no reflejan una mejoría sustantiva. Más bien pareciera que los candidatos del PRI y de las izquierdas crecen, pero a expensas de la candidata del PAN. Si se hace un comparativo del lugar que ocupaba la señora Vázquez Mota al inicio formal de las campañas, con el día de hoy, se podrá comprobar que nada le ha salido bien.

Y si nos vamos al extremo, podríamos decir que todo le ha salido mal a la candidata presidencial del PAN. Esa situación contrasta con los resultados positivos que poco a poco muestra el candidato de las izquierdas. Pero el contraste es aún mayor si se compara el desempeño de los azules, con lo logrado por el candidato del PRI.

Resulta que, a lo largo del primer tercio de la campaña, los candidatos que ocupan el segundo y el tercer lugar de la contienda, prácticamente han dirigido toda su artillería en dirección al puntero. El objetivo es tirarlo de la primera posición y arrebatarle votos. Sin embargo, al cumplir el primer tercio no le han quitado ni una pluma a su gallo. ¿Por qué?

La respuesta es elemental. Porque ni la derecha ni las izquierdas han mostrado la capacidad política, suficiente para pegar por debajo de la línea de flotación de la candidatura de Peña Nieto. Es decir, que los misiles lanzados por los azules y los amarillos, en realidad, han sido balas de salva.

Por eso, frente a todo lo anterior, es evidente que cobran carta de naturalización las versiones de que el PAN y su candidata presidencial están muertos; que el partido azul va en retirada y que, incluso, ya se negocia la entrega de la plaza.

Si la versión fuera cierta, estaríamos hablando del inminente regreso del PRI al poder presidencial. Y claro, sería un regreso sin la mayor resistencia del partido en el poder, el que se habría rendido literalmente sin dar batalla. Por eso la pregunta. ¿Es creíble esa versión?

Ya existe un antecedente: la retirada de Diego Fernández de Cevallos en las elecciones presidenciales de 1994. Aun así, aquí creemos que el gobierno de Calderón, el PAN y su candidata, la señora Josefina Vázquez Mota, no han dado la batalla final. Asistimos al primer tercio, faltan dos tantos, y aún pueden pasar muchas cosas. Al tiempo.

Walmart se adapta… y nada más

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El paisano desobediente e indisciplinado, desde el momento mismo en que pone un pie en el territorio libre y soberano de Estados Unidos (de América), se trasmuta en un ciudadano que respeta las leyes y que acata los reglamentos.

“Don’tmesswith Texas”, dicen los letreros en las calles del estado de la Estrella Solitaria y, como la advertencia va acompañada de una multa de mil dólares en caso de infracción pues, mira tú, ese recién llegado que en su propio país es absolutamente incapaz de no tirar basura y que ha convertido a su “México lindo y querido” en un muladar, se abstiene dócilmente de aventar las latas de refresco y las envolturas de comida chatarra por la ventanilla de su coche de ocasión.

El individuo, por más insubordinado que pretenda ser, termina adaptándose al medio ambiente y si se encuentra en un entorno de reglas de aplicación universal las adopta él mismo simplemente para poder sobrevivir sin mayores agobios. Pero, desde luego, ese “sistema”, por llamarlo de alguna manera, debe existir de manera previa e inspirar la debida obediencia a través de un catálogo de castigos justos, aplicables y, sobre todo, disuasorios en tanto que representan una quebranto directo mucho más costoso que la posible gratificación que puedas obtener cuando cometes trasgresiones.

El problema con México es que no tenemos las herramientas para aplicar siquiera las infracciones más elementales porque la corrupción se nutre, esencialmente, del ejercicio de los actos de autoridad: te sorprendí tirando basura, te dice el inspector, pero en vez de cobrarte esos mil dólares que debieran de ir a las arcas del erario, me voy a embolsar 300; tú ganas y yo gano; o mejor dicho, tú dejas de perder 700 y yo, ahí sí, hago un negocio redondo.

Y, bueno, Walmart no necesita repartir gratificaciones cuando va a edificar un supermercado en un centro comercial, digamos, en Waco, en Amarillo o en Harlingen. Pero, señoras y señores, aquí es otra cosa. Aquí tenemos otras costumbres. Y ellos también saben adaptarse.Tan sencillo como eso.

abril 25, 2012

Elefante

Diego Beas (@diegobeas)
ruta66@diegobeas.com
RUTA 66
Reforma

En su largometraje de 2003, Elephant, Gus Van Sant logra hacer algo que pocos directores estadounidenses han conseguido: abordar el tema de los efectos de las armas de fuego sin moralizar, apuntar el dedo o recurrir al histrionismo ramplón para construir la historia.

Lo que sí hace Van Sant es tejer con cuidado las escalofriantes últimas horas de Eric Harris y Dylan Klebold, dos adolescentes de los suburbios de Denver que un buen día de abril de 1999 empuñaron las armas y se pusieron a matar a mansalva a compañeros de escuela. A lo largo de la película, que reconstruye el día de la matanza, flota la pregunta -sólo flota, nunca se enuncia- no sólo de dónde se ubican los resortes psicológicos que llevan a cometer tal atrocidad, sino por qué un par de adolescentes tendrían fácil acceso a un pequeño arsenal de guerra.

Las estadísticas, para todos aquellos que nos oponemos a la libre circulación de armas, son espeluznantes: 300 millones de armas en manos de ciudadanos: 106 millones son pistolas, 105 rifles (incluyendo de alto calibre) y 83 millones escopetas. Esto equivale a un poco menos de un arma de fuego por habitante.

El tema vuelve a saltar en los medios por dos razones: porque estamos en año electoral (y puede traer consecuencias políticas) y por el asesinato en febrero de un adolescente negro en Florida presuntamente a manos de un policía.

Lo que Van Sant sabe bien -y Obama también- es que abordar el asunto desde la confrontación moral directa no sólo no consigue reducir el número de armas en las calles, en muchos casos sólo dota de munición a aquellos que reivindican de manera cuasi religiosa su derecho a portarlas; los dota de razones para sentir amenazada su libertad y defenderla con más fuerza. Se aborde desde la cultura o desde la política, el tema es tremendamente complicado. Por muchas razones. Porque el derecho a portarlas está consagrado en la segunda enmienda de la constitución; porque el país tiene una enraizada (e idealizada) cultura de la defensa individual; porque la industria de las armas factura miles de millones en ventas; y porque la National Rifle Association, el lobby de la industria, se ha convertido en uno de los grupos de presión más poderosos y eficaces de la política estadounidense.

Por ello, son pocos los que se empeñan hoy en intentar combatir esta lacra denunciando la posesión o venta de armas. La fallida estrategia del gobierno mexicano, por ejemplo, de intentar involucrar a Estados Unidos en el combate al narcotráfico a través de la denuncia de la venta de armas solo ha conseguido arrinconarlo y que hoy Washington haga oídos sordos a sus llamados.

Incluyendo a la prensa. En un largo artículo publicado la semana pasada sobre la complejidad del tema en el prestigiado semanario The New Yorker, el argumento de México y la venta de armas en la frontera no aparece una sola vez. En The Guardian -el diario británico que intenta abrirse espacio en el mercado estadounidense- un artículo de fondo analizando el debate de la legislación de las armas tampoco consideraba relevante abordar el argumento puesto sobre la mesa por el gobierno mexicano. ¿Por qué? Porque no tiene fuerza política. Porque pensar que con la denuncia se cambiará la visión de los estadounidenses sobre las armas -o, todavía más complicado, la Constitución-, es iluso. Porque el tema se ha denunciado ya hasta la saciedad y en Washington todos lo saben. Todos, en resumen, saben que el elefante está ahí; el problema, el que nadie sabe resolver, es qué hacer con él.

No. La solución no pasa por ahí. La posesión y venta de armas no se reducirá en el corto plazo, lamentablemente. El escenario sí puede cambiar, como apunta con atino The Economist, al cabo de una generación. Mayoritariamente, la posesión y compra de armas se concentra en un grupo demográfico: hombres, blancos, viviendo por lo general en poblaciones rurales. O sea, WASP. El grupo demográfico que más rápido decrece. Solo hace falta hojear, sugiere el semanario británico, las revistas especializadas en armas. ¿Qué aparece a lado de los reportajes sobre pistolas y bazucas? "Publicidad de productos de jardinería y Viagra".