abril 13, 2012

AMLO es antiglobalización

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

Las declaraciones de ayer de Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de que él no cree en las reformas estructurales, por ser una agenda impuesta desde el exterior, se sitúan precisamente en el cenit de la discusión actual en el mundo, que es la siguiente: o nos integramos más en la globalización, o nos aislamos como nación y echamos reversa.

AMLO dijo en su reunión con el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF): “Eso de las reformas estructurales se aplica en casi todos los países del mundo. Siempre es lo mismo: reforma eléctrica, fiscal, laboral, a la seguridad social”. Las desacreditó, y dijo que él prefería el camino del combate a la corrupción y la austeridad.

En el mundo entero la disyuntiva es sobre reformas estructurales: o más reformas para que las naciones se integren más; o priorización de industrias nacionales, dificultándole la vida a los extranjeros. En otras palabras: globalización o proteccionismo. En la globalización, los productos, la inversión, e idealmente también la fuerza laboral, se mueven cada vez con más libertad. En el proteccionismo, las naciones erigen barreras a esa libertad (impuestos, cuotas, barreras no arancelarias). Es una u otra.

El “Buy American” que siguió a la crisis de 2008/2009, y las declaraciones de Nicolas Sarkozy en relación con sacar a Francia del Tratado de Schengen se inscriben en esta tesitura.

Pero AMLO está calculando mal su discurso. La razón es simple. Para el mexicano promedio, la globalización significa que puede comprar ropa de Zara, que puede adquirir pistaches marca Kirkland Signature, o que puede abordar un crucero de Miami. El mexicano no ve los problemas de inmigración que sí ve el francés, o los que padece el industrial estadunidense por la competencia china.

Otro problema: es altamente posible que, a estas alturas, el mexicano promedio viva convencido de que las reformas estructurales sean las que modernizarían la estructura laboral, detonarían más empleo, harían competitivo a Pemex y abaratarían la energía. De hecho, muchos ciudadanos piensan que no ha habido una reforma fiscal por la runfla de políticos que la evitó en el Congreso.

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