abril 26, 2012

¿The best and the brightest?

Alfonso Zárate Flores (@alfonsozarate)
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC
El Universal

En la tradición política mexicana, la integración del gabinete solía anunciarse la víspera de la toma de posesión, de esa manera el presidente electo evitaba exponer a los elegidos a un golpeteo insano: sus adversarios “les sacaban sus trapitos al sol”, mientras los ignorados en la lista original buscaban empujar cambios para ser tomados en cuenta.

Vicente Fox lo hizo diferente: entre el 22 y el 27 de noviembre de 2000 fue anunciando los nombres de quienes ocuparían posiciones en los distintos gabinetes (de desarrollo y crecimiento sustentable, del área social y de gobierno y seguridad). Parte del enfoque empresarial foxiano incluía el supuesto uso de reclutadores profesionales (head hunters) para someter al Presidente las propuestas de “los súper gerentes”. Hoy, sin saber si llegará, Andrés Manuel López Obrador es el único que ha adelantado los nombres de sus eventuales colaboradores.

Junto al discurso de toma de posesión, la definición del equipo de gobierno permitirá medir la estatura del futuro presidente. ¿Con quién compartirá el ejercicio del poder? ¿A quiénes y por qué ubicará en posiciones cruciales? ¿Es un hombre de Estado o un hombre de establo?

La selección de su equipo nos servirá para saber si estamos ante un líder con la capacidad para convocar a the best and the brightest, como se definió al equipo del presidente John F. Kennedy, o si la lógica para gobernar es la de pandilla, la de reparto de cuotas, el pago de facturas o la del gabinete de cuates.

La integración del gabinete es una de las definiciones centrales de un gobernante. La calidad y la pertinencia de su equipo es crucial —al frente de la SCT deberá quedar alguien que sepa nadar entre tiburones, por ejemplo—. Para ello es preciso partir de la identificación de los desafíos mayores que enfrenta el Estado y valorar si el diseño institucional vigente sigue siendo útil o se requiere una reforma a fondo a la ingeniería gubernamental, para crear o suprimir algunas dependencias, restarles atribuciones o dotarlas de nuevas. ¿Qué cualidades debe reunir el secretario de Gobernación?, ¿será el jefe real del gabinete, el responsable de la política interior y, de ser así, cuenta con la estatura política para eso? ¿Tiene con qué conducir las relaciones del Poder Ejecutivo con los otros poderes y con los gobernadores, que hoy constituyen un contrapeso formidable a la federación?

Una de las claves de la “paz del PRI” fue el entreveramiento generacional, lo que Peter H. Smith llamó: “la circulación de las élites”: una renovación permanente de la clase gobernante que evite la esclerosis pero también el reemplazo de funcionarios experimentados por una camada de novatos que llegan al gabinete a aprender... echando a perder. El escalafón sirve: promover a quienes han hecho méritos en el cargo inmediato inferior.

La gobernabilidad exige también la inclusión; es cierto, nadie gobierna con sus enemigos, por eso es sana una buena dosis de pragmatismo que se traduzca en la asignación de posiciones de poder a los aliados políticos y a aquellos que le ayudaron a ganar —lo que, no obstante, entraña el riesgo de prolongar el statu quo—, por eso el próximo presidente deberá establecer criterios y límites a los recomendados. El riesgo es que “se le pase la mano”: que pretenda gobernar sólo con los suyos y convierta la lealtad o la confianza en el único cemento que aglutine al equipo: en vez del gobierno de los aptos, el de los adeptos.

La conducción de las finanzas públicas ha sido siempre una cuestión toral, más ahora en un mundo globalizado. Sólo con una enorme irresponsabilidad se nombraría como secretario de Hacienda y Crédito Público a un funcionario que no resultara confiable por los grandes intereses económico-financieros de México y el exterior; equivocarse puede tener costos altísimos para el país.

Falta poco, poco más de nueve semanas, para que se defina en las urnas al próximo titular del Poder Ejecutivo de la Unión. La complejidad y adversidad del escenario reclaman cualidades de excepción, una crucial: la inteligencia y la humildad para reunir a los mejores, aunque no militen en su mismo partido, aunque no sean sus amigos, aunque en lo profesional sean mejores. Un equipo a la altura de los enormes retos del país.

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