abril 04, 2012

Campañas anticuadas en la era de la Internet

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Una pregunta ingenua: en esta época de comunicaciones instantáneas, en la era de la Internet y las redes sociales ¿deben los candidatos ir en persona a todos y cada uno de los rincones de este país? Ciertamente, lo que ocurre ahí, en esos actos de campaña, es trasmitido por los medios y, de tal manera, amplificado. Pero, por favor, ¿cuánta gente acude, en primer lugar, a los antedichos “eventos” como para conformar una mayoría determinante de millones y millones de votantes? Hagan cuentas: tres mil en un auditorio, por la mañana; cinco mil, al mediodía, en la plaza del pueblo; 30, por la tarde, en encuentro semiprivado con empresarios de relumbrón. No acabas de completar las cuotas en toda una vida. Y, a ver, ¿cuántas de esas personas que sí van no son, de cualquier manera, simpatizantes de la causa? Esto último lo digo, estimados lectores, porque no tengo la menor intención de aparecerme en ningún mitin (a menos que me lo pida algún amigo entrañable y, de todas formas, terminaré votando por quien a mí me dé la gana).

Luego entonces, estamos hablando de otra cosa: de un ritual, señoras y señores. El acto de campaña es una arcaica misa republicana escenificada para consumo de la prensa y los espectadores de la tele; oportunidad para soltar algunos mensajes y poco más. Pero la imagen queda y el desempeño del artista, después de todo, termina siendo sabrosa comidilla diaria del respetable. Hasta ahí. Lo malo es lo colosalmente improductivo (y costoso) de los numeritos. Pero, ya lo sabemos, la política es lo último que se moderniza

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