abril 25, 2012

Ciencia y política

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

La política no es una ciencia (aunque existan las ciencias políticas). Y votar no es una decisión que se tome “científicamente”, basándose solo en el pensamiento racional y los datos comprobables. En la decisión de voto de cada ciudadano intervienen filias, fobias y otros factores de tipo personal, cultural y circunstancial.

Sin embargo, el pensamiento científico puede colaborar con la democracia. Ya Carl Sagan, en su libro El mundo y sus demonios, afirmaba que “los valores de la ciencia y los de la democracia concuerdan; en muchos casos son indistinguibles...

“La ciencia prospera con —y requiere de— el libre intercambio de ideas; sus valores son opuestos al secreto”. En este sentido, para Sagan una formación científica en los ciudadanos, que fomente el pensamiento crítico, promueve también los hábitos mentales necesarios en una verdadera democracia (en que los ciudadanos razonen su voto y no se dejen llevar totalmente por propaganda o promesas).

Es muy triste, por tanto, ver que en el famoso “desplegado de los notables”, publicado en diversos medios el 27 de marzo, entre cuyos abajofirmantes aparecen varios científicos, no se mencionen ni una sola vez las palabras “ciencia” o “tecnología”. No porque con ellas se resuelvan automáticamente todos los problemas políticos y económicos del país, sino porque sin un adecuado desarrollo científico-técnico-industrial, y los beneficios sociales que éste genera, resolverlos es prácticamente imposible.

Por otra parte, como muestra el investigador Luis Mochán, del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, en un trabajo recientemente hecho público (disponible en http://bit.ly/Jwi1Av), la ciencia nos puede también dar herramientas para analizar qué pasa en una democracia. Por ejemplo, para descubrir que, contra lo que se cree, los resultados de una encuesta sí pueden influir en una elección (al alterar la percepción de los electores respecto a los candidatos, y modificar así su intención de voto).

No cabe duda que, como dijera Churchill, “la democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los restantes”. Como se ve, la ciencia, al menos, puede intentar hacerla “menos peor”.

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