abril 16, 2012

El fantasma del Titanic




Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

La foto es literalmente fantasmagórica, espectral. Es el Titanic en forma de gigantesca diapositiva reflejada sobre un iceberg de 500 metros de largo que flota en el mar de Groenlandia. Se trata del homenaje que ofreció la semana pasada el artista iluminador suizo, Gerry Hofstetter, para conmemorar el centenario del hundimiento del que fue el barco más grande de la historia. Tal día como ayer, hace 100 años, el barco que debía ser orgullo de la ingeniería humana y que nos representaba un poco a todos nosotros —había gente de primera, segunda y tercera categoría, igual que ahora— se partía en dos tras chocar con un iceberg mucho más pequeño que el de la foto.

El 15 de abril de 1912 quedará en el recuerdo porque entendimos nuestra vulnerabilidad ante la naturaleza, lo injusta que son las clases sociales, y nuestras miserias y grandezas: Esa noche serena murieron 1,522 personas y sólo se salvaron 705; eso sí, en mucha mayor proporción las que viajaban en primera clase. Esa noche fría el mexicano Manuel Urruchurtu estaba a punto de descender al agua en el bote número 11 cuando una pasajera, Elizabeth Ramell, rogaba que le permitiesen subir, ya que su esposo e hijo le esperaban en Nueva York. El mexicano cedió su sitio a la mujer a cambio de que cuando llegara a tierra visitara a su esposa en México, según recoge el diario El Mundo. Ramell mintió para salvar su vida —no estaba casada ni tenía hijos— y tardó 12 años en viajar a México a cumplir su promesa que había hecho a su salvador. Así es la vida, como el Titanic.

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