abril 27, 2012

Información y poder

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

El mundo vive una transformación muy profunda, y no lo estamos viendo. La revista inglesa The Economist, en su número de la semana pasada, habla de una tercera revolución industrial, similar a las vividas a inicios del siglo XIX y del XX. Cuando una transformación tecnológica afecta a toda la economía, como ocurre ahora y ocurrió en esas dos ocasiones anteriores, todo se transforma, y no de manera sencilla.

El efecto inmediato de una transformación tecnológica general es una caída de la productividad de la economía, acompañada de una ampliación de la brecha en la distribución de la riqueza, así como de varios efectos en la valuación de las empresas que no detallo ahora. Eso es lo que ocurrió a inicios del siglo XIX y que dio materia a las novelas de Dickens y los ensayos de Marx, pero que tan pronto se habían escrito eran reliquias del pasado: en la segunda mitad del siglo XIX ocurrió el mayor crecimiento económico hasta entonces visto. Lo mismo en el siglo XX, aunque las dos guerras mundiales lo enmascaran. Sin embargo, la posguerra sigue siendo la época de mayor crecimiento mundial hasta el momento.

La actual transformación provocará lo mismo. Lo que hemos visto hasta ahora es el costo del ajuste: una caída en la productividad acompañada de un deterioro en la distribución del ingreso. En poco tiempo veremos el mayor crecimiento económico de la historia. Esa nueva época de crecimiento depende de las tecnologías de información y comunicaciones, y por lo mismo exige ciertas habilidades diferentes a las de épocas anteriores. Por eso se habla tanto de una economía del conocimiento.

En ese contexto mundial, las fallas del sistema educativo mexicano son más graves. Reitero que nuestra educación no sirve por diseño: 25% del tiempo los niños estudian ciencias sociales, algo que no hace ningún país civilizado. Ese abuso provoca que no haya tiempo para español, matemáticas y ciencias, de forma que para la secundaria los niños ya no entienden nada. Al menos dos de cada tres. Por eso, cuando van a la universidad, seis de cada 10 optan por estudiar ciencias sociales, humanidades, administración o educación. Eso los condena, a la mayoría, a ingresos bajos, y aun más en la transformación que estamos viviendo. Condena al país a ser un fracaso en el siglo XXI, como lo fue en el siglo XX.

La razón de dedicar tanto tiempo a ciencias sociales es la necesidad de utilizar al sistema educativo como el instrumento de adoctrinamiento indispensable para convertir a todos los mexicanos en súbditos del régimen de la Revolución. Así se construyó el sistema educativo, y no se ha transformado. Y así se educan y reproducen los profesores. La inmensa mayoría son absolutos convencidos de las bondades de la Revolución, porque eso aprendieron y eso enseñan. En consecuencia, aborrecen a los extranjeros, a los empresarios y a cualquiera que ponga en duda sus creencias, que son lo único que tienen.

Me corrijo, también tienen una plaza, que no están dispuestos a poner en riesgo en una evaluación. Su plaza es una conquista, no un trabajo. Es un derecho de ellos, no un compromiso con sus alumnos ni, mucho menos, con el país. Son producto de ese régimen construido con base en privilegios corporativos, y no están dispuestos a perderlos. Más aun, están interesados en fortalecerlos y ampliarlos. Por eso, a pesar de las apariencias, el compromiso del sindicato y de su líder vitalicia es con Peña Nieto, porque, como todos los sindicatos creados desde el Estado, saben que con él pueden reconstruir ese viejo régimen en que nadie los ponía en evidencia. Esos tiempos en que no se evaluaba ni a maestros ni a alumnos, tiempos en que las reservas de petróleo las anunciaba Pemex sin tener que usar metodologías venidas del extranjero, esos tiempos en que nadie se metía en los asuntos internos del sindicalismo.

Porque eso es lo que ha cambiado. Abundantes ingenuos creen que las corporaciones adquirieron poder desde que el PRI perdió la presidencia. No es así, lo que adquirimos fue información. Hoy sabemos de qué tamaño es el fracaso educativo, algo que nunca supimos en los gobiernos del PRI, como hoy no sabemos de qué tamaño es la deuda en los estados gobernados por ese partido.

De eso se trata, de volver a cerrarnos la puerta. Usted sabe si los ayuda.

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